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Camino del Perdón. Parte 3

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 15 de septiembre de 2026

Los pasos de ambos resonaban de una manera extraña en aquel vacío blanco. No había eco, ni sonido alguno más allá de su respiración y el leve crujir de sus pisadas sobre una superficie que ni siquiera podían ver. No sabían si estaban caminando sobre algo sólido o simplemente flotando en una ilusión que daba la impresión de movimiento. 

Paul fue el primero en romper el silencio. 

— siento como si hubiera estado aquí toda una vida. No sé cuánto tiempo ha pasado realmente, pero así se siente. Como si hubiera estado atrapado en este lugar por siempre. —murmuró, sin girar la cabeza hacia Edward— Verte aquí… no sé, me alivió un poco. Supongo que porque significa que no estoy solo. 

Edward no respondió de inmediato. No podía decir que entendía lo que Paul sentía, pero había algo en sus palabras que le provocaba un nudo en el estómago. 

Caminaron en silencio durante varios minutos más, sin rumbo, sin dirección. Al final, Paul habló de nuevo. 

— dime algo, Edward… ¿Por qué crees que estamos aquí? 

Edward arqueó una ceja. 

— ¿a qué te refieres? 

Paul suspiró y metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, con una expresión pensativa. 

— quiero decir… ¿cuál es la razón de que nos hayamos conocido? ¿Por qué tú y yo terminamos en este mismo espacio y tiempo? Piénsalo. Podría haber sido cualquier otra persona. Podría haber sido nadie. Pero aquí estamos. 

Edward se quedó en silencio, reflexionando sobre ello. Nunca había sido alguien que creyera en el destino o en que las cosas sucedían por una razón más allá de la casualidad. Pero lo que Paul decía tenía sentido. El universo era inmenso, caótico e impredecible. Y, sin embargo, en ese preciso instante, ambos estaban caminando juntos en un lugar que parecía existir fuera del tiempo y el espacio. 

supongo que es demasiado como para que sea simple coincidencia. —murmuró Edward— Es decir, toda esta situación… todo lo que ha pasado hasta ahora… 

Paul asintió lentamente. 

exacto. Algo o alguien tuvo que haber movido las piezas para que esto sucediera. Para que tú y yo estemos aquí. 

El pensamiento quedó flotando entre ambos mientras seguían caminando. Ninguno de los dos dijo nada más por un rato, dejando que la idea se asentara en sus mentes. 

Quizás todo lo que había sucedido hasta ahora estaba destinado a pasar. 

El vacío seguía extendiéndose ante ellos, interminable y sereno. No había horizonte, ni cielo, ni suelo, solo esa blancura infinita que lo envolvía todo. Caminaban sin rumbo, sumergidos en la conversación, enredados en pensamientos que, de alguna forma, les daban una sensación de calma dentro de la irrealidad de aquel lugar. 

Edward no pudo evitar fijarse en Paul con más detenimiento. La manera en la que hablaba, su tono tranquilo pero cargado de una tristeza resignada… no era lo que había esperado de la persona que había convertido su vida en un infierno en los últimos días. Durante todo este tiempo, lo había visto solo como una aberración, como un monstruo al que tenía que destruir antes de que acabara con todo. Pero ahora, al verlo aquí, como un hombre normal, como alguien que había sufrido más de lo que cualquiera podría soportar, se dio cuenta de algo que le provocó una sensación incómoda en el pecho. 

El tipo que tenía delante no era un villano. No era el monstruo despiadado que había imaginado. Era simplemente un hombre al que la vida había pisoteado tantas veces que terminó convirtiéndose en algo inhumano. 

— eres diferente a lo que imaginé —murmuró Edward sin mirarlo— 

Paul sonrió de lado, con una gran sorpresa de que alguien por primera vez le dijera algo así. 

— eso dicen muchos cuando conocen la verdad de alguien. —respondió, con un deje de amargura en su voz— Supongo que todos somos algo diferente en la cabeza de alguien más. Pero te estoy agradecido por ello, Edward Miller. 

Edward no supo qué responder a eso. 

Pasaron unos minutos más caminando en silencio hasta que Paul, de repente, se detuvo. Edward lo miró con curiosidad, notando que su rostro se veía más serio, como si hubiese llegado el momento de decir algo importante. 

siento haber ocupado tanto de tu tiempo —dijo Paul, con un tono tranquilo pero firme—. Pero no podemos ignorar lo obvio, y ya es hora que vaya al grano 

Edward sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. 

en el mundo real, “yo” sigo ahí. Esa cosa está suelta aún. 

El rostro de Paul era inexpresivo, pero había algo en su mirada que transmitía una tristeza profunda. 

Edward… cuando vuelvas, quiero que me mates. 

El estómago de Edward se revolvió con esas palabras. 

¿qué? 

Paul suspiró, desviando la mirada. 

no tengo control sobre esa cosa. Mi cuerpo, mi conciencia, mi ser… todo quedó enterrado bajo esa criatura. Ya no soy yo, y nunca volveré a serlo. Lo único que le queda a esa cosa es destruir. 

Edward apretó los puños, sintiendo una extraña sensación en su interior. 

Era obvio. Era lo que él había querido hacer desde el principio. 

Y, sin embargo, ahora que lo escuchaba salir de la boca de Paul, ahora que comprendía quién era en realidad… Por alguna razón, Edward sentía lastima por hacerlo. 

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