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La Tormenta. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 1: MIND-SHIFT · por Aldex29 · 07 de septiembre de 2026

El 31 de diciembre amanecía con una luz tenue que atravesaba las ventanas de la casa de Alex, dando paso al último día del año. Mark dormía profundamente en el sofá, agotado tras el largo trabajo en Eclipse Laboratories. Su cuerpo, aunque más recuperado de los duros combates con Nicholas, aún llevaba las marcas de la batalla. Los moretones y cicatrices eran un recordatorio de lo que había vivido, pero su mente estaba lejos de encontrar la paz.  

Un leve murmullo, el crujir de una puerta, lo despertó. Parpadeó un par de veces, entrecerrando los ojos ante la luz que entraba por la ventana. Evelyn y Alex ya estaban levantados, moviéndose por la casa en silencio. Se giró en el sofá, sentándose lentamente y notando cómo el peso de los últimos días aún lo mantenía algo adolorido.  

― buenos días, dormilón ―dijo Alex, sonriendo suavemente al verlo despertar―  

Mark se frotó los ojos, intentando sacudirse el cansancio que aún lo embargaba  

― ¿qué hora es?  

― es temprano. ―respondió Alex, entrando desde la cocina con una taza de café en la mano― Pero ya es hora de hablar sobre lo que vamos a hacer. ¿Tienes el antídoto?  

Mark asintió, levantándose del sofá con algo de esfuerzo. Su cuerpo se sentía rígido después de todo el trabajo de la noche anterior, pero su mente estaba clara.  

― lo tengo. Lo hicimos anoche en Eclipse. Si puedo inyectárselo a Nicholas, se acabó. Todo vuelve a la normalidad.  

Evelyn se acercó, con una mirada seria, pero con un leve brillo de esperanza.  

― ¿estás seguro de que funcionará, Mark? Nicholas ha cambiado tanto... no sé si algo puede revertir eso.  

Mark la miró a los ojos. Sabía que la situación era complicada y que las dudas eran inevitables. Pero también sabía que tenían que intentarlo.  

― no lo sé con certeza. Pero no puedo quedarme de brazos cruzados mientras él sigue adelante con su plan. Esto es lo mejor que tenemos. Si podemos inyectarle el antídoto... lo detendremos.  

Alex, siempre pragmático, se inclinó hacia la mesa del salón, apoyando las manos en la superficie mientras miraba a Mark y Evelyn.  

― lo que necesitamos ahora es un plan sólido. Si Foster está preparando lo que creemos, entonces va a apuntar a un centro espacial. En cuanto tengamos un informe de actividad en alguna de esas instalaciones, vamos hacia allí. Pero, Mark, necesitas estar en tu mejor forma. No podemos permitir que lo que pasó la última vez vuelva a suceder. Diste lo mejor de ti sin duda, pero necesitamos todo.  

Mark asintió con firmeza.  

― voy a entrenar hasta que eso pase. Si tenemos tiempo, quiero estar listo para cualquier cosa que Nicholas intente. Su mirada se endureció, sabiendo que esta sería su última oportunidad de prepararse.  

Evelyn, observando la determinación de Mark, sonrió con una mezcla de orgullo y preocupación.  

― pase lo que pase, Mark, no tienes que hacerlo solo. Estaremos contigo en todo momento.  

Mark dejó que esas palabras lo reconfortaran brevemente. Sabía que Evelyn y Alex eran invaluables, pero también sentía el peso de la responsabilidad sobre sus propios hombros. Nicholas no solo era un adversario formidable; era alguien con quien compartía una historia, un enemigo personal. Detenerlo sería algo más que salvar al mundo: sería la culminación de un conflicto que había marcado su vida.  

― bien. ―dijo Alex, tomando el control de la situación― Voy a asegurarme de que tengamos todo lo necesario. Contactaré a nuestros enlaces en la NASA y otros centros espaciales para que aumenten la seguridad. Si Nicholas se mueve, lo sabremos.  

Evelyn lo siguió con la mirada mientras Alex se dirigía a la habitación de al lado para comenzar a hacer llamadas. Se giró hacia Mark, acercándose a él con una expresión más suave.  

― lo que estás haciendo es increíble, Mark. Después de todo lo que has pasado... seguir adelante así es algo que no todos pueden hacer.  

Mark miró hacia el suelo por un momento, procesando sus palabras.  

