Nicholas entró en el antiguo hogar de su infancia sin una pizca de nostalgia. Los recuerdos de su niñez, las memorias de un tiempo más inocente, eran irrelevantes. Lo único que le importaba ahora era el presente y, más aún, el futuro. Un futuro donde él sería el salvador, y la humanidad, su creación mejorada.
El lugar estaba en ruinas, pero para Nicholas, ese caos no importaba. Lo había preparado para este propósito hace mucho tiempo. Las paredes cubiertas de moho y escombros apenas le prestaban atención, y el cadáver de Reynard aún permanecía en la silla en la que había muerto. Con un gesto indiferente, Nicholas agarró el cuerpo y lo arrastró por el suelo, tirándolo en un rincón oscuro del edificio. Para él, Reynard era ahora tan insignificante como cualquier otro ser humano. Solo una herramienta que ya no servía a su propósito.
Frente a una de las computadoras cubiertas de polvo, Nicholas encendió el sistema. Sabía que había dejado su proyecto a medias, y lo primero que revisó fue el proceso de transferencia de consciencia. La pantalla parpadeó durante unos segundos, y luego mostró los resultados. La transferencia había sido un éxito, pero no estaba completa. Faltaba un tiempo crucial para que la carga finalizara. Sin embargo, este detalle no le molestaba; estaba acostumbrado a los retrasos en sus planes.
― aún no está listo. ―murmuró para sí mismo, sus ojos enfocados en la pantalla― Necesito más tiempo.
Sabía lo delicado que era ese proceso. Si la transferencia de consciencia lograba completarse, el alcance de su poder sería inmenso, abarcando más allá de su ya impresionante transformación física. Tendría lo necesario para controlar todo, desde la vida hasta la muerte. Sería un dios, no solo en cuerpo, sino también en mente.
Volteó su cabeza hacia uno de sus seguidores, un hombre con el rostro sucio y ojeras profundas, pero que miraba a Nicholas con devoción ciega.
― tú, toma el disco duro. ―le ordenó, su voz fría y autoritaria― Llévalo al bosque de San Francisco. Entiérralo en algún lugar donde nadie lo encuentre. Será nuestro seguro. Si algo sale mal aquí, lo que hay dentro será clave para recuperar lo perdido.
El hombre asintió sin preguntar ni dudar, tomando el disco duro como si fuera un tesoro sagrado. Mientras lo veía marcharse, Nicholas ya estaba pensando en lo siguiente. Su verdadero objetivo no era solo la transferencia de consciencia, sino replicar el suero. Necesitaba más, mucho más, para llevar a cabo su plan de transformación global.
Se giró hacia los demás seguidores que esperaban sus órdenes. Ya no eran simples drogadictos ni desechos sociales. En sus ojos, Nicholas veía el fervor de la esperanza que él había encendido en ellos. Estaban listos para seguirlo hasta el fin del mundo, o más bien, hasta la transformación completa del mismo.
― comencemos con la replicación del suero. ―dijo Nicholas, su voz resonando en las ruinas como un eco oscuro― Cada uno de ustedes será parte de este cambio. Pero primero, necesito que el suero se multiplique. Mi visión para este mundo depende de ello.
Con movimientos precisos, Nicholas comenzó a operar en los laboratorios improvisados que ya había construido en este lugar. Frascos, tubos y equipos viejos se extendían por las mesas. Sabía exactamente lo que tenía que hacer. El suero que había creado y que él mismo había usado era su clave, pero necesitaba más, mucho más, para cumplir su misión.
Los seguidores miraban con asombro y reverencia mientras Nicholas trabajaba. Sabían que él era diferente, un ser superior. Y lo seguirían, sin importar cuán locas fueran sus ideas.
― pronto seremos más que humanos. ―les dijo mientras mezclaba las sustancias en un frasco― Pronto seremos indestructibles.
Mientras replicaba el suero, Nicholas sabía que su tiempo se estaba agotando. Mark y sus aliados lo estaban buscando, y aunque confiaba en su superioridad física, aún no era invencible. No hasta que tuviera suficiente suero para comenzar su verdadera transformación.
El laboratorio improvisado se llenó del sonido de burbujeos, de máquinas encendiéndose y apagándose. La creación del suero avanzaba lentamente, pero Nicholas no se preocupaba. Pronto, tendría lo necesario para convertir a toda la humanidad en su nueva creación: seres evolucionados, como él.
― esto es solo el principio. ―murmuró, sus ojos iluminados por la visión de su nuevo mundo― Pronto todos verán lo que he visto.
Y mientras continuaba su trabajo, sabía que el reloj estaba corriendo, pero el futuro le pertenecía. O eso creía.
