Han pasado semanas desde que Mark se enfrentó a Nicholas, ya era el 18 de enero de 2023 y las cosas han cambiado mucho.
El hospital estaba silencioso, excepto por el sonido constante de los monitores que emitían un pitido rítmico. La habitación de Mark, envuelta en una luz diurna, estaba tranquila, pero el ambiente pesado era innegable. Alex y Evelyn estaban sentados en unas incómodas sillas de plástico, esperando ansiosos alguna noticia del doctor, aunque en sus corazones ya sentían el peso de la incertidumbre.
Finalmente, la puerta se abrió y el doctor entró con un gesto serio pero profesional. Llevaba una carpeta con los informes médicos de Mark, y sus ojos revelaban lo que su boca aún no había dicho. Evelyn se tensó, su corazón acelerándose mientras buscaba cualquier señal de esperanza en su expresión.
― señorita Carter, señor Wilson... ―comenzó el doctor con un tono calmado y profesional― Hemos revisado exhaustivamente el estado del señor Rogers tras el incidente. A pesar de todos los esfuerzos, su cuerpo ha sufrido un desgaste extremo. Las heridas físicas han sanado en su mayoría, pero su estado actual... es más complejo de lo que esperábamos.
Evelyn contuvo el aliento, sintiendo cómo sus dedos temblaban ligeramente. Alex permanecía firme a su lado, su mandíbula tensa, pero sin dejar que ninguna emoción se filtrara a la superficie.
― ¿qué quiere decir, doctor? ―preguntó Alex, manteniendo su tono controlado―
El doctor miró sus notas antes de continuar.
― el señor Rogers está en un estado de coma debido a múltiples factores. ―explicó― Su cuerpo ha sufrido un nivel considerable de trauma físico y estrés psicológico. Aunque no podemos determinar la causa exacta, parece que su sistema simplemente... se ha apagado para poder recuperarse. ―hizo una pausa antes de soltar lo que sabían que vendría― No podemos predecir cuándo, o si, se despertará.
Las palabras cayeron como un martillo en el estómago de Evelyn. Su rostro palideció, y sus manos comenzaron a temblar más visiblemente. Las lágrimas luchaban por salir, pero las reprimía con fuerza. Quería mantenerse fuerte, pero esa noticia desgarraba cualquier esperanza que había logrado construir.
― entonces... no saben si despertará... ―susurró Evelyn, la voz rota y cargada de dolor―
El doctor asintió, manteniendo su mirada compasiva.
― lo único que podemos hacer ahora es esperar y asegurarnos de que reciba el mejor cuidado posible mientras su cuerpo sigue luchando. No hemos perdido la esperanza, pero... es una situación delicada.
Alex cerró los ojos por un momento, dejando que las palabras se asimilaran en su mente. Sabía lo que eso significaba. Había visto demasiados casos similares a lo largo de los años, y aunque no era su área de especialización, entendía que el futuro de Mark ahora estaba fuera de sus manos.
Evelyn no pudo contener más las lágrimas. Se levantó de su silla y se dirigió a la ventana de la habitación, dejando que las lágrimas cayeran por su rostro mientras miraba la ciudad a lo lejos, en silencio, como si esperar pudiera cambiar algo. Alex se acercó lentamente, poniendo una mano en su hombro, tratando de ofrecerle consuelo, aunque él mismo se sentía devastado.
― lo siento tanto, señorita Carter. ―murmuró el doctor― Estaremos atentos a cualquier cambio. No duden en llamarnos si tienen alguna pregunta o inquietud. Y no olvide cuidar su embarazo.
Con esas palabras, el doctor se retiró, dejando a Alex y Evelyn sumidos en una tristeza profunda. El eco de la puerta cerrándose parecía marcar el inicio de un vacío en sus corazones.
Unos minutos después, cuando el silencio se hizo insostenible, Evelyn se dio la vuelta, con la mirada roja y sus labios temblando.
― ¿cómo puede ser...? Después de todo lo que pasó... de todo lo que él hizo para salvarnos… ahora está así. ―dijo, su voz apenas audible por la tristeza― Él no merece esto, Alex. No lo merece.
Alex la miró, con sus propios sentimientos de frustración y dolor arremolinándose en su interior. Sabía que ella tenía razón, pero no había palabras que pudieran suavizar el golpe. Se acercó más y la abrazó, manteniéndola cerca mientras ella dejaba salir más lágrimas.
