Hace ya bastantes años, mientras permanecía ingresado en el hospital, recibí una carta firmada por las amigas que hice durante la preparatoria. Sin embargo, soy completamente incapaz de recordar algo sobre ellas.
Aunque Kaju haya intentado explicármelo en reiteradas ocasiones, el simple hecho de escuchar alguno de sus nombres me desencadena un dolor insoportable de cabeza.
«Yanami, Komari, Yakishio, Shiratama...». Rostros y vidas que se han borrado de mi memoria para siempre...
"No te fuerces por recordar, sólo continúa con tu vida", fue el único consejo que el médico del hospital me soltó, pero aquello me resulta del todo imposible. En lo más profundo de mi cuerpo persiste la certeza de que tarde o temprano llegaré a conocer la verdad.
TRAUMA
El sobre sigue intacto. Con mis manos temblorosas y ardiendo en fiebre, apenas puedo sostenerlo; Kaju me lo arrebata apenas nota mi mirada y baja de inmediato al primer piso.
Solo logré lanzar un agotado suspiro.
Es una agonía estar postrado en cama, me duele pasar las horas contemplando el techo, atrapado en los pensamientos. Me siento como un estorbo en este lugar.
«Quizás lo mejor sea irme de aquí...»
Cuando todavía no era plenamente consciente de mi estado, mis padres aceptaron las secuelas de mi trauma. Intentaban hablarlo conmigo mientras iban de visita, pero todo aquello terminaba en un enredo incomprensible; en aquel momento pensar era una tortura y apenas alcancé a asimilar lo básico.
Lagunas de memoria, confusión constante, cambios drásticos de humor... secuelas que van rompiéndote hasta dejarte convertido en un simple cascarón vacío.
El médico me advirtió que mi cerebro no resistiría más impactos; el tercero fue el que acabó ingresándome en aquel hospital, y de los dos primeros no tengo el menor recuerdo.
Desde ahí, los días se consumen en una monotonía aplastante...
MONOTONÍA
Anoche Kaju no vino a traerme la cena como acostumbra. En medio de un silencio absoluto, noté que la casa estaba vacía; la familia entera había salido y nadie atendió mis llamadas. Tal vez simplemente optaron por abandonarme.
Lleno de rabia, comencé a gritar y a golpear la pared violentamente hasta hacerme daño en los puños, pero nadie respondió. Casi de inmediato, una punzada atravesó mi cabeza mientras mi estómago rugía desesperado por alimento: dudé sobre cuál de los dos dolores terminaría por doblegarme primero.
Traté de ponerme en pie, pero mis piernas débiles y temblorosas cedieron en el primer acto. Caí directo al suelo y no tuve más remedio que arrastrarme como un gusano, insignificante, indefenso y expuesto a ser aplastado por cualquiera, incluso por mis propios pensamientos.
Al llegar al borde de las escaleras, un mal agarre me arrojó sin piedad hacia la oscuridad del primer piso. Busqué ponerme de pie una vez más, moviendo las piernas con desesperación, pero mi cuerpo simplemente se negó a obedecer.
Terminé tirado sobre el suelo cubierto de polvo. A través del ventanal, la escasa luz del invierno se filtraba mansamente, proyectando sombras sobre la mugre fría que parecía colarse desde la calle.
Con las últimas fuerzas me arrastré hasta la mesa y, apoyándome en una silla, logré erguirme lo suficiente para alcanzar un par de frutas, las cuales mastiqué salvajemente sin pensarlo dos veces.
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Poco me importa tener las manos sucias, cuando el hambre llega a mi cabeza, lo demás me deja de importar. Mis memorias están borradas y, junto a ellas, quizás, también mi orgullo.
La brisa helada colándose por la ventana me hiela la piel. La cabeza me retumba y el vacío me domina, pero al menos mi estómago al fin guarda silencio. Estiré mí brazo buscando una servilleta al extremo opuesto de la mesa; no me importa el riesgo de caerme al suelo otra vez, me volvería a levantar de todas formas.
Si mis piernas quieren.
Toque un par de veces sin mirar, y, de un momento a otro, una fiebre sofocante me devoró por dentro. Una llamarada que supera cualquier hoguera recorre por todo mi cuerpo; siento cada partícula de mi ser llegar a un punto crítico de ebullición.
Mis ojos se posaron en aquel objeto con profundo desprecio y repulsión...
«La carta...». está abierta.
