Saltar al contenido
Explorar novelas

Feeling Good. Parte 2

The Radiant Twilight | Parte 1: MIND-SHIFT · por Aldex29 · 03 de septiembre de 2026

Al día siguiente y a diferencia de su antigua rutina, fue a su trabajo en el metro, pues su coche fue robado mientras él no estaba y pese a que Evelyn se había encargado de proteger sus bienes. El metro se detuvo en la estación habitual, y Mark descendió entre la multitud matutina que, como todos los días, se dirigía a sus trabajos. El bullicio de la ciudad, los pasos apresurados, las voces mezcladas en el aire; todo era tan familiar, pero al mismo tiempo, todo se sentía diferente para él. Después de dos meses de ausencia, volver a Eclipse Laboratories era lo único que tenía claro en su mente. Necesitaba la rutina, el trabajo, y la sensación de control que solía tener en su vida antes de que todo cambiara.  

Al cruzar las puertas de vidrio del edificio, el vestíbulo principal le dio la bienvenida con su brillo característico. Algunos empleados, en su mayoría conocidos, pasaban junto a él sin notar su presencia, inmersos en sus tareas. Pero uno que otro rostro se detenía brevemente para mirarlo con sorpresa, tal vez sin saber si debía saludar o no. Mark les devolvía la mirada con un leve asentimiento antes de dirigirse hacia los ascensores. No buscaba conversaciones, solo quería llegar a su laboratorio y perderse en su trabajo.  

El ascensor llegó y, mientras ascendía, Mark sintió un nudo en el estómago. No sabía cómo reaccionarían sus colegas al verlo, pero estaba decidido a mostrarles que estaba listo para retomar su vida. Las puertas se abrieron y el pasillo familiar se extendió ante él. Respiró hondo y comenzó a caminar hacia su oficina.  

― ¡Mark! ―una voz femenina resonó detrás de él. Era Evelyn―   

Mark se detuvo y se giró para verla acercarse rápidamente. Su rostro reflejaba alivio, pero también una evidente preocupación.  

― ¿qué haces aquí tan pronto? ―preguntó Evelyn, sin ocultar la sorpresa en su voz― 

― no quería quedarme en casa, Evelyn. Necesito estar aquí, trabajando ―respondió Mark, con una sonrisa forzada, tratando de mostrarse relajado―  

Evelyn lo miró detenidamente, como si intentara leer lo que realmente estaba pasando por su mente. Sabía que algo no estaba del todo bien, pero también entendía que Mark era terco cuando se proponía algo.  

― deberías tomarte un tiempo, es lo que cualquier persona razonable haría después de lo que has pasado ―insistió Evelyn, su voz llena de una preocupación genuina―  

― lo sé, pero necesito esto. Estar aquí, en el laboratorio, me hará sentir mejor ―Mark trató de sonar convincente, aunque sabía que Evelyn no se dejaría engañar tan fácilmente―  

Antes de que ella pudiera responder, el sonido de pasos resonó en el pasillo. Nicholas apareció desde una de las oficinas cercanas, deteniéndose al ver a Mark. Aunque sus facciones mostraban la sorpresa de verlo de regreso, rápidamente recobró la compostura.  

― Mark, es un alivio verte de vuelta ―dijo Nicholas, acercándose con una sonrisa medida― todos aquí estábamos preocupados por ti.  

― gracias, Nick ―respondió Mark, estrechando la mano que Nicholas le ofrecía― estoy bien, o al menos eso intento.  

Nicholas asintió, aunque sus ojos no delataban ninguna emoción concreta.  

― si en algún momento necesitas algo, no dudes en decirnos. Evelyn te espero en el laboratorio. ―añadió Nicholas antes de despedirse con una leve inclinación de cabeza y continuar su camino―  

Mark observó cómo se alejaba, sintiendo una tensión inexplicable en su interior. Se volvió hacia Evelyn, que seguía a su lado, aún con la misma expresión preocupada.  

― voy a estar bien, lo prometo ―dijo Mark, tratando de tranquilizarla―  

Evelyn suspiró, sabiendo que no podría convencerlo de lo contrario.  

― está bien, pero no dudes en pedir ayuda si la necesitas, ¿de acuerdo? ―le dijo suavemente―  

Mark asintió y, con un último intercambio de miradas, se dirigió hacia su oficina. El pasillo que conducía al laboratorio de física cuántica estaba en silencio, el mismo silencio que había dejado atrás dos meses antes. Todo estaba exactamente como lo había dejado, pero ahora, ese lugar que antes le daba consuelo, se sentía extraño y ajeno.  

