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Oraculi Liters. Parte 4

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 12 de septiembre de 2026

La noche ya se había asentado sobre la ciudad cuando Anne y Dorian se despidieron junto al lago. El viento fresco hacía que las hojas de los árboles susurraran, un contraste con el día agotador que habían pasado entrenando. 

— gracias por todo hoy —dijo Anne, levantando la mirada hacia Dorian. Su rostro mostraba el cansancio, pero también la determinación de alguien que estaba dispuesta a continuar— 

Dorian asintió con una leve sonrisa. 

— ha sido un buen comienzo, pero recuerda que esto es solo el principio. Mañana continuaremos. Aquí, a la misma hora. Descansa bien. 

Anne asintió y se dio la vuelta, caminando hacia el camino que la llevaría de regreso a su apartamento. Miró brevemente hacia atrás para ver cómo Dorian desaparecía entre los árboles en dirección opuesta. Había algo en ese hombre que la inquietaba y fascinaba al mismo tiempo, pero por ahora estaba demasiado agotada para pensar mucho en ello. 

El camino de regreso a casa fue tranquilo, aunque el ruido distante de la ciudad nunca desaparecía del todo. Cuando finalmente llegó a su edificio, subió las escaleras con un paso lento. El entrenamiento le había dejado los músculos pesados, y lo único que deseaba era una ducha caliente y su cama. 

Al llegar a la puerta de su apartamento, sacó las llaves de su bolsillo. Fue entonces cuando notó algo que la hizo detenerse en seco: la cerradura ya estaba abierta. 

Frunció el ceño, repasando mentalmente si podría haber dejado la puerta así antes de salir. No era algo que ella hiciera jamás; siempre se aseguraba de cerrar con llave, era una costumbre arraigada en ella desde niña. 

— ¿me habré olvidado? —murmuró para sí misma, aunque su tono dejaba claro que lo dudaba— 

Con cautela, giró el picaporte, empujando la puerta lentamente. El interior de su apartamento estaba oscuro y silencioso. Avanzó un paso, encendiendo la luz del pasillo con manos temblorosas. 

Cuando cruzó hacia el salón, su corazón dio un vuelco. Allí, sentado en su viejo sofá, había una figura encapuchada, inmóvil. Anne retrocedió instintivamente, buscando algo con lo que defenderse, pero antes de que pudiera hablar, la figura levantó una mano en un gesto de calma. 

— Anne, soy yo. 

La voz era profunda, cansada, pero inconfundible. Anne abrió los ojos de par en par, su mano todavía firme en la puerta. 

— ¿Edward? —preguntó con incredulidad— 

Edward se quedó apartando la mirada como estabaAnne extrañada por la razón de que su hermano volviera a su vida de una manera tan repentina. Había una mezcla de alivio y tensión en sus ojos. 

 lamento entrar así. —dijo Edward, con un tono que no denotaba la menor intención de disculpa— Pero no tenía otra opción. Hay cosas importantes que necesito decirte. 

Anne permaneció en silencio, sus emociones chocando entre sí: sorpresa, alivio, ira. Cerró la puerta detrás de ella, todavía sin quitarle los ojos de encima. 

 tienes dos minutos para explicarte antes de que pierda la paciencia, Edward —dijo, cruzando los brazos 

Su hermano dejó escapar un suspiro y siguió apartando su mirada sin querer que Anne vea como cambió, con las manos entrelazadas. 

—No será tan simple, Anne. Pero necesitas escucharme. Es por tu propio bien. 

Anne sintió cómo su agotamiento daba paso a una creciente inquietud. Algo en la voz de Edward le decía que lo que estaba a punto de escuchar cambiaría todo. 

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