Saltar al contenido
Explorar novelas

Capítulo 4: Por alguna razón juego

Mi Hermosa Tragedia · por Jerova · 07 de agosto de 2026

--Yo elijo a Peach, ¿sí?

--Está bien, Lucía. Entonces agarraré a Ken.

Si ha supuesto que eran juegos del 2020, entonces ha jugado o al menos conocido esto... No debería confiarme contra ella.

Tras sobrepensar en lo que hará después, ella solo presionó todos los botones al azar.

--¡¡Te voy a aplastar, Gero!!

Al momento de escuchar eso, se cayó de la plataforma y perdió una vida. Solo me quedé a reír fuertemente. Para ser sincero, no pude evitarlo.

Ella comenzó a mirarme apenada, con sus hombros contraídos.

--Ahhh, ¡eso es trampa! ¡Quítate la vida tú también!

Me señala con el dedo.

--Un caballero querrá hacer una pelea justa, ¿no es así?

--Ok, ok, está bien. Voy a quitarme una vida.

Movía mi personaje al precipicio mientras con una mano intentaba secar mis lágrimas de tanta risa que me dio.

Al hacer eso, ella sonrió y miró la pantalla con un vigor insaciable.

Comenzamos a pelear hasta que la pantalla dijera: SE ACABÓ.

Lucía, frustrada, me miró con una cara casi de llorar.

--¿Qué? Pero si solo pasaron como dos minutos. Normalmente suele ser 4 o 5.

--¿Lo siento? En la siguiente podrás durar más.

¿Por qué se molesta si ella jugó horrible?

--Creo que solo tuve suerte. ¿Revancha?

Con una sonrisa forzada de maquiavelismo mientras se reía, me dijo:

--No, no, no. Primero cambiemos el mapa a Génova.

Se seguía riendo. Ya parecía retrasada... ¿Qué acabo de pensar?

--Luego pongamos a Sephiroth.

--Está bien, pero... ¿por qué exactamente al Sephiroth sin camisa?

Me vuelve a señalar cruzando su pierna y con una postura firme.

--No, no. Acá la verdadera pregunta es: ¿por qué no?

--Entonces yo seguiré con Ken.

Empezamos. Esperábamos durante el tiempo de carga. Ella, por alguna razón, se frotaba las manos.

--Esta vez sí no tendrás suerte.

Decía mientras seguía comportándose como una mosca con un vestido bonito.

Creo que me había pegado a mi orgullo porque lo primero que hice fue ir directo a ella.

Pero me lanzó un contraataque y me mandó volando.

--No, no, tonti. ¿No quieres disfrutar la pelea?

Me decía eso mientras hacía una burla en el juego, la muy maldita.

Continuamos. Ella mantenía la distancia con la espada de su personaje. Apenas podía acercarme. Bruce Lee estaría muy decepcionado de mí...

¿Ahora qué hago? ¡Piensa, maldición! Abarca como tres metros de radio...

Y si voy directo con un ataque Focus, podría amortiguar el primer golpe y romper su distancia.

Esperé los momentos adecuados para volver a la ofensiva. Pero cada vez que lo intentaba terminaba gravemente dañado. Intentaba spamear el Focus Attack en cada momento.

--Qué frustrante... —susurré.

Ella estaba tan feliz de ver cómo yo no podía tocarla que...

--Pam pam pam pam pam pam pam. Tara tara tara tara tara...

¿Está tarareando la música del juego? Suena bonito con su voz, pero...

Finalmente, por fin logré pegarle. Era mi única oportunidad para rematarlo y ganar.

Fui corriendo a por ella, pero...

¿Atacó directo hacia mí sin pensar en sobrevivir después?

No importa. Otro Focus Attack y...

SE ACABÓ. LA VICTORIA ES PARA...

--¡¡¡Sephiroth!!! Ajajay, perdiste.

Maldición, ese movimiento tan arriesgado no me lo había pensado. ¡Está loca!

Lucía continuó hablando.

--Bueno, bueno. Digamos que tú tuviste mala suerte esta vez.

Empezó a sacar la lengua en forma de burla.

--Oye, Lucía. Acércate un poco. Me está incomodando el tobillo.

--Oh, claro.

Se acerca hacia mí con extremo cuidado.