Algún intruso se atrevió a leerla. Un estremecimiento helado recorrió mi espalda y el sudor me empapó la piel de nuevo.
Toc, toc, toc.
El reloj del salón resonaba pesado dentro de mi cráneo, volviéndose un martilleo denso y pesado.
Toc, toc, toc.
Aunque mi mente lucha por evitarlo, la vista me traicionó por completo.
"Nukumizu-kun"
Apenas fijé la mirada, mis párpados cayeron pesados mientras un zumbido agudo ensordeció mis oídos. Busqué escapar del malestar, pero mis fuerzas fallaron y me derrumbé otra vez contra el suelo.
"Nukumizu-kun"
"Nukumizu-kun"
"Nukumizu-kun"
"Nukumizu-kun"
"Nukumizu-kun"
"Nukumizu-kun"
"Nukumizu-kun"
"Nukumizu-kun"
—¡Nukumizu-kun, despierta!
Al abrir los ojos nuevamente, una luz enceguecedora me nubló por un momento. Esa voz me resulta conocida, pero por más que lo intento, no consigo identificarla...
—Oye, ¿logras verme?, ¡di algo!
—¿Quién es...?
—¡Menos mal, creí que no reaccionarías!
—¿Cómo...?, ¿Qué...?
Frente a mí apareció el rostro de una joven de cabello azul, al borde del llanto y con una mirada cargada de angustia. En la parte superior de mi cabeza percibí una sensación húmeda.
—¡No te muevas, iré a buscar a Konuki-sensei!
Sus manos se retiraron de mi cuerpo, dejándome medio reclinado junto a la pared mientras ascendía las escaleras apresurada y en pánico.
Baje mi cabeza para examinar mi ropa: llevaba puesto el uniforme de un estudiante de instituto, corbata verde, pantalones grises y... Mis piernas recobraron su movilidad —milagrosamente—, y obedecieron de nuevo, aunque la incómoda humedad se expandió ahora por mi espalda.
Alcé despacio mí mano para palpar la zona. La sustancia que empezó a manchar mi pantalón no era agua ni nada denso que conocía; poseía un tacto diferente, algo... viscoso.
Y, al observar mis dedos, lo comprendí.
Era sangre.
Una gota cayó directamente en mi pantalón.
Me eché hacia atrás instintivamente.
Haciendo un gran esfuerzo, me puse en pie y descendí los escalones con precaución.
«¿Quién era esa chica?»
Mi pulso comenzó a acelerarse. La resplandeciente claridad del mediodía iluminaba el corredor frente a mí; sin embargo, al girar la cabeza vi cómo una sombra espesa lo devoraba todo en cuestión de segundos. Apresuré el paso hacia el fondo y doblé la esquina del pasillo, solo para darme cuenta de que había llegado a un callejón sin salida.
Traté de seguir adelante, golpee la pared —aunque la manchase con mi sangre—, pero la estructura únicamente continuó deteriorándose hasta verse completamente abandonada. En el exterior, la tiniebla de la noche me impedía distinguir algo, hasta que, tras un rápido pestañeo, comenzó a caer la lluvia.
«¿No se supone que ella volvería con un profesor?, este sería el momento adecuado...»
Al voltear la mirada, la pared que me cerraba el paso se había esfumado, dejando ver de nuevo el mismo pasadizo. Exhalé un suspiro y prosigo mi andar en la penumbra, sin expectativas ni un destino claro, acompañado únicamente por el eco de mis pasos.
Caminé junto a un aula vacía y después ante la sede de un club deportivo. En comparación con el frío anterior, el lugar me crea sensaciones familiares. Aunque la humedad abandonó mi espalda, una punzada dolorosa se apoda de mí: nace en mis dedos, se extiende por el antebrazo y alcanza mi hombro.
Como si fuera un anticipación a...
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii....
El sonido me embiste una vez más. Me tapo las orejas desesperadamente, pero es inútil: la sangre comienza a brotar de todas formas. Desde el suelo emergen miles de agujas médicas, cubiertas de óxido y sangre mugrienta, buscando trepar por mis piernas. Sin atreverme a mirar atrás, echo a correr.
Procuré apartar la mirada de aquello que me acecha a las espaldas. En absoluto silencio, intenté doblar por cada intersección que encontré, hasta terminar nuevamente cerca de las escaleras donde había despertado hace un rato. Sobre el suelo, el charco de mi propia sangre ya se había secado.
Crrrrshhh...
