Saltar al contenido
Explorar novelas

El Encuentro. Parte 1

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 11 de septiembre de 2026

La brisa nocturna soplaba helada por los callejones de Londres, arrastrando consigo el olor a humedad y basura acumulada. Edward caminaba despacio, su figura oculta bajo una gabardina raída que había encontrado en un contenedor. Las solapas subidas y una gorra desgastada trataban de ocultar lo evidente: él ya no era un hombre común. 

A cada paso, sus pensamientos lo atormentaban. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué no simplemente me dejo ver y que pase lo que tenga que pasar? Pero sabía la respuesta. Lo había visto en sus propias manos: los dedos que podían alargarse en raíces, la madera que reemplazaba su piel. Sabía que su mera presencia aterrorizaría a cualquiera. 

— no soy un monstruo —murmuró para sí mismo, como si necesitara convencerse de ello— 

El crujido de la madera bajo su gabardina lo contradecía, cada movimiento suyo un recordatorio de lo que había perdido. Su humanidad, su vida normal, todo lo que lo hacía sentir parte del mundo. Ahora solo era un extraño en su propia ciudad, alguien que debía esconderse para no ser visto. 

Edward pasó junto a un escaparate iluminado, y aunque evitó mirar, su reflejo lo obligó a detenerse. Las hojas que se asomaban entre los pliegues de la gabardina, los bordes de su rostro endurecido como corteza... Desvió la mirada de inmediato, apretando los puños. 

— debo comer algo normal... necesito algo humano... algo que me haga recordar lo que era... —se decía a sí mismo en voz baja mientras vagaba sin rumbo alguno— 

El hambre lo llevaba a seguir caminando, a ignorar el miedo constante de ser descubierto. La idea de volver a su casa apareció brevemente en su mente, pero la apartó tan rápido como llegó. 

— no puedo... no puedo hacerles esto... —dijo en voz baja, imaginando los rostros horrorizados de su madre y su hermana— 

Sin rumbo fijo, Edward terminó en uno de los callejones menos transitados de la ciudad. Las sombras se alargaban bajo la tenue luz de una farola rota, y el silencio lo envolvía, salvo por el murmullo lejano del tráfico. 

— ¿qué voy a hacer? —se preguntó, su voz resonando débilmente en la soledad del callejón— 

Se detuvo frente a un contenedor de basura, un irónico recordatorio de lo bajo que había caído. No podía seguir vagando eternamente, pero tampoco podía regresar a una vida normal. Quería comer algo, algo que no proviniera de la fotosíntesis que ahora lo mantenía vivo, pero temía entrar en cualquier establecimiento y llamar la atención. 

— tal vez... tal vez debería dejar de luchar contra lo que soy ahora. Pero... no puedo... —se dijo a sí mismo incapaz de mantener sus pensamientos en solitario— 

El dilema lo consumía, un peso insoportable en su pecho, o lo que quedaba de él. Se recargó contra una pared fría y cerró los ojos, intentando encontrar algún consuelo en el silencio de la noche. Pero no lo había. 

En ese momento, escuchó pasos a lo lejos, ecos de alguien que se acercaba. Edward se tensó, su instinto diciéndole que se escondiera, pero su terquedad lo detuvo. 

La figura de un hombre apareció al final del callejón, avanzando lentamente. Edward mantuvo la cabeza gacha, sujeta por la capucha de su gabardina, y caminó en dirección opuesta, esperando que el desconocido no le prestara atención. 

El hombre pasó junto a él, pero al hacerlo, una voz áspera y desconfiada se alzó. 

 oye, ¿qué escondes ahí, amigo? 

Edward apretó los dientes y aceleró el paso, ignorándolo. 

 ¡eh, te estoy hablando! —El hombre lo siguió unos pasos más 

No. No ahora. Edward apretó los puños dentro de la gabardina, sintiendo cómo la madera de sus dedos crujía levemente, pero continuó caminando, rezando porque el hombre se diera por vencido. 

Finalmente, los pasos cesaron. Edward no miró hacia atrás. Sabía que era cuestión de tiempo antes de que algo lo obligara a enfrentarse al mundo, pero por ahora, solo podía seguir caminando, buscando un propósito en la incertidumbre que lo rodeaba. 

El silencio en el callejón se había vuelto denso, pesado, como si algo invisible lo estrangulara. Edward se detuvo a unos pasos, su mente luchando contra el impulso de mirar hacia atrás. Algo no cuadraba. “¿Por qué ese hombre se quedó callado tan de repente?” 

Cediendo a la curiosidad y al instinto, giró lentamente la cabeza. Lo que vio hizo que su respiración se detuviera. 

A unos metros de distancia, una figura humanoide y amorfa se alzaba sobre el cuerpo inerte del hombre que lo había llamado antes. Parecía una masa de suciedad líquida, un revoltijo de barro, basura y desechos que se movían como si tuvieran vida propia. Edward observó, horrorizado, cómo aquella cosa absorbía al hombre, cubriéndolo por completo hasta que su cuerpo desapareció sin dejar rastro. 

El monstruo levantó lentamente lo que podría considerarse su cabeza. No tenía ojos, solo una hendidura irregular que sugería un rostro, pero aún así Edward sintió su mirada clavada en él, como si lo analizara. 

Un escalofrío recorrió su cuerpo. El aire del callejón se volvió más frío, y la madera que formaba su piel crujió en respuesta a la tensión. 

Ambos se quedaron inmóviles, como si el tiempo se hubiera detenido. Edward tragó saliva, su instinto de supervivencia luchando contra el terror que lo paralizaba. 

¿Qué es eso? Su mente no podía procesarlo. La cosa no parecía humana, ni siquiera viva, pero su mera presencia emanaba una sensación de ira cruda y destructiva. 

La abominación se tambaleó hacia él, su cuerpo goteando suciedad con cada movimiento. Cojeaba, pero avanzaba con una fuerza imparable, dejando un rastro pegajoso en el suelo. 

Edward retrocedió un paso, sus pies titubeando. Su instinto le decía que corriera, pero sabía que no llegaría lejos. Esa cosa no lo dejaría ir. 

Los dos se miraron fijamente, uno analizando al otro, como un depredador y su presa. Edward respiraba con dificultad, su mente corriendo a toda velocidad para idear un plan. 

Entonces, lo inevitable sucedió. La criatura se lanzó hacia él sin hacer ni un solo ruido, lo único que se escuchaba eran sus pasos. Cojeaba con cada paso, pero su ataque era brutal y directo, una explosión de violencia que no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones. 

Edward apenas tuvo tiempo de reaccionar, esquivando por poco el primer golpe mientras el monstruo lo rozaba con una extremidad pesada y viscosa. Sintió el impacto contra la pared detrás de él, un golpe tan fuerte que hizo temblar el ladrillo. 

No había escapatoria. Edward sabía que tenía que luchar. 

La madera de sus brazos crujió mientras se preparaba para defenderse, sus habilidades despertando con una intensidad que no había sentido antes. Las raíces en su interior se agitaban, listas para responder al peligro. 

El monstruo lo observó de nuevo y Edward apretó los puños, encarando a la abominación con determinación, aunque el miedo aún lo acechaba. 

"Si voy a sobrevivir, será ahora o nunca." Tras ese pensamiento, ambos se abalanzaron el uno contra el otro, el choque de dos seres transformados por fuerzas que nunca pidieron, en un enfrentamiento que cambiaría sus destinos para siempre.

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Aldex29 en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Aracne · Cuentos de amor de locura y de muerte · El caso extraño del Doctor Jekyll