Saltar al contenido
Explorar novelas

Camino de la Destrucción. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 2: Nature Force · por Aldex29 · 15 de septiembre de 2026

Edward respiraba con dificultad, su cuerpo entumecido por el veneno que impregnaba el aire y la derrota pesándole más que nunca. Sus músculos se negaban a responder, y lo único que podía hacer era permanecer en el suelo, viendo cómo La Mugre avanzaba, imparable, hacia el mar. Cada uno de sus pasos hacía retumbar la tierra, su masa amorfa expandiéndose sin cesar, absorbiendo más desperdicios, creciendo sin control. 

El océano estaba a unos metros. Lo único que tenía que hacer era sumergirse y esparcir su podredumbre por las aguas y eventualmente, el mundo. La imagen era aterradora: si esa cosa contaminaba el mar, el desastre sería irreversible. 

Edward apretó los dientes, tratando de moverse, pero su cuerpo seguía paralizado. La sensación de debilidad lo carcomía. Nunca antes se había sentido tan inútil. 

Entonces, un sonido ensordecedor irrumpió en el ambiente. Un rugido de agua, furioso e imponente. 

Con un esfuerzo titánico, Edward giró la cabeza y vio cómo una ola gigantesca, mucho más alta que La Mugre, se alzaba en el horizonte. Era una muralla líquida que devoraba el cielo, cargada con la ira de una tormenta que no había anunciado su llegada. 

Y en el corazón de esa ola, como una deidad surgiendo del mismo océano, estaba Anne. 

Sus ojos brillaban con una intensidad feroz, su cuerpo envuelto en energía líquida, fusionada con el mar mismo. Sus brazos estaban extendidos, como si sostuviera la colosal ola con su voluntad, guiándola con precisión quirúrgica. 

La Mugre apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que el océano se desplomara sobre él con una fuerza abrumadora. 

El impacto sacudió la costa con la potencia de una explosión. El agua envolvió a la criatura en un abrazo devastador, sofocando su expansión y desmoronando su estructura. Fragmentos de desechos y residuos se dispersaron por todas partes mientras el monstruo era arrastrado por la corriente, su cuerpo deformándose y retorciéndose bajo la presión del mar. 

Edward, aún tumbado en el suelo, sintió el rocío salado golpear su rostro. Observó con asombro la escena ante él, sin poder creer lo que veía. 

Edward forzó su cuerpo a moverse, aunque cada músculo protestó con un dolor punzante. Su visión estaba borrosa por el agotamiento, pero aún podía distinguir la enorme figura de La Mugre, tambaleándose después del impacto de la ola. El ataque de Anne lo había golpeado con fuerza, deformándolo y retrasando su avance, pero no había sido suficiente para detenerlo por completo. La criatura seguía moviéndose, su cuerpo absorbiendo la contaminación del agua, regenerándose lentamente mientras se adentraba en el mar. 

Un chapoteo cercano hizo que Edward desviara la mirada. Anne emergió del agua con movimientos rápidos y calculados, su expresión tensa. Sus ojos recorrieron el estado de su hermano, claramente molesta por lo que veía. 

— ¿en qué demonios estabas pensando? —soltó con dureza mientras se acercaba a él, extendiéndole una mano para ayudarlo a ponerse de pie— ¡Fue completamente imprudente ir solo contra esa cosa! 

Edward aceptó su ayuda y se obligó a incorporarse. Sus piernas apenas lo sostenían, pero no importaba. Sus labios se curvaron en una sonrisa amarga. 

— ya lo sé. —admitió con voz ronca— Fui un idiota. Creí que podía encargarme de esto solo, pero no soy tan fuerte como pensaba… 

Anne parpadeó, sorprendida de escucharlo decir eso. Edward, su terco y orgulloso hermano, admitiendo un error. 

y no solo por esto. —continuó él, su mirada encontrándose con la de ella— He sido un mal hermano, Anne. Siempre actuando como si no me importaras, alejándome de ti, cuando la verdad es que… —hizo una pausa, luchando por encontrar las palabras adecuadas— Nunca debí tratarte así. Está claro que eres mucho mejor que yo. 

Anne suspiró. Por un momento, su expresión suavizó, y sin pensarlo mucho, le dio un golpe ligero en el brazo. 

eres un idiota, Edward. 

Edward soltó una débil risa sí, lo sé. 

Anne negó con la cabeza y, por primera vez en mucho tiempo, le dedicó una leve sonrisa. 

te perdono. Pero este no es el momento de ponernos sentimentales. 

El tono de su voz cambió, volviéndose serio nuevamente. Ambos miraron hacia el mar, donde La Mugre, a pesar de haber sido golpeado por la ola, seguía moviéndose. Ya no parecía interesado en pelear con ellos. Su único objetivo era alcanzar el océano y esparcir su contaminación sin restricciones. Y lo peor de todo, su tamaño seguía aumentando. 

si entra por completo al agua… —murmuró Anne, su mandíbula apretada 

no podemos dejar que eso pase. —afirmó Edward, recuperando algo de su determinación— Hay que detenerlo aquí. 

Sin más palabras, los dos hermanos se lanzaron hacia la batalla una vez más. 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Aldex29 en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Aracne · TRILOGIA:El Edén de las Esencias perdidas y la Ruina del Lamento · COLECCION:Las Grietas del Alma y el Eco de la Mente