― lo sé... ―respondió Alex, su voz ronca por el control que trataba de mantener― No lo merece. Y sé que esto es lo más injusto que podríamos haber imaginado. Pero él es fuerte, Evelyn. Lo sabemos. Si alguien puede salir de esto... es él.
Evelyn asintió débilmente contra su hombro, pero las lágrimas no se detenían. Finalmente, después de unos momentos más, se separó un poco, limpiando sus mejillas con las manos, aunque seguía temblando.
― quisiera quedarme aquí todo el tiempo... hasta que despierte. ―dijo ella con voz quebrada― Pero no sé si podré soportarlo… ver cómo está cada día, sin saber si volverá.
Alex suspiró, entendiendo perfectamente cómo se sentía. Él también deseaba quedarse. Pero había obligaciones que lo llamaban, y sabía que su tiempo de espera se estaba agotando.
― lo sé. Pero tienes que cuidar de ti también... ―le dijo con un tono suave― Yo también quisiera quedarme, pero... hay algo que debo atender. *hizo una pausa, sabiendo que lo siguiente sería aún más difícil* El juicio de Foster está por comenzar, y no puedo dejar que eso siga sin mí.
Evelyn lo miró a los ojos, comprendiendo lo que eso significaba. El monstruo responsable de todo lo que había sucedido, de la caída de Mark, enfrentaría finalmente la justicia. Alex, como testigo clave y agente involucrado, tendría que estar allí.
― lo sé... ―murmuró ella, aunque le costaba aceptar que Alex tuviera que irse― solo... hazlo rápido. Haz que todo esto termine.
Alex asintió, con una expresión dura y resuelta en su rostro.
― haré todo lo posible... ―dijo, con una mezcla de determinación y dolor― Nicholas pagará por lo que hizo. Y cuando todo esto termine... vendré aquí. Estaré con vosotros.
Se miraron un momento, compartiendo una comprensión silenciosa del peso de lo que se avecinaba. Alex sabía que tenía que irse, pero dejaba a Mark y a Evelyn con una promesa.
La sala del tribunal estaba en completo silencio. Nicholas, sentado en el banquillo de los acusados, mantenía una expresión inusualmente serena. No había furia en su mirada, ni rastros de la locura que lo había consumido en los últimos meses. Estaba calmado, casi como si disfrutara del momento, como si su mente estuviera en otro lugar, lejos de los cargos que se le leían. Alex, desde una esquina de la sala, observaba con un odio visceral contenido.
El juez repasaba los detalles del caso. Se mencionaban los atentados contra la seguridad nacional, el secuestro del cohete, y los innumerables crímenes que había cometido en su búsqueda de poder. Las pruebas eran irrefutables: grabaciones de cámaras, testigos, y los informes forenses de todo el caos que Nicholas había dejado tras de sí.
Sin embargo, Nicholas no prestaba verdadera atención a las palabras del juez o de los fiscales. Su mente estaba en otro lugar, en sus propios pensamientos, repasando lo cerca que había estado de su objetivo. Pensaba en su plan, en cómo todo había tenido sentido hasta que el destino, o más bien Mark, intervino y lo desmoronó todo. ¿Cómo pudo fallar? ¿Qué fue lo que no vio venir?
Mientras el fiscal lo interrogaba, Nicholas respondía con evasivas, lanzando frases filosóficas que parecían más dirigidas a una audiencia abstracta que a la corte.
― señor Foster ―preguntó el fiscal, exasperado― ¿puede responder directamente a la pregunta sobre su implicación en el robo del cohete y la manipulación de los tanques de gas tóxico?
Nicholas esbozó una pequeña sonrisa, pero no fue de arrogancia, sino de algo más profundo, casi de comprensión.
― la implicación es una perspectiva... ―respondió con voz tranquila― las fronteras entre lo que llamamos 'bien' y 'mal' son tan delgadas, tan arbitrarias. Lo que hice, lo que intenté hacer, era liberar al mundo de su inevitable destino.
Alex apretó los dientes, sintiendo cómo cada palabra de Nicholas era una provocación, un recordatorio de todo el daño que había causado. Era imposible no detestarlo por todo lo que había hecho, por lo que le había hecho a Mark y a tantas personas inocentes. Pero lo que más enfurecía a Alex era ver lo tranquilo que estaba, como si todo lo que había pasado fuera un mero experimento fallido.
El juez, un hombre de mediana edad con expresión severa, trataba de mantener el orden en la corte.
