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Los Puntos de Miller. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 08 de septiembre de 2026

A la mañana siguiente, Edward y Anne llegaron al centro de investigación marina donde ella trabajaba. El lugar era austero, un edificio de hormigón y ventanas amplias que dejaban pasar la luz de la mañana, pero con una atmósfera que Edward encontraba un tanto intimidante. Lo poco que conocía del trabajo de Anne era por sus conversaciones de sobremesa y alguna que otra visita ocasional, pero no podía evitar sentirse como un extraño mientras recorría los pasillos llenos de gente en bata blanca, concentrada en tareas que parecían complicadas. 

 no te preocupes, no muerden. bromeó Anne al ver su expresión Mi jefe está en el laboratorio, te lo presentaré. 

Anne lo guio hasta una sala llena de equipos y mesas cubiertas de frascos y herramientas. En el centro de la habitación, un hombre de unos cincuenta años, con el cabello entrecano y gafas redondas, observaba atentamente un microscopio. Anne carraspeó para llamar su atención. 

 Raymond, este es Edward, mi... hermano, la persona que te mencioné. Es quien ayudará con las plantas. No es un científico, pero sabe bastante de vegetación dijo Anne, sin especificar el parentesco entre ellos 

Raymond se quitó las gafas y le extendió la mano a Edward con una sonrisa amable. 

 encantado, Edward. Cualquier ayuda extra es bienvenida. Hemos estado viendo cosas... muy inusuales con estas plantasexplicó, haciendo un gesto hacia una de las mesas donde un par de frascos contenían las muestras que habían traído del mar 

Anne llevó a Edward hasta el área donde estaban examinando las plantas, y, con un leve gesto de su mano, le invitó a observarlas. Las plantas flotaban en los frascos de vidrio, emitiendo un brillo verde lima que iluminaba el líquido en el que estaban sumergidas. Edward se inclinó sobre uno de los frascos, incapaz de apartar la mirada de aquellas extrañas plantas. Eran hipnóticas, como si contuvieran una luz propia que irradiaba vida de una forma que nunca había visto en ninguna planta terrestre. 

El resto del equipo, concentrado en sus análisis, intercambiaba ideas y anotaciones mientras revisaban las muestras. Uno de los biólogos, ajustando sus gafas, comentó en voz baja: 

 sea lo que sea que haya causado esta mutación en las plantas, no parece natural. Hemos probado las condiciones habituales y nada explica esta fluorescencia. Es como si algo... externo las hubiera afectado 

Edward continuó observando las plantas, fascinado por el brillo que parecían emitir. Había trabajado con muchas plantas en la jardinería, algunas raras y exóticas, pero nunca había visto nada tan vibrante y, al mismo tiempo, tan inquietante. Era como si algo desconocido estuviera tratando de manifestarse a través de aquellas plantas, algo que no pertenecía a este mundo natural. 

Raymond se acercó, dándole a Edward una mirada comprensiva, como si adivinara la fascinación que sentía. 

 son sorprendentes, ¿no? murmuró, señalando las muestras Esto podría llevarnos semanas o incluso meses de análisis. Pero mientras tanto, cualquier idea, incluso la más simple, es bienvenida. A veces, los ojos de alguien sin formación científica son los que ven lo que los demás pasamos por alto. 

Edward asintió, agradecido por la bienvenida y, aunque algo inseguro de lo que podría aportar, sintiéndose intrigado por el misterio de esas plantas. 

La tarde avanzaba en el laboratorio mientras Edward y el equipo de biólogos marinos seguían examinando las plantasCon cada minuto que pasaba, Edward se encontraba más atrapado en el misterio de aquellas plantas. Su color verde brillante y su luz inquietante le parecían casi hipnóticas. Cada vez que uno de los científicos hablaba de la rareza de las muestras o de lo poco que sabían sobre su naturaleza, Edward sentía una creciente urgencia de conservar al menos una para él. ¿Cuántas veces en su vida volvería a ver algo tan extraño, algo que pudiera cambiar su destino? 

Raymond se dirigió al equipo, revisando sus notas mientras observaba a Edward de reojo, como evaluando la impresión que las muestras estaban causando en él. 

 no sabemos aún si estas plantas representan algún tipo de riesgo. dijo Raymond, con una seriedad que hizo que todos dejaran de hablar Hasta ahora, no hemos detectado ningún agente tóxico, pero es muy pronto para asegurarlo. Sea cual sea su origen, estas muestras son increíblemente raras y pueden tener efectos que desconocemos. 

Mientras Raymond hablaba, Edward no podía dejar de pensar en las posibilidades que se abrían ante él. Esas plantas, con sus propiedades únicas y las que quedasen por descubrir, podían tener un valor enorme, quizá incluso más del que imaginaba el propio equipo. Si lograba hacerse con una muestra y estudiarla, o encontrar una forma de venderla, podría ayudar a cubrir las necesidades de la jardinería, e incluso mejorar la situación económica de su madre. Ese pensamiento fue consolidándose en su mente, volviéndose cada vez más fuerte, hasta que una decisión final y egoísta tomó forma en su interior. 

Esperó a que el equipo se distrajera con otros análisis. Con la mirada alerta, se acercó a una de las muestras y, sin hacer ruido, deslizó una de las pocas plantas que recolectaron en el bolsillo interno de su abrigo. El acto fue rápido y discreto; nadie pareció notarlo. 

Luego, con una sonrisa cordial y una despedida amistosa, se despidió del equipo, agradeciendo la oportunidad de haber visto de cerca las extrañas plantas. Mientras salía del laboratorio, sintió el peso del pequeño frasco en su bolsillo, como un secreto que le quemaba la piel. 

Una vez en su coche, mientras conducía hacia la jardinería, Edward murmuró en voz alta, dando voz a sus pensamientos. 

 si consigo sacar algún provecho de esto, podría cubrir algunos gastos... mejorar la situación en casa. Mamá no tiene por qué enterarse. Con un poco de suerte, tal vez hasta me ahorre un par de meses de preocupación. Sí, esto podría cambiar las cosas. 

Edward se dijo a sí mismo mientras conducía ese antiguo coche, hasta que comenzó a pensar en lo que acababa de hacer. 

 aunque lo que acabo de hacer... puede que me traiga problemas con Anne. se quedó en silencio mientras recapacitaba No... en lo absoluto... no soy mala persona, solo soy alguien que quiere ayudar a los suyos. Esos científicos aún tienen unas plantas, por qué les debería importar que se pierdan unas pocas. 

Edward no podía evitar el soltar sus pensamientos en voz alta, sintiéndose contento por tener la oportunidad de hacer que su madre tenga la vida tranquila que siempre mereció. Según él, este gesto está completamente justificado y que no es una mala persona por haber hecho eso. Pues pasara lo que pasara, Edward estaba dispuesto a cumplir la misión de ayudar a lo poco que le quedaba de familia. 

La satisfacción de haberse hecho con algo tan único lo mantenía alerta, casi ansioso. No tenía un plan claro, pero la idea de vender aquella muestra y aprovechar su rareza le daba un propósito. Mientras seguía conduciendo bajo el cielo oscuro de la noche, no podía imaginar aún las consecuencias que aquella pequeña alga traería a su vida y al mundo que conocía.

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