El torneo ha empezado. Kenji está haciendo algo de calistenia junto con Daichi, mientras este último se fuma un rato un trozo de hachís. Daichi lo mira de reojo y le pregunta:
-Oye, Kenji... a todo esto, ¿sí te registraste?
Kenji se queda helado, con cara de desconcierto total.
-Eh... yo, este, eh, no... ¿no lo harías tú, maestro
Daichi le suelta un manotazo y le responde furioso:
-¡Ay, eres un tonto! ¡Vamos antes de que cierren!
Ambos salen corriendo hacia la mesa de registro justo cuando el anunciador toma la palabra frente a todos:
-Saludos, combatientes. Bienvenidos al torneo bicentenario. Como todos saben, no todos tienen la dicha de participar aquí. Deben de sentirse afortunados. Pero lastimosamente las reglas acaban de cambiar; el emperador nos informó que solamente los originarios de la región podrán participar.
Los guerreros extranjeros se miran confundidos y enojados, sintiendo que es una injusticia total. El anunciador, sin un ápice de remordimiento, suelta una risa burlona:
-Recuerden que si yacen en algún altercado o causan un desastre en la región, los guerreros cardinales o los siete protectores vendrán por ustedes en este preciso instante.
Los guerreros se marchan furiosos por haber sido rechazados.
El anunciador continúa diciendo:
-Ahora los guerreros pueden relajarse. Los combates empezarán en un momento más.
Dicho esto, el anunciador se marcha. Poco después, otro anunciador comienza a nombrar a los participantes que se van a enfrentar, y así sucesivamente hasta que llega el turno de Tsuruhime, la guerrera del viento.
Daichi le da un codo a Kenji y en tono burlón le dice:
-Mira, Kenji, es el turno de tu novia.
-No es mi novia -le responde Kenji de inmediato, mientras Daichi sigue diciendo, con una sonrisa burlona
-: Mira nada más lo que tiene en su mano. Tiene un wakizashi. Perfecto. Maneja las armas. Veamos qué tal le va.
El anunciador se retira y da paso al gyoji, el juez del combate, quien se coloca al borde de la plataforma con su abanico tradicional en alto para supervisar la pelea.
Abajo en la arena, Tsuruhime se enfrenta a Bora, un guerrero musculoso que domina los grados bajo cero. Bora la mira de arriba a abajo con una sonrisa cínica, cruzando los brazos antes de hablar en tono burlón:
-Vaya, vaya... ¿De verdad mandaron a una preciosura como tú? Qué lástima. Sería una pena tener que arruinar ese hermoso rostro cuando empiece a congelarte. Aunque no te preocupes, intentaré ser suave contigo
Tsuruhime simplemente se queda callada, manteniendo una mirada fría y serena, mientras ajusta con firmeza el agarre de su wakizashi sin pronunciar una sola palabra.
El *gyoji* baja el abanico dando la señal de inicio. El combate estalla de inmediato.
Bora ruge y clava los puños en el suelo, desatando una brutal ráfaga de aire gélido que congela gran parte de la plataforma a una velocidad pasmosa.
-¡Veamos si sigues tan callada cuando el frío te alcance! -grita Bora, lanzando estacas de hielo directo hacia ella.
Tsuruhime no pierde la compostura. Con una agilidad imponente, utiliza sus técnicas de viento para deslizarse sobre el hielo sin resbalar, esquivando cada estaca por centímetros. Aprovechando la corriente que ella misma genera, se impulsa y gira sobre su propio eje.
-¿Eso es todo lo que tienes, gigante de hielo? -le responde Tsuruhime con una ligera sonrisa burlona, mientras corta el aire con su espada corta.
Con un movimiento preciso del wakizashi, libera una cuchilla de viento afilada que destroza un muro de hielo que Bora acababa de levantar. Los fragmentos escapan volando por todas partes.
Bora, furioso al ver que sus ataques no la alcanzan y que ella lo ignora, intenta acorralarla lanzando ventiscas a quemarropa. Pero Tsuruhime es más rápida; usa el filo de su wakizashi para desviar los fragmentos más peligrosos y, con una voltereta aérea impulsada por ráfagas controladas, se posiciona justo detrás de él.
-Se acabó -susurra Tsuruhime.
Antes de que el guerrero pueda girarse, ella utiliza la parte plana de su espada corta para asestarle un golpe contundente en la nuca, dejándolo completamente noqueado en el suelo de la arena.
El *gyoji* alza su abanico hacia el lado de la ganadora y anuncia:
-¡Combate terminado! ¡La vencedora es Tsuruhime!
Tras ganar, Tsuruhime voltea hacia las gradas y le guiña un ojo disimuladamente a Kenji. Daichi, viéndolo todo impresionado y aplaudiendo con entusiasmo, suelta una carcajada:
-¡Mira nada más! Esa chica te quedaría perfecta. Y aparte, creo que le gustas.
Kenji, completamente sonrojado, le dice apretando los dientes:
-Ya cállate
Los combates continúan uno tras otro en la arena, con la tensión al límite entre los espectadores. Poco después, el anunciador grita el nombre del siguiente participante:
-¡Siguiente combate! ¡Takeshi! ¡Y enfrentándose a él, Bruno!
Bruno entra a la plataforma con paso firme y una expresión completamente inexpresiva, luciendo su habitual desinterés. Takeshi, un guerrero fornido, lo mira con frustración al ver la actitud tan relajada de su oponente.
-¿Te crees muy fuerte por no mostrar nada? ¡Te voy a aplastar bajo toneladas de roca! -grita Takeshi, furioso.
Takeshi golpea el suelo con ambos puños, desatando un temblor que levanta enormes rocas afiladas desde las profundidades de la plataforma, lanzándolas como proyectiles directos hacia Bruno.
Bruno ni siquiera se inmuta. Sin cambiar su expresión aburrida y con un movimiento flojo de su mano, hace que una gruesa muralla de piedra sólida brote del suelo frente a él, bloqueando el impacto de golpe y reduciendo los escombros a polvo.
Justo después, Bruno atraviesa la muralla y camina con total tranquilidad hacia su oponente mientras su puño se recubre de metal pesado. Takeshi intenta reaccionar, pero antes de que pueda moverse, Bruno le acierta un potente golpe con el puño de metal, dejándolo completamente noqueado al instante sobre el suelo de la arena.
El gyoji alza su abanico de inmediato y anuncia:
-¡Combate terminado! ¡El vencedor es Bruno!
Y como Kenji lo había predicho tras ver el poder de los demás, su momento no tardó en llegar. El juez alzó la voz para anunciar el siguiente enfrentamiento:
-¡Siguiente combate! ¡Kenji contra Raijin!
Antes de subir a la plataforma, Daichi lo detuvo con una mirada seria pero alentadora.
-Muy bien, demuestra de qué estás hecho. Te deseo suerte, amiguito -dijo Daichi.
Kenji respondió con una sonrisa firme:
-Gracias, maestro.
Daichi metió la mano en su túnica y sacó un objeto brillante antes de extendérselo.
-Mira, tengo esto para ti.
Kenji abrió los ojos con incredulidad al reconocerlo:
-¿El brazalete de mi abuelo?
-Sí -asintió Daichi con solemnidad-. Una vez me contaste que él te