6. The Piano
Richard despertó alrededor de la una de la tarde, ya iba tarde a su reunión con la primera disquera y era probable que perdiera la oportunidad.
Se vistió rápidamente y salió corriendo sin siquiera haberse lavado los dientes. Vio un taxi pasando cerca de él y se subió sin ningún aviso.
Llegó a la reunión a la una con cuarenta y cinco minutos. Lo echaron sin dudar, pero después de cinco minutos rogando una segunda oportunidad, lo consiguió.
Entró al espacio de la junta y sacó de su maletín la cinta de audio.
Después de una charla completa intentando venderle la idea a la compañía, reprodujo la cinta de audio y miró fijamente a las expresiones desinteresadas de la gente que estaba dentro.
tres minutos pasaron y esperó la respuesta de la disquera mientras lo único que podía pensar, era que arruinaría los sueños de otra banda espectacular, así como lo hizo años atrás.
Julian llegó a la casa de William para su primera práctica de piano que Sheillah le propuso. Presionó el timbre y dos minutos después, Sheillah abrió la puerta e invitó a Jude a pasar.
Sheillah aún vestía una pijama de color azul que simulaba ser un vestido, tenia una voz cansada, ojos entrecerrados y su cabello estaba desordenado y despeinado.
—¿Puedo pasar?
—Claro, Jude, pasa.
—¿Quieres algo de comer? Es que me acabo de despertar y Willvam y mi papi siguen dormidos. Si tocas ahora los vas a despertar también.
—Entonces vengo luego.
—Puedes quedarte, si quieres. Total, ya estás aquí.
Sheillah soltó una risa pequeña.
—Bueno, me quedaré, que de todas maneras, en mi casa no notan mi existencia.
Julian entró a la casa de los padres de William y se sentó en un sillón con espacio para dos personas. Sheillah se sentó en el mismo sillón donde Julian se sentó.
Esperaron durante una hora a que alguien diera una mínima señal de existencia. Julian solo quería tocar su canción en el piano de John.
Ya eran las tres de la tarde y Sheillah, al ver que no había ninguna señal de existencia, decidió subir y adentrarse al cuarto de William con el objetivo de despertarlo bruscamente.
Cuando llegó, no había ni un alma dentro, se quedó observando y analizando el cuarto durante diez segundos y revisó la de John. Tampoco había nadie allí.
Por último, fue a su cuarto y observó una hoja de cuaderno doblada en cuatro partes que decía:
“Sheillah, no te despertaste a tiempo para ir a la escuela porque, no se si sabias… pero hoy es viernes, no sábado.
Papá quiso llevarme a mi a la escuela y después irse a su trabajo.
No te asustes porque sé que vas a llorar.
Vuelvo alrededor de las seis ya que voy a salir con unos amigos y papá vuelve a las siete.”
Sheillah se enojó notablemente y cerró los puños fuertemente, doblando y rompiendo la hoja de cuaderno a su paso. Bajó a pasos largos y fuertes, lo que generaba un ruido grave digno de un gigante caminando en el bosque.
Se sentó junto a Julian, aún con la expresión de enojo grave.
—Soy una estúpida… —dijo Sheillah mientras reía falsamente para no mostrar su enojo.
—No digas eso, Sheillah… ¿Por qué lo dices?
—Porque estuvimos una hora como idiotas esperando a que alguien bajara y en realidad somos los únicos en casa.
—¿Estamos solos?
—Si. No me di cuenta. Perdón.
—No te preocupes.
—Si quieres empieza a tocar ya.
—Eso haré, gracias, Sheillah.
Julian se acercó a él piano seminuevo, se sentó y sacó, de su bolsa de plástico, unas hojas de papel que tenían impresas partituras de piano. Eran clásicos de Beethoven, Mozart y otros compositores y músicos reconocidos.
Sheillah fue directo a la cocina y preparó un desayuno para Julian y para ella.
Después de tenerlo hecho, fue hacia Julian cargando una silla de madera y se sentó al lado del piano.
—¿Qué tocas, Jude?
—Beethoven.
—¿Y ese quien es?
—¿No conoces a Beethoven? —preguntó Julian con una expresión de sorpresa—. Bueno… pues él fue un músico de hace doscientos años e hizo obras musicales clásicas, como la quinta sinfonía.
—Realmente no me importa en lo más mínimo saber eso… solo quería platicar contigo y decirte que ya está el desayuno… más bien, comida.
—Bueno… hubieras dicho eso al inicio.
—Es que te veías muy concentrado y emocionado, no quería quitarte eso de golpe.