Al entrar en su oficina, Mark dejó su maletín sobre la mesa y miró alrededor. Los informes, las notas y los modelos matemáticos que había estado trabajando antes de su desaparición seguían ahí, esperándolo. Se sentó en su silla, encendió la computadora y comenzó a revisar su trabajo, tratando de sumergirse nuevamente en ese mundo de cifras y teorías que tanto amaba.  

Pero en el fondo de su mente, sabía que las cosas no volverían a ser como antes. Algo había cambiado, y por más que intentara ignorarlo, ese cambio estaba ahí, presente en cada rincón de su ser. Sin embargo, mientras el sonido del teclado llenaba el aire, Mark se aferraba a la esperanza de que el trabajo, su verdadero refugio, podría ayudarlo a encontrar un nuevo equilibrio en medio del caos que se había desatado en su vida.  

Tras unas horas el sol del mediodía se filtraba por las grandes ventanas de la cafetería de Eclipse Laboratories, llenando el espacio con una luz cálida y acogedora. El lugar estaba más tranquilo de lo habitual, con la mayoría de los empleados aún ocupados en sus tareas. Mark, con un café en mano, se dirigió hacia una de las mesas en la esquina, donde solía sentarse con Evelyn cada vez que necesitaba un respiro. Hoy no era la excepción.  

Evelyn ya estaba allí, repasando algunos documentos mientras esperaba. Al ver a Mark acercarse, levantó la mirada y le sonrió con amabilidad, aunque aún se percibía en ella una preocupación latente. Mark se sentó frente a ella, dejando su taza sobre la mesa.  

― ¿cómo ha sido la mañana? ―preguntó Evelyn, intentando iniciar una conversación ligera―  

Mark tomó un sorbo de su café antes de responder.  

― tranquila, más de lo que esperaba ―dijo, mirando por la ventana brevemente, como si buscara ordenar sus pensamientos― pero creo que necesitaba esto.  

Evelyn asintió, comprendiendo que estar de vuelta en el trabajo era la forma de Mark de intentar recuperar algo de normalidad. Sin embargo, notó que había algo más detrás de su mirada, algo que aún no había dicho.  

― Mark… ―Evelyn dejó los documentos a un lado y lo miró con seriedad― Sabes que puedes hablar conmigo, ¿verdad? No tienes que cargar con todo esto solo.  

Mark la miró, y en su expresión se dibujó una mezcla de cansancio y gratitud. Bajó la mirada hacia su café, el vapor ascendiendo en volutas suaves, y suspiró.  

― hay algo que necesito contarte ―comenzó, con la voz más baja, como si temiera que alguien más pudiera escuchar―  

Evelyn se inclinó ligeramente hacia adelante, prestando toda su atención.  

― lo que sucedió en esos dos meses… ―Mark hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas― no fue solo un secuestro. Fui llevado a un lugar que apenas puedo describir. Estaba en algún lugar de Asia, rodeado de radiación, forzado a trabajar en algo que no entendía del todo.  

Evelyn frunció el ceño, sorprendida por el tono de la confesión. Pero antes de que pudiera hacer alguna pregunta, Mark continuó.  

― era como si estuviera en el infierno, Evelyn. Me obligaron a trabajar con radiación, tratando de convertirla en algo más… algo que pudiera ser usado para mejorar a los humanos. Y fue durante uno de esos experimentos que… algo cambió en mí.  

Los ojos de Evelyn se abrieron con más sorpresa, y la preocupación que había estado ocultando se volvió más evidente.  

― ¿qué quieres decir, Mark? ―preguntó con un hilo de voz, como si temiera la respuesta―  

Mark levantó la mirada, encontrando los ojos de Evelyn, y en ellos vio la misma incredulidad que había sentido al descubrir sus nuevas habilidades.  

― puedo mover cosas… con la mente ―dijo finalmente, sintiendo el peso de las palabras mientras las pronunciaba― no sé cómo, ni por qué. Pero puedo hacerlo. Empezó poco después de ese accidente en el laboratorio… y desde entonces, he estado practicando, tratando de entenderlo.  

