El enfrentamiento continuaba con una intensidad que parecía imparable a la vez que la noche empezaba a caer. Mark, agotado pero decidido, trataba de mantener el control de la situación. Mientras luchaba con Nicholas, las balas de los policías ya habían cesado, al darse cuenta de que el verdadero enemigo no era el joven volador.
― ¡soy de los buenos! ―gritó Mark, aprovechando una pausa momentánea en la batalla, mirando a los policías que aún lo observaban con desconfianza― ¡el de los seis brazos es el peligro! ¡él es el que quiere destruir esta ciudad!
Los oficiales, aunque desconcertados por lo que veían, comenzaron a bajar sus armas. Los informes que habían recibido ya apuntaban a algo fuera de lo común en relación a Nicholas, y ahora empezaban a confiar en Mark.
Nicholas, sin embargo, no estaba dispuesto a darles más tiempo para razonar.
― ¡es inútil, Mark! ―vociferó Nicholas mientras lanzaba un puño masivo hacia él, golpeándolo en el pecho con tal fuerza que Mark salió disparado varios metros atrás, aterrizando contra el asfalto― ellos no pueden salvarte, y tú no puedes salvarlos. La única salvación aquí... ¡Es someterse y morir ante mí!
Herido y jadeando por aire, Mark intentó ponerse de pie, pero Nicholas ya estaba sobre él, su grotesca forma cada vez más amenazante. Nicholas levantó uno de los coches de policía con un poco de dificultad sobre su cabeza, usando sus múltiples brazos y la fuerza que todos estos poseían. Los agentes gritaron mientras veían cómo ese monstruo levantaba el vehículo como si fuera un juguete.
― ¡TOMA EL VEHÍCULO! ―gritó Nicholas con un tono sádico, antes de lanzar el coche directamente hacia él―
Mark apenas pudo levantar una barrera telequinética para amortiguar el impacto, pero aun así, el golpe lo derribó, dejándolo aturdido y vulnerable.
Nicholas se acercó lentamente, con la seguridad de un depredador que se dispone a dar el golpe final. Mark, sangrando y jadeando, apenas podía moverse. Los policías estaban demasiado lejos y asustados como para intervenir.
― mírate... gracias a mí sobrepasaste a muchas personas con esas habilidades, y aun así eres débil e incapaz de sobrepasarme. ―Nicholas levantó un puño, listo para aplastarlo― Admiro la forma en la que te esfuerzas en cumplir tú inútil objetivo de salvar a estos seres insignificantes... pero ahora terminarás como todos los demás que se interponen en mi camino. ¡MUERE!
De repente, un estruendo cortó el aire. Un coche a toda velocidad apareció de la nada, golpeando a Nicholas con una fuerza brutal y lanzándolo a un lado. Alex, herido y con la cara cubierta de sudor, estaba al volante del vehículo, su determinación inquebrantable. Con la sangre corriendo por su rostro, apretó el acelerador de nuevo y atropelló a Nicholas una segunda vez, empujándolo varios metros más allá.
― hablas mucho... ―gritó Alex con furia mientras el coche volvía a impactar a Nicholas, dejándolo tirado momentáneamente―
Nicholas, aunque claramente dañado, intentó levantarse con dificultad, pero Alex no le dio tregua. Atropelló a Nicholas una tercera vez, esta vez con tanta fuerza que el monstruo fue arrastrado varios metros antes de soltarse del capó del coche.
― ¡Mark! ―gritó Alex, exhausto, mirando hacia su compañero― ¡Acábalo!
Mark, tambaleante, logró ponerse en pie. El dolor lo recorría de pies a cabeza, pero sabía que esta era su oportunidad. Con un último esfuerzo, levantó ambas manos y enfocó su telequinesis con todo lo que le quedaba.
Nicholas, enfurecido y debilitado, se levantó con lentitud, dispuesto a seguir luchando. Pero antes de que pudiera reaccionar, Mark lanzó una onda de energía con tal fuerza que Nicholas salió disparado como una bala hacia el cielo, atravesando el aire hasta estrellarse violentamente contra un edificio cercano. El impacto resonó en toda la ciudad, y Nicholas fue disparado hacia un sitio desconocido.
El silencio se extendió por las calles. El caos finalmente había cesado.
Mark, jadeante, cayó de rodillas, agotado y con heridas por todo el cuerpo. Alex, herido también, salió del coche tambaleándose. Con dificultad, caminó hacia Mark, ambos exhaustos, pero sabiendo que, al menos por ahora, habían logrado detener a Nicholas.
― lo... ¿lo hicimos? ―susurró Mark, casi sin aliento, mientras trataba de visualizar a Nicholas en el aire, pero dándose cuenta que en vez de vencerlo simplemente le ayudó sin quererlo a escapar―
Alex, cojeando, le ofreció una mano.
― no... ese desgraciado volverá eventualmente, no sé detendrá hasta ver su mundo perfecto o no sé qué cosa. ―dijo Alex, mirando el horizonte donde Nicholas había desaparecido―
Mark, aún dolorido, asintió lentamente. Pero por ahora, el combate había terminado. Nicholas estaba fuera de combate, lanzado a un lugar remoto de la ciudad, y ellos estaban heridos, pero vivos.
