El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte cuando Alex llegó a la casa de Mark. La rutina de los últimos días se había vuelto extrañamente reconfortante, una especie de normalidad en medio del caos que había sido la vida de Mark desde su secuestro. Al escuchar el motor del coche de Alex, Mark salió de su casa y se subió al vehículo con una ligera sonrisa de reconocimiento.
― listo para otro día de entrenamiento, ¿eh? ―comentó Alex con su característico tono animado mientras arrancaba el coche―
― listo ―respondió Mark, más decidido que antes. Las sesiones de entrenamiento habían comenzado a darle una sensación de control, algo que le había faltado desde que adquirió sus poderes―
Mientras conducían hacia su lugar habitual de práctica, Alex lanzó una pregunta que había estado rondando su mente desde el día anterior.
― oye, Mark, he estado pensando... ―empezó, con un tono que mezclaba su habitual desenfado con una pizca de curiosidad― ¿Has considerado la posibilidad de usar un traje especial o, no sé, un nombre cuando decidas salir a la calle a... bueno, ya sabes, hacer cosas de héroe?
Mark lo miró de reojo, claramente sorprendido. La idea de asumir una identidad secreta no había cruzado por su mente. Para él, todo se había centrado en controlar sus habilidades, en asegurarse de que no fueran una amenaza para los demás ni para él mismo.
― ¿un traje? ―repitió, casi como si estuviera probando la palabra― No, no había pensado en eso.
― pues deberías. ―continuó Alex con una sonrisa― No es solo para proteger tu identidad, sino para crear una figura que la gente pueda reconocer, algo que inspire confianza. Además, ayuda a meterse en el papel, ¿sabes? Un nombre, un símbolo… Eso puede hacer una gran diferencia.
Mark permaneció en silencio, reflexionando sobre la sugerencia. Había algo de sentido en las palabras de Alex, aunque la idea de vestirse con un traje y adoptar un nombre parecía algo… surrealista.
― de hecho, mientras investigaba tu caso, se me ocurrió un nombre para ti. ―añadió Alex, intentando hacer la idea más atractiva― Se me ocurrió “Mentalis”. Lo puse en tu expediente cuando me asignaron a investigarte. Ya sabes, por lo de la telequinesis y todo eso.
Mark arqueó una ceja, un atisbo de humor cruzando su seriedad habitual.
― ¿Mentalis? ―repitió, casi sonriendo― Suena como el nombre de un villano en un cómic.
Alex se echó a reír.
― bueno, tiene un toque dramático, lo admito. Pero creo que podría funcionar. Además, encaja perfectamente con lo que puedes hacer. Piénsalo, Mentalis: el tipo que puede mover cosas con la mente. Es mejor que ser conocido como ‘el tipo extraño del banco’, ¿no?
Mark sacudió la cabeza, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa.
― supongo que es mejor que eso ―Mark concedió―
El resto del viaje continuó en un tono más ligero, con Alex haciendo sugerencias sobre cómo podría ser el traje de Mentalis, describiendo versiones extravagantes y otras más prácticas, mientras Mark escuchaba con una mezcla de diversión y escepticismo.
Una vez llegaron al lugar habitual, reanudaron su entrenamiento. La rutina era similar a la de los días anteriores: ejercicios para mejorar la precisión de los poderes de Mark, pruebas de fuerza, y experimentación con nuevos movimientos y técnicas. Cada día, Mark sentía que ganaba más control sobre sus habilidades, que se volvía más consciente de su alcance y sus limitaciones.
Alex, por su parte, seguía ofreciendo apoyo y sugerencias, siempre con su tono relajado y bromista, pero también con una mirada aguda que no dejaba pasar ningún detalle. A pesar de su actitud desenfadada, estaba completamente comprometido con la tarea de ayudar a Mark a perfeccionar sus habilidades.
― ¿sabes? ―dijo Alex mientras Mark practicaba moviendo varias rocas al mismo tiempo― Esto es solo el principio. Hoy son rocas, mañana podrías estar haciendo cosas mucho más grandes. No hay límite para lo que podrías lograr si sigues entrenando así.
Mark bajó las rocas suavemente al suelo, respirando profundamente mientras consideraba las palabras de Alex.
― lo sé. ―respondió― Pero aún no estoy seguro de qué debería hacer con todo esto. No soy un héroe, Alex. Nunca quise serlo.
― tal vez no lo seas, pero eso no significa que no puedas hacer algo bueno con estas habilidades. ―dijo Alex con seriedad, un contraste con su tono habitual― Nadie nace siendo un héroe, Mark. Se convierte en uno por las decisiones que toma, por las acciones que elige llevar a cabo.
Mark se quedó en silencio, procesando esas palabras. Sabía que Alex tenía razón, pero aceptar ese camino no era algo que pudiera hacer de la noche a la mañana.
― no tienes que decidirlo ahora. ―añadió Alex, notando la duda en los ojos de Mark― Pero cuando llegue el momento, estoy seguro de que sabrás qué hacer. Y yo estaré aquí para ayudarte, sea cual sea esa decisión.
Mark asintió, agradecido por el apoyo incondicional de Alex. Sabía que aún tenía mucho que aprender, no solo sobre sus poderes, sino sobre lo que significaba tenerlos. Pero por primera vez, sintió que no estaba solo en ese camino.
