El cielo nocturno se iluminaba por el resplandor del cohete que se elevaba cada vez más rápido hacia las estrellas. Mark, agotado y herido, corría hacia el borde de la plataforma de lanzamiento mientras observaba la nave alejarse. Sabía que no tenía mucho tiempo antes de que Nicholas activara el despliegue del Elixir. Su mente trabajaba a toda velocidad, buscando una solución. Fue entonces cuando Alex y Evelyn, junto a un grupo de agentes del FBI, llegaron a su lado, sus rostros tensos y llenos de preocupación.
― Mark, no puede ser… ―jadeó Evelyn, mirando el cohete que desaparecía poco a poco en la oscuridad― ¿q-qué vamos a hacer?
Mark se giró hacia ellos, su respiración pesada pero sus ojos determinados.
― tengo un plan... ―dijo con seriedad― voy a volar hasta ese cohete. Me escabulliré dentro y desactivaré las válvulas antes de que Nicholas pueda liberar el gas. No tenemos otra opción.
Alex lo miró, asimilando las palabras. A pesar de lo mucho que confiaba en Mark, el riesgo era enorme. Nicholas estaba más preparado que nunca, y el tiempo jugaba en su contra.
― es una locura, Mark. ¿Cómo vas a entrar ahí? Podría ser fatal para ti ―le advirtió Alex, cruzando los brazos con una mezcla de preocupación y resignación―
― confía en mí. He llegado hasta aquí, y no pienso fallar ahora. ―replicó Mark con una firmeza que no admitía duda― No volveré hasta que Nicholas esté fuera de combate, o no volveré en absoluto.
El aire alrededor de ellos estaba cargado de tensión, pero en el fondo, todos sabían que Mark era su única esperanza. Mientras la presión del momento los envolvía, Mark se giró hacia Evelyn, quien lo observaba con los ojos llenos de una mezcla de miedo y esperanza. Sabía lo que ese plan significaba: Mark estaba poniendo su vida en la línea una vez más.
― Evelyn... ―murmuró Mark suavemente, acercándose a ella― no sé cómo terminará esto. Pero quiero que sepas que si no regreso… no te olvides de lo que hemos vivido. No quiero que sufras por mí.
Evelyn lo miró, su rostro se contrajo de emoción y angustia.
― no digas eso... ―dijo, con la voz quebrándose― vas a volver. Tienes que volver, Mark. No puedes dejarme ahora… no después de todo lo que hemos pasado.
Mark la tomó de las manos y, por un breve momento, la intensidad de la situación se desvaneció. El caos y la misión se disiparon, y solo quedaron ellos dos. Un momento de calma antes de lo inevitable.
― haré lo posible... ―susurró Mark, acercándose a ella. Sus labios se encontraron en un beso suave, una promesa silenciosa de que, aunque las probabilidades estuvieran en su contra, haría todo lo que estuviera a su alcance para regresar― pero necesito que seas fuerte, por si acaso, por favor prométemelo.
Evelyn asintió, conteniendo las lágrimas. Sabía que no podía detenerlo. Este era su destino, su camino.
Finalmente, Mark se giró hacia Alex, su amigo de confianza. Habían pasado apenas un mes juntos, y aunque sus caminos habían sido complicados, Alex siempre había estado ahí, apoyándolo en silencio.
― gracias por todo, Alex. No lo habría logrado sin ti. Pero ahora, es momento de terminar esto. ―dijo Mark, ofreciéndole una mano―
Alex la estrechó firmemente, asintiendo con una mezcla de respeto y tristeza.
― no mueras allá arriba, ¿entendido? ―bromeó Alex, intentando quitarle peso al momento, aunque sabía lo que estaba en juego― El mundo aún te necesita… y Evelyn también.
― lo haré lo mejor que pueda... ―respondió Mark con una pequeña sonrisa, antes de separarse y prepararse para lo que venía―
El cohete ya estaba lo suficientemente alto como para que las opciones fueran limitadas, pero Mark no iba a rendirse. Se concentró, extendiendo sus brazos hacia el suelo mientras se elevaba. El viento se arremolinó a su alrededor cuando sus poderes comenzaron a manifestarse, elevándolo lentamente del suelo. Miró una última vez a Evelyn y Alex, quienes lo observaban desde abajo con la esperanza reflejada en sus rostros.
― voy a detenerlo... ―fue lo último que dijo antes de lanzarse al aire―
La oscuridad de la noche se cerraba a su alrededor mientras ascendía a gran velocidad, acercándose poco a poco al cohete. Las luces de la ciudad se desvanecían debajo de él, y el frío de la atmósfera comenzaba a envolverlo, pero su determinación era inquebrantable. Sabía que Nicholas estaba ahí arriba, esperando, confiado en su victoria. Pero Mark no iba a permitir que ganara.
El viento a su alrededor silbaba a medida que se acercaba más y más al cohete, el rugido de los motores ensordecía el ambiente, pero en su mente, todo estaba claro. Era ahora o nunca.
El cohete, con su carga mortal, seguía ascendiendo, pero Mark también lo hacía, decidido a cumplir su misión sin importar el costo.
Mark volaba a gran velocidad, con sus ojos fijos en el cohete que se alejaba cada vez más de la Tierra. El aire se hacía más frío, la presión en su cuerpo aumentaba con cada metro que ascendía, y el esfuerzo por mantenerse en el aire empezaba a pasarle factura. Cada vez más alto, cada vez más lejos de todo, sus pulmones comenzaban a quejarse, su cabeza latía con un dolor punzante debido a la falta de oxígeno. Pero no podía detenerse. Nicholas estaba a punto de cumplir su plan, y la humanidad dependía de que él lo detuviera.