El día siguiente amaneció con un aire cargado de expectativa en las ruinas que ahora servían como cuartel improvisado de Nicholas y sus seguidores. El silencio de la ciudad rota se rompía solo por los susurros de sus devotos y el sonido del equipo de laboratorio trabajando sin pausa. Las luces parpadeantes y las máquinas burbujeando con fluidos luminosos eran señales de que la misión de Nicholas continuaba sin interrupciones.
Nicholas despertó lentamente, con su cuerpo aún adaptándose a los cambios. Los cuatro bultos que había notado en su torso la noche anterior seguían creciendo, ahora mucho más definidos, tomando una forma similar a brazos humanos. Cada nueva extremidad brotaba con fuerza, impulsada por el suero que lo había transformado. Su piel se sentía tensa, como si estuviera a punto de desgarrarse bajo el peso de la evolución. Pero lejos de temer ese cambio, Nicholas sonrió al observar su propio reflejo en un vidrio roto cercano.
― más fuerte... más allá de lo humano. ―murmuró, pasando una mano sobre una de las nuevas extremidades que apenas podía controlar― Estoy convirtiéndome en lo que siempre debí ser.
Emily, la joven que lo había acompañado, lo observaba desde un rincón. Estaba fascinada y aterrada al mismo tiempo. La figura de Nicholas, deformada pero poderosa, representaba algo que nunca había visto: un hombre que había abrazado su monstruosidad con tal de trascender su humanidad.
― vamos a necesitar más de esto. ―dijo Nicholas sin siquiera mirar a Emily, sus ojos fijos en las mezclas que burbujeaban a lo largo de las mesas― Mucho más. Cada gota de este suero será crucial. No solo para mí, sino para todo lo que está por venir.
Los otros seguidores, drogadictos y parias que ahora se arrodillaban ante él, observaban en silencio mientras él se acercaba a las estaciones de trabajo. Algunos de ellos, siguiendo las órdenes e instrucciones de Nicholas, continuaban replicando el suero sin descanso. Con cada paso que daba, sus nuevos brazos comenzaban a moverse más, extendiéndose y flexionándose con cada vez más control. Se estaba acostumbrando a sus nuevas capacidades, a esta nueva forma.
Nicholas se detuvo frente a un frasco lleno de un líquido brillante, su mirada fija en él. Este era el futuro que había planeado, la llave para desatar su visión sobre el mundo. Un mundo donde solo los fuertes y evolucionados sobrevivirían, y él sería el líder indiscutible.
― pronto... muy pronto. ―susurró, sosteniendo el frasco frente a él. Podía sentir el poder que contenía, el poder de transformar vidas, de moldear el futuro― Este mundo nunca estuvo preparado para mí. Pero eso cambiará.
Mientras tanto, el proceso continuaba. Cada uno de sus seguidores sabía qué hacer: algunos manejaban los equipos, otros reunían los ingredientes que habían conseguido a lo largo del tiempo, mientras que los más novatos observaban con asombro a su líder. Nicholas los había salvado de sus vidas vacías, les había prometido un propósito más grande, y ahora estaban listos para entregarle todo.
― aceleremos el ritmo. ―ordenó Nicholas, ahora con una voz más firme― Necesitamos más suero antes de que vengan a buscarnos.
Sus palabras resonaron en el grupo, y todos se pusieron manos a la obra sin dudarlo. Los días pasados habían demostrado que Mark, Evelyn y Alex eran obstáculos serios, pero Nicholas sabía que su ventaja radicaba en el tiempo. Si lograba replicar suficiente suero y consolidar su plan, nada ni nadie podría detenerlo.
Mientras trabajaban, Nicholas sentía una energía creciente dentro de sí. Sus extremidades adicionales ya no eran simples protuberancias, sino verdaderos brazos. Podía moverlos, flexionarlos, usarlos con una destreza cada vez mayor. Cada nueva habilidad que ganaba era un paso más hacia su destino.
Al caer la tarde, el ambiente en el edificio era febril. Las máquinas trabajaban a pleno rendimiento, generando el suero necesario para los siguientes pasos. Nicholas observaba todo con una sonrisa en el rostro, ya proyectando cómo su plan se desplegaría ante los ojos de un mundo desprevenido.
Emily, acercándose tímidamente, le preguntó.
― ¿cuánto falta para que estemos listos?
Nicholas la miró, sus ojos brillando con una confianza casi inhumana.
― no mucho. Pero cuando lo estemos, el mundo será irreconocible. Ellos verán lo que es verdadero poder. Y seremos nosotros quienes los guiemos.
Con esas palabras, Nicholas siguió su marcha, supervisando cada detalle de lo que pronto sería la creación de su nuevo mundo. Los vientos del cambio estaban soplando, y Nicholas estaba listo para liderar ese nuevo amanecer.