7. The Audition Day
El miércoles era un día nublado, la sección del clima de los canales de televisión indicaba que había una probabilidad de setenta por ciento de que ese día habría una tormenta fuerte.
Julian se despertó en su cama individual, y con calma, se bañó, se vistió, se peinó, se lavó los dientes y salió de su casa para visitar de nuevo a William y a Sheillah. Aunque la visita a William y Sheillah era una buena excusa, Julian iba principalmente para tocar el piano de John.
Al llegar, presionó el timbre, pasaron diez minutos, y nadie abrió la puerta. Ya pasado un rato se dio cuenta de que no se encontraba nadie en el interior de la casa. Se me olvido que ellos sí van a la escuela. Pensó Julian.
Se puso un gorro de tela que tenía guardado en una mochila y regresó a su casa a pasos largos y rápidos, debido a que el cielo se veía mucho más nublado de lo que estaba antes y empezaban a caer las primeras gotas de lluvia.
A solo unos pocos segundos de caer la primera gota, empezó a llover con una intensidad sorprendente que las gotas de lluvia llegaban a doler levemente como una lluvia de balines. Estaba granizando.
Las calles estaban llenas de pedazos de hielo que caían del cielo. Parecía que estaba nevando en ese momento. Lo único que faltaba era ver a un niño con ropa especial para la nieve haciendo una batalla de bolas de nieve con su familia o amigos.
Julian era casi incapaz de moverse en esa circunstancia.
Aún así, llegó a su casa sano y salvo, y su madre lo recibió con un abrazo sofocador que reflejaba un sentimiento de preocupación genuina.
Richard tocó el timbre de la casa de Julian, cinco minutos después, abrió Julian.
—¿Qué pasó, Richard?
—Nos tenemos que ir a la audición, no podemos quedar mal.
—Pero esta lloviendo, Richard
—No importa en lo más mínimo, es su única oportunidad para conseguir el sello.
—Habrá muchas otras más, pero hoy no puede ser.
—¿Y si no?
—Pues no pasará nada. Seguiremos tocando en los bares.
—¿Y seguir teniendo ese sueldo tan horrible?
—No era tan horrible, esa comparación con el sandwich de Joseph fue completamente exagerada.
—¿Pero no te gustaría tener giras, conciertos, fans enloquecidas, discos?
—¿Y qué garantías nos va a dar asistir a la audición?
—Ninguna… pero es Parlophone. George Martin podría producirlos. No encontrarán nada mejor que ese sello.
—Tal vez en eso tengas razón, pero está lloviendo a mares, ¿no puede ser después?
—No creo que eso sea posible, Jude… Esta es la única gran oportunidad que tenemos… ¿O quieres tener música independiente y vivir en la miseria por años solo para que un «conocedor» musical los encuentre en una tienda de discos local en una estantería llena de polvo y que sea el «raro» de su grupo de amigos?
—Pues no quiero eso.
—Entonces sube al carro por favor.
—Está bien. ¿Llevo mi guitarra?
—No. Allá tienen pianos.
La cara de Julian se llenó de alegría.
—Ya súbete al carro, Jude.
—Está bien.
Richard y Julian, en el auto, fueron y recogieron a los demás miembros de la banda, y afortunadamente, aunque con bastantes problemas, los pudo reunir con éxito. Solo faltaba ir a la casa de el hombre de Parlophone
Llegaron a su destino. Era una casa bastante alejada de la sociedad. Era algo parecido a una cabaña, hecha de tablones y troncos de madera. No había timbre, así que Richard tocó la puerta con su puño.
Abrió una mujer de aparentes veinticinco años, de complexión delgada, cabello castaño, ojos azules y lentes con aumento. Su nombre era Jane.
Con gusto, los invitó a pasar. Los cinco se miraron entre ellos unas cuantas veces y se decidieron por entrar. El interior de la casa era casi exactamente lo que alguien espera al ver una cabaña. Piso de tablones de madera, los cuales algunos estaban mohosos, rotos y fuera del piso, Una fogata en una chimenea, una alfombra, unos tres sillones en la sala y un olor fresco y agradable.
—¡Thomas! —gritó Jane.
Thomas, el hombre de Parlophone, salió del baño con una toalla envolviendo su cintura, pero dejando el torso descubierto. Del baño salía vapor, lo cual indicaba que justo se había terminado de bañar.
Se dirigió a lo que parecía una habitación y cerró la puerta con seguro. Los cinco y Jane se sentaron en los sillones y esperaron a que Thomas saliera.
Después de únicamente seis minutos, Thomas salió completamente vestido, con un atuendo de leñador promedio. Saludó de apretón de mano a Richard.
—Buenos días, supongo que mi esposa ya les dijo mi nombre —dijo Thomas mientras soltaba una pequeña carcajada.
—Supongo que ya saben, pero el otro día, en un bar, encontré a su manager y me mostró su grabación, y si les soy sincero, realmente me sorprendió y accedí a que hagan una audición. Yo vengo de Parlophone, y si lo hacen bien, ese sello estará en su álbum debut.
Las caras de la banda reflejaron alegría y expectativa.
—Acompañenme, por favor.
Thomas los dirigió hacia un cuarto bastante grande, donde él tenía un estudio de grabación personal.
Con alegría, los chicos se colocaron en sus respectivos instrumentos, y después de una señal de mano de Thomas, iniciaron a grabar y a tocar un cover de Johnny B. Goode, de Chuck Berry. Se volvieron a equivocar demasiadas veces, más de lo normal. Thomas tenía una expresión de decepción en la cara. Aún así, en el séptimo intento. Lograron sacar una versión del tema mejor que la que hizo el mismo Chuck Berry, pensó Thomas. La expresión de Thomas cambió notablemente de decepción a ilusión, alegría y sorpresa después de escuchar lo que ellos cuatro tocaron.
Thomas reprodujo las siete grabaciones de la audición, y en la tercera, sexta y la primera, se volvía a escuchar esa quinta voz que se presentó de la misma manera en el demo que hicieron tan solo hace unos cuantos días atrás.
Richard, al escuchar, preguntó a la banda sobre la voz añadida que aparecía en el demo que habían grabado. Nadie supo qué responder.
De todas maneras, dejaron pasar el tema y siguieron el día con total normalidad.
—Bueno… —dijo Thomas —. Me pareció sorprendente, aunque me decepcionó un poco que tardaran siete intentos en clavar la toma.
—Perdón, Thomas —respondió Paul —. Normalmente cuando estamos en una situación que podría cambiar nuestra vida, nos ponemos nerviosos y tensos.
—Bueno, no pasa nada, Paul, es completamente normal. Aún así, creo que su toma definitiva fue hasta mejor que la de Chuck.
—Gracias, ¿eso significa que pasamos la audición?
—Afortunadamente para ustedes… Sí.
Los cinco se quedaron en silencio durante un largo rato, que parecían ser dos horas. Sus caras pasarón de una expresión de duda, miedo e inseguridad, a una expresión de euforia.
La banda se quedó a cenar en la casa de Thomas. Ahora sus padres tendrían que firmar el contrato de la disquera, algo que estaba prácticamente asegurado para ellos.
Era jueves. Thomas, Richard y la banda, habían acordado verse en el club donde tocaban junto a sus padres para firmar el contrato.
Afortunadamente, todo sucedió de acuerdo al plan y los padres de William, Julian y Joseph, firmaron casi sin dudarlo.
El lunes, tenían que ir a Abbey Road Studios, para comenzar a grabar su primer disco y probable gran éxito.