Saltar al contenido
Explorar novelas

Capitulo 5: ¡Sal de mi cabeza!

Mi Hermosa Tragedia · por Jerova · 07 de agosto de 2026

Creo que ya pasaron 3 días desde eso. Desde que... bueno, me dio de comer.

--Gero, ¡pasala!

¿Por que me quiso dar de comer en la boca? No lo llego a entender.
¿Por que senti que no paraba de acercarse?

Se escuchaban gritos entre el partido. A lo lejos, mi equipo marca un gol.

--¡¡GOALL!! Vamos a por otra más, Lucas-- Decia mi equipo

¿Por qué carajo empezó a respirar tanto? No... debería concentrarme en que no metan gol

El balón empezo a moverse directo hacia la porteria.

Que más da, Smith solo patea balones directos y sin punteria. En pocas palabras, Lucia queria besarme...
Espera
¿QUE?

Al intentar reaccionar, el balón lo sentí directo en mi cara. Fue tan fuerte casi como para aclararme las ideas. El golpe fue tan fuerte que me tiró al suelo.

--¡Gero!--Dijo mi compañero defensa.

Aun con dolor remanente dije.
--Tranquilo, no es nada, Nilo.

--Oye imbecil, ten mas cuidado.
Decia alguien mientras se acercaba a mi y a mi amigo.
--Las paradas son mejores si las paras con las manos.

--Gracias, por el consejo, Lucas.
Decia mientras Lucas me empezo a ayudar a levantarme del suelo. Luego, Lucas dijo con rasgos de superioridad pero tambien de empatia.
--Recuerda, que eres de nuestro equipo. Mas te vale no regalar balones.

No seas payaso-- Dijo Nilo-- No todo lo tiene que hacer el portero. Dedicate solo meter goles.

--Nilo...--Respondi yo calmandome tras el suceso-- Si hablamos de defensa no eres el más indicado para reclamar a alguien.

Al decir eso Nilo se puso molesto. Tanto que ya parecia una niña berrinchando.

--Toma el balon, Lucas. Tu sabes que soy malo en estas cosas.

Pero Lucas se empezo a partir de risa
--Ay, está bien, dame el balón. Se que tu eres malo pateando el balon. Aunque... tienes mucha imaginacion a veces.

El mismo patear del despeje me hizo recordar a algo.

Lucas... Sus disparos son potentes como para dejar mi mano roja. Pero, lamentablemente no es nada comparada a cuando el tenia 15 años. Ese si que pateaba casi para romperte los huesos.

¿Lucia puso sus mejillas rojas tras lo que paso?
¿QUE? ¡Ya cállate cerebro de mierda!

Mientras hacia mi monologo ya habia pasado Educacion Fisica. Estabamos en recreo.

Estaba mirando a dos compañeros jugar ajedrez.

El ajedrez era entretenido. Al menos cuando entendías lo que estaba pasando.

—¿En el ajedrez se llama empate cuando el rival ya no tiene movimientos?

Me quedé observando el tablero.

Parecía que acorralar al oponente no era suficiente. Tenías que llevarlo hasta el último instante, hasta estar a un movimiento de acabar con él.

¿Por qué tenían que hacerlo tan complicado?

—¿Por qué me quería besar? Soy solo un desconocido para ella...

Me golpeé las mejillas.

—¡Ah! ¡Cállate, cerebro de mierda!

—Gero, ¿otra vez estás susurrando cosas raras? —preguntó Nilo desde mi lado.

Lo ignoré.

La partida terminó poco después. Abel, como era de esperarse, había ganado.

Me acerqué a él.

—Abel, ¿tienes tiempo para jugar una partida?

Tal vez jugar me ayudaría a dejar de pensar en Lucia.

—Claro, Gero.

Abel era un chico moreno, de lentes y un poco más bajo que yo. Una comparación rápida sería Harry Potter, pero con la piel más oscura y sin magia.

Se sentó frente al tablero.

—¿Blancas o negras?

—Negras.

—Bien.

Comenzamos.

Moví mi peón de dama. Abel respondió de inmediato.

La partida avanzó con bastante rapidez. Yo intentaba pensar en cada movimiento, pero mi cabeza insistía en regresar al mismo lugar.

