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The Hi-Hats Capitulo 2: The Parents

The Hi-Hats · por Joe · 10 de agosto de 2026

2. The Parents

Paul se encontraba dormido en la casa de sus padres, donde él se estaba hospedando después de que sus padres murieran en un accidente aéreo con el objetivo de cuidar a su hermano menor de doce años. Aunque gracias a ese evento, él pudo conocer a sus compañeros y formar la banda.

De repente, Paul escuchó el cacareo de un gallo, el cual hizo inmediatamente que él se despertara con un gran susto, ya que Paul no estaba todavía acostumbrado a ese grito mañanero.

Después de terminar de vestirse y alistarse, salió de su casa con su bicicleta oxidada y sus baquetas en una mochila negra, sucia y húmeda, en la que normalmente lleva su desayuno, comida y cena, junto a sus herramientas de trabajo.

Mientras se dirigía a su trabajo, se encontró casualmente con Joseph, quien también se dirigía a su trabajo en ese momento. Paul se detuvo inmediatamente.

—Hey, ¿cómo estás, Joe?

—Yo bien, yendo a mi trabajo allá en la escuela que está a unas cinco cuadras.

—Se me olvidó por completo que eras maestro.

—No pasa nada, ¿dónde trabajas tú?

—¿Yo? En ese restaurante de ahí, soy mesero, pero este mes no me está yendo nada bien y, si quiero vivir de eso, tengo que hacer lo posible para que le vaya mejor al restaurante.

—¿Vivir de mesero? Pensé que tu sueño y meta de vida era la música.

—Lo era, pero poco a poco perdí las esperanzas de poder grabar al menos un demo. Creo que debo ser realista y apegarme a lo que realmente soy capaz de hacer.

—Pero… ¿y el hombre que nos ofreció ser nuestro manager?

—No quiero que se hagan ilusiones, que sea nuestro manager no asegura nuestro éxito, y además se ve que es igual de fracasado que nosotros. He pensado y no sé si realmente debemos de aceptarlo.

—Lo sé. Yo tampoco estoy seguro de eso, pero es nuestra única oportunidad de salir adelante. Pero, lo bueno es que, si no lo logramos, no perdemos nada.

—Tal vez tengas razón.

Richard despertó unas tres horas después de que Paul y Joseph llegaran a su trabajo. Lo primero que hizo fue hacer muchas más llamadas telefónicas hacia disqueras para poder obtener al menos una propuesta para The Twins, cosa que no logró.

Entonces decidió quedarse dormido hasta que fuera la hora de la reunión con los padres de los chicos.

William, en ese momento, estaba sentado y desayunando en el comedor de su casa para encaminarse a la universidad, en la cual sus padres habían gastado alrededor de todos sus ahorros de vida solo para darle a William un mejor futuro que no fuera la música, porque, en palabras de ellos, eso era solo un pasatiempo que no te puede dar suficiente dinero como para vivir.

Julian seguía dormido sin ninguna señal que indicara que despertaría pronto, ya que él nunca tuvo la oportunidad ni los deseos de estudiar. Sus padres estuvieron de acuerdo con el trato de que, cuando cumpliera los 19, se iría de su casa. Lamentablemente, esa fecha ocurriría en únicamente un mes y medio.

El padre de William se sentó junto a él, cruzó las piernas, se puso los lentes de lectura y empezó a leer el periódico de ese día que estaba en la mesa, enrollado.

William estaba a punto de contarle del nuevo probable manager, aunque él sabía que sería un fracaso y probablemente acabaría en gritos y la icónica frase de su padre: “Me decepcionas, hijo… queríamos que formaras un futuro estable, pero tú insistes en desperdiciarlo en eso”. Entonces William simplemente decidió no hacerlo y esperar hasta que saliera de su escuela para formular mejor las posibilidades.

Al contrario de los padres de William, los padres de Julian eran mucho más permisivos con su hijo, mientras eso tuviera que ver con el futuro de Julian. Por lo que Julian no estaba nada preocupado por la firma de sus padres.

William sabía que, si no lograba convencer a sus padres, estaría fuera de la banda y lo reemplazarían por otro guitarrista líder que probablemente lo superaría. Y si es que la banda llegaba a ser famosa, él no quería que la gente en unos sesenta años lo recordara como el que nunca llegó a ser un Hi-Hat.

El padre de Joseph ya tenía en cuenta eso y estaba dispuesto a firmar el contrato, con la promesa de que ellos lograran llegar a la grandeza y fama que ellos tanto desean.

Pasaron ocho horas desde aquel desayuno. John, el padre de William, lo esperaba afuera de su universidad para acompañarlo en el camino a casa y, de paso, comprarle el regalo del cumpleaños número quince a su hermana menor. Si él tenía una oportunidad para poder preguntarle a su padre, era en ese momento.

—Hey, papá, ¿cómo estás? Te quería hacer una pregunta importante.

—¿Qué pasó, Will?

—Ayer estaba tocando con la banda como lo hago diariamente en las noches y…

—¿Otra vez con la banda? Ya me tienes genuinamente harto. La banda no te llevará a absolutamente nada bueno. Podrías estar estudiando en las noches… pero prefieres desperdiciar tu maldito tiempo en tocar en ese horrible lugar.

—Esa pérdida de tiempo nos podría dar otra casa.

—Supongo que en una caja de cartón.

—Bueno, necesito que vengas hoy a uno de nuestros shows, te quiero mostrar a la banda.

—Eso puedes irlo olvidando —aseguró John con autoridad, que inmediatamente hizo que William se detuviera por un segundo y bajara la mirada—. Tú terminarás tu carrera en la universidad y serás un gran doctor, ¿me oíste bien?

—Sí, pero quiero que vengas a uno de mis shows y que conozcas a un tipo que quiere representarnos y ser nuestro manager.

—No me vengas con esas estupideces, eso no te llevará a nada.

—Siempre el mismo maldito argumento, ¿no hay ninguna otra razón por la que no quieras que sea un músico exitoso?

—Porque tu mamá y yo gastamos todo para que tengas la vida que queremos para ti.

—Solo dale una oportunidad a lo que ese hombre tiene para ofrecernos, por favor.

John guardó silencio durante unos segundos. Continuó caminando mientras miraba hacia el frente.

—Está bien, hijo… iré.

William levantó la mirada.

—¿De verdad?

—Sí. Pero si ese hombre no puede demostrarme que esto es algo más que una pérdida de tiempo, renunciarás a la banda.

William dudó durante unos segundos.

—Está bien… acepto.

 

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