—En ese caso, gracias.
Julian se dirigió al comedor a pasos lentos y largos. Cuando entró al comedor, vio una mesa de madera de roble, un poco oscura, con un diseño elegante y formal. En el centro de la mesa había un panel de vidrio transparente que si alguien se asomaba por el, veía una miniatura de una playa hecha con arena, piedras y resina de color azul. En frente de la mesa, había una televisión de tubo a blanco y negro. Se estaba reproduciendo una película humorística mexicana en ella.
Se sentó en la segunda silla. Sheillah se sentó frente a él, y le lanzó una pequeña sonrisa, probablemente demostrando amabilidad y hospitalidad. Eran las cinco de la tarde
A las cinco de la tarde y veinte minutos, Julian se levantó de su silla y caminó de vuelta al piano de madera negra y con una capa de un líquido brillante, tal vez barniz. Se sentó en el asiento del piano y a pesar de la emoción terrible que tenía Julian al pensar en solamente sentarse en el banquillo, no pudo tocar ni una tecla sin que estuviera seis minutos pensando que era lo que él debía tocar en ese momento. Se frustró y con un rugido áspero, se levantó del banquillo, quedándose quieto un rato. Después se dirigió hacia el sofá con espacio para dos personas. Sheillah estaba lavando los platos.
Julian se recostó en el sofá e intentó dormir. Sheillah se dio cuenta del bajón de Julian desde la cocina y gritó para que Julian lo oyera claro.
—Jude, ¿todo bien?
Julian se sorprendió y soltó un pequeño grito ahogado de susto.
—Si, todo bien.
—¿Por qué ya no tocas?
—No sabía qué tocar y me frustré.
—Ya veo.
—Creo que me iré a mi casa de una vez.
—Está bien. ¿Vienes mañana?
—Yo creo que sí.
Julian se levantó lentamente del sofá y se dirigió, perdiendo continuamente el equilibrio debido a que aún seguía somnoliento, hacia la puerta. Sheillah se sentó en el sofá y observó a Julian salir poco a poco por la puerta.
Cuando el ya estaba completamente fuera y en camino a su casa, Sheillah subió las escaleras de su casa, fue directo hacia su habitación y se recostó en su cama, decorada con un diseño a cuadros con los colores primarios dominando.
Richard estaba de regreso a su casa, frustrado y con expresión molesta, claramente había fracasado una vez más en su labor. El recordaba que ellos habían alabado y pedestalizado la música de los chicos, sin embargo, al escuchar el historial de fracasos de Richard, se echaron para atrás sin pensarlo dos veces.
Fue hacia una cantina cerca de su casa con el objetivo claro de embriagarse y olvidar por un momento, la demostración absoluta de que el era un rotundo fracaso. Se sentó en una mesa pequeña circular, hecha de tablones de madera porosos, húmedos y desgastados a más no poder. Reposó su brazo en la mesa y se clavó una astilla en él. Gritó en voz baja.
Una mesa enfrente, había un hombre con una gabardina de color oscuro, con manchas de tierra repartidas por toda la prenda. Estaba fumando una pipa, y parecía un tanto misterioso, como un agente secreto sacado de Los vengadores.
Richard, al ver que un mesero se acercaba hacia él, levantó la mano, haciendo una seña para indicar que viniera. Preguntó quién era ese hombre misterioso que estaba sentado en la mesa enfrente de la suya. Respondió que él era un importante ejecutivo de Parlophone. Richard se emocionó instantáneamente e intentó acercarse lentamente hacia él .
Empezó a hablarle con una notoria timidez. Se presentó formalmente y le extendió la mano. El hombre respondió y le dio la mano igualmente. Richard se sentó en la silla al lado de él y empezó a hablarle de la banda que estaba representando. Él le prestó genuina atención y pidió la grabación. Richard sacó del maletín la cinta de audio y la reprodujo con una rapidez impresionante. El notó una pequeña anomalía en la grabación y preguntó por ella. Notó una pista de audio adicional, la cual era una quinta voz que Richard, no recordaba haberla grabado, esa voz era una voz suave y grave que acompañaba el coro de la canción, pero esa pista tenía un poco de distorsión, la voz se cortaba a media frase y a veces se saturaba el sonido, causando que la grabación se oyera mal.
Richard se quedó callado, sin saber qué responder. El ejecutivo le dio una oportunidad de audición a la banda. El miércoles tenía que llevar a la banda a su hogar, donde él tenía un estudio de grabación profesional. Richard accedió sin dudarlo y se fue de la cantina con una combinación de miedo y alegría a la vez.