La luz tenue del hospital llenaba la habitación donde Mark y Alex estaban recostados. Ambos, cubiertos de vendajes, aún sentían las secuelas de la brutal batalla contra Nicholas. Mark miraba el techo en silencio, sus pensamientos divididos entre el dolor físico y la incertidumbre de lo que vendría después. A su lado, Alex descansaba con una expresión de agotamiento, pero sus heridas no le quitaban la firmeza en su mirada.
Un agente del FBI entró en la habitación, seguido de un médico que chequeaba a los dos.
― el Señor Gaines quiere que aclaremos todo lo sucedido. ―dijo el agente a Alex, mientras le ofrecía un bolígrafo y unos papeles― Sabe que Mark... no es una amenaza, pero necesitamos un informe oficial.
Alex se enderezó un poco en la cama, luchando contra el dolor de su cuerpo.
― Mark no es un peligro para la ciudad ni para nadie más. ―dijo Alex con firmeza mientras firmaba los papeles― Si estamos vivos es gracias a él. Nicholas Foster es el verdadero peligro. Él es quien debe ser detenido.
El agente asintió, tomando el informe con rapidez antes de salir de la habitación. Mark, que había estado en silencio, volteó hacia Alex.
― gracias por salvarme antes ―dijo con voz débil, recordando cómo Alex lo había sacado del borde de la muerte al embestir a Nicholas con el coche―
Alex sonrió, aunque le costaba moverse debido a las heridas.
― ¿salvarte? Si no hubieras llegado volando como un maldito ángel, Foster me habría dejado tirado como a los otros. ―se inclinó un poco hacia Mark― Recuerda esto: No estamos solos en esta lucha. Si lo enfrentamos de nuevo, será juntos.
Mientras hablaban, una figura familiar apareció en la puerta de la habitación. Evelyn entró corriendo, sus ojos llenos de preocupación y alivio al mismo tiempo. Había visto todo en las noticias en directo.
― ¡Mark! ¡Alex! ―exclamó al verlos en las camas― ¡Estáis bien! ¡Estaba tan preocupada cuando vi lo que sucedía! ―se acercó primero a Mark, tocando suavemente su mano, y luego a Alex, mirándolo con una sonrisa nerviosa― No tenéis idea de lo aterrador que fue ver todo eso por televisión...
Mark intentó sonreír para tranquilizarla, aunque sabía que la situación estaba lejos de ser resuelta.
― estamos bien... por ahora ―respondió Mark suavemente― Pero Nicholas sigue ahí fuera... y no va a parar hasta completar su plan.
― lo importante es que os recuperéis... ¿A-aún tenemos tiempo para detenerlo n-no? ―preguntó Evelyn llena de miedo y alivio―
― no estamos seguros, no sé qué harás tú, Mark... pero yo pienso seguir tras ese monstruo ególatra en cuanto salga de este hospital. ―dijo Alex sentándose en la camilla―
― si... yo también iré por él, no pienso dejar que lo vuelva a lanzar por tercera vez por los aires... eso no volverá a suceder, os lo prometo. ―dijo Mark con una voz que reflejaba arrepentimiento―
Los tres reposaron en el hospital tras las experiencias y sensaciones recién experimentadas.
Nicholas, por su parte, emergió lentamente de las aguas oscuras del Lago Merced, un cuerpo de agua tranquilo ubicado al suroeste de San Francisco. El agua goteaba de su cuerpo mientras respiraba pesadamente, agotado, pero no vencido. Mientras sus heridas más graves se regeneraban, miraba su reflejo en el agua, viendo la monstruosidad en la que se había convertido y orgulloso de ello.
― esto... no es nada... ―se dijo a sí mismo, su voz resonando con una mezcla de orgullo y negación― las heridas son temporales. Mi poder... es infinito.
Sin embargo, una parte de él sabía que algo andaba mal. No esperaba que Mark y Alex le causaran tanto daño. Siempre había creído que era invulnerable, superior, pero esta batalla le había revelado una verdad que prefería ignorar: tenía debilidades. Las había tenido siempre, pero su arrogancia lo cegaba.
Con una sacudida violenta, despejó esos pensamientos de su mente. Nicholas no tenía tiempo para dudas. La humanidad estaba al borde de su "ascensión", y él iba a ser quien los guiara hacia ese nuevo futuro. Sin importar cuántas veces lo derribaran, no se detendría.
Nicholas caminó tambaleante hacia una pequeña calle cercana al lago. Necesitaba encontrar un lugar para contactar a sus seguidores, aquellos que aún estaban listos para cumplir sus órdenes. Sus planes no podían esperar más. Aún quedaba mucho por hacer. Y lo más urgente: necesitaba un cohete.
― yo soy el mesías... y el Elixir es la salvación... ―murmuró mientras se adentraba en las sombras, buscando un teléfono o alguna forma de comunicación― la humanidad ha de ascender conmigo... quieran o no.
Con una determinación férrea, Nicholas comenzó a movilizarse hacia el próximo paso de su plan. Secuestrar un cohete y liberar el suero que había creado, el suero que transformaría a toda la humanidad en seres superiores como él, seres capaces de resistir cualquier adversidad, seres indestructibles... como los tardígrados.
Su próximo movimiento sería decisivo, y no habría marcha atrás.