La noche había caído por completo sobre California, y el aire gélido soplaba con fuerza mientras Mark surcaba los cielos, decidido a detener a Nicholas. Su cuerpo, aún no completamente recuperado, dolía con cada movimiento brusco. Pero no le importaba. Cada golpe que había recibido, cada herida infligida por Nicholas, solo alimentaba su determinación. Sentía el viento azotar su rostro, pero sus ojos estaban fijos en un solo destino: el Centro Espacial Vandenberg.
― no más muertes, Nicholas. No más caos ―murmuró para sí mismo mientras aceleraba su vuelo, acercándose rápidamente―
En la carretera, un convoy de coches avanzaba a toda velocidad. Alex y Evelyn estaban en el vehículo principal, con un grupo del FBI en varios otros coches detrás de ellos. La tensión en el ambiente era palpable; sabían que cada segundo contaba, y que, si no llegaban a tiempo, Nicholas cumpliría su amenaza de liberar el Elixir en la atmósfera. Alex miraba por la ventana mientras conducía, su rostro serio, mientras Evelyn revisaba el plan una vez más, sus dedos tamborileando nerviosamente sobre el asiento.
― tiene el cohete, Mark está solo ahora mismo. ―dijo Alex, ajustando su chaleco antibalas― No podemos permitir que lo haga.
― lo sé, pero Mark puede detenerlo. ―respondió Evelyn, tratando de mantener la calma― Solo debemos llegar y apoyarlo antes de que sea demasiado tarde.
Mientras tanto, en el Centro Espacial Vandenberg, el caos era absoluto. Nicholas, sin una sola protección en su abdomen desnudo, caminaba entre los guardias de seguridad con una implacable serenidad. Las balas que disparaban contra él no hacían más que incrustarse en su endurecida piel, producto de su transformación por el Elixir del Tardígrado. Con un simple gesto, lanzaba pequeñas granadas redondas que, al explotar, liberaban un gas venenoso que debilitaba y posteriormente mataba a los guardias, quienes caían al suelo ahogándose mientras él avanzaba sin mirar atrás.
― no podéis detenerme. ―dijo Nicholas en voz baja, mientras veía cómo caían sus enemigos― Esto es solo el comienzo.
Con una calma inhumana, Nicholas avanzó hacia el cohete que había estado vigilando desde hacía tiempo. Sus seguidores, a quienes había ordenado previamente robar el equipo necesario, llegaron a toda prisa con varias válvulas llenas del gas tóxico. Comenzaron a incrustarlas en el cohete bajo las instrucciones precisas de Nicholas.
― rápido, no tenemos tiempo que perder. ―ordenó, sus ojos centelleando con un brillo fanático― Este será el momento en que el mundo comience su verdadera transformación.
Uno de sus seguidores, una mujer de cabello oscuro y mirada decidida, comenzó a conectar las válvulas mientras otros aseguraban el perímetro, atentos a cualquier posible intervención. Nicholas, por su parte, se acercó al cohete, sus manos acariciando el metal con una extraña reverencia. Sabía que este era el paso final hacia la "ascensión" que tanto había deseado. Él mismo subiría al cohete, desplegaría el gas en la atmósfera y observaría cómo el mundo cambiaba desde las alturas.
― pronto... ―Nicholas susurró― Muy pronto, te sentirás orgulloso de mi...
Mientras el caos continuaba dentro de las instalaciones, Mark llegó al perímetro del centro espacial, viendo desde el cielo las luces de las alarmas y el humo que salía de las explosiones. A lo lejos, divisó el cohete y a Nicholas, rodeado por sus seguidores y trabajando incansablemente en su plan. El corazón de Mark se aceleró, sabiendo que esta era su oportunidad.
― no dejaré que lo hagas, Nicholas ―dijo con firmeza, descendiendo rápidamente―
Al mismo tiempo, los coches del FBI llegaron a las instalaciones, rompiendo las puertas de seguridad y avanzando hacia la zona de lanzamiento del cohete. Alex y Evelyn saltaron del coche, seguidos por los agentes, que rápidamente se desplegaron para rodear el área.
― ¡todos atentos! ―dijo Alex, con su arma lista― ¡Nicholas está aquí, y no podemos dejar que se salga con la suya! Y tú, no te alejes de mí, ¿De acuerdo?
Mark, desde el aire, divisó a Alex y al equipo de seguridad. Aunque sentía el cansancio acumulado, sabía que no podía detenerse.
― es ahora o nunca. ―se dijo, preparándose para lo que sería el enfrentamiento final―
En el corazón del caos, Nicholas observaba las acciones a su alrededor. Los guardias caían ante sus bombas de gas, y sus seguidores trabajaban sin descanso para asegurar el éxito del plan. Pero algo en el aire cambió. Lo sintió.
― está aquí... ―murmuró, deteniéndose un momento. Su mirada se dirigió hacia el cielo, donde pudo ver una figura que descendía con velocidad― ...era bastante evidente, Mark.
Una sonrisa torcida cruzó su rostro mientras observaba a su antiguo compañero de Eclipse Laboratories prepararse para el enfrentamiento.
― da igual, todo está preparado... ―dijo con confianza― ...el destino ya está sellado.
Pero Mark no pensaba rendirse. Sabía que tenía que detener a Nicholas antes de que fuera demasiado tarde. Con cada paso que daba hacia el centro de la confrontación, sentía el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. Y, aun así, sabía que no podía fallar.
El enfrentamiento estaba a punto de comenzar.
