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La Calma. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 1: MIND-SHIFT · por Aldex29 · 07 de septiembre de 2026

Mientras el hogar de Alex se llenaba del calor y la intimidad que Mark y Evelyn compartían en aquella tranquila Noche de Navidad, el propio Alex estaba en otro lugar, lejos de la serenidad que envolvía a sus amigos. Había dejado la casa apenas un par de horas antes, aún herido, pero no dispuesto a descansar mientras la amenaza de Nicholas seguía viva. Ahora se encontraba en una sala de reuniones en una de las oficinas del FBI, frente a su superior y viejo amigo, el agente especial a cargo, Gaines.  

Las luces del edificio eran frías y el ambiente sombrío, muy diferente a la calidez navideña que podría haberse esperado en otro contexto. Alex no podía pensar en Navidad cuando aún había tanto que hacer, tanto por resolver.  

Gaines se cruzó de brazos y miró a Alex con una mezcla de preocupación y empatía. Ambos habían trabajado juntos durante años, y si había alguien que comprendía el peso que Alex cargaba en sus hombros, era él.  

― así que Nicholas tiene un plan para lanzar ese suero... a nivel mundial. ―Gaines habló con seriedad, repasando los datos en su cabeza― Si está buscando un cohete, tenemos que actuar ahora mismo, antes de que consiga llevar a cabo esa locura.  

Alex asintió, con una mueca de dolor en su rostro. Aún sentía las heridas del combate anterior, pero eso no le importaba. Lo que importaba era detener a Nicholas antes de que fuera demasiado tarde.  

― tenemos que ponernos en contacto con todos los centros espaciales, ya sea NASA, SpaceX, cualquier instalación que tenga la capacidad de lanzar un cohete al espacio. ―dijo Alex, su tono firme y directo― El diario de Foster es claro, lo va a intentar. Y si no nos movemos rápido, va a liberar ese suero sobre toda la población.  

Gaines lo miró fijamente por un momento, viendo el agotamiento en su rostro, pero también la determinación en sus ojos.  

― lo haremos, pero tienes que tomarlo con calma, Alex. ―Gaines le advirtió, con una nota de preocupación― Aún estás herido. No podemos permitirnos que pierdas el control o que tu salud empeore. Has estado bajo presión constante desde que este asunto explotó.  

Alex suspiró, recostándose en la silla y cerrando los ojos por un segundo. Sabía que Gaines tenía razón, pero también sentía que no podía parar. No cuando todo estaba en juego.  

― no puedo permitirme el lujo de descansar ahora. ―dijo Alex, su tono más suave pero lleno de convicción― Foster es una amenaza que no podemos subestimar. No después de lo que hemos visto. No puedo... ―hizo una pausa, mirando por un instante al suelo, como si estuviera debatiéndose consigo mismo― No puedo dejar que se salga con la suya.  

El ambiente en la sala se volvió más personal, y Gaines lo notó. Se quitó las gafas y se inclinó hacia adelante, su tono cambiando, suavizándose.  

― Alex... ―empezó Gaines, con una mirada que reflejaba su preocupación por su amigo― Sé que esto te está afectando más de lo que quieres admitir. Lo he visto antes. Has estado cargando con esto, ocultando cosas. Y no te estoy juzgando. Pero si sigues así, podrías cometer errores.  

Alex frunció el ceño, sabiendo a qué se refería su jefe y amigo. No era solo el caso de Nicholas lo que lo preocupaba, sino también su relación con Mark y la verdad sobre sus poderes.  

― lamento mucho no haber dicho nada sobre Mark antes. ―admitió Alex, su voz cargada de culpa― Debería haberlo informado desde el principio. Pero… él no era el mismo después de escapar. Y yo solo quería protegerlo, darle tiempo para entender lo que le estaba pasando.  

Gaines lo escuchó en silencio, dejando que su amigo expresara lo que había estado guardando.  

― sé que debería haber sido más abierto contigo, con todos. ―continuó Alex, frotándose las sienes con cansancio― Pero es mi amigo. No nos conocemos de hace tanto, pero es de las personas más cercanas que me quedan, y cuando lo vi usando esos poderes... sabía que algo grande estaba por venir. Algo que iba a cambiar todo.  

