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.ཻུ Es el principe o un niño llorón? ೄ

Love Hurts ꒰♡꒱⁠˖ · por Cielo Min · 30 de agosto de 2026

- Al fin llegué - solté un suspiro de alivio abriendo la puerta y entrando rápidamente.

 

Una vez dentro vi un sillón cómodo hacia el que me dirigí de inmediato.

 

Fue entonces cuando me di cuenta de que me había confundido de sala. No era la sala continua sino una biblioteca personal. Reí para mis adentros. Ya daba igual, si podía descansar un momento con eso bastaba.

 

Estuve sentada cómodamente por un rato hasta que decidí explorar el lugar. Le di un recorrido con la mirada y mis ojos se detuvieron en un estante lleno de libros de pasta dorada. Saqué uno y empecé a ojear sus páginas. Tenía un gran sol en la portada y resultó ser un libro sobre el reino y el inicio de la familia real. Había cosas que desconocía por completo, así que me entretuve tanto que perdí la noción del tiempo y ni siquiera noté que alguien había entrado.

 

De repente sentí una leve respiración sobre mi hombro derecho.

 

El susto fue tal que pegué un grito y traté de salir corriendo, pero sin querer tropecé con el vestido por lo largo que era. Cerré los ojos esperando golpear el suelo, cuando sentí que alguien me atrapó cogiéndome de la cintura. Abrí los ojos y me encontré con la grata sorpresa de que se trataba de Filip.

 

- ¡Oye! ¿Me quieres matar del susto o qué? ¿Por qué haces esas cosas? - dije enojada.

 

- Perdón, Penhy, pero estabas tan concentrada en el libro que ni cuenta te diste de que entré. No quise distraerte - dijo con total naturalidad mientras me soltaba.

 

- ¿En serio? - dije algo confundida.

- Digo la verdad, señorita Penhelope. O debería decir marquesa "estrella del reino" - dijo burlonamente.

 

- ¡Jaja! Ay, Filip - estallé en risa.

 

- ¿Digo la verdad o estás insinuando que miento? - alzó una ceja mirándome fijamente.

 

- No, dices la verdad - asentí con la cabeza -. Lastimosamente, gracias a ese grandioso título tengo varios eventos a los que asistir aún - dije con dramatismo apoyando la mano en la cabeza.

 

- ¿Así que no te gusta la fama? Pero si de pequeña decías que si éramos famosos en todo el reino se nos haría la vida más fácil - dijo todavía sosteniéndome y burlándose.

 

- Esas eran tonterías de cuando éramos pequeños. La realidad es mucho más abrumadora - dije sonriendo levemente.

 

- Entiendo - dijo soltándome con delicadeza.

 

- Oh, vaya. ¿El principito ya se enfadó? - dije burlona.

 

- ¿Cómo que principito? - dijo disgustado.

 

- ¿No te acuerdas que así te llamaba desde aquella vez que estabas llorando en plena fiesta del té? Qué lástima - dije suspirando con dramatismo.

 

- ¿Tenías que recordar eso? ¿En serio, Penhy? - dijo incómodo.

 

- Era una broma, no te pongas así. Además, sabes que cuando eras pequeño eras muy guapo y muy lindo - dije riendo.

 

- ¿Eso dicen en serio?

- Digo la verdad, pequeño llorón - reí diciendo lo último en voz baja.

 

- Gracias, Penhy. Por eso te quiero - dijo abrazándome.

 

- Yo también, Filip - sonreí.

 

- Espera... ¿recién me doy cuenta? ¿Cómo que era? ¿Qué estás tratando de decir? - dijo enfadado mirándome fijamente.

 

- Ah, nada - reí y escapé.

 

Nos pusimos a jugar en la biblioteca como si fuéramos unos niños. Y es que así era nuestra amistad desde siempre.

 

---

Todo comenzó hace trece años.