Mis piernas comenzaron a retroceder de manera involuntaria mientras una opresión me resurge dentro del pecho. ¡Dios, tengo que salir de aquí! Busqué desesperadamente una vía de escape, pero el lugar se había transformado en una autentica cárcel sin ventanas.
El sudor frío me cubrió la piel y un temblor incontrolable se apoderó de mi cuerpo; finalmente, un grito desgarrador se me escapó cuando una mano me sujetó firmemente del hombro.
—Qué sorpresa. ¿Está tomando sus pastillas, Nukumizu-san?
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Sentí el cuerpo totalmente helado tras haber regresado al frío suelo del primer piso. Aunque mis pies volvieron a responder con normalidad, el temblor persistente de aquella pesadilla siguió fluyendo por todo mi ser, haciéndome avanzar con torpeza, igual que en mis primeros años de vida.
Sin más objetos que la carta guardada en el pantalón, me bañé entre lagrimas, me vestí rodeado de la soledad y abandoné mi hogar. El helado viento nocturno me acogió desprovisto de todo afecto, pero no me importaba nada más: solo necesitaba respuestas.
.
Avancé en línea recta; ya no me quedan más caminos que elegir.
La calle vacía se extiende ante mí mientras camino solo. A estas horas, todos deben de descansar en sus casas. Tras haber permanecido dormido mucho más tiempo de lo habitual, conservo la energía suficiente para intentar sobrevivir un poco antes de morir.
Ojala esto no sea más que un Karma de mí pasado.
.
Kaju suele decir que solía fascinarme leer novelas ligeras. Sin embargo, no me explico la razón: me basta con dar un vistazo a los nombres para intuir que la historia caerá en los mismos clichés de siempre.
"Perdí la memoria y a mi hermana..."
"Mi hermana, la que tiene bipolaridad..."
Sin embargo, ya nada es un cliché cuando le sucede a alguien en la vida real, en especial a mí.
Atrapado dentro de mi propia mente, ahora entiendo a los personajes de aquellas novelas, que buscan una razón para recordar. Tal vez lo único que busco es que alguien logre entenderme, que sienta un poco de empatía por alguien como yo.
.
Al alzar la vista, una enorme estructura emergió ante mí, haciendo que me detuviera de golpe. En el bolsillo percibo un sutil cosquilleo, una vibración que despierta mi curiosidad por saber qué ocurriría si la tocara; sin embargo, me resisto, pues mi mente comprende bien cuán intenso sería el ardor.
"Perdóname, por favor..."
Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii....
Si quiero respuestas, no me queda otra más que entrar.
.
El interior está sumido en la mugre. Kaju, que estudió en este lugar —un poco después de internarme en el hospital—, ella me aseguró que la edificación estaba abandonada y que la destruirían este año para construir algo nuevo.
No le creo nada.
Un dolor punzante comienza a retumbar dentro de mi cabeza. La nieve empieza a caer por afuera y el frío se esparce por los alrededores, pero yo sigo sudando; siento el cuerpo arder, ¿será fiebre?
"TU CARA ESTÁ ROJA"
Aquel susurro me erizo el cuerpo; me aparte de golpe a la pared, pero donde creía que había una estructura solida, no había nada, termine cayendo sobre el suelo.
En esta penumbra, la luz de la luna es lo único que me guía... me encamina directo hacia mi propia autodestrucción mental.
.
Paredes repletas de grafitis delatan que alguien más ya estuvo aquí.
Entre los escombros hallé una mochila destrozada que conservaba un par de objetos: un teléfono antiguo, una linterna pequeña y algunas pastillas.
Gente enferma, supongo...
Encendí la linterna al mismo tiempo que guardaba el resto de las cosas en mis desgastados y rotos bolsillos, rogando que nada se cayera. En ese instante, alcancé a notar por el rabillo del ojo un tenue rastro de tinta negra.
"NOVV-VRIL, ES LA RESPUUUUESTTTTAAA"
Es la frase que descifre a lo largo del muro...
...
Aquel líquido no es más que sangre seca, acumulada allí desde hace mucho tiempo. No hay rastro de que sea reciente, y, extrañamente, no sé por qué me invade una sensación de alivio.
Avanzo a lo largo del estrecho pasillo. A mi paso veo mesas y sillas derribadas, acompañadas por huellas sepultadas bajo una densa capa de polvo oscuro. Me domina la impresión de estar reviviendo una experiencia pasada. Al final, doy con unas escaleras.
...
¿Quién anda ahí?