Gaines asintió lentamente, comprendiendo la difícil posición en la que Alex se había encontrado. Sabía que las decisiones personales a veces podían nublar el juicio profesional, pero también sabía que la lealtad de Alex hacia Mark era profunda.  

― mira, no voy a mentirte, Alex. Lo que hiciste no fue lo mejor en cuanto a los protocolos del FBI. ―dijo Gaines, con un tono de seriedad, pero también de comprensión― Pero te entiendo. Y ahora estamos aquí. No vamos a retroceder ni culparnos por el pasado. Tenemos que avanzar y resolver esto.  

Alex miró a su amigo, agradecido por no ser juzgado, pero también consciente de que el tiempo estaba en su contra.  

― así es. ―respondió Alex, relajando un poco la tensión en sus hombros― Tenemos que detener a Nicholas.  

Gaines sonrió levemente y se levantó de su asiento.  

― ya he dado las órdenes para que aumenten la seguridad en los centros espaciales. Nadie va a lanzar un cohete sin que lo sepamos. Pero tú necesitas descansar. Tómate esta noche para pensar con claridad. El plan de Foster aún no ha terminado, pero nosotros tampoco hemos dado nuestro último paso.  

Alex asintió, sabiendo que su jefe tenía razón, aunque le costaba aceptar la idea de detenerse.  

― gracias, Gaines. ―dijo finalmente, levantándose con esfuerzo―  

― de nada, amigo. ―respondió Gaines, dándole una palmada en el hombro― Recuerda que no estás solo en esto.  

Alex sonrió levemente, sabiendo que tenía el apoyo de su amigo y colega. Era un alivio saber que, a pesar de las dificultades, no tendría que enfrentarse a todo esto solo.  

Mientras la reunión concluía y ambos se preparaban para lo que vendría, Alex se dio cuenta de lo importante que era la red de apoyo que había construido. Pero también sabía que las próximas decisiones serían cruciales, y que no habría margen para errores.  

Esa noche, Alex regresaría a casa, consciente de que cada segundo que pasaba los acercaba más a la última fase del plan de Nicholas. Pero también sabiendo que, al final, no lo enfrentaría solo. Mark, Evelyn, y todo el equipo del FBI estarían ahí, listos para lo que fuera necesario.  

Varios días después.  

Era el 29 de diciembre, y en la profunda oscuridad de una base oculta tras haber abandonado las ruinas de lo que una vez fue su hogar, Nicholas estaba más decidido que nunca. Las cicatrices de su último encuentro con Mark se habían regenerado por completo, pero algo más había cambiado en él: su mente estaba aún más enfocada, más obsesionada con una sola idea. Ganar.  

El laboratorio improvisado que había montado junto a sus seguidores estaba lleno de actividad frenética. Varias cápsulas de contención y recipientes de cristal resplandecían bajo una tenue luz azulada, burbujeando con el Elixir, el suero que lo había transformado y que ahora se convertiría en el agente de su ascenso definitivo. A su alrededor, un grupo de seguidores que le debían lealtad total trabajaban sin descanso, replicando más del Elixir y preparando lo necesario para la fase final de su plan.  

Nicholas se movía entre ellos, su mente calculando cada detalle. Su cuerpo había cambiado más desde la última confrontación. Las nuevas extremidades que habían empezado a brotar de su torso ahora estaban completamente desarrolladas, flexionándose con una precisión sorprendente. No le incomodaban ni lo asustaban; al contrario, lo hacían sentir más poderoso, más cerca de lo que creía que era su verdadero destino.  

― Mark tardará semanas en recuperarse de lo que le hice, aunque ya hayan pasado días, un golpe directo con un automóvil no se recupera tan fácil... excepto para mí ―pensó Nicholas, su rostro esbozando una sonrisa oscura― Eso me da el tiempo suficiente para ejecutar la última fase. Ningún obstáculo podrá detenerme esta vez.  

Caminó hacia una mesa donde un grupo de ingenieros improvisados estaban trabajando en unas pequeñas bombas esféricas. Las granadas estaban llenas de un gas venenoso especialmente diseñado, un arma que había ideado para aquellos que se atrevieran a interponerse en su camino.  