Evelyn se quedó en silencio por un momento, procesando lo que acababa de escuchar. Su mente científica luchaba por encontrar una explicación, pero no había nada en sus conocimientos que pudiera justificar algo así. Sin embargo, conocía a Mark lo suficiente como para saber que no estaba inventando nada.  

― ¿estás seguro de esto, Mark? ―preguntó, no con escepticismo, sino con una mezcla de preocupación y curiosidad―  

Mark asintió, sintiendo una extraña calma al haber compartido finalmente su secreto.  

― lo estoy, Evelyn. Lo he probado más veces de las que puedo contar. Es… es real. Y no sé qué hacer al respecto.  

Evelyn se recostó en su silla, claramente impactada por la revelación. Su mente iba a mil por hora, intentando asimilar lo que Mark le había contado. Finalmente, volvió a concentrarse en él.  

― Mark… esto es increíble, pero también muy peligroso. Si alguien más se entera…  

― lo sé ―la interrumpió Mark, consciente del riesgo― por eso te lo digo solo a ti. No puedo confiar en nadie más. Necesito tu ayuda para mantener esto en secreto… al menos hasta que averigüemos qué significa y cómo manejarlo.  

Evelyn asintió lentamente, aún abrumada por la magnitud de lo que acababa de descubrir. Pero sabía que, a pesar de todo, no podía dejar solo a Mark en esto.  

― estoy contigo, Mark ―dijo finalmente, con una determinación firme― no sé cómo, pero encontraremos la forma de lidiar con esto juntos. Prométeme que no harás nada imprudente hasta que lo entendamos mejor.  

Mark le devolvió una sonrisa, una de las pocas genuinas que había mostrado en semanas.  

― lo prometo, Evelyn. Gracias.  

Ambos se quedaron en silencio por unos momentos, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Afuera, el día seguía su curso, pero en aquella pequeña mesa de la cafetería, dos amigos compartían un secreto que podría cambiarlo todo.  

Mark y Evelyn permanecían en silencio, ambos sumidos en sus pensamientos tras la revelación. La atmósfera en la pequeña mesa de la cafetería era densa, cargada con el peso de lo compartido. Justo cuando Evelyn estaba a punto de hablar de nuevo, una figura conocida se acercó a ellos.  

― Evelyn, Mark ―saludó Nicholas con una sonrisa cordial, interrumpiendo el momento. Su tono era despreocupado, como siempre, pero había una ligera tensión en su postura, algo que solo aquellos que lo conocían bien podían notar―  

Evelyn levantó la mirada y forzó una sonrisa, aún procesando lo que Mark le había confesado. Mark, por su parte, intentó mantener la compostura, aunque no pudo evitar que una pequeña chispa de desconfianza cruzara por su mente.  

― Nick, ¿qué tal? ―respondió Evelyn, tratando de sonar natural―  

― todo bien ―dijo Nicholas, echando un vistazo rápido a Mark antes de centrar su atención en Evelyn― oye, siento interrumpir, pero necesito tu ayuda con un par de cosas en el ala de biología. Estamos estancados con algunos resultados y podría usar tu experiencia para ver si se me está escapando algo.  

Evelyn asintió, agradecida por la distracción que le ofrecía Nicholas, aunque lamentaba dejar a Mark solo tan pronto después de su confesión.  

― claro, Nick. Puedo ir contigo ahora ―dijo, recogiendo sus documentos―  

Mark miró a Nicholas y luego a Evelyn, captando la sutil incomodidad en la situación. Decidió no hacer ninguna objeción, entendiendo que ambos necesitaban retomar sus rutinas.  

― nos vemos luego, Mark ―dijo Evelyn, mientras se levantaba―  

― nos vemos ―respondió Mark, forzando una sonrisa. Nicholas le dio una palmada amistosa en el hombro―  

― es bueno verte de nuevo por aquí, Mark. No te esfuerces demasiado ―dijo con una sonrisa que, para alguien más, parecería genuina―  

Mark asintió, observando cómo ambos se alejaban. Una vez más solo, dejó que su mente volviera a lo que había compartido con Evelyn y lo que significaba que alguien más estuviera al tanto de su secreto. 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Aldex29 en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Demon Academy · Restos de Almas Rotas · EL ESCANDALOSO CASTIGO DE FEME A LA COTILLERA ABBY O CUÁNTAS BOCAS PUEDO ABRIRTE HASTA QUE EMPIECES A CALLAR