― no lo sé, Evelyn. Todo esto... lo que soy, lo que he tenido que hacer... no siento que sea nada especial. Solo estoy intentando arreglar lo que causé, lo que salió mal por mi culpa.  

Evelyn lo miró intensamente, sabiendo que Mark llevaba un peso enorme sobre sus hombros, una culpa que no se merecía.  

― Nicholas tomó sus decisiones, Mark. Tú solo intentaste ayudar al mundo con tu trabajo. No eres responsable de lo que él ha hecho. Solo fuiste un peón más en su juego por alcanzar la perfección, tú eres especial, eres la razón de que Nicholas tenga esa forma y eres quien va a vencer.  

Mark suspiró, aún inseguro, pero sabía que tenía que seguir adelante, sin importar las dudas.  

― tienes razón... lo que importa ahora es detenerlo. Y si el antídoto funciona, será suficiente.  

Pasaron las horas en relativa calma. Mark comenzó a entrenar, aprovechando cada momento para perfeccionar sus habilidades, trabajando en su control de la telequinesis y probando su traje en el reducido espacio de la casa de Alex. Era un entrenamiento agotador, pero necesario. Si había algo que podía hacer, era prepararse para la batalla que sabía que se avecinaba.  

Mientras tanto, Evelyn y Alex se mantuvieron ocupados asegurando todos los detalles, desde las comunicaciones con los centros espaciales hasta la logística del enfrentamiento final. Sabían que Nicholas no se detendría hasta lograr su objetivo, y cada minuto contaba.  

El día, mediodía y parte de la tarde fue tranquila, pero cargada de tensión. Cada uno de ellos sabía que el enfrentamiento final estaba cerca, y no podían permitirse cometer errores. Mark sentía que cada segundo de descanso le quitaba fuerza para la batalla que estaba por venir, pero también entendía que el desgaste físico y mental podría costarle caro.  

Alex entró en la sala una vez más, con su teléfono aún en la mano.  

― ya está todo en marcha. Todos los centros espaciales han incrementado la seguridad, y tenemos contactos monitoreando cualquier movimiento sospechoso. No nos tomará por sorpresa.  

Mark, con el sudor aun cayendo de su frente tras el entrenamiento, se detuvo un momento para respirar.  

― solo necesitamos un informe, una señal de que Nicholas está en movimiento, y lo detendremos.  

Evelyn, apoyada contra la pared, miró a ambos con una mezcla de resolución y esperanza.  

― sea donde sea que Nicholas aparezca, estaremos listos.  

Y así, mientras el sol comenzaba a ocultarse una vez más, Mark, Evelyn, y Alex esperaron. Sabían que lo que vendría no sería fácil, pero estaban preparados para enfrentarlo juntos.  

En otra parte, la tarde en el escondite de Nicholas era oscura y sombría, acorde a la mente de su ocupante. La luz del sol se colaba tímidamente entre las paredes irregulares y las sombras que envolvían la nueva base. Nicholas, recuperado físicamente de su encuentro con Mark, se encontraba absorto en los preparativos para su golpe final. Sus seguidores lo observaban en silencio, moviéndose eficientemente mientras ajustaban válvulas, sellaban contenedores, y organizaban las pequeñas bombas redondas que Nicholas había creado para su plan.  

En el centro de la sala, una gigantesca estructura metálica se alzaba con un conjunto de válvulas conectadas entre sí, formando una red letal de Elixir en forma de gas que Nicholas planeaba liberar en el mundo. Su objetivo era claro: secuestrar un cohete y liberar el Elixir del Tardígrado en la atmósfera, iniciando lo que él llamaba "la ascensión de la humanidad". Su rostro, marcado por las batallas y las cicatrices de su transformación, mostraba una mezcla de serenidad y determinación. Era consciente de que Mark estaba recuperándose, pero creía que aún tenía el tiempo suficiente para ejecutar su plan sin interrupciones.  

― esto es el fin de su tiempo, no el mío. ―murmuró para sí mismo, mientras sus dedos recorrían una de las válvulas de gas, asegurándose de que todo estuviera listo. Su mirada se oscureció un poco más mientras pensaba en la resistencia que había encontrado― No pueden detenerme... no ahora.  

Sus pensamientos se interrumpieron cuando Emily, la primera de sus seguidores y su mano derecha, se acercó.  

― todo está listo, señor Foster. Tenemos el camión cargado con el equipo. Los demás están preparados para seguirle hasta el final. Solo falta su orden.  

