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Camino del Perdón. Parte 9

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 15 de septiembre de 2026

El sol se escondía lentamente en el horizonte, tiñendo el cielo de un naranja profundo con tonos violetas y dorados. La brisa fresca de la tarde les golpeaba suavemente el rostro mientras caminaban por la acera en dirección a su hogar. 

Edward iba con las manos en los bolsillos, la mirada baja y el ceño ligeramente fruncido. Anne, caminando a su lado, notó su tensión. No era difícil de entender: después de todo lo que había sucedido, después de tantos días sin dar señales de vida, ahora tenía que enfrentar a su madre. 

Decidió no mencionarlo, al menos por ahora. En su lugar, desvió la conversación a algo menos pesado. 

— ¿qué tal te fue con las disculpas? —preguntó en un tono relajado— 

Edward suspiró antes de responder. 

hubo de todo. —admitió. Su voz tenía un matiz cansado, pero no derrotado— Algunos fueron comprensivos y hasta me agradecieron por presentarme, pero otros… bueno, no todos estaban dispuestos a perdonar. Y no los culpo. 

Anne lo miró de reojo. 

eso es normal. —dijo con un tono tranquilo— No puedes esperar que todos olviden lo que pasó de la noche a la mañana. 

Edward asintió, mirando el suelo mientras caminaba. 

lo sé. Pero… igual duele un poco. —admitió en voz baja— Sé que no lo hice con intención, pero muchas personas sufrieron por mi culpa. 

Anne le dio un pequeño golpe en el brazo con el codo, lo suficiente para sacarlo de su ensimismamiento. 

hey, lo importante es que intentaste hacer lo correcto. No te preocupes por lo que no puedes cambiar. Lo único que importa es lo que hagas de aquí en adelante. 

Edward dejó escapar una leve sonrisa y asintió. 

tienes razón. 

El silencio entre ellos se hizo más cómodo mientras seguían caminando por el barrio. A lo lejos, las luces de la casa de Mary se podían ver encendidas, iluminando cálidamente el porche. 

Edward tragó saliva. 

Su madre. 

No tenía idea de cómo reaccionaría después de todo lo sucedido. Sabía que seguramente estaría preocupada, pero… ¿y si estaba molesta? ¿Y si le guardaba rencor por haber desaparecido durante días sin una explicación? 

Anne notó la rigidez en su postura, pero esta vez decidió no decir nada. Solo le dio su espacio. 

Lo único que podía hacer ahora era dejar que Edward enfrentara esto a su manera. 

El sonido de sus pasos sobre la acera se mezclaba con el canto de los grillos que empezaban a llenar la puesta del Sol. La jardinería, iluminada por las luces del porche, estaba justo frente a ellos, y Edward sintió que su pecho se apretaba con fuerza. 

No había visto a su madre en días. No tenía idea de cómo reaccionaría al verlo, no solo por lo que había pasado, sino por lo que ahora era. Su cuerpo ya no era el mismo, su piel tenía la textura de la corteza de un árbol, su cabello se asemejaba a hojas, y sus brazos podían transformarse en madera viva. ¿Cómo podría mirarlo y verlo como su hijo después de esto? 

Tragó saliva y sintió su cuerpo tenso al acercarse a la puerta. Anne, caminando a su lado, notó su incomodidad, pero no dijo nada. Solo se detuvo junto a él cuando la puerta se abrió. 

Y entonces, ahí estaba ella. 

Mary, con su delantal aún manchado de tierra y sus manos algo sucias por un largo día de trabajo, los miró con los ojos bien abiertos. Su expresión se transformó en una mezcla de sorpresa y alivio al verlos. 

Edward sintió un nudo en la garganta. 

mamá… 

No tuvo tiempo de decir más. 

Mary avanzó hacia él y, sin dudarlo, lo abrazó con fuerza. 

Edward se quedó inmóvil por un segundo, sin saber cómo reaccionar. Su cuerpo ya no era el mismo, su piel no tenía la calidez humana, y aun así, ella lo abrazó como si nada hubiera cambiado. 

estás bien… Gracias a Dios —susurró Mary, con la voz cargada de emoción— Edward, me tenías preocupada, te he estado viendo en las noticias de todos estos días… No vuelvas a hacerme esto, ¿me oyes? 

Edward sintió cómo el miedo y la tensión se desvanecían. Su madre no lo había rechazado. No le había mirado con horror ni con asco. Lo había abrazado como siempre. 

Con los ojos vidriosos, él le devolvió el abrazo. 

lo siento, mamá… Lo siento tanto… —dijo, con la voz quebrada 

Mary acarició su espalda, intentando calmarlo. 

no importa lo que haya pasado, Edward. Aunque ahora seas diferente, aunque tu cuerpo haya cambiado… sigues siendo mi hijo. Y jamás, jamás te despreciaría. 

Edward apretó los dientes, sintiendo cómo un peso enorme desaparecía de su pecho. 

Desde un costado, Anne observaba la escena con una leve sonrisa en los labios. Todo estaba bien. Todo había valido la pena. 

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