El vacío seguía envolviendo todo a su alrededor, sin una dirección clara, sin un sentido lógico. Edward miró a su alrededor con el ceño fruncido, aun tratando de comprender cómo había terminado en ese lugar. Paul seguía sentado, con la mirada baja y una expresión que era difícil de leer, pero no parecía ni hostil ni perturbado. Solo… cansado.
Edward dio un paso adelante, luego otro, hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para hablar sin necesidad de alzar la voz.
— ¿qué es este lugar? —preguntó, su tono tenso, aún con la sensación de que algo estaba mal—
Paul levantó la vista y lo observó con la misma indiferencia con la que alguien mira la lluvia golpear una ventana. Luego encogió los hombros.
— no lo sé. —respondió con tranquilidad— No tengo idea de qué es esto o por qué estoy aquí. Pero si tú también terminaste en este sitio… quizás tengamos algo en común.
Edward frunció el ceño. No le gustó esa respuesta. No quería pensar que tenía algo en común con aquel ser que había causado tanto caos y destrucción. Sin embargo, había visto sus recuerdos. Había sentido su miseria, su rabia, su dolor. Algo dentro de él le decía que Paul no estaba mintiendo.
El silencio se extendió entre ambos por unos segundos que se hicieron largos e incómodos. Edward no sabía qué decir. No sabía qué hacer. Todo esto le parecía tan absurdo que hasta se preguntó si estaba soñando.
Pero entonces Paul rompió el silencio con un gesto casual.
— me llamo Paul Brooks —dijo simplemente, como si estuviera presentándose en una conversación normal—
Edward lo miró con cautela.
Paul señaló el suelo a su lado con un leve movimiento de su mano sucia y llena de cicatrices.
— si vas a quedarte aquí de pie todo el tiempo, te vas a cansar. Siéntate.
Edward sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Todo en esa situación le resultaba completamente extraño, pero aun así, su cuerpo se movió por cuenta propia, como si algo en él supiera que no tenía sentido resistirse.
Se sentó junto a Paul, sin apartar la vista de él, todavía inseguro de lo que iba a ocurrir.
El silencio que reinaba en ese lugar parecía distinto a cualquier otro que Edward hubiese experimentado antes. No era incómodo ni tenso, sino simplemente… vacío. Como si en ese espacio no existiera nada más que los dos.
Paul fue el primero en hablar. Su tono no tenía rastro de agresividad ni desesperación, solo una calma extraña, como alguien que ya ha aceptado su destino.
— supongo que ya viste en lo que me convertí. —murmuró, con la mirada fija en un punto indeterminado del blanco infinito— Esa… cosa. Ese monstruo. No sé cómo explicarlo o si me creas… Pero lo lamento.
Edward giró la cabeza hacia él, observando su expresión. Paul no intentaba excusarse ni justificarse. Solo hablaba con una sinceridad que Edward no esperaba.
— no tenía idea de que algo así pudiera pasarme. —continuó Paul, con una leve risa amarga— No es como si alguien me hubiera advertido que terminaría convertido en una masa de podredumbre y veneno.
Edward no respondió de inmediato. En otras circunstancias él habría reaccionado con ira, habría gritado o golpeado a Paul por todo lo que había hecho… pero en ese momento, sentado ahí, simplemente lo creyó.
No había mentira en sus palabras. No había engaño.
Edward suspiró y apoyó los codos sobre sus rodillas.
— no sé qué se supone que deba decirte. —admitió, con una tranquilidad que le resultó extraña incluso a él mismo— Pero te creo.
Paul soltó una breve risa, más parecida a un suspiro.
— vaya. No pensé que me fuera a salir tan fácil —dijo, con un leve tono sarcástico, pero sin malicia—
Edward giró un poco la cabeza para mirarlo mejor, pero antes de que pudiera responder algo, Paul se puso de pie.
— ven —dijo, extendiendo una mano hacia Edward— Caminemos un poco. No creo que este lugar tenga fin, pero quedarnos aquí sin hacer nada no tiene sentido.
Edward lo miró con desconfianza por un momento, pero al final aceptó y se levantó, comenzando a caminar junto a Paul por el interminable vacío blanco.