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La semilla de la ira

LO QUE EL ALMA NO OLVIDA · por Jennifer G · 25 de julio de 2026

Capítulo 23: 

La noticia me llega como un golpe directo al estómago, tan fuerte que me dobla sobre mí mismo, perdiendo el aire por unos segundos que parecen una eternidad. Me lo dijeron en un momento de debilidad, en una llamada que no debí haber recibido, y ahora esas palabras se repiten en mi cabeza una y otra vez, como un martillo golpeando contra una pared de cristal: “Está embarazada. De él.”

 

Aprieto los puños hasta que las uñas se clavan en la carne y me sale sangre, pero no siento dolor. Solo siento un fuego helado que me recorre todo el cuerpo, una rabia tan inmensa que me nubla la vista y me hace temblar de pies a cabeza. ¿Cómo? ¿Cómo es posible? ¿En qué momento él logró entrar tan profundo? ¿En qué momento ella se entregó tanto que le permitió dejarle una marca que nadie jamás podrá borrar? Esa vida que crece dentro de ella… es una prueba viviente de que me ha reemplazado. De que todo lo que hice, todo lo que sufrí, todo lo que construí con tanto cuidado y desesperación, se ha venido abajo en una sola noche.

 

Camino de un lado a otro de mi habitación, derribando todo lo que encuentro a mi paso: lámparas, cuadros, muebles que se hacen añicos contra el suelo. Grito con toda mi fuerza, un grito ronco y desgarrador que se pierde entre las paredes vacías, pero ni eso logra calmar la tormenta que llevo dentro. Yo fui quien estuvo ahí. Yo fui quien le dio la mano cuando no conocía a nadie. Yo fui quien limpió sus heridas, quien le dio de comer, quien le enseñó a sonreír de nuevo. Y él… él solo apareció con sus palabras bonitas y sus recuerdos inventados para quitármela. Y ahora… ahora le ha dado algo que jamás podré quitarle.

 

—No es suyo —murmuro entre dientes, repitiéndomelo como si fuera un conjuro—. No puede ser suyo. Es mía. Ella es mía. Y lo que lleva dentro… si es de alguien, también es mío.

 

La mente se me nubla, se llena de imágenes terribles y a la vez deseadas. Me imagino al niño, con sus ojos, con su sonrisa, y siento que me vuelvo loco. No puedo permitir que nazca. No puedo permitir que haya una prueba eterna de su amor, de su traición. Si ese niño nace, ella jamás volverá a mirarme a mí. Jamás volverá a ser la chica que despertó en esa cama y me buscó a mí primero. Esa criatura es una barrera entre nosotros. Es una pared que él ha levantado para separarme de ella para siempre.

 

Me siento en el borde de la cama, con las manos entre el cabello, y empiezo a planear. No tengo prisa. Sé que no puedo actuar de golpe, no ahora que ella está protegida por él, ahora que sus padres han vuelto a su lado. Pero esperaré. Sé dónde están. Sé sus horarios. Sé cada paso que dan. Y cuando menos lo esperen, cuando crean que ya han ganado, estaré ahí.

 

Pienso en mil formas. Pienso en desaparecer al bebé antes de que nazca. Pienso en desaparecer a él para que, cuando ella abra los ojos, solo me vea a mí. Pienso en hacerle creer que el bebé murió por culpa de la verdad, por culpa de él. Pienso en tantas cosas oscuras que ya no sé dónde empieza mi amor y dónde termina mi locura. Solo sé que no acepto la derrota. No acepto que ella pertenezca a nadie más.

 

—Te recuperaré —le susurro a la nada, con los ojos llenos de lágrimas negras de rencor—. Te recuperaré a ti y a lo que llevas dentro. Y si tengo que destruir todo lo que te rodea, si tengo que quemar el mundo entero, lo haré. Porque te amo más que él. Te amo tanto que no me importa nada más. Ni mi vida, ni la tuya, ni la de nadie. Solo quiero que seas mía. Completamente mía.

 

Me levanto y miro mi reflejo en el espejo roto. Ya no soy el amigo leal, ya no soy el hombre cariñoso que todos conocían. Soy una sombra. Soy el dolor hecho carne. Y voy a demostrarles a todos que el amor verdadero no conoce límites, ni leyes, ni moral. El amor verdadero toma lo que es suyo, cueste lo que cueste. Y ella es mía. Y nadie, ni siquiera esa vida que crece en su vientre, cambiará eso. Si no puedo tenerlos a los dos… entonces nadie los tendrá.

