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El día

Ren debe saber amar · por donhystex · 25 de julio de 2026

CAPITULO 7: EL DIA

​El sol de la mañana iluminaba el pasillo de la preparatoria. La noticia del "evento" no se había filtrado gracias al secretismo del grupo, pero el aire en el salón de clases se podía cortar con un bisturí.

​Ren estaba sentado en su escritorio. Su apariencia era, como siempre, pulcra y perfecta, pero sus ojos delataban que había pasado la noche entera en vela analizando diagramas de flujo de relaciones humanas.

​La puerta del salón se abrió.

​Entraron Rin y Aoi casi al mismo tiempo. Ambas se detuvieron frente al escritorio de Ren, cruzándose de brazos y mirándolo fijamente con una determinación inquebrantable.

​—Bien, Fujimoto —dijo Rin con voz firme pero con las mejillas ligeramente sonrojadas—. El intermedio comercial terminó.

​—Llegó la mañana, Ren-kun —añadió Aoi con una sonrisa desafiante y llena de energía—. Estamos listas para escuchar tu respuesta.

​En la puerta del salón, Danx, Alex y Peter asomaban las cabezas, listos para presenciar el momento histórico.

​Ren cerró su libreta con lentitud, respiró hondo y se puso de pie, mirando a ambas chicas a los ojos...

El silencio en el salón de clases se volvió tan denso que ni siquiera el suave murmullo del viento afuera se atrevía a interrumpirlo.

Ren permaneció de pie frente a Rin y Aoi. Acomodó su corbata con una parsimonia absoluta, cerró los ojos y dejó escapar un suspiro hondo, cargado de una gravedad casi trágica. Su rostro lucía sumamente serio, maduro y melancólico.

—Rin-san... Aoi-senpai... —comenzó Ren, con una voz profunda y ceremoniosa—. He pasado toda la noche analizando sus palabras, sus acciones y el impacto de sus sentimientos.

Rin apretó los puños contra su falda, conteniendo el aliento. Aoi tragó saliva, manteniendo la postura pero con la mirada fija en los ojos de Ren.

—Rin-san —continuó Ren, mirando a la representante—, tu dedicación, tu elegancia, la forma en que cuidas el orden y el inmenso valor que tuviste para superar tu timidez y decirme lo que sientes... es algo que me conmovió profundamente. Y Aoi-senpai... tu pasión indomable, tu honestidad directa, tu luz y la energía con la que me impulsas a salir de mi zona de confort... son cosas verdaderamente maravillosas. Ambas hicieron un esfuerzo gigantesco. Ambas son mujeres increíbles, únicas y especiales a su propia manera.

El ambiente se volvió amargo. Las expresiones de ambas chicas comenzaron a decaer al notar la tristeza en el tono de Ren.

—Sin embargo... —Ren bajó la mirada, cruzando los brazos con una sombra de pesar en el rostro—. No puedo elegir solo a una de ustedes.

Rin sintió que se le oprimía el pecho. “Nos va a rechazar...”, pensó, sintiendo que los ojos se le cristalizaban.

Aoi bajó los hombros, esbozando una sonrisa triste. “Vaya... así que este es el final...”.

En la puerta del salón, los tres chicos contenían el grito.

(Pensamiento de Danx: "¡No me la creas! ¡Las va a rechazar a las dos de un solo golpe! ¡Qué manera de tirar todo a la basura!").

(Pensamiento de Peter: "¡Mi corazón de shipper no puede soportar esta tragedia! ¡Ren, recapacita!").

—Efectivamente —continuó Ren, levantando la cara con una serenidad pasmosa y hablando con la mayor naturalidad del mundo—. Si elijo a una, la otra sufrirá una pérdida emocional inaceptable, generando un déficit de felicidad del 50%. Y si las rechazo a ambas por indecisión, la eficiencia total de todo el esfuerzo invertido en este trimestre caerá a un desastroso 0%.

Ren hizo una pausa, ajustándose la manga del saco como si estuviera dando una conferencia sobre microeconomía.

—Por lo tanto, tras evaluar todas las variables de rendimiento y bienestar mutuo... lo más eficiente, óptimo y equitativo es que salga con las dos al mismo tiempo.

...Click.

El cerebro de todos los presentes en el salón sufrió un apagón masivo instantáneo.

Rin se quedó congelada, con la boca entreabierta y los ojos abiertos como platos.

Aoi parpadeó una, dos, tres veces, inclinando la cabeza como si estuviera intentando descifrar un idioma extinto.