En el primer descanso de los peldaños me parece distinguir a alguien vestido con uniforme escolar, luciendo una expresión desconcertada y sangre manándole de la cabeza. Aunque aún respira, su mirada está completamente ausente. Su rostro me resulta conocido.
En un abrir y cerrar de ojos, la figura se esfuma. Perfecto, ahora también sufro alucinaciones.
Brrrrrzz
De pronto, noto una vibración proveniente del bolsillo del pantalón.
Brrrrrzz
Saque de mi bolsillo el viejo teléfono móvil que guarte antes. Al encenderlo, la luz de una llamada entrante ilumino débilmente mi rostro. Las manos me traicionan, pero sé perfectamente que ya no hay marcha atrás.
Acepte la llamada.
—...
vasdasdascxcxcz.—
Solo hay interferencia en mis oídos...
—Si no hay...
Intento hablar, pero mi voz suena apagada, ensombrecida por el caos dentro de mi mente.
¡OYE!—
¡¿POR QUÉ ME IGNORAS?!—
Termine estrellando el teléfono contra el suelo; sin embargo, la pantalla permanece encendida.
La voz retumba sin cesar.
«Tengo que huir de aquí».
Intento moverme, pero mis piernas no responden.
¿ACASO INTENTAS COMPRAR ARENA?—
¿PARA TU ESTÚPIDO RELOJ?—
¿Arena?
¡¿De qué demonios hablas?!
Eché a correr a ciegas y ahora no sé dónde estoy. La oscuridad de la noche es absoluta, apenas distinguiendo el camino bajo mis pies. Ráfagas de recuerdos borrosos cruzan por mi mente: pasillos vacíos, salones de clase, áreas de clubes y, al final del camino, la enfermería.
...
Un momento...
¿Acaso ya había estado en este lugar?
...
Tumb Tumb
Tumb Tumb
Tumb Tumb
Tumb Tumb
Tumb Tumb
Siento la cabeza retumbar como un tambor y el corazón latiendo locamente; intento descifrar cómo hacer que la sangre vuelva a fluir hacia mi cerebro. Tengo la certeza de haber visto esto antes en algún sitio...
Pero, ¿en dónde?
—Qué sorpresa, Nukumizu-san. ¿Se está tomando sus medicinas?
Una voz repentina me trajo de vuelta a la realidad. La enfermería ante mí parecía un destino tan próximo y, al mismo tiempo, inalcanzable.
—Doctor, ¿Q-Qué hace a estas horas por aquí?
«Esa no es mí...»
—Solo estoy... bueno, echándole un ojo a los expedientes de mis pacientes...
Un silencio denso se apoderó del espacio.
Cada palabra me hacía estremecer las piernas y temblar la boca, pero mis manos se movieron por instinto, apoyándose en la pared para sostenerme y evitar que me desplomara.
—S-sí, doctor, aunque...
«¿Aunque qué?»
Al alcanzar la puerta, la empujé apenas un poco y me asomé con sigilo.
—N0 M3 D1GAS QUE TERM1NAST3 EL NVVOROIRIROL QU3 T3 D1.
A pesar del vacío en el lugar, un enjambre de voces me hostigaba el pensamiento.
Entré dejando la puerta abierta tras de mí y contemplé el suelo inundado de pastillas desparramadas, cajas deshechas, frascos vacíos y botellas de jarabe...
¿De verdad esto es una enfermería?
¿Por qué razón cada uno de ellos lleva marcado exactamente el mismo símbolo?
"NOVV-VRIL, ES LA RESPUUUUESTTTTAAA"
Cada vez siento menos deseo de contemplar las paredes. ¿Qué significa Novv-vril?
La luz de la luna vuelve a iluminar una mesa situada frente a la ventana, donde descansa un sobre. Intento moverme en absoluto silencio para no alertar a quienquiera que ande por aquí. Huir resulta impensable, pues saltar desde un segundo piso podría ser mortal.
El sobre se halla cubierto de polvo. Trato de no ensuciarme las manos, aunque es una causa perdida. Enciendo la linterna y logro divisar algunas letras, pero...
Al extraer la hoja de su interior, me percato de que una esquina exhibe sangre seca, y una honda repulsión me invade. De pronto, las palabras parecen flotar libremente por toda la habitación.
"Kazuhiko Nukumizu
Paciente
...
100%"
80%
70%
60%
50%
—Parece que vas recuperándote poco a poco, Nukumizu-kun. Me da la impresión de que estás a mitad del tratamiento.