Lucia.

Su cara.

La forma en que se había acercado.

Y aquel casi beso.

—¿Gero?

No respondí.

Miré el tablero.

Abel había hecho un movimiento bastante extraño. Una pieza que parecía limitar sus propias opciones.

Normalmente habría aprovechado el error.

Pero entonces pensé en otra cosa.

Futuro.

Futuro...

¿Qué iba a hacer después de la secundaria?

Solo me quedaba un año.

Y nunca me había detenido a pensar seriamente en qué quería hacer cuando todo esto terminara.

—Wow —dijo alguien detrás de nosotros—. Está pensando demasiado en la siguiente jugada.

Tenía razón.

Hasta ese momento, nunca había pensado realmente en qué quería ser de adulto.

Me gustaría viajar por el mundo.

Tener una vida tranquila.

Quizá conocer a una chica linda.

Tal vez...

—¿Lucia?

Me di una cachetada.

Cuando volví a mirar el tablero, ya había varias personas observando la partida.

Normal. Abel y yo éramos de los mejores del salón.

—Gero, ¿por qué te pegaste? —preguntó Abel.

—Nada.

Intenté volver a concentrarme.

Pero era inútil.

—Abel, ¿alguna vez tuviste algún malentendido con alguien?

Abel se llevó una mano al mentón.

—¿Malentendido? Sí, muchos. ¿Por qué?

Moví una pieza.

—Verás... tuve un malentendido con una chica.

Abel levantó una ceja.

—¿Una chica?

Otra pieza cayó sobre el tablero.

—¿Interés romántico?

El salón entero pareció despertar.

—¡Uuuuuuu!

—¿Interés romántico?

—¿Mujer? ¿Qué es eso?

—¡Pensaba que eras gay!

—¡Ya! —respondí, cada vez más incómodo.

Intenté ignorarlos.

—Apenas la conozco desde hace una semana. Pasó algo raro y casi nos besamos.

Nilo abrió los ojos.

—¿Y terminaron en coito?

—¡¿Qué?!

—Tremendo jugador que recién debuta.

—¡Ya cállate!

Me llevé una mano a la frente.

—Pero si de verdad ella quiso besarme... no sabría cómo acercarme sin que todo se vuelva incómodo.

Abel sonrió.

—Entonces deja de pensar tanto.

Movió su reina y me puso en jaque.

—Habla con ella.

Me quedé mirando el tablero.

Hablar con ella.

Fácil decirlo.

Abel hizo otro movimiento y mi posición quedó prácticamente perdida.

—¿Sabes qué? —dijo—. Ser valiente ante los problemas suele ser más sencillo que intentar encontrar la jugada perfecta.

Miré el tablero.

Tenía razón.

Aunque no estuviera hablando solamente del ajedrez.

—Supongo que tienes razón.

Intenté hacer un último movimiento.

No sirvió.

Había perdido.

Y todo por no concentrarme en el maldito juego.

Me levanté de la silla.

—Gracias, Abel.

—De nada.

Mientras guardaba las piezas, pensé en lo que acababa de decir.

Habla con ella.

Ahora solo tenía que descubrir cómo.

"Hablar con ella", es fácil decirlo.

Al final solo le agradecí y me rendí del juego que ya estaba perdido
¡POR NO CONCENTRARME EN EL MALDITO JUEGO!

Ya se estaba poniendo el sol en la escuela... ¿Que debería decirle? ¿"Hola, soy Gero"? ¡Que estupido! Obviamente sabe mi nombre.

Tal vez algo como ¿Podríamos hablar sobre ayer?

--O tal vez algo como "Ey, linda ¿Que te parece si nos vamos a un lugar más privado y hablamos?"

--Mmm... ¿aún piensas en la chica que tanto decías en el ajedrez?-- decia Nilo con una voz suave caminando conmigo para la salida de la escuela.
--Aunque no estaría mal que le invites algo. Tal vez un jugo.

--Creo que le gustarían las fresas.

--Que a ti te gusten no significa que a ella le gusten.

--Lo digo por probabilidad.

--Pero la probabilidad no funciona siempre en las personas-- paso un momento, donde bajamos las escaleras, llegamos al primer piso --¿Pero como llegaron al beso ese?