Aproveché el momento para darle un golpe en la frente.

--¡Au! Eso duele.

Cuando ella me miró con queja ante el golpe, se enfrentó a una cara más decidida.

--Lucía... una partida más.

--Está bien, Gero.

Agarra rápidamente el mando y luego se tapa la boca mientras se ríe.

--Parece que no vas a querer cansarte de perder.

Imitando la pose de Lucía, la señalo.

--No, no. Tu Sephiroth es fuerte, pero...

--¿Pero qué?

La televisión sonó en forma de réquiem para Lucía:

ESPADACHÍN MII

--JESÚS LO ES MÁS.

--¿Jesús? Gero, eso es trampa. No se vale.

Decía mientras hinchaba sus mejillas con fuerza.

--¡¡Eso es un Deus Ex Machina!! No, no. Cámbialo.

Sonreí, acariciando un poco mi tobillo.

--¿Tienes miedo de perder ahora?

--¡Eso nunca!

En el tiempo de carga esperamos. Esta vez un poco tensa.

Me estaba mirando fijamente.

¿Era un truco psicológico para desconcentrarme?

Empezamos la pelea de desempate.

SEPHIROTH VS JESÚS (espadachín Mii ._.)

Lucía al fin puso la mirada directa en la pantalla.

De nuevo fui directo a por ella a atacar de frente.

Hizo el contraataque para un ataque que nunca vino.

Estando al frente, al instante puse un contraataque.

Ella salió volando.

--¡Buahhh! Qué susto.

Fui rápido y lancé un tornado que Jesús saca de su espada.

No le dio, pero limitó sus opciones.

Hizo un doble salto para atacarme desde el aire.

Poco fue el tiempo para quitarle la primera vida con un ataque.

Ella estaba temblando. Quería poner sus uñas en sus dientes.

Reacciona al instante y se palmea la mano.

--Aún puedo ganar —susurró.

Comenzó a mirarme sacándome la lengua otra vez.

Demoré mucho en reaccionar y me lanzó una explosión que me mandó volando contra la pantalla.

--Gero, pensaba que eras ateo.

--¿Ateo? ¿Qué te hizo pensar en eso?

--Verás, no sé si lo escuché bien, pero en el hospital dijiste algo como:

Se preparaba en firmeza y agravaba la voz.

--"A veces lo que se le llama Dios simplemente es suerte. ¡Ajoy!". O algo así.

¿Me quiere distraer con algo tan poco relevante para este momento? No debo apagar mi fuego. Debo evitar cualquier error.

Mi cara cambió a una más relajada.

--Que dude de algunas cosas de Dios no significa que Dios no exista.

Lucía me responde con un silencio, pero asintiendo con la cabeza.

--Ahhhh... pensaba que tú creías que Jesús no existía. Por eso mi sorpresa.

Maldición, ya perdí otra vida...

--No me estás preguntando todo esto solo para desconcentrarme, ¿verdad?

Lucía pausa el juego.

--No, no. Para nada lo hago.

Decía mientras movía inquietamente sus manos de lados casi caricaturescos.

Suspiré, casi como si todo el estrés del momento se fuese.

--Dios y Jesús no tienen nada que ver.

Levanto el dedo señalando hacia arriba.

--Lo que dijo Jesús es simplemente otra filosofía más en este mundo.

Ella me copia el gesto también levantando el dedo hacia arriba. Esta vez agrega sobresaliendo sus dientes.

--Y por esho digho ñe Ñios ño eñishte y shi Ñeñus.

Decía mientras se reía.

¿Acaso le dio un nuevo tipo de traumatismo?

Nota de Gero del universo primario:
Ahí quería decir: "Y por eso digo que Dios no existe y sí Jesús."

Bueno, volvamos a este universo.

--No seas tan arrogante, Lucía.

Negaba con el dedo.

--Que diga que lo que dijo Jesús solo fue filosofía no significa que Dios no pueda existir.

Lucía, rascándose la cabeza, intenta procesar lo que yo había dicho.

--Ahh... creo que me va a explotar la cabezaaaa.

--Sí...

Dejo el control reposando.

--Muchas personas son ateas, pero son tantas las personas que las hacen que...

--¿Que ya no saben por qué son ateos? —dijo Lucía.

--¡Exacto!