Me quedo mirando el espejo roto largo rato, como si los mil pedazos que ahí se reflejan fueran las mil partes en que se ha hecho mi vida. Y en cada uno de esos pedazos solo veo su cara. Su sonrisa, sus ojos, la forma en que me miraba al principio… antes de que él volviera a aparecer como una plaga que nadie pudo prever. Y ahora esa noticia, esa vida que crece en su interior, me parece la burla más cruel que el destino ha podido lanzarme.

 

—¿Crees que un pedazo de carne y hueso va a cambiar lo que hay entre nosotros? —grito a mi propio reflejo, golpeando el cristal hasta que se hace añicos más pequeños y mis nudillos se abren y sangran—. ¡¿Crees que por tener algo de él dentro de ti vas a dejar de ser mía?! ¡Te equivocas! ¡Te equivocas de la forma más terrible posible!

 

Camino arrastrando los pies por el suelo lleno de destrozos, sin importarme los cristales que se clavan en mis pies. Siento la sangre correr, pero no siento dolor. Solo siento esa necesidad devoradora de tenerla, de tocarla, de borrar cada rastro de él que haya quedado en su mente y en su cuerpo. Empiezo a sacar cosas de cajones: las fotos que yo le tomé, los regalos que le di, las notas que le escribí con mi propia mano. Las beso, las aprieto contra mi pecho y luego las abrazo, llorando una risa amarga y desquiciada.

 

—Todo esto te lo di yo —murmuro acariciando una foto donde ella sonríe con el vestido que yo le regalé—. Todo esto lo hice por ti. Te cuidé cuando nadie más lo hizo. Te di mi vida entera. ¿Y así me pagas? ¿Dándole un hijo a él? ¿Al que te hizo daño? ¿Al que te separó de mí?

 

La mente se me llena de planes retorcidos, cada uno más oscuro que el anterior. Me imagino llegando silenciosamente a su casa, entrando como tantas veces hice antes, y llevándomela lejos. A un lugar donde nadie nos encuentre. Donde solo estemos nosotros. Donde tenga que depender de mí para todo. Donde ese recuerdo de él se vaya apagando poco a poco hasta desaparecer por completo. Y si ese niño es un estorbo… si ese niño es lo que le hace seguir pensando en él… entonces tendré que quitarle ese estorbo. Tendré que hacerle entender que solo somos nosotros. Que siempre fuimos solo nosotros.

 

—Seremos una familia —me digo con voz dulce y al mismo tiempo aterradora—. Seremos la familia que siempre debimos ser. Yo, tú… y nadie más. Nadie que nos estorbe. Nadie que te confunda con mentiras.

 

Empiezo a hablar con ella como si estuviera ahí mismo, sentada frente a mí. Le explico por qué hago todo esto. Le digo que es por su bien. Que él solo la va a lastimar. Que sus padres ya no sirven para nada. Que yo soy el único que la ama de verdad, el único que estaría dispuesto a matar o morir por ella. Y mientras hablo, me levanto y empiezo a preparar cosas: ropa, dinero, medicinas, una llave que conseguí hacer hace tiempo. Todo listo. Todo dispuesto para cuando decida ir a buscarla.

 

Y entonces me detengo de golpe, con una sonrisa que no llega a los ojos.

—O tal vez… tal vez sea mejor que él desaparezca primero. Si él no está, no hay nadie que te llene la cabeza de cosas raras. Si él no está, ese niño será solo tuyo y mío. Yo lo criaré como si fuera mío. Lo amaré como si fuera mío. Y tú me amarás a mí como debiste haber hecho siempre.

 

Me río fuerte, una risa que resuena en toda la habitación vacía y que a mí mismo me da miedo. Pero no me importa. Ya no me importa nada.

—Nadie nos va a separar —repito una y otra vez, como un mantra que me mantiene cuerdo—. Ni el pasado, ni el presente, ni esa vida que crece en ti. Eres mía. Y te voy a recuperar. Cueste lo que cueste. Cueste la vida de quien sea.

 

Me acerco a la ventana y miro hacia la dirección donde ahora están juntos. Y juro por todo lo que soy, por todo lo que he sufrido, que voy a destrozar todo lo que él ha construido. Voy a borrar su huella de su vida. Y cuando ella vuelva a mirarme, lo hará con los ojos de la mujer que me pertenece. Y si no lo hace por las buenas… lo hará por las malas. Porque el amor que yo siento no conoce de límites. No conoce de leyes. Y no acepta un “no” por respuesta.

 

Ya verás, mi vida. Ya verás como al final te das cuenta de que solo yo te quiero de verdad. Y cuando eso pase… nadie más existirá. Solo nosotros.

 

 

 

 

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