Me puse un poco más serio y dije rápidamente --A ver, primero ella vino a por mi casa a cuidarme, yo practicaba mi entrenamiento. Luego, ella cuido mi tobillo lastimado. Jugamos un rato, tuve hambre. Me trató como un niño. No quería comer. Ella insistía con el avioncito y al final chocamos nuestras cabezas y nos miramos fijamente.

--... Guau, ¿En serio, tilin? ¿Que más soñaste?

--Que si pasó de verdad, hasta sentía sus suspiros-- decia yo con un tono más ronca y cansada.

--Ok ok, dime entonces ¿Que hiciste tras estar en esa situación tan íntima?

--Yo...

--¿Si?

--Yo...

--¡Ya, dilo!

--Yo le dije que tenga cuidado de ponerse encima de la mesa. En la próxima podríamos salir lastimados los dos. Luego me comí toda la comida

Nilo me miró sorprendido y luego de tanta impotencia se agarra la frente.
--Oye, no sé si eres muy inocente o muy estupido.

--Tal vez soy ambas-- dije yo --Después de eso ni siquiera le pregunté donde estudiaba o donde vivía.

--Entonces el sonso no sabe ni siquiera como comunicarse con ella.

Pues tal vez me ayude mi mamá.
--Pues digamos que si-- Me relaje un poco. ambos casi llegando a la salida
-- Después de todo no le podré decir todo el amor que siento por ella con tan solo conocerla en prácticamente un día-- Decía sarcásticamente.

--Oh no, que hermosa tragedia la que te tramas, tilin.

--A poco si tilin.
Ambos nos acabamos riendo de tal estupidez.
--Despues de todo, tampoco que digamos estás tonterías y venga ella a reclamarme.

--Cierto, ¿Y como se llama la chica?

--Bueno, se llama-- antes de que dijera su nombre me choque justo en la salida de alguien que fue corriendo como si nada para posiblemente entrar.

--Gero, ¿estás bien?--decia Nilo.
Aún así el golpe fue directo a mi pecho que me tuvo al suelo junto al individuo.

En el suelo, solo pude ver una falda negra y dos cuadernos caídos.

--¿Chica, estas bien?-- dije rápidamente mientras me acercaba a ayudar a sus cuadernos.
Antes de que yo tocará sus cosas alejo mi mano rápidamente.
--No es necesario, yo puedo sola-- dijo la chica con voz fría.

Nilo está parado como poste puesto que ya le dio miedo. Normal que te tuviera miedo una persona que te da golpe en la mano con solo querer ayudarla.

--Esta bien-- dije yo mientras estaba empezando a alzar la mirada.

--Ah, ¿Por qué los hombres no pueden tener más cuidado?-- La chica susurró.

Pero me di cuenta que...

--¿Lucia?
La chica rápidamente me miro fijamente asombrada. Con la boca abierta sin decir nada.

--Ge-¿Gero?

--Ahhhh, así que se llama Lucia-- decía Nilo mientras hablaba sarcásticamente --Bueno tu ya sabes que hacer ¡A por ellos tigre!

¡Espera imbécil no te vayas!
Aunque ella tenga lentes no es difícil distinguirla.
Creo que mejor sería sacarlo ahora ¡Cómo salga!

--¿Podemos salir a hablar?-- dijimos los dos a la vez

--Ahhh, si-- decía Lucia con voz temblorosa --Pero no hoy, ahora estoy un poco ocupada.
Me da su número de teléfono en un papel (perfectamente cortado) y se va corriendo.

Cuando se aleja, al fin me había dado cuenta de que, no era tan difícil después de todo. ¡Va! Esto daba para 3 capítulos de manga romcom.
Pero que más da, ¿La llamaré mañana? Tal vez.

Guarde el número en mi bolsillo y seguí mi rumbo.

--Estos chicos de ahora... Ya piensan que están en la telenovela turca-- decía el portero de la escuela.

Título del próximo capítulo: No se, aún no la hago

 

Comenta este capítulo, guarda la novela y sigue a Jerova en el lector de Culto de Papel. Es gratis.

Otras novelas: Memorias Ancestrales · Tras la pista de un silbido · Los Corazones de la Luz