Decía mientras sonreía de oreja a oreja.

--Muchos lo hacen por moda. Tal vez porque supuestos genios de la TV dicen que Dios no existe.

--Ahhh, ¿como Dr. House?

--¡Sí! Eres más lista de lo que pensabas.

Ella saca una sonrisa ligera al escuchar esas palabras que le dije.

--Ay, Gero. Muchas gracias.

--Después de todo, no sabemos si Dios existe o no. Es como decir que...

De pronto empezó a sonar algo terrorífico, como un monstruo despertando.

Era mi estómago.

Al sonar mi estómago, Lucía sacó una sonrisa. Casi como si estuviera viendo a un niño pequeño.

--Ay, ¿el bebé genio ya tiene hambre?

--¿Cómo me dijiste?

Simula demencia y cambia sus palabras.

--Te he dicho si tienes hambre. Voy a cocinar algo para ti, ¿sí?

--No, Lucía. No la hagas. En serio.

Lucía confundida pregunta:

--¿Por qué no? Jajaja, no cocino tan feo.

Lucía empezó a caminar de una vez a la cocina, pero vio una olla grande de comida.

Aun así insisto en que no lo haga.

--Gero, parece que tu mamá ya te preparó comida.

Decía mientras sacaba la tapa.

--Ohhh, y es lomo saltado.

--Sí, pero Lucía, en verdad no quiero comer eso.

--No seas maleducado.

Empezó a calentar la comida.

--Lo desprecias como si fuera lo peor del mundo.

He recordado tantas comidas de mi madre... Cómo hacía sus experimentos, cada plato más asqueroso que otro...

Aún recuerdo cuando casi le pone mayonesa a la sopa...

Me había levantado dando leves saltos para llegar a sentarme a la mesa.

Tal vez la comida no sea tan asquerosa.

Al menos así... mi madre y Lucía no se sentirán tan mal.

Esperando por la comida, el dolor de mi tobillo disminuyó.

--¡Listo!

Lucía me trajo el plato con muchos cubiertos innecesarios.

Ella se sentó frente a mí mirándome mientras apoyaba su mejilla en su mano.

--Vamos, Gero. Come.

Ella decía con ternura, casi como una madre a su hijo.

Agarré un tenedor con temblores. Mi mano titubeó y casi se me cae la comida.

Lucía sonríe acercándose un poquito más.

--¿Necesitas ayuda?

Yo solo cerré mis ojos.

Luego metí rápido la comida en mi boca. La tragué rápido y... solté el tenedor al suelo.

Puse mis codos sobre la mesa agarrando mi cabeza.

--Esto...

--¿Esto qué?

--Es mejor comer veneno para rata.

Me salió hasta una lágrima de lo asqueroso que es.

--¡Pero qué bebé tan vulgar!

--¡Que no me digas bebé! En serio fue asqueroso.

--No, no. Tú te vas a comer todo. Porque yo te lo calenté con mucho amor.

Ahhh, ¿no lo entiendes? Ni siquiera debió probarlo.

Ella agarra una cuchara y la pone enfrente de mi boca.

--A ver, di "Ahhh".

Yo alejé muy rápido mi cabeza de la mesa.

Ella se acercó más aun así, apoyando una de sus manos en la mesa.

--¡Lucía, por favor no!

Ella se empieza a divertir.

Intenta acercarse más hacia mí. Incluso sube su pierna sobre la mesa para aterrizar el supuesto avión.

Si estuviera en un juego... un problema de matemáticas... ¿cómo resolvería esto?

¡Ahhhhh!

Si como otra vez creo que voy a vomitar.

Y si...

¡Sí!

Empecé a agarrar su mano de apoyo. Al menos así no avanzó más.

Pero no calculé bien.

Ella cayó frente a mí.

Golpeamos nuestras cabezas al compás de que se cayó parte del contenido de la cuchara.

Ambos habíamos cerrado los ojos por instinto pero...

¡Al abrirlos ella estaba cerca!

Ella se sostuvo de mi hombro para no caerse directo sobre mí.

Yo hice lo mismo que ella.

Por alguna razón, ella estaba respirando más fuerte.

Mierda, mierda, mierda.

 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Jerova en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Memorias Ancestrales · Tras la pista de un silbido · Los Corazones de la Luz