Aún sentado en la cama, me coloqué una pequeña venda justo sobre la marca punzante que había dejado la aguja...
—¿Usted cree? —respondí vacilante.
Poco a poco, los dolores de cabeza empiezan a ceder. Aquella opresión constante deja de atenazarme para convertirse en el tenue ritmo de un reloj:
Tick
Tack
Ya no me tiemblan las piernas ni me zumban los oídos.
Me siento... bien.
—Esta ya es tu segunda caída, Nukumizu-kun. A veces me cuestiono cómo te las arreglas para darte un golpe en la cabeza dos veces en un solo mes.
—A mí también me gustaría entenderlo...
Con la molestia del brazo ya cegada, comencé a vestirme despacio: me abroché la camisa, me puse la chaqueta y, finalmente, me ajusté la corbata.
—Ten, aquí tienes la ración correspondiente a esta semana, je, je. Procura que no se te agote esta vez, aunque conservo un reserva guardada por si acaso.
Me entregó un empaque pequeño cargado de píldoras de matices grisáceos, en cuyo borde destacaba el nombre «NOVRIL».
—Todavía me cuestiono qué quería decir...
—¿El qué?
El médico pausó el trazo sobre su tablilla de madera para atenderme. Lo medité un instante, pero me pareció oportuno actuar con franqueza por una vez.
—El «NOVRIL»... ¿sabe lo que significa?
Volvió a centrarse en su tabla de apuntes, anotando como si me dejara hablando solo. Solté un suspiro de desánimo y sujeté mi equipaje dispuesto a salir, cuando sus palabras me frenaron en seco.
—Se refiere al Nido de Oportunidades, sumado al Valor, Respeto, Inspiración y Lealtad que eso conlleva, acuérdate bien.
En ese instante comenzó a vibrar mi teléfono: los integrantes del club de literatura me reclamaban para el encuentro de hoy.
—Deberías apresurarte, las chicas de tu club necesitan a su presidente, ¿no?
—S-sí... Hasta luego, doctor...
Un escalofrío me recorrió la espalda. Jamás le mencioné que el club estuviera integrado por chicas, considerando además que apenas se unió hace un par de semanas...
Tal vez... solo lo dedujo tras revisar el registro de datos del instituto.
Si... tal vez.
...____...
"Kazuhiko Nukumizu, paciente afectado al 100% con el uso de NOVRIL, se prohíbe estrictamente suministrarle más"
Mis dedos tiemblan al recorrer la hoja. Los trazos... reconozco esa caligrafía... es la misma del doctor...
Son los mismos trazos, el mismo nombre del producto; todo lo demás se ha perdido.
Las letras inferiores resultan ilegibles, carcomidas por años de abandono. ¿Qué clase de lugar es este en realidad?
Hago un esfuerzo por descifrarlas, pero es inútil. Al darle la vuelta a la página, descubro que el reverso estaba en blanco, salvo por una serie de anotaciones manuscritas.
¿Pero qué significa esto?
"Si alguien cuestiona el significado de NOVRIL, seleccionen cualquiera de estas alternativas y colóquenla dentro de una oración creíble:"
Nueva Oportunidad Vida Respeto Inspiración Luz
Nuestra Onda Va Rumbo a Inclusión y Libertad
Nido de Oportunidades, Valor, Respeto, Inspiración y Lealtad
"Manténlo presente: ves lo que otros ignoran. Despiertas a quienes permanecen dormidos. Kazuhiko Nukumizu es la prioridad absoluta; aún duerme. En caso de que despierte, notifique de inmediato a todas las autoridades."
LARGA VIDA A NOVRIL
NOVRIL
NOVRIL
NOVRIL
NOVRIL
NOVRIL
NOVRIL
Núcleo de Observación y Vinculación para la Investigación de la Lucidez
...
Termine sobre el suelo, con el cuerpo completamente entumecido. Este lugar me resulta escalofriantemente memorable. De pronto, la sola mención de Novril activa una respuesta visceral en mi organismo... lo recuerda, reacciona a ello.
¿Qué demonios me está pasando? La agonía es insoportable y mi resistencia ha llegado al límite; mente y carne demandan la misma sustancia. ¡Necesito Novril, lo necesito ya! Miro en derredor, pero el entorno permanece inmutable. Intento levantarme y colapso. Lo intento una vez más, golpeando mis piernas inutilizadas.