― señor Foster, le recuerdo que está aquí bajo cargos graves. Responda directamente a las preguntas del fiscal o perderá cualquier posibilidad de defensa. ―dijo con autoridad, aunque conociendo bien la falta de interés del acusado―
Nicholas se encogió de hombros, aparentemente sin ninguna preocupación por lo que el juez o el fiscal decían. Su mente volvía una y otra vez a lo que pudo ser, a cómo estaba tan cerca de cambiar el mundo. Y todo se vino abajo por culpa de un hombre que ni siquiera debería haber estado ahí, alguien que ni siquiera era una parte relevante de su historia hasta que se convirtió en la clave de su derrota.
― la humanidad está condenada a repetirse, juez... ―dijo Nicholas de repente, mirando hacia el techo como si las respuestas estuvieran escritas en las luces del tribunal― Vosotros me veis como un criminal porque no entendéis la magnitud de lo que traté de hacer. Estaba creando un nuevo orden, una nueva era donde nuestras limitaciones se evaporarían.
Alex casi se levantó de su asiento, pero se contuvo. No podía permitirse perder el control aquí, no cuando estaban tan cerca de finalmente hacer justicia. Lo único que lo mantenía firme era saber que Nicholas ya no tendría la oportunidad de causar más caos. La sentencia estaba cerca, y Alex no permitiría que el maniático escapara de la responsabilidad.
El juez, impasible ante las divagaciones de Nicholas, levantó los papeles que tenía frente a él.
― después de revisar todas las pruebas y considerando la magnitud de los crímenes cometidos por el acusado, se declara a Nicholas Foster culpable de todos los cargos. ―anunció con voz firme― La sentencia es cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Alex sintió un momento de alivio. Al menos, Nicholas pasaría el resto de su vida tras las rejas. El dolor de Mark, de Evelyn y de todos los que habían sufrido no quedaría sin justicia. Sin embargo, el juez hizo una pausa que despertó la curiosidad en la sala.
― existe una única razón por la que este tribunal no ha impuesto la pena de muerte... ―continuó el juez, mirando directamente a Nicholas― el gobierno ha enviado una solicitud para que sus habilidades científicas puedan ser utilizadas en proyectos que requieren conocimientos avanzados en biotecnología. Esta solicitud, de ser aceptada por usted, podría conmutar su sentencia.
El interés de Nicholas por fin se encendió. Levantó la mirada, y por primera vez en todo el juicio, su expresión cambió. Una sonrisa lenta y torcida se formó en sus labios. Por supuesto, el gobierno quería su mente. Después de todo, era uno de los científicos más brillantes de su generación, aunque había utilizado ese conocimiento para el caos. Por un instante, pareció que Nicholas consideraba la oferta.
Pero entonces, su sonrisa se volvió aún más oscura.
― no... ―dijo simplemente, inclinándose hacia el micrófono― no necesito ni deseo ser parte de su mundo mediocre. Si no puedo crear algo digno de mi visión, entonces no me interesa ser su juguete. Que tengan su condena.
El juez lo miró con desaprobación, aunque no con sorpresa.
― la oferta queda rechazada entonces... ―sentenció el juez― Nicholas Jason Foster, es condenado a cadena perpetua sin posibilidad de colaboración ni reducción de condena. Será escoltado a una prisión de máxima seguridad de inmediato.
Los agentes de policía se acercaron al acusado para llevárselo. Nicholas se levantó lentamente, sin resistirse, y mantuvo esa sonrisa distante mientras los guardias lo escoltaban hacia la salida.
Alex no quitaba la vista de él. A pesar de todo, sentía una furia latente en su interior, la necesidad de acabar con Nicholas de una vez por todas. Sabía que no lo haría, pero el pensamiento cruzaba su mente: dispararle, poner fin a todo el dolor que había causado.
Sin embargo, no se movió. Lo único que hizo fue clavar su mirada en Nicholas hasta que este desapareció por las puertas del tribunal, escoltado por la policía.
Mientras los guardias lo llevaban al coche patrulla, Nicholas mantenía su calma. Sabía que su visión del futuro no sería compartida por nadie más. Y eso, pensó, era el precio de ser un visionario en un mundo de ciegos.
Alex se quedó un momento más en la sala vacía, dejando que la realidad del juicio finalmente lo golpeara. Había terminado... pero, de alguna manera, no sentía que todo estuviera bien.