El sonido del murmullo dentro del tribunal se disipó cuando el juez golpeó su mazo contra la madera, exigiendo orden. La sala estaba llena. Reporteros, agentes del gobierno y abogados observaban atentamente a los dos hermanos sentados frente al estrado.
Edward, aún con vendajes en los brazos debido a las heridas de su enfrentamiento con La Mugre, miró con expresión neutral a la persona que lo estaba interrogando. Anne, a su lado, mantenía una postura firme, aunque su mirada demostraba cierto cansancio.
— señor Miller, —dijo el abogado del gobierno, un hombre de traje oscuro con un gesto severo— lo que queremos entender aquí no es solo el alcance de sus habilidades, sino sus intenciones. Lo que ocurrió en la costa y en el resto de lugares en los que usted estuvo fue… caótico, por decir lo menos. Hubo destrucción. Hubo miedo en la población y muchos heridos.
Edward apretó los dientes. Claro, eso era lo único que les importaba. No los helicópteros de combate que habían llegado minutos después del enfrentamiento, ni el hecho de que él y Anne habían arriesgado sus vidas para detener algo que ellos ni siquiera habrían sabido cómo manejar.
— lo entiendo. —respondió con voz baja, pero firme— Sé que todo lo que pasó dejó daños. Pero nunca fue mi intención lastimar a nadie, pese a todo lo que hice, no volvería a permitir que algo así suceda otra vez.
El abogado hizo una pausa, mirándolo con desconfianza.
— y si una situación similar volviera a ocurrir, ¿qué haría?
Edward intercambió una mirada rápida con Anne antes de responder.
— no dejaría que se repitiera el caos. Aprendí de mis errores.
Anne tomó aire y añadió con una calma calculada:
— sabemos que nuestra existencia representa algo que escapa del control común. Pero eso no significa que seamos un peligro.
El juez los observó en silencio. Luego, inclinándose ligeramente hacia adelante, formuló la pregunta más importante de la sesión:
— entonces, ambos están asegurando que no usarán sus habilidades contra inocentes. ¿Que, si alguna amenaza surge, actuarán con moderación?
Edward y Anne se miraron.
— lo juramos. —dijeron al unísono—
La sala quedó en un silencio tenso, antes de que el juez asintiera lentamente y diera la palabra a otro de los abogados, quien se preparaba para la siguiente fase del interrogatorio.
El juicio aún no terminaba. Pero, al menos, habían dejado claro algo importante. No eran monstruos. Y nunca lo serían. Hasta que de pronto, Edward decidió romper el pequeño silencio que se había quedado en la sala.
— además... sé que hubo gente que resultó herida por mis acciones, incluso si mi intención siempre fue detener a esa criatura. No quiero que me vean solo como alguien con poderes destruyendo cosas sin pensar. Si tengo que mirar a los ojos a cada una de esas personas y decirles que lo siento, lo haré. Esto no es una petición que estoy pidiendo, es lo mínimo que debo hacer y si tengo que hacer algo más que eso... no dudaré en hacerlo.
El juez observó a Edward con expresión seria tras escuchar sus últimas palabras. En la sala, algunos murmuraron, sorprendidos por su declaración.
— ¿está diciendo que irá personalmente a disculparse con cada persona afectada? —preguntó el abogado del gobierno con incredulidad—
Edward asintió sin titubeos.
— efectivamente, como dije, es lo mínimo que debo hacer.
El juez intercambió miradas con los otros miembros del tribunal antes de hablar.
— muy bien, señor Miller. Esperemos que sea así. Pero entiendan algo, tanto usted como su hermana. —dijo, dirigiéndose a Anne también— Serán vigilados. No podemos permitir que personas con habilidades como las suyas actúen sin supervisión. Mucho menos después de lo sucedido el año anterior.
Anne cruzó los brazos, sin sorpresa por la decisión.
— no tenemos nada que ocultar.
— así que no tenemos problema con eso. —añadió Edward—
El juez asintió lentamente.
— en ese caso, la sesión ha concluido.
Golpeó su mazo contra la mesa, dando por finalizada la audiencia.
Edward y Anne se levantaron de sus asientos bajo la atenta mirada de todos los presentes. Al salir de la sala, los flashes de las cámaras los recibieron en la entrada del juzgado, mientras los periodistas gritaban preguntas.
— ¡Edward “El Bosque” Miller, ¿es cierto que usted mató a La Mugre?!
— ¡Anne “Aquaria” Miller, ¿qué opina sobre la decisión del juez?!
— ¿Qué planean hacer ahora?
Edward suspiró pesadamente, pero en lugar de ignorarlos, simplemente respondió con voz firme:
— voy a hacer lo que dije. Iré a disculparme con quienes resultaron heridos.
Y sin decir más, él y Anne atravesaron la multitud, dejando el juzgado atrás. Edward decidido a hacer lo que dijo con una mirada de serenidad absoluta mientras su hermana lo miraba sabiendo que su hermano cambió para bien tras tanto tiempo.