― solo un poco más… ―se dijo a sí mismo entre respiraciones entrecortadas, sintiendo que su energía se agotaba rápidamente―
A medida que se acercaba al cohete, el rugido de los motores ensordecía todo lo demás. El aire se hacía más delgado, pero Mark no se detuvo. Estaba completamente centrado en la nave, en el destino que se acercaba. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, concentró todo su poder y con un violento gesto de su mano, creó un hueco en el casco con su telequinesis. Con un último esfuerzo, se lanzó hacia ese agujero, casi desplomándose dentro del cohete.
Dentro de la nave, el silencio lo envolvió, roto solo por el zumbido de los sistemas de vuelo. El ambiente cerrado del cohete lo golpeó como una ráfaga de alivio temporal. Respiró profundamente, intentando recuperar el aliento. Pero la fatiga lo seguía aplastando; la falta de oxígeno y la presión a esa altitud lo habían desgastado más de lo que esperaba. Aun así, no había tiempo para descansar.
― ahora... las válvulas… ―murmuró, apretando los dientes mientras comenzaba a moverse por los pasillos de la nave―
El interior del cohete estaba compuesto de estrechos corredores metálicos, apenas iluminados. El retumbar del motor vibraba a través de las paredes, haciendo que el ambiente pareciera aún más opresivo. Mark, fatigado pero decidido, seguía avanzando, buscando el compartimento donde Nicholas había instalado las válvulas con el gas tóxico.
Sus pasos resonaban en el vacío metálico del cohete, cada uno más pesado que el anterior. Su cuerpo empezaba a temblar por el esfuerzo, y cada respiración era una batalla contra el agotamiento. El tiempo corría en su contra.
Finalmente, llegó a una sección que reconoció como la zona donde debían estar las válvulas. Una serie de tanques conectados a un sistema de tuberías que, si se activaban, liberarían el gas en la atmósfera. Ahí estaba, su objetivo.
― gracias... ―pensó, sintiendo una chispa de esperanza en medio del cansancio―
Pero antes de que pudiera siquiera acercarse a las válvulas, algo lo detuvo. Un fuerte ruido metálico reverberó por todo el pasillo, y en un instante supo lo que sucedía: Nicholas estaba allí.
Un ataque súbito lo golpeó en el costado, lanzándolo contra una pared de metal con una fuerza brutal. El dolor se extendió por su cuerpo como un relámpago. Mark apenas tuvo tiempo de protegerse cuando Nicholas apareció, su figura imponente se materializó frente a él, sus ojos llenos de una furia insaciable.
― ¿creías que podrías detenerme tan fácilmente, Mark? ―gruñó Nicholas, con una sonrisa perversa extendiéndose por su rostro― Esto no es un juego. ¡No tienes ni idea de lo que estoy a punto de lograr!
Mark se levantó con dificultad, su respiración agitada y su cuerpo adolorido. Sabía que estaba en desventaja, pero no podía permitirse fallar ahora.
― no voy a dejar que te salgas con la tuya, Nicholas... ―replicó Mark, apretando los puños mientras intentaba ignorar el dolor que recorría su cuerpo― todo esto… tu "progreso" solo traerá destrucción.
Nicholas bufó, como si las palabras de Mark le resultaran insignificantes.
― tú no lo entiendes. Nunca lo has entendido. Esto no es destrucción, es evolución. La humanidad ha sido débil durante demasiado tiempo. Yo les estoy ofreciendo algo más… algo mejor. Y no voy a permitir que un fracasado como tú se interponga.
Antes de que Mark pudiera reaccionar, Nicholas atacó de nuevo, esta vez con más ferocidad. Su puño se estrelló contra Mark, enviándolo de nuevo contra el metal del cohete, doblando la pared a su alrededor. El dolor fue insoportable, pero Mark sabía que no podía rendirse.
Mientras Nicholas se acercaba para asestar otro golpe, Mark reunió toda la energía que le quedaba y usó su telequinesis para lanzar a Nicholas hacia atrás, creando una distancia temporal entre ambos. No podía permitirse una pelea larga, no en estas condiciones.
El pasillo del cohete vibraba con la intensidad del combate. Nicholas, a pesar de los esfuerzos de Mark, no parecía estar cansado. La potencia del suero corría por sus venas, y su determinación solo crecía.
Mark sabía que Nicholas no se detendría hasta que el cohete cumpliera su misión. Con cada segundo que pasaba, las válvulas del gas se acercaban más a activarse. Necesitaba tiempo para llegar hasta ellas, desactivarlas y poner fin al plan de Nicholas, pero cada ataque lo acercaba más a su límite.
― no dejaré que lo hagas, Nicholas. No voy a permitir que condenes al mundo por tu ego... ―dijo Mark, con la respiración pesada, pero con una mirada decidida―
Nicholas se detuvo un momento, observando a Mark con una mezcla de desprecio y curiosidad.
― siempre tan moralista, tan "correcto"... ―se burló Nicholas― pero no importa lo que pienses. Ya es demasiado tarde.
Mark apenas pudo levantarse, sintiendo que su cuerpo estaba al borde del colapso. Pero su misión estaba clara. Tenía que detener a Nicholas a cualquier costo, incluso si eso significaba poner su vida en la línea.
La batalla en el cohete continuaba, cada golpe de Nicholas resonando en el cuerpo de Mark, cada movimiento más pesado que el anterior. Pero la esperanza aún brillaba en los ojos de Mark: él no iba a rendirse.
El futuro de la humanidad dependía de su próximo movimiento.