El coche de la policía avanzaba lentamente hacia las puertas imponentes de la prisión de máxima seguridad. Alex iba sentado en el asiento delantero, mirando por la ventana sin dirigir ni una sola palabra a Nicholas, que estaba en la parte trasera, esposado y aparentemente indiferente. El silencio entre ambos era pesado, cargado de tensiones no resueltas, pero Alex no tenía nada más que decirle en ese momento. Sabía que cualquier intercambio entre ellos solo alimentaría la arrogancia de Nicholas, y no estaba dispuesto a darle ese placer.
Las puertas de la prisión se abrieron con un chirrido mecánico, revelando el interior de uno de los centros de contención más seguros del país. Las paredes grises y las medidas de seguridad visibles en cada esquina advertían lo impenetrable que era el lugar. Nicholas sería aislado del mundo exterior, controlado y vigilado cada minuto de su vida a partir de ahora.
El coche se detuvo, y un grupo de guardias armados apareció para escoltar a Nicholas hacia su nueva vida tras las rejas. Alex se bajó del coche primero, observando en silencio mientras Nicholas era sacado de la parte trasera, aun manteniendo esa misma expresión de tranquilidad que había mostrado durante el juicio. No había resistencia en él, solo una fría aceptación.
La celda de Nicholas era todo lo que habían prometido: una cápsula de cristal transparente y extremadamente resistente, diseñada específicamente para prisioneros de alto riesgo. Las paredes de cristal estaban reforzadas con tecnología avanzada, casi impenetrables para cualquier intento de fuga. Además, cámaras y sensores lo monitorearían las 24 horas del día. Nadie podía entrar o salir sin pasar por un control riguroso.
Cuando finalmente Nicholas fue introducido en su celda, Alex permaneció frente a él, observando cómo los guardias sellaban la puerta de la cápsula con un clic mecánico. El silencio seguía reinando en la pequeña sala donde solo ellos dos permanecían. Nicholas se acomodó en el pequeño asiento de su celda, como si estuviera en su propio laboratorio, no en una prisión.
― es irónico, ¿no lo crees? ―dijo Nicholas, rompiendo el silencio con una ligera sonrisa― Toda esta prisión, toda esta tecnología... todo para contenerme. Me siento halagado.
Alex lo miró fijamente, aún sin hablar. Sabía que Nicholas siempre encontraría la manera de intentar girar la situación a su favor, de poner una capa de intelecto y arrogancia sobre su derrota. Pero Alex no iba a caer en su juego tan fácilmente.
― te quedarás aquí, Foster. ―dijo finalmente Alex, su tono bajo y frío― Vigilado las 24 horas del día. Y yo seré el que esté siempre aquí, observando cada movimiento que hagas.
Nicholas arqueó una ceja, claramente entretenido por la idea.
― vaya, señor Wilson... ―respondió, recostándose en la silla― ¿mi guardia personal? Qué detalle tan íntimo. Es como si hubieras desarrollado una especie de obsesión conmigo. ¿Sabes lo que eso dice de ti?
Alex no reaccionó a la provocación, pero continuó mirándolo con dureza.
― no te equivoques. Solo estoy aquí para asegurarme de que nunca vuelvas a poner en peligro a nadie más.
Nicholas inclinó la cabeza ligeramente, como si estuviera evaluando las palabras de Alex, pero su expresión permanecía arrogante.
― oh, agente... si yo soy el malo de esta historia, ¿por qué entonces sigo vivo? ―Nicholas sonrió aún más― Y dime, ¿dónde está tu héroe? Está en coma, indefinido, quizás para siempre. Mientras yo sigo aquí, hablando contigo, todavía pensando en lo que pude haber logrado. Si el supuesto “bien” ha ganado, ¿en dónde está?
Un silencio denso se instaló en la sala. Las palabras de Nicholas perforaron el aire, llenando el espacio con una tensión palpable. Alex apretó los puños, su mandíbula tensándose al recordar a Mark, postrado en una cama de hospital, sin saber si alguna vez despertaría. Nicholas tenía razón en una cosa: él seguía vivo, mientras que Mark estaba atrapado en una oscuridad desconocida. Pero lo que Nicholas no entendía era que su sobrevivencia no significaba victoria. Era su castigo.
