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Proyecto Génesis. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 1: MIND-SHIFT · por Aldex29 · 05 de septiembre de 2026

El amanecer apenas había disipado las sombras de la noche cuando Nicholas se despertó, su mente todavía vibrando con la emoción del trabajo que había realizado en la casa de su padre. Se incorporó de la cama, sintiendo una energía inusual recorriendo su cuerpo. Los sueros que se había inyectado, uno con ADN de tardígrado y el otro con las capacidades regenerativas que había diseñado con Oliver, estaban comenzando a manifestarse.  

Decidido a probar sus nuevos límites, Nicholas se dirigió a una habitación oculta en su apartamento, un lugar que había adaptado específicamente para sus experimentos personales. Era un espacio amplio, con paredes reforzadas, equipado con pesas, herramientas y todo lo necesario para someter su cuerpo a pruebas extremas. Este lugar, que había sido testigo de muchos experimentos peligrosos, sería ahora el campo de pruebas para su propia evolución.  

Primero, Nicholas se dirigió a la parte del cuarto donde tenía un set de pesas masivas, mucho más pesadas de lo que cualquier ser humano promedio podría levantar. Respiró hondo y comenzó a levantar una de las barras cargadas con discos de acero. Al principio, sintió la resistencia en sus músculos, pero a medida que concentraba su fuerza, la barra comenzó a elevarse lentamente. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro al darse cuenta de que las mejoras físicas eran reales. No solo había logrado alzar la barra, sino que lo había hecho con una facilidad creciente.  

Después de varias repeticiones, cada una más intensa que la anterior, Nicholas dejó la barra en el suelo con un estruendo metálico que resonó en toda la habitación. Sus músculos, lejos de sentirse fatigados, parecían más vivos que nunca. Decidió que era hora de llevar su resistencia al límite.  

Se dirigió hacia una mesa donde había colocado varios objetos afilados y peligrosos, entre ellos un cuchillo largo y afilado. Sin dudarlo, tomó el cuchillo y lo deslizó sobre su antebrazo, haciendo un corte profundo. Observó con una mezcla de fascinación y expectación cómo la herida, que debería haber comenzado a sangrar profusamente, en cambio mostraba signos inmediatos de regeneración. Aunque el proceso no fue instantáneo, el corte comenzó a cerrarse visiblemente ante sus ojos.  

Mientras la herida se cerraba, Nicholas sintió una oleada de dolor que rápidamente se desvaneció, sustituida por una sensación de control absoluto sobre su cuerpo. La regeneración estaba funcionando, y con cada segundo que pasaba, el corte desaparecía, dejando solo una ligera cicatriz que también empezó a desvanecerse.  

No satisfecho con esta única prueba, Nicholas decidió someterse a temperaturas extremas. En una esquina del cuarto tenía un baño lleno de hielo, preparado específicamente para probar la resistencia al frío. Se sumergió en el baño helado, esperando el habitual estremecimiento que el frío provocaría en cualquier persona normal, pero apenas sintió la diferencia. El suero con ADN de tardígrado estaba actuando, haciéndolo inmune al frío.  

A continuación, encendió un pequeño soplete que había preparado y lo acercó a su piel, exponiéndose al fuego. El calor que normalmente habría quemado la carne humana no parecía afectarle de la misma manera. Aunque sintió el calor, no hubo quemaduras, y cualquier enrojecimiento en su piel desapareció casi al instante, regenerándose tan rápido como los daños se producían.  

Satisfecho con las pruebas, Nicholas salió del baño de hielo y apagó el soplete. Se miró en el espejo de la habitación, viendo a un hombre transformado, alguien que ya no estaba atado a las debilidades humanas. Había pasado la mañana sometiéndose a pruebas extremas, y ahora, con una confianza renovada, sabía que estaba listo para llevar su plan al siguiente nivel.  

Estos sueros, junto con su ingenio y la tecnología que había comenzado a desarrollar, lo colocaban en una posición de poder inimaginable. La fuerza sobrehumana, la capacidad de resistir condiciones extremas y la regeneración celular lo hacían invencible. El mundo no estaba preparado para lo que él estaba a punto de desatar, pero Nicholas ya no tenía dudas: estaba destinado a trascender y liderar una nueva era.  

Con una última mirada a su reflejo, Nicholas se vistió y salió de la habitación, dejando atrás el espacio que había sido testigo de su transformación. Afuera, el sol estaba en su punto más alto, pero él sabía que su verdadera oscuridad aún estaba por venir. Y cuando lo hiciera, todos aquellos que alguna vez dudaron de él pagarían el precio de su incredulidad.  

Varias horas más tarde, Nicholas llegó a la vieja casa de su padre bajo el manto de la noche, el silencio roto solo por el crujido de la grava bajo sus pies. La edificación, una vez majestuosa, ahora estaba en ruinas, pero aún poseía una presencia imponente. El aire estaba cargado de tensión mientras Nicholas se movía con determinación, sabiendo que esta sería la última vez que se reuniría con Reynard bajo los términos establecidos.  

Dentro de la casa, la habitación principal estaba preparada. La silla que Nicholas había diseñado dominaba el centro del espacio, conectada a un intrincado dispositivo que colgaba del techo, una amalgama de tecnología avanzada y cables que pulsaban con una energía apenas contenida. La máquina, creada para transferir la conciencia de un ser humano a un mundo virtual, era la culminación de su genio y su ambición.  