 

En una fiesta del té organizada por la pequeña condesa Evangelina, de ojos color caramelo. Tenía doce años entonces y era su primera gala de importancia, así que invitó a todos los hijos de las familias de alta sociedad y a otras familias con las que tenía conexión. Se le ocurrió la grandiosa idea de realizar una fiesta de máscaras donde todos pudieran disfrutar sin preocuparse por su posición social. La idea era genial, aunque había quienes no la recibieron con tanto entusiasmo.

Yo tenía apenas siete años y no conocía a mucha gente, pues había crecido en un lugar alejado de la capital, con mis abuelos. Era mi oportunidad de hacer amistades y conocer personas nuevas.

 

Todo transcurría de maravilla. Había hecho nuevos amigos y conocido a casi todos los invitados, cuando un grupo de niños mayores se pusieron a molestar a un niño que parecía tener mi misma edad. Lo empujaron y le vaciaron un jugo encima, solo porque había tropezado con una de ellas y dejado caer su tarta sobre su vestido.

 

- ¡Oye tú! ¿Sabes quién es mi padre? ¿O al menos tienes alguna idea de cuánto costó el vestido que acabas de arruinar? - gritó empujándolo.

 

- Discúlpame, fue un accidente. Me tropecé, es todo - respondió él con miedo.

 

- ¿Cómo que accidente? Se ha visto claramente que lo hiciste con todas las intenciones - dijo con desprecio.

 

- Eso no es verdad, no quise...

No pudo terminar. Otro niño lo volvió a empujar.

 

- Pide perdón - lo jaló.

 

- Me enseñaron que no debo hacerlo cuando yo no tengo la culpa - dijo poniéndose de pie y limpiándose el pantalón.

 

- ¿Ah, sí? Tú te lo buscaste - alzó la mano dispuesto a golpearlo.

 

Intervine sin pensarlo. Me puse de frente y recibí el golpe yo.

 

- Déjenlo. Exijo que lo dejen. Él no tiene la culpa. Es más, ustedes deberían disculparse con él - dije alzando la voz.

 

- Oh, miren. Una metiche - dijo burlonamente.

 

- Di lo que quieras - di media vuelta y jalé al niño para irnos al patio, pero dos niñas me jalaron del brazo.

 

- No puedes salir así de fácil, y menos sin disculparte con Esmeralda - dijeron al unísono.

 

- ¡Suéltenme! Yo no les hice nada - dije tratando de zafarme.

 

- Con que intentas escapar, ¿eh? No lo harás sin recibir un castigo - dijo un niño de cabello rubio levantando la mano dispuesto a abofetearme.

 

- Déjala - apareció corriendo un niño de cabello castaño oscuro que lo jaló del brazo.

 

- ¿Y por qué debería hacerlo? - dijo soltándose intentando tumbarlo.

 

- Tú lo quisiste - esquivó el ataque y rápidamente le hizo una llave, dejándolo caer al suelo de forma inesperada.

 

Todos se quedaron en shock. Nadie decía nada ni se movía.

 

- Creo que mejor salimos - me jaló y susurró al oído.

 

Asentí y lo seguí, sin olvidar llevarme conmigo al niño que lloraba del miedo.

Una vez fuera, nos sentamos en unas bancas cercanas a las rosas. El niño de cabello castaño oscuro y yo nos quedamos mirando al otro, mientras yo abrazaba al niño de cabello plateado como la luna. La máscara empezó a incomodarme, así que me la quité. Ambos niños me miraron fijamente.

 

- ¿Eh? ¿Qué les pasa? ¿Por qué me miran así? - dije con curiosidad, pero no respondieron. Solo se miraron entre ellos y volvieron a mirarme.

 

- Ya es suficiente. ¿Qué pasó? Que alguien diga algo - dije poniéndome de pie. Silencio total.

 

- Pero qué tímidos. Me presento: me llamo Penhelope Clausten, hija del marqués Clausten. Es un gusto - dije sonriendo. Nada.