Nicholas asintió, mirando a Emily con una frialdad calculada. Sabía que sus seguidores lo veían como una especie de mesías, el hombre que cambiaría el mundo. Pero para Nicholas, eran solo piezas en su tablero.  

― conduzcamos entonces, Emily. No quiero perder ni un segundo. Hoy comienza la verdadera transformación. Mira... ―le muestra uno de sus tantos brazos, en el que había una grieta formándose― esto es mi verdadera transformación, voy a alcanzar una nueva forma, la forma definitiva que la humanidad ha de poseer también. Es cuestión de tiempo que me vuelva a encontrar con ese grupo, prefiero que sea después de que vean que yo hice el bien, vámonos.  

Emily asintió, y ambos se dirigieron hacia el camión que había sido robado días antes, modificado para transportar todo el equipo necesario. Nicholas tomó asiento en el copiloto, observando el horizonte teñirse de tonos anaranjados y rojizos mientras el sol comenzaba a ocultarse. En su mente, este ocaso simbolizaba el fin de la vieja humanidad. Pronto, todo lo que conocía sería destruido y renacería bajo sus términos.  

― conduce. ―ordenó, su voz afilada mientras se cruzaba de brazos― Nos dirigimos al Centro Espacial Vandenberg, en California.  

Emily pisó el acelerador, llevando el camión por las carreteras desiertas hacia su objetivo. No hicieron ningún esfuerzo por ocultar su presencia, ni había necesidad de disimular. Nicholas no temía ser descubierto; al contrario, quería que supieran que estaba allí. El enfrentamiento era inevitable, pero estaba seguro de su victoria. Mark no estaba en condiciones de luchar todavía, y aunque lo estuviera, Nicholas estaba convencido de que su plan era infalible.  

Conforme se acercaban al Centro Espacial Vandenberg, la tensión en el aire se hacía palpable. El camión avanzaba con velocidad, sin hacer caso a las señales de seguridad. Finalmente, cuando llegaron a las verjas que rodeaban el centro, Emily aceleró sin dudar, embistiendo la reja con una fuerza brutal. El metal crujió y se dobló bajo el impacto, abriendo un camino forzado hacia el interior.  

― ¡esto no pasará desapercibido! ―comentó Emily con una ligera sonrisa, sus manos firmes en el volante―  

― no tiene que hacerlo. ―replicó Nicholas― Cuanto más rápido hagamos esto, mejor.  

El camión siguió avanzando, rompiendo barreras y alertando a los guardias de seguridad del centro. Las alarmas comenzaron a sonar a los pocos segundos, y un caos controlado se desató en las instalaciones. Nicholas miró todo a su alrededor con una satisfacción silenciosa. Cada alarma, cada guardia movilizado, solo significaba que estaban un paso más cerca de su objetivo.  

― prepárate para cuando lleguemos al área de carga. ―le dijo a Emily― Voy a necesitar todo listo para cuando tome el control del cohete. Nadie podrá detenerme una vez que esté dentro.  

Las alertas, por supuesto, no tardaron en llegar a Alex. Sentado en su oficina improvisada, su teléfono vibró violentamente sobre la mesa. Lo tomó con rapidez, leyendo los informes que aparecían en la pantalla: una intrusión masiva en el Centro Espacial Vandenberg, con detalles que no dejaban lugar a dudas sobre quién estaba detrás de todo.  

― Foster... ―murmuró Alex, su mandíbula apretándose. Inmediatamente se levantó y corrió hacia la sala donde Mark estaba terminando su entrenamiento― ¡es hora, Mark! Nicholas está en Vandenberg. Está atacando el centro espacial.  

Mark, aun sudando y jadeante por el entrenamiento, no necesitó más detalles. Sabía lo que significaba. Su corazón se aceleró, pero no por el miedo. Esta era la oportunidad de acabar con Nicholas de una vez por todas.  

― vamos por él. ―dijo con firmeza― Esto termina hoy.  

Alex asintió, tomando sus armas y preparándose para salir.  

― te acompañaremos. No tienes que hacerlo solo. Ya no más.  

Mientras se preparaban, el caos en Vandenberg solo crecía. Los guardias intentaban contener a los seguidores de Nicholas, pero estaban abrumados por el ataque. Nicholas, imperturbable, caminaba hacia su destino con la tranquilidad de un hombre que ya veía su victoria al alcance de la mano.  

Con cada paso que daba, Nicholas se convencía más de que el fin estaba cerca, y que nadie, ni siquiera Mark, podría detenerlo esta vez.  

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