El resto del día pasó entre entrenamientos y conversaciones, con Alex continuando su sugerencia de que Mark considerara la idea de adoptar la identidad de Mentalis. Aunque Mark no estaba del todo convencido, comenzó a ver el valor en lo que Alex proponía. Tal vez, con el tiempo, podría aceptar esa nueva identidad, no como una obligación, sino como una herramienta para algo más grande.
Cuando el sol comenzó a descender, dando paso a la tarde, ambos se prepararon para regresar. Había sido otro día productivo, y aunque aún quedaba un largo camino por recorrer, Mark se sintió un poco más preparado para enfrentarlo.
Mientras se alejaban del lugar de entrenamiento, Alex lanzó una última broma:
― entonces, ¿qué dices, Mentalis? ¿Listo para salvar el mundo?
Mark solo sonrió, mirando hacia el horizonte.
― ya veremos, Alex.
Al día siguiente, el sol apenas comenzaba a asomarse cuando Alex, fiel a su costumbre, llegó a la puerta de la casa de Mark. La rutina de estos días se había convertido en algo esperado, un respiro en medio del caos que había sido la vida de Mark desde que adquirió sus poderes. Mark salió de su casa con la misma determinación que había mostrado los días anteriores, dispuesto a seguir trabajando en el control de sus habilidades.
― ¡buenos días, Mentalis! ―saludó Alex con una sonrisa juguetona mientras Mark se subía al coche―
― ¿de verdad vas a seguir con eso? ―respondió Mark, aunque no pudo evitar una leve sonrisa―
― por supuesto. Tienes que admitir que empieza a sonar bien ―bromeó Alex mientras arrancaba el coche y se dirigían a su lugar habitual de entrenamiento―
A lo largo del día, las sesiones de práctica continuaron como de costumbre. Alex seguía proponiendo desafíos, buscando maneras de empujar a Mark a explorar los límites de sus habilidades. Había una clara mejora en el control de Mark; cada movimiento era más preciso, cada intento más exitoso.
― he estado pensando... ―dijo Mark durante una pausa, mientras ambos descansaban bajo la sombra de un árbol― Quizá tengas razón en eso del traje y el nombre. Si voy a seguir haciendo esto, podría ser útil.
― ¿así que finalmente te estoy convenciendo? ―respondió Alex, alzando una ceja con diversión―
― solo digo que podría ser útil, nada más ―replicó Mark, tratando de sonar neutral, aunque su mente ya estaba considerando las posibilidades―
― bueno, me alegra escuchar eso. Y si necesitas alguna sugerencia sobre el diseño del traje, ya sabes dónde encontrarme ―dijo Alex con una sonrisa, sabiendo que había plantado la semilla en la mente de Mark―
El día pasó rápidamente entre entrenamientos y conversaciones. Alex seguía alentando a Mark a pensar en grande, a considerar cómo podría usar sus habilidades para marcar una diferencia real en el mundo. Aunque Mark aún no estaba seguro de ese camino, las palabras de Alex lo hicieron reflexionar.
Cuando el sol comenzó a ocultarse, ambos se prepararon para regresar. Habían sido días intensos, pero también productivos. Mark sentía que, poco a poco, estaba recuperando el control de su vida, aunque sabía que aún quedaba mucho por aprender.
― mañana más. ―dijo Alex cuando llegaron a la casa de Mark― Y quién sabe, tal vez ya tengas una idea clara de ese traje.
Mark asintió y se despidió de Alex antes de entrar en su casa. El día había sido largo, pero en lugar de descansar, su mente estaba llena de ideas. Decidió sentarse en su escritorio y, por primera vez, empezó a esbozar algunas ideas para un posible traje.
Tomó lápiz y papel, y comenzó a dibujar. Al principio, los trazos eran inseguros, pero a medida que las ideas fluían, los bocetos se volvieron más claros. Un traje que combinara funcionalidad con un diseño que representara lo que él quería transmitir. Finalmente, se decidió por una combinación de morado y amarillo, colores que le parecían imponentes y llamativos, pero no demasiado ostentosos. Algo que pudiera representar la dualidad de sus poderes: poder y control.
Mientras trabajaba en los bocetos, el tiempo pareció volar. La noche ya había caído por completo cuando el sonido de su teléfono rompió la concentración. Al ver la pantalla, notó que era Evelyn, y algo en su estómago se revolvió al notar el tono urgente en el que ella le había hablado las últimas veces.
― ¿Evelyn? ―respondió al contestar―
― ¡Mark! ―la voz de Evelyn sonaba angustiada, casi al borde del pánico― Necesito que vengas a casa de Nicholas, ¡ahora! Algo le está pasando… está… está convulsionando, no sé qué hacer...
Mark sintió cómo su corazón se aceleraba. Sin pensarlo dos veces, dejó caer el lápiz y se levantó de un salto.
― voy para allá ―dijo con firmeza mientras se dirigía a la puerta, sin saber exactamente qué encontraría, pero consciente de que debía estar allí―
Colgó la llamada y salió de su casa rápidamente, su mente ahora enfocada en Nicholas y en lo que podría estar sucediéndole. Mientras se subía a su coche y arrancaba, una mezcla de preocupación y determinación se apoderó de él. No tenía idea de lo que se avecinaba, pero sabía que tenía que estar allí para ayudar.