Sin importar dónde me encuentre, la exigencia física es absoluta y el dolor pasa a ser irrelevante: NOVRIL ES LA ÚNICA SOLUCIÓN. Me arrastro por el suelo, gimoteo hasta encontrar un pequeño bolso lleno de ceniza, lo abrí, y empecé a llorar.
Me administro cinco, diez pastillas. Luego dos inyecciones: una directo a la vena del cuello, la otra al brazo. El tormento no cede, así que repito la dosis. Las fechas de caducidad son simples números insignificantes; aunque expiraron hace un par de años, su efecto aún perdura.
Conforme la punzada empieza a disminuir, se confirma mi certeza: NOVRIL ES MI SALVACIÓN. Dos píldoras más. Una inyección clavada en el muslo; otra en el abdomen. NOVRIL ES ESENCIAL.
...
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Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
El incesante tic tac del reloj retumba en mi cabeza como una tortura sofocante. Esta opresión alimentada por una irritación profunda despierta mi furia, consumiéndome, repugnándome y arrastrándome inexorablemente hacia la violencia.
...
..
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Siento cómo el miedo me va envolviendo lentamente.
Había logrado olvidar la pestilencia pútrida a muerte que emana de este lugar. Estar en un hospital me provoca intensas náuseas; solo me sirve para recordar lo nulo de mi propio valor. No soy más que un cascarón vacío procurando hallar una cura... una cura que consiste en...
...
Me parece que he vuelto a caer. Aunque mi familia me dejó a mi suerte, aún le tengo cariño, desconocen mi paradero actual por lo que será difícil encontrarme. Me pregunto si aventurarme a investigar fue una buena decisión, no sé dónde me encuentro exactamente, aunque esta peste resulta inconfundible.
...
El viento sacude débilmente las cortinas en las ventanas. El ambiente que respiro está impregnado de estiércol, de metal oxidado... despide un hedor a...
NOVRIL...
Al abrir los ojos, me tope de inmediato con la cubierta del techo, teñida de un blanco nauseabundo. Al girar el rostro hacia la derecha, confirmo la presencia del viento que creí escuchar instantes atrás; sopla junto a una cortina sucia, deshilachada y empapada.
Al dirigir la mirada hacia la izquierda, contemplo mi brazo. La vía intravenosa instalada en él no administra sangre, sino una sustancia aborrecible. Muevo la extremidad por pura inercia, anestesiado ante el punzante dolor de la aguja. ¿Qué clase de fluido se infiltra en mi cuerpo? De pronto, el contenedor plástico sucumbe y se rompe, dejando caer un denso líquido negro que se esparce por el suelo liberando una hediondez insoportable.
Aparto la cobija con gestos torpes y me incorporo al borde del lecho. Una sensación profundamente perturbadora me invade.
"NOVRIL ES LA RESPUESTA"
Aquella frase se ha incrustado en mi cabeza. Intento pestañear para disiparla, pero permanece estática, proyectada sobre las paredes, el piso, el cielo raso e incluso marcada en mi propia piel.
Sigo sin descifrar la naturaleza del Novril. ¿En qué clase de ser me he convertido?
Me pongo de pie vacilante, buscando sostén en el entorno. Mis extremidades inferiores responden con debilidad, pero es mejor que nada.
¿A qué se debe esta atmósfera de desolación?
«¿Valdra la pena gritar?»
Inspecciono el recinto tratando de hallar una explicación. Guarda semejanza con la sala de cuidados intensivos de un hospital, aunque carece por completo de su esencia habitual. Tampoco logro comprender...
¿Qué significa esto?
Distingo una nota pegada en el pie de la cama que lleva escrito mi nombre.
Paciente: Kazuhiko Nukumizu
Estado: Crítico, con grave compromiso mental.
Diagnóstico: Traumatismo Encefalocraneano, según exámenes e historial médico.
Circunstancias del hallazgo: Encontrado a las 06:00 horas del XX/XX/XXXX, tendido fuera del hospital con pérdida significativa de sangre.
Observaciones:
Comunicación: Solo pronuncia "NOVRIL" al ser interrogado.
Advertencia: Se desaconseja la comunicación directa con el paciente debido a su estado de peligrosidad.
Hallazgo inusual: Presenta sangre de color negro y textura viscosa, característica nunca antes documentada.
Empujé la puerta bruscamente, y la escena confirmó mis peores sospechas, ante mí se extendía un suelo asqueroso, el techo lucía manchado de sangre y las puertas metálicas se encontraban devastadas por el óxido.
NOVRIL me había arrastrado al mismísimo infierno.