― ¿las bombas están listas? ―preguntó Nicholas en tono cortante―  

Uno de sus seguidores asintió con deferencia, temblando bajo la imponente figura de su líder.  

― así es, señor. Estamos afinando las concentraciones del gas para asegurarnos de que sean efectivas, pero no se dispersen demasiado rápido.  

Nicholas frunció el ceño. Quería que todo fuera perfecto. Cada pieza de su plan debía encajar, no podía haber margen de error.  

― asegúrate de que estén listas. No quiero fallos. ―Su tono era gélido, pero sus palabras tenían un peso incuestionable― Cada vez que lances una de esas bombas, quiero que cause devastación. Que nadie pueda escapar, pero sin arruinar mi verdadero objetivo.  

Las bombas no eran su plan principal, pero serían una distracción útil, una herramienta para infundir miedo y caos mientras se preparaba para lo que realmente importaba: el lanzamiento del cohete.  

Se acercó a una gran pantalla digital que mostraba planos y esquemas de los centros espaciales de la región. Ya tenía identificado el lugar exacto donde se encontraba el cohete que robaría. Un modelo privado de alto rendimiento, listo para ser lanzado en menos de una semana. Solo necesitaba un golpe certero y todo estaría en sus manos.  

― el cohete... mi ascenso ―pensó mientras observaba los planos con una intensidad fría― este es el último paso. Una vez que esté en el espacio, liberaré el Elixir y la humanidad comenzará su verdadero ciclo de evolución. Seré su salvador, su dios.  

Nicholas no tenía la menor duda de que Mark, incluso si lograba recuperarse, no sería capaz de detenerlo. Creía fervientemente que su rival estaba herido, debilitado física y mentalmente. El tiempo estaba a su favor, y en su mente, su victoria ya estaba asegurada.  

Caminó hacia un contenedor cilíndrico transparente en el centro de la sala. Dentro, la cápsula principal del Elixir del Tardígrado brillaba con un tono verdoso, pulsante, como si tuviera vida propia. Era su mayor creación, el agente que cambiaría el mundo para siempre. Nicholas contempló el suero con una sensación de poder inigualable.  

― este es el futuro... ―murmuró para sí mismo― y nadie podrá detenerlo.  

Sus seguidores se acercaron lentamente, viendo la devoción con la que su líder miraba la cápsula. Uno de ellos, más atrevido, se atrevió a preguntar:  

― señor... ¿qué pasará con los que no acepten el cambio?  

Nicholas se giró hacia él con una sonrisa sombría.  

― es una pregunta bastante estúpida, la respuesta es muy sencilla: no tendrán cabida en el nuevo mundo. Aquellos que se nieguen a evolucionar serán eliminados. El Elixir no es solo un regalo, es una prueba. Los débiles caerán, y los fuertes sobrevivirán. No podemos permitir que el pasado nos retenga.  

Las palabras de Nicholas resonaron en la sala, una declaración clara de su despiadada visión. La humanidad sería forzada a evolucionar o perecería bajo su nueva era. Para él, no había otra opción.  

Se apartó de sus seguidores y se dirigió a una pequeña sala privada, cerrando la puerta detrás de él. En la soledad de esa habitación, se permitió un momento de introspección. Sentía una extraña mezcla de euforia y tranquilidad. Cada vez estaba más convencido de que su destino era divino, que estaba por encima de cualquier otro ser humano.  

― Mark Rogers... accidente sin razón... ―pensó con frialdad― Es una anomalía, una interferencia en mi plan. Pero pronto, será historia.   

Sus manos, todas sus manos, viejas y nuevas, se cerraron en puños, su determinación implacable. La humanidad no tenía idea de lo que estaba a punto de ocurrir, y cuando el mundo cambiara para siempre, él estaría en lo más alto, controlando su destino.  

Con una última mirada a los planos en la pantalla, Nicholas sonrió para sí mismo. Estaba casi listo, y cuando todo estuviera en marcha, no habría vuelta atrás.  

El tiempo de su ascenso estaba cada vez más cerca. 

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