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Camino del Perdón. Parte 8

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 15 de septiembre de 2026

El hospital tenía un aire solemne, con el sonido lejano de monitores y pasos amortiguados por el suelo de linóleo. Edward caminaba por los pasillos con la cabeza baja, sintiéndose fuera de lugar entre tanto blanco estéril. Sus zapatos sucios pesaban con cada paso, pero no podía detenerse. 

Había prometido hacer esto. 

Se detuvo frente a una habitación donde le habían dicho que estaba uno de los heridos, un niño de no más de ocho años que había sido alcanzado por los escombros durante su combate con La Mugre. Inspiró profundamente antes de entrar. 

El niño estaba acostado en la cama, su brazo vendado y sujeto con un cabestrillo. Estaba entretenido con un pequeño televisor, pero en cuanto Edward entró, volteó a verlo. 

— ¿eres el hombre planta? —preguntó el niño con curiosidad, sin asomo de miedo en su voz 

Edward tragó saliva, sintiendo que no merecía siquiera ese tono despreocupado. Se acercó lentamente hasta quedar al lado de su cama y se inclinó un poco. 

sí. Y... quería pedirte perdón. Por lo que pasó. No debería haber ocurrido y lo lamento mucho. 

El niño lo miró en silencio por un momento, ladeando la cabeza. 

pero tú peleabas contra el monstruo. 

sí, pero eso no cambia que saliste herido por mi culpa. 

El niño se quedó pensando y luego encogió los hombros. 

bueno… no estoy enfadado. Mi madre dice que no fue tu culpa. 

Edward parpadeó, sorprendido. 

¿de verdad? 

ajá. Dijo que peleaste para salvarnos. 

Edward sintió un peso en el pecho. No había esperado que fuera tan fácil, que alguien pudiera aceptar tan rápidamente algo que él mismo seguía sin perdonarse del todo. 

Con una leve sonrisa, levantó su mano y dejó que de su brazo brotara una pequeña flor de pétalos azulados. Con cuidado, la arrancó y la extendió hacia el niño. 

toma, es para ti. Me faltan palabras para expresar lo agradecido que estoy... 

El niño la agarró con los ojos brillando de emoción. 

¡guau! ¿Puedes hacer muchas? 

Edward se rió suavemente sí. Puedo hacer muchas. 

—el niño sonrió y sostuvo la flor con cuidado ¡gracias, señor planta! 

Edward negó con la cabeza, sintiendo un alivio extraño pero bienvenido. 

me llamo Edward. 

—el niño asintió entusiasmado ¡gracias, Edward! 

Con eso, Edward se levantó y se dirigió a la puerta. Aún tenía muchas más habitaciones por visitar, pero por primera vez en mucho tiempo, sintió que estaba haciendo algo bien. 

Mientras en alguna otra parte de Londres. 

Anne permanecía inmóvil frente a la lápida de Dorian, con la brisa marina acariciando su rostro. El cementerio estaba en la cima de una pequeña colina, con una vista despejada del océano a lo lejos. El sonido de las olas rompiendo contra las rocas era lo único que interrumpía el silencio solemne del lugar. 

Se inclinó un poco y pasó la mano por la fría piedra, sintiendo la rugosidad de la inscripción con la yema de los dedos. 

— ha pasado un tiempo… —susurró, con una leve sonrisa melancólica— 

Tomó aire y dejó que sus pensamientos fluyeran. 

quería venir a agradecerte. No solo por lo que hiciste por mí, sino por cómo me ayudaste a entender quién soy. Aún no puedo creer cuánto cambió todo desde que nos conocimos… y todo lo que aprendí gracias a ti. Lo sorprendente es que fuera en poco tiempo... 

El viento sopló un poco más fuerte y Anne miró el cielo por un instante antes de volver a la lápida con una sonrisa más ligera. 

ah, y parece que te equivocaste con Edward. Decías que no tenía remedio, que era un cabezota sin salvación, pero… bueno, ahora mismo está visitando a las personas que resultaron heridas en la batalla, disculpándose con cada una de ellas. Supongo que no era tan imposible que cambiara, ¿eh? 

Se cruzó de brazos, sintiendo una calidez en el pecho al recordar los días que compartieron. 

ya sabes que poco después de mi nacimiento mi padre falleció, por lo que fuiste como el padre que no pude disfrutar. Aunque solo fueron unos días, me enseñaste más de lo que cualquiera podría haberlo hecho en toda una vida. 

Se permitió un momento en silencio, dejando que el viento llevara sus palabras. Luego, respiró profundo y dio un paso atrás. 

prometo que nunca usaré las habilidades que me has permitido tener para algo egoísta. Pienso hacer lo correcto, sin importar qué tan difícil sea. 

Se quedó ahí unos segundos más, como si esperara alguna respuesta del más allá, pero solo el sonido del mar le respondió. 

Con una última mirada a la tumba, se dio la vuelta y empezó a caminar lejos del cementerio. 

Al levantar la vista al cielo, vio cómo el sol comenzaba a ponerse, tiñendo las nubes con tonos cálidos de naranja y rosa. Y en ese instante, con la certeza de que todo cambiaría para bien, no pudo evitar sonreír con satisfacción.

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