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La caída de la máscara

LO QUE EL ALMA NO OLVIDA · por Jennifer G · 23 de julio de 2026

Capítulo 15: 

Las palabras de Mateo quedaron suspendidas en el aire como un golpe que tarda en llegar. Nadie se movió. Nadie respiró. Lucas se quedó pálido, con los puños apretados y la mirada desviada, incapaz de sostener la verdad que acababa de salir de la boca de quien alguna vez fue su mejor amigo. Y en ese silencio, Elena lo vio todo. Vio cómo se le rompía la calma fingida, cómo se le agrietaba esa fachada de ternura infinita que había mantenido durante tres años.

 

—¿Es cierto? —susurró ella, con la voz quebrada, dando un paso hacia él—. ¿Es verdad lo que dice? ¿Fuiste tú quien conducía ese coche?

 

Lucas levantó la vista de golpe, y esta vez ya no hubo dulzura en sus ojos. Solo hubo rabia y desesperación.

—¡No le creas! —gritó—. ¡Él te confunde! ¡Él es el que te traicionó! ¡Yo solo te cuidé!

 

—¡Contéstame! —le exigió ella, con una fuerza que ni ella misma sabía que tenía—. ¡Dime la verdad por una vez en tu vida!

 

El padre de Elena dio un paso adelante, mirando a Lucas con una duda que empezaba a convertirse en terror.

—Lucas… dijiste que él te había golpeado… dijiste que él iba conduciendo de forma imprudente…

—¡Yo hice lo que tenía que hacer! —estalló Lucas, y por fin salió todo lo que llevaba dentro—. ¡Yo hice lo que nadie tuvo el valor de hacer! ¡Ella me pertenecía a mí! ¡Siempre me gustó! ¡Y él llegó primero y se la llevó como si nada! ¡Aquella noche no fue mi culpa! ¡Fue el destino que me dio la oportunidad de tenerla! ¡Y cuando vi que la tenía inconsciente, que no recordaba nada… supe que era mi momento! ¡Supe que por fin sería mía!

 

El grito se quedó resonando en las paredes. Sus padres se miraron horrorizados, comprendiendo al fin que habían sido engañados, que habían ayudado a construir una prisión alrededor de su propia hija por miedo y por confianza mal puesta. Elena sentía que el suelo se movía bajo sus pies. Todo lo que había creído, todo lo que había sentido como seguridad, se había convertido en una mentira asquerosa tejida con obsesión y traición.

 

—Me diste algo para dormir… —murmuró ella, retrocediendo hasta chocar contra el pecho de Mateo, quien la sostuvo al instante—. Me mostraste fotos que no eran reales… me hiciste creer que él era el malo…

—Lo hice por ti —balbuceó Lucas, ya sin fuerzas, ya perdido—. Lo hice para que no sufrieras. Para que te quedaras conmigo. Te amo más que él. Te amo de verdad.

 

—Eso no es amor —dijo Mateo con voz grave y dolorosa—. Eso es enfermedad. Yo la amé antes, la amo ahora y la amaré siempre. Pero nunca le habría robado su vida. Nunca le habría robado su pasado.

 

Los padres de Elena se acercaron a ella, con los ojos llenos de lágrimas y arrepentimiento.

—Hija… perdónanos —dijo su madre con voz rota—. Estábamos tan asustados… él nos convenció. Nos dijo que era lo mejor. No sabíamos… no sabíamos que había sido él.

 

Elena no pudo decir nada. Solo negó con la cabeza, sintiendo que el dolor era demasiado grande, pero al mismo tiempo sintiendo cómo la mano de Mateo la sostenía con firmeza, recordándole que no estaba sola. Lucas miró a todos, vio cómo la verdad lo había dejado solo, vio cómo ella se alejaba de su lado para siempre, y en su mirada solo quedó la oscuridad de quien lo pierde todo por querer quedarse con lo que nunca le perteneció.

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