 

- ¿En serio? ¿Pero qué aburridos son? ¿Se van a presentar o cómo es? - crucé los brazos. El niño que lloraba respondió apenas con una sonrisa.

 

- ¿Si les doy galletas van a responder? - dije sacando unas pequeñas galletas de relleno de chocolate. Asintieron de inmediato y les di una a cada uno.

 

- Está bien - dijo el niño de cabello plateado comiendo su galleta.

 

- Menos mal, al fin alguien habla - reí.

 

- Me llamo Filip - dijo con una sonrisa.

 

- Mucho gusto, Filip. Es un lindo nombre. ¿Pero no te vas a quitar el antifaz?

 

- Ah, cierto - procedió a desatarse el antifaz -. Creo que decir mi apellido no es necesario - rio.

 

- Por mí no hay problema - dije mirándolo.

 

Se quitó el antifaz y por poco el otro niño y yo nos morimos del susto. Se trataba del pequeño príncipe. Hicimos una reverencia de inmediato.

 

- No hagan eso - dijo con una sonrisa.

 

- Está bien, pequeño príncipe - dije sonriendo.

 

- No soy pequeño - dijo enfadado.

 

- Sí, como digas, principito - reí. No me importaba si era el príncipe o cualquier otro niño noble.

 

- Oye, no importa. Te doy permiso de llamarme como gustes, por haberme salvado hoy - rio.

 

- En ese caso te diré principito llorón - dije burlona.

 

- ¡No es justo!

 

- No aguantas las bromas. Solo te diré principito, ¿bien?

 

- Ya, eso está mejor. Pero no es justo que solo nosotros nos hayamos quitado el antifaz y presentado, y él no - dijo mirando al otro niño.

 

- ¿Qué me miran? Ya está bien, no me presionen - dijo con desgano, sacándose el antifaz -. Mi nombre es Anton Springs, hijo del duque Springs y pariente lejano de su majestad - dijo seriamente, y el príncipe lo miró con curiosidad.

 

- Mucho gusto a ambos. Espero que nos llevemos bien - dije sonriendo.

 

- Ustedes serán mis amigos - dijo Filip partiendo su collar y convirtiéndolo en tres pulseras.

 

- ¡Espere, su majestad! ¡No haga eso! - dije sorprendida.

 

- ¡Alto, su majestad! - dijo Anton preocupado.

 

- ¿Eso ha de ser muy valioso? ¿Por qué hizo tal cosa? - dije confundida.

 

- Ah, esto era solo el collar del fénix. Ahora son nuestras pulseras de la amistad. Aquel que intente tocarlas y no seamos nosotros se pondrá al rojo vivo - dijo soltando una risita y entregándonos una a cada uno.

 

- ¿El collar del fénix? ¿Está loco? Ese collar es una de las reliquias de la familia real y usted lo partió - dije estupefacta, dudando en recibirlo.

 

- Coincido con Clausten. Eso es una locura - dijo Anton en tono de regaño.

 

- Descuiden, solo contiene un pequeño encantamiento. No es la gran cosa. Además fue mi regalo de cumpleaños, no creo que le importe a mi familia - dijo riendo.

 

- ¿Que no importa, dice? - respondió Anton serio.

 

- No podría recibirlo. Disculpe - dije agachando la cabeza.

 

Ambos nos quedamos atónitos con lo que Filip acababa de hacer y nos negamos a aceptar los regalos, pero él no cedió.

 

- Lo van a aceptar de todas formas - rio, y nos puso las pulseras diciendo unas palabras que no entendimos, luego volvió a reír.

 

- No puedo aceptarlo - dije tratando de quitármelo, pero no salía.

 

- ¿Pero qué hizo? - dijo Anton preocupado.

 

- No se asusten. Como les dije, ustedes son mis amigos. Fueron los únicos que me defendieron y fueron capaces de dejarse golpear por mí. En serio no sabía cómo agradecerles - dijo con lágrimas en los ojos.

 

- Lo hubiera hecho de todas formas. No era necesario que me diera esto. Y no llore - dije abrazándolo.

 

- Igual es tuyo - dijo sonriendo y secándose las lágrimas.

 

- ¿Pero por qué no puedo quitármela? - dijo Anton intentando zafarla.

 

- No van a poder sacarla tan fácilmente - rio.

 

- ¿Qué? ¿Por qué no? - dije confundida.

 

- Porque le puse un encantamiento - dijo riendo.

 

- ¿Que hizo qué? - dijo Anton confundido y preocupado.

 

- Sí, eso mismo. Sabía que se iban a negar, así que se me ocurrió hacer eso - dijo jugando con sus manos.

 

- Pero sabes cómo quitarlo, ¿no? - dije curiosa.

 

- Ah, sí y no - dijo mirando hacia otro lado.

 

- ¿Cómo es eso? - dijo Anton enfadado.

 

- La verdad es que recién estoy aprendiendo. Esta magia solo la tienen los herederos a la corona y mi padre recién me está enseñando. No hay nadie más con ese conocimiento así que... no sé cómo - rio y se puso a jugar con el pie mirando el piso.

 

- Bueno, no importa. No es tu culpa, Filip - dije poniendo un brazo en su hombro.

 

- ¿Qué haces? - dijo Anton jalándome -. ¿Eres consciente de que es el príncipe, verdad?

 

- Sí, ¿y? - lo miré fijamente.

 

- Porque lo acabas de llamar por su nombre. Ni yo digo el tuyo.

 

- Él me dijo que le diga así. Y tú puedes llamarme como gustes, no hay problema - sonreí.

 

- De hecho que estás loca. Está bien, te diré Penhy y tú puedes decirme Anton - dijo en voz baja.

 

- Está bien, Anton - dije guiñando el ojo.

 

- Ambos pueden llamarme por mi nombre, no hay problema - dijo Filip sonriendo.

 

- ¿Ves? - dije en voz baja codéando a Anton, quien rio.

 

- Como iba diciendo, son nuestras pulseras de la amistad - rio Filip.

 

- ¿Eso no era solo cosa de niñas? - dijo Anton confundido.

 

- Anton, cállate. No creo que sea así, y además tiene muy buen gusto - dije mirando a Filip con aprobación.

---

Así fue como nos hicimos amigos. Desde ese entonces estuvimos siempre con él, y conforme fuimos creciendo y con las visitas constantes al palacio, todos empezaron a hablar. El padre de Filip nos nombró oficialmente como sus mejores amigos, y nos quisieron tanto que terminaron dándonos el título de estrellas del reino.

 

Pero regresando al presente, seguíamos jugando entre los libros cuando tocaron a la puerta. Me escondí rápidamente detrás de las cortinas. Si alguien me veía a solas con el príncipe en un lugar alejado del salón de baile y sin que nadie tuviera conocimiento de ello, de seguro surgirían rumores que perjudicarían a Filip y que Anton no tardaría en sobrepensarse. No me quería ni imaginar. Así que me quedé quieta y sin moverme.

 

Al parecer era el embajador de Rubilian, que buscaba a Filip para acordar algunos términos sobre su estancia en el reino. Salieron juntos de la biblioteca y se fueron.

 

Cuando ya no escuché más ruido, salí de mi escondite y me dejé caer en el sillón soltando un suspiro.

 

- Pensé por un momento que me descubrirían - reí para mí misma.

 

Me levanté y miré por la ventana. Había un hermoso jardín afuera, y había alguien que me parecía conocido. Me arreglé el cabello rápidamente y salí a toda prisa. Bajé las escaleras corriendo y me fui acercando hasta confirmar que sí era Anton, de espaldas entre las rosas.

 

Caminé lo más despacio que pude, sin hacer ningún ruido. Y cuando estuve justo detrás de él, salté y lo abracé por sorpresa. El susto fue tan grande que pegó un grito enorme que me hizo reír sin parar. Nunca lo había visto así.

 

♡˖

 

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