― no te confundas, Foster. ―dijo Alex, su tono más frío y severo― El hecho de que estés vivo no significa que hayas ganado. El héroe no necesita matar al villano para ganar. Tú ya perdiste, no importa cuántas veces intentes justificarlo. Y créeme, tarde o temprano, pagarás por cada una de las vidas que destruiste, incluyendo la de esos vagabundos que te seguían que pensabas convertirlos en monstruos.
Nicholas lo miró un momento, evaluando sus palabras. Su sonrisa se desvaneció por un instante, pero luego volvió a aparecer, esta vez más apagada.
― oh, señor Wilson, ¿no es obvio? En ningún momento iba a permitir que esos pobres diablos tuvieran el privilegio de ser como yo. En cualquier caso, el tiempo dirá quién tenía razón.
En ese instante, el teléfono de Alex sonó, interrumpiendo el ambiente tenso de la conversación. Alex miró la pantalla: era una llamada de sus superiores. Dudó por un segundo antes de responder, apartándose de la celda para tener un poco de privacidad.
― Alex, necesitamos que vengas ahora. Hay algo que debemos discutir en persona ―dijo una voz firme al otro lado de la línea. La urgencia en el tono hizo que Alex asintiera sin vacilar―
― entendido, voy en camino ―respondió Alex con voz baja―
Colgó el teléfono y se giró hacia Nicholas una última vez.
― acostúmbrate a tu nueva casa, Foster. ―dijo con frialdad― Te veré más tarde.
Nicholas no respondió de inmediato. Simplemente lo observó en silencio, su sonrisa desvaneciéndose lentamente, pero su mirada permanecía desafiante.
Alex se dio la vuelta, dejando la cápsula y saliendo de la sala de contención. Los guardias tomaron su posición frente a la celda de Nicholas, mientras las puertas se cerraban tras Alex. A medida que caminaba por los pasillos de la prisión, su mente regresaba una y otra vez a la conversación, y a la imagen de Mark, aún en el hospital.
Nicholas podía ser una mente brillante, pero el caos que había causado no quedaría sin justicia. Aunque Mark aún no había despertado, Alex sabía que la lucha no había terminado. Había muchas cosas por hacer.
El ambiente en la sala de juntas del FBI estaba cargado de tensión. Las luces frías y el eco de las voces contrastaban con el silencio que reinaba en la mente de Alex. Sentado en la larga mesa de madera, rodeado de los directivos del FBI, Alex mantenía una expresión de piedra mientras escuchaba lo que proponían.
― bien, tenemos que tomar una decisión con respecto a Rogers. ―dijo uno de los altos mandos, su tono frío y pragmático― Sabemos que está en coma, pero el potencial de su cuerpo es innegable. Es nuestra oportunidad de analizar y estudiar sus habilidades. Foster no quiere colaborar, pero tenemos a Rogers, y no podemos permitir que un recurso tan valioso se pierda.
Alex sintió cómo la ira se encendía en su pecho. La forma en que hablaban de Mark lo ponía furioso, como si no fuera más que un objeto de estudio, una herramienta. Mantuvo el control, pero sus ojos se volvieron peligrosamente oscuros mientras cada uno de los presentes continuaba apoyando la idea de "analizar" el cuerpo de Mark.
― sus habilidades telequinéticas podrían ser la clave para entender el suero que creó y que Foster se niega a compartir información. ―agregó otro miembro de la junta― Imagina lo que podríamos lograr si desentrañamos ese poder. No necesitamos a Foster si podemos analizar a Rogers.
La paciencia de Alex llegó a su límite. Se levantó de su asiento lentamente, pero la intensidad de su voz fue contundente.