El rugido ensordecedor de los motores del cohete resonaba en todo el Centro Espacial Vandenberg, mezclándose con el grito de órdenes y el caos que se desplegaba a su alrededor. Nicholas, con su figura imponente y su mirada de acero, avanzaba hacia Mark, sus puños listos para descargar su furia. Cada paso que daba estaba lleno de determinación; sabía que tenía que acabar con Mark de una vez por todas.
― ¡no vas a detenerme, Mark! ―gritó Nicholas, lanzándose con una velocidad abrumadora hacia él― ¡tus intentos serán en vano contra mí! ¡ES COMPLETAMENTE IMPOSIBLE QUE YO SALGA MAL PARADO DE AQUÍ, ENTIENDELO!
Mark, con la respiración entrecortada, esquivó el primer golpe, apenas consiguiendo mantenerse en pie. El cansancio y las heridas lo hacían vulnerable, pero su voluntad lo mantenía firme. Sabía que, si fallaba ahora, Nicholas completaría su plan, liberando el gas y condenando a millones.
― no te dejaré destruir el mundo, Nicholas ―respondió Mark con los dientes apretados, bloqueando otro ataque con su telequinesis y retrocediendo―
Nicholas lanzó un puñetazo con una fuerza brutal, su brazo recubierto por su piel endurecida impactó el aire, creando un silbido agudo. Mark se apartó en el último segundo, contraatacando con una ráfaga de energía telequinética que empujó a Nicholas unos metros hacia atrás. Pero Nicholas no se detuvo, su mente estaba completamente enfocada en su objetivo.
Ambos luchaban con una intensidad feroz, cada golpe resonando como truenos en medio de la instalación espacial. Mark trataba de mantener la calma, usando su telequinesis para empujar y bloquear los ataques de Nicholas, mientras que Nicholas usaba su poder físico, con su cuerpo modificado, para lanzar embestidas devastadoras.
― ¡eres débil, Mark! ―vociferó Nicholas mientras lanzaba un puñetazo que rompió el suelo bajo ellos― ¡Siempre lo has sido! ¡De no ser por mí no serias más que un patético insecto incapaz de hacer algo!
Mark se tambaleó, pero se mantuvo firme. Sentía el dolor punzante en cada parte de su cuerpo, pero no podía permitir que el miedo o el agotamiento lo paralizasen. Mientras sus habilidades psíquicas detenían las rocas que Nicholas arrojaba, observó de reojo cómo los seguidores de Nicholas terminaban de colocar las válvulas en el cohete. Sabía que el tiempo se estaba agotando.
Nicholas lanzó otra bomba de gas, explotando cerca de Mark. El gas comenzó a propagarse rápidamente, pero Mark, con una barrera telequinética, desvió la nube tóxica lejos de él. Sabía que Nicholas estaba ganando tiempo, y eso lo enfurecía aún más. Con un grito de esfuerzo, lanzó una onda de choque psíquica que derribó a varios de los seguidores de Nicholas, pero el líder no se inmutó.
― ¡no puedes ganar, Mark! ―gritó Nicholas, mientras le lanzaba objetos extremadamente pesados― ¡Este es el futuro! ¡Es la evolución que el mundo necesita!
En ese momento, Nicholas vio a uno de sus seguidores levantar el pulgar en señal de que las válvulas estaban completamente ajustadas al cohete. El plan estaba en marcha. Con una sonrisa de triunfo, Nicholas se lanzó hacia Mark una última vez, pero esta vez no buscaba seguir luchando. Mientras sus seguidores intentaban mantener a Mark a raya, Nicholas retrocedió con rapidez hacia la plataforma de lanzamiento, dirigiéndose al cohete.
― ¡NO! ―Mark trató de seguirlo, usando su telequinesis para apartar a los seguidores que intentaban detenerlo, pero su fuerza no era suficiente―
Nicholas ya había llegado a la plataforma. Mientras se abría paso entre los escombros y las explosiones causadas por las granadas que habían lanzado, saltó hacia la entrada del cohete, desapareciendo en su interior. En cuestión de segundos, los motores del cohete comenzaron a rugir con más intensidad, anunciando el inicio del despegue.
Mark, con el corazón latiendo frenéticamente, corrió hacia la plataforma de lanzamiento. El tiempo se le escapaba entre las manos.
Mientras intentaba detener a los pocos seguidores restantes, vio cómo el cohete comenzaba a elevarse lentamente del suelo. El fuego de los motores iluminaba el lugar, quemando los restos de los guardias caídos y los vehículos destruidos.
― ¡Nicholas! ―gritó Mark con desesperación, intentando usar su telequinesis para frenar el despegue, pero el poder del cohete era demasiado― ¡Monstruo rastrero!
Desde el interior del cohete, Nicholas observaba cómo su plan tomaba forma. Su sonrisa se ensanchó mientras veía a Mark, pequeño e impotente desde la altura. El final estaba cerca, y no podía evitar sentir la victoria en sus manos.
― esto es el fin, Mark... ―murmuró para sí mismo, mientras el cohete se elevaba cada vez más― te quedarás abajo, mientras que yo, Nicholas Jason Foster, alcanzo la perfección y elevaré a la humanidad.
Mark, herido y exhausto, observaba impotente cómo el cohete ascendía en el cielo nocturno, llevándose consigo a Nicholas y su plan devastador. Pero dentro de él, sabía que aún había una oportunidad. No iba a rendirse, no ahora.
El cohete continuaba subiendo, y aunque parecía que Nicholas estaba a punto de escapar, Mark no podía permitir que el mundo fuera condenado. Tenía que haber una forma de detenerlo.