El sonido de un coche acercándose rompió la quietud de la noche. Reynard, puntual como siempre, había llegado. Nicholas se mantuvo firme, respirando lentamente mientras sus pensamientos se alineaban con su propósito. Esta era su oportunidad para tomar el control total, para cortar las cadenas que lo unían a Reynard y a cualquier rastro de la antigua organización.  

Reynard entró, con su característico porte seguro, desconocedor por completo de la traición que lo esperaba.  

― Nick. ―saludó con una sonrisa― Espero que hayas aprovechado bien el tiempo. Tenemos mucho de qué hablar.  

Nicholas asintió, devolviendo la sonrisa de forma calculada.  

― todo ha salido incluso mejor de lo que esperaba. ―respondió, su tono medido y tranquilo― Los avances que hemos logrado son... impresionantes.  

Reynard caminó hacia la silla, inspeccionando el dispositivo con interés, su mirada recorriendo cada detalle.  

― esto es impresionante, Nicholas. No esperaba menos de ti.  

― gracias, Reynard. ―Nicholas hizo una pausa, su mano acercándose lentamente a su bolsillo― Pero hay un último experimento que necesito realizar. Y para eso, te necesito a ti.  

Reynard lo miró con una ligera confusión, su instinto intentando descifrar el comportamiento de Nicholas, pero antes de poder reaccionar, Nicholas sacó una pistola y le disparó a quemarropa. El sonido de la bala resonó en la habitación vacía, y el cuerpo de Reynard cayó al suelo, sus ojos abiertos por el shock y el dolor, pero todavía consciente.  

Sin perder tiempo, Nicholas arrastró a Reynard hacia la silla, asegurándolo con las correas de cuero que había preparado con antelación. Mientras lo hacía, los ojos de Reynard lo siguieron, su respiración agitada y su mente luchando por entender la traición.  

― Nicholas... ¿qué demonios... estás haciendo? ―logró balbucear Reynard, el dolor en su voz evidente―  

Nicholas no respondió de inmediato. Se movía con una eficiencia fría, cada movimiento reflejando la culminación de semanas de planificación. Con Reynard asegurado, Nicholas encendió la máquina. Las luces parpadearon y un zumbido bajo llenó el aire mientras la transferencia comenzaba.  

― es un paso necesario, Reynard. ―dijo Nicholas finalmente, mientras manipulaba los controles― Tú siempre has sido un obstáculo para lo que quiero lograr. Pero ahora... ahora puedo superarlo. Además... siempre quise hacerte esto.  

Reynard intentó moverse, pero las correas lo mantenían firmemente sujeto. La pantalla al costado de la máquina mostraba un progreso lento, indicando que la transferencia de la conciencia tomaría semanas en completarse. Reynard sentía una presión en su cabeza, como si algo estuviera extrayendo lentamente su mente, separándola de su cuerpo.  

― ¡detén esto, Nicholas! ―gritó Reynard, el terror empezando a inundar su voz― No puedes hacerme esto... ¡maldito niñato desquiciado!  

Nicholas lo observó con una frialdad casi inhumana.  

― siempre fuiste alguien fuerte, Reynard, pero tu visión es limitada. El futuro pertenece a quienes pueden ver más allá. ―Nicholas hizo una pausa, acercándose a la silla y mirando a Reynard directamente a los ojos― Considera esto un último sacrificio por la causa que tanto decías defender.  

Mientras la máquina hacía su trabajo, Reynard luchaba desesperadamente, su cuerpo temblando y sus gritos ahogándose en la tecnología que lo envolvía. El dolor físico era insoportable, pero peor aún era la sensación de su conciencia siendo desgarrada de su ser, como si cada pensamiento, cada recuerdo, cada parte de su identidad estuviera siendo arrancada y almacenada en un lugar al que no podía acceder.  

Nicholas observaba impasible mientras las lecturas confirmaban que el proceso estaba en marcha. Reynard estaba atrapado en un limbo entre la vida y la muerte, su cuerpo físico a merced de la máquina mientras su mente se fragmentaba, deslizándose hacia un estado desconocido.  

― un último regalo, Reynard. ―murmuró Nicholas, más para sí mismo que para el hombre que agonizaba frente a él― Tu conciencia vivirá en un mundo que nunca podrás controlar, y yo... yo alcanzaré algo mucho más grande y con ello elevaré a la humanidad a un futuro próspero.  

Reynard, apenas consciente, logró esbozar una última súplica.  

― Nicholas... desgraciado...  

Pero Nicholas ya no estaba escuchando. Una vez estuvo seguro de que todo estaba en orden, apagó las luces de la habitación, dejando solo el leve brillo de la pantalla que monitoreaba la transferencia. Se limpió las manos y salió de la casa, su expresión tranquila, como si lo que acababa de hacer fuera solo un paso más hacia su destino.  

Al salir, respiró profundamente el aire fresco de la noche, cerrando la puerta de la casa como si cerrara un capítulo de su vida. Subió a su coche y condujo hacia su apartamento, su mente ya enfocada en el día siguiente, donde se reuniría con Evelyn para continuar con su plan. Para Nicholas, Reynard ya era historia. Ahora, el futuro estaba completamente en sus manos.  

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