Capítulo 14:
El silencio que cae en el departamento es tan pesado que parece aplastar los muros. Lucas sigue de pie, con la mano todavía en el teléfono, mirando a Elena con una mezcla de ira contenida y desesperación. Ella lo sostiene la mirada, ya sin miedo, ya sin esa duda que la atormentaba durante meses. Sabe que lo que va a pasar ahora cambiará todo para siempre.
Pasan apenas unos minutos cuando se escuchan los pasos en el pasillo y la puerta se abre. Entran sus padres, con el rostro serio, pero sin esa ternura que ella esperaba. Se quedan de pie, mirándola, y luego miran a Lucas como si él fuera el único que tiene la razón.
—Hija —empieza su madre con voz suave pero firme—, Lucas nos llamó muy preocupado. Nos dijo que te has estado confundiendo con historias de alguien que no te conviene.
—¿Historias? —responde ella con voz temblorosa pero segura—. ¿Y por qué me ocultan quién es él? ¿Por qué Lucas me miente con fotos falsas y me hace creer que siempre estuvimos juntos si no es verdad? ¿Por qué me dio algo para dormir y me dijo que fue un colapso?
Su padre suspira y baja la mirada unos instantes, antes de mirarla a los ojos con dureza:
—Lo hicimos por tu bien. Aquel día fue terrible. Tú casi pierdes la vida. Y él… —señala hacia afuera, hacia donde está Mateo— él iba conduciendo. Fue su culpa. Iba demasiado rápido, no prestó atención. Lucas fue quien te sacó del coche, quien te mantuvo con vida hasta que llegaron los auxilios. Lucas fue quien estuvo en el hospital día y noche, quien nos dio fuerzas a nosotros. ¿Cómo íbamos a dejar que volviera a aparecer y te hiciera daño otra vez? ¿Cómo íbamos a dejar que supieras que el hombre que amabas fue quien casi te mata?
Elena se queda helada. Esas palabras le golpean más fuerte que cualquier golpe físico. Mira a Lucas, que baja la cabeza como si fuera la víctima, y luego mira hacia la puerta, donde siente que Mateo sigue ahí esperándola.
—¿Y es por eso que mintieron? —pregunta ella con lágrimas en los ojos—. ¿Es por eso que me quitaron mi pasado? ¿Por eso me hicieron creer que él era el malo y Lucas el único bueno?
—No queríamos que sufrieras —dice su madre con voz quebrada—. Pensamos que si empezabas de cero, sin recuerdos de lo que pasó, podrías ser feliz. Lucas te quería, te cuidó…
—¡Pero no es amor! —grita ella—. ¡Es posesión! ¡Es mentira! ¡Y si él fue quien provocó todo, por qué nadie me lo dice claro! ¿Por qué siento que ustedes también me mienten?
En ese momento la puerta se abre despacio. Mateo está ahí, pálido, con los ojos llenos de dolor pero firme. No grita, no acusa. Solo mira a los padres de Elena y habla con voz rota:
—Yo no fui el culpable. Yo giré el volante para salvarla. El otro coche se salió de carril de golpe. Y el que conducía… era Lucas.
El silencio que sigue es total. Los padres se quedan sin aliento, mirando a Lucas, que por primera vez pierde el control y grita:
—¡Mentira! ¡No le crean! ¡Él solo quiere quitármela!
—¿Por qué ocultaste que eras tú? —pregunta Mateo avanzando un paso—. ¿Por qué te quedaste con ella sabiendo que fuiste tú quien casi la mata? ¿Por qué convencieron a todos de que era mi culpa?
Los padres de Elena se miran entre sí, y en esa mirada se revela todo: la duda, el miedo, la complicidad que se fue tejiendo con el tiempo porque creyeron que era lo mejor, sin saber que estaban cayendo en una trampa mucho más oscura. Lucas empieza a retroceder, acorralado por sus propias mentiras, mientras Elena se lleva las manos a la boca, comprendiendo al fin que todo lo que creía saber había sido construido sobre una mentira terrible.