― ¿os estáis escuchando? ―Alex miró a cada uno de ellos, su voz baja y cargada de furia contenida― Estáis hablando de mi amigo como si fuera una herramienta, un tesoro que deben analizar y diseccionar. ¡Mark Rogers no es una rata de laboratorio! Es la persona que arriesgó todo para detener al monstruo que está en la cárcel, quien impidió que este mundo se viera sumido en una catástrofe. Y lo único que se les ocurre es aprovecharse de su cuerpo mientras está en coma, como si eso lo hiciera menos humano.
El silencio se hizo en la sala. Nadie se atrevió a interrumpirlo.
― no permitiré que ni por todo el dinero del mundo utilicen a Mark como un experimento. ―Alex apretó los puños, clavando los ojos en los directivos que lo observaban con sorpresa― No después de lo que ha hecho, no después del sacrificio que hizo para salvarnos a todos. Si vosotros creéis que puede ser tratado como a una simple pieza de laboratorio, os equivocáis. No voy a permitirlo, y me encargaré personalmente de que nunca suceda.
La sala quedó sumida en un silencio helado tras las palabras de Alex. Los directivos intercambiaron miradas nerviosas, conscientes de la gravedad de su discurso. Alex no era alguien a quien tomaran a la ligera, y sus palabras resonaban con una amenaza clara.
Finalmente, el director principal rompió el silencio.
― entendemos tu postura, Alex. ―dijo con un tono cauteloso― Pero debes saber que, en algún momento, será necesario tomar una decisión. El suero de Foster y Rogers no pueden quedarse sin respuestas, y si Foster no colabora, debemos buscar alternativas. No podemos dejar que algo con tanto potencial simplemente... desaparezca.
Alex lo miró con una intensidad que lo obligó a callar.
― podéis intentar lo que sea, pero no será hoy. Y mientras yo respire, nunca será. ―sentenció Alex, antes de volver a sentarse por un momento― Mi amigo no es un objeto. No es un maldito monumento al que puedan venir a admirar y estudiar. Y se os ocurra pensar por un segundo que permitiré que lo conviertan en uno, estáis subestimando cuánto estoy dispuesto a hacer por él.
Con esas palabras, la sala volvió a quedarse en silencio. Nadie respondió de inmediato, conscientes de que continuar la discusión en ese momento sería inútil. Finalmente, uno de los directivos asintió lentamente, y la junta concluyó sin más palabras.
Alex recogió sus cosas y salió de la sala. No hubo despedidas ni agradecimientos. El ambiente estaba cargado de tensión y resentimiento, pero no le importaba. Sabía lo que tenía que hacer.
Cuando salió del edificio del FBI, el frío aire de enero le golpeó el rostro. El viento le despejó la mente, ayudándole a calmar el enojo que aún ardía en su pecho. Todo lo que había pasado, todo lo que aún estaba por venir, lo atormentaba, pero por primera vez en mucho tiempo, sus pensamientos se alinearon con claridad.
Mientras caminaba por las calles, se detuvo un momento, cerrando los ojos y respirando profundamente. Reflexionó sobre las palabras que había dicho en la junta, sobre su promesa de proteger a Mark, y supo que había hecho lo correcto. Esto no había terminado. La caída de Nicholas era solo el principio de algo mucho más grande. Los poderes, las amenazas, los cambios que venían... nada de esto era el final.
Pero una cosa estaba clara: Alex estaba listo. Había sido testigo de la destrucción que causaban aquellos que jugaban con el poder sin pensar en las consecuencias. No dejaría que sucediera de nuevo, no mientras él estuviera allí para evitarlo.
Mientras el viento le rozaba el rostro, Alex abrió los ojos, mirando al horizonte. Sabía que no estaba solo en esta lucha. Evelyn estaba con él, y aunque Mark estuviera en coma, su espíritu seguía presente, inspirando cada decisión que tomaba.
El mundo había cambiado, y con él, Alex también lo haría. Esto era solo el nacer de un mundo nuevo. Y estaría preparado para lo que viniera.
Con ese pensamiento, Alex continuó caminando por la ciudad, decidido y listo para enfrentar lo que el futuro le deparará.