(Pensamiento de Ren: "Es la solución lógica perfecta. Lunes y miércoles para citas de logística y estudio con Rin-san. Martes y jueves para actividades físicas y recreativas con Aoi-senpai. Viernes de reunión general para balance de cuentas. Fines de semana alternados. Cero celos, máximo rendimiento, equilibrio perfecto. Soy un genio de las relaciones humanas").

—...¿Eh? —musitó Aoi, parpadeando torpemente—. Espera... ¿eso... eso se puede hacer?

—¡¿E-E-E-E-EH?! —el grito de Rin retumbó en todo el piso de la preparatoria, poniéndose roja como un volcán a punto de erupcionar—. ¡¿QUÉ CLASE DE LÓGICA DE DEMENTE ES ESA, FUJIMOTO?! ¡¿SALIR CON LAS DOS?! ¡ESO ES TRAMPA! ¡ES ILEGAL! ¡ES... ES...!

—Es la alternativa con mayor tasa de éxito y menor margen de conflicto, Rin-san —interrumpió Ren de lo más tranquilo, sacando una pequeña libreta—. Ya diseñé un horario equitativo para no descuidar los estudios de ninguna. Miren, aquí está el diagrama de flujo.

Aoi se acercó a mirar la libreta, completamente fascinada a pesar del shock.

—Vaya... hasta puso un color diferente para los días de entrenamiento... —murmuró Aoi, rascándose la mejilla, todavía procesando la locura—. Bueno... supongo que si no tengo que renunciar a ti... ni hacer sentir mal a Rin... ¿no suena tan mal?

—¡AOI-SENPAI, NO LO ALIENTES! —chilló Rin, cubriéndose la cara ardiendo con ambas manos, al borde de la combustión espontánea—. ¡ESTE TIPO ESTÁ COMPLETAMENTE LOCO! ¡ES UN SINVERGÜENZA PERFECCIONISTA!

En la puerta del salón, Danx se había caído de espaldas al suelo, riéndose de forma descontrolada sin poder emitir sonido por la falta de aire, mientras Peter se llevaba las manos a la cabeza.

—¡EL PROTOCOLO HAREM SE HA ACTIVADO DE LA MANERA MÁS ABSURDA POSIBLE! —susurró Peter en un estado de euforia pura—. ¡Usó la lógica matemática para proponer un harem y funcionó!

—Lo verdaderamente aterrador —agregó Alex, dando un tranquilo sorbo a su caja de leche— es que Ren no lo dijo por pervertido o conquistador... Realmente piensa que está prestando un servicio de atención al cliente impecable.

Ren guardó su libreta con una sonrisa cálida, elegante y diplomática, mirando a ambas chicas.

—Entonces, ¿tenemos un acuerdo de colaboración afectiva tríptica?

—¡CÁLLATE, IDIOTA! —gritó Rin, tirándole su libreta a la cabeza mientras el salón estallaba en el caos más absoluto del inicio de año escolar.

El cuaderno que Rin le había arrojado voló por el aire. Ren, impulsado por sus reflejos impecables, lo atrapó en el acto con una sola mano sin siquiera pestañear.

​Rin estaba a punto de gritarle otra serie de reclamos por su "lógica de robot pervertido", y Aoi aún intentaba procesar la idea de un horario compartido.

​Sin embargo, Ren bajó el cuaderno, dio un paso al frente y su rostro cambió por completo. La sonrisa diplomática y la expresión rígida de "asistente técnico" desaparecieron. Por primera vez desde que se conocían, los ojos de Ren mostraron una vulnerabilidad genuina, cálida y profundamente honesta.

​Miró a Rin, luego a Aoi, y habló con el corazón en la mano.

​—Rin-san... Aoi-senpai... por favor, escúchenme —dijo Ren con una voz suave, pero cargada de una seriedad absoluta—. Sé que probablemente suena como si solo estuviera intentando justificar esto con tablas de eficiencia, gráficos o excusas lógicas... pero no es así.

​Ambas chicas se congelaron al notar el cambio drástico en su tono.

​—La verdad... es que me gustan las dos —confesó Ren, sintiendo cómo sus propias mejillas comenzaban a arder con un leve rubor—. Me enamoré de las dos.

​Rin abrió los ojos de par en par, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones. Aoi dio un pequeño paso atrás, llevándose las manos al pecho.

​—Rin-san... me gusta tu dedicación, tu elegancia y la forma tan tierna en la que intentas ocultar tus sentimientos cuando te preocupas por mí. Y Aoi-senpai... me gusta tu energía inagotable, tu sonrisa sincera y la forma en que me haces sentir libre y vivo cada vez que estoy a tu lado.

​Ren bajó un segundo la mirada, apretando los puños con fuerza a los costados antes de volver a mirarlas fijamente a los ojos.

​—No puedo elegir a una... porque me duele el simple pensamiento de imaginar un futuro donde tenga que dejar ir a la otra. Sé que lo que estoy pidiendo es ridículamente egoísta. Sé que no es lo habitual. Pero se los prometo con toda mi alma: si me dan esta oportunidad, haré un esfuerzo sobrehumano todos los días de mi vida para quererlas, protegerlas y hacerlas inmensamente felices a las dos. No dejaré a ninguna atrás.

​(Pensamiento de Ren: "¡Aaaaaah! ¡¿DIOS MÍO, QUÉ ACABO DE DECIR EN VOZ ALTA?! ¡Eso salió directo de mi alma sin pasar por mi filtro de contención! Mi ritmo cardíaco está a 180 pulsaciones por minuto, mi temperatura corporal rozando los 39 grados. ¡Si esto sale mal, me mudo hoy mismo a la Antártida a vivir con los pingüinos bajo un nombre falso! ¡POR FAVOR, DIGAN ALGO O MI CORAZÓN EXPLOTARÁ!").

 

​El salón quedó sumido en un silencio total. La declaración no había sido un cálculo frío; había sido la confesión más pura y honesta de un chico que realmente no quería hacer sufrir a nadie.

​Aoi fue la primera en reaccionar. Su rostro estaba completamente rojo, pero una sonrisa enorme, brillante y llena de emoción iluminó su cara.

​—Ren-kun... eres un caso perdido, ¿sabías? —dijo Aoi, soltando una risita nerviosa mientras se rascaba la nuca—. Dices cosas tan vergonzosas con esa cara de chico serio... Pero... si me prometes de verdad que me vas a querer tanto como a ella... yo acepto. ¡No voy a renunciar a ti!

​Rin, por su parte, cubrió su rostro entero con ambas manos. El vapor parecía salir de sus orejas. Temblaba de la cabeza a los pies por la vergüenza, pero a través de sus dedos se podía ver la hermosa y radiante sonrisa de felicidad que no podía contener.

​—T-Tonto... —murmuró Rin con la voz ahogada y entrecortada—. Eres el tonto más grande del planeta, Fujimoto... Decir algo tan cursi y directo frente a todos... ¡Es una falta de respeto a mi salud mental!

​—Rin-san... ¿eso significa que...? —preguntó Ren, manteniendo su fachada serena a duras penas mientras su interior colapsaba de nervios.

​Rin bajó lentamente las manos, mostrando sus mejillas ardiendo en un rojo fuego, y lo miró con esa mezcla única de enfado y ternura pura.

​—¡Significa que más te vale cumplir esa promesa, idiota! —exclamó Rin, cruzándose de brazos y mirando hacia un lado—. Si vas a querer a las dos... no me conformaré con menos del 100% de tu esfuerzo. Si me descuidas un solo segundo por estar con Kurosawa-senpai, ¡te haré pagar!

​—¡Oye, que yo tampoco me voy a dejar ganar, Rin! —se rió Aoi, dándole un codazo amistoso a la representante.

​—¡C-Cállate, Kurosawa! ¡Esto es un acuerdo temporal de evaluación! —protestó Rin, aunque sin borrar su sonrisa

Danx, Alex y Peter estaban petrificados.

​—Mi hermano... acaba de usar el poder de la honestidad absoluta para establecer una relación triple en el primer mes de preparatoria... —susurró Danx, mirando al techo como si intentara descifrar las leyes del universo—. Definitivamente, la apariencia de chico perfecto es el arma más peligrosa de la historia.

​—Fue una jugada maestra de vulnerabilidad romántica —suspiró Peter, secándose lágrimas reales de los ojos con un pañuelo—. No usó excusas, asumió su egoísmo y prometió hacerlas felices a ambas. ¡Le doy un 10 de 10 en desarrollo de personaje!

​—Y así —concluyó Alex con su serenidad habitual, dando un sorbo a su caja de leche—, comienza oficialmente la caótica vida escolar de Ren Fujimoto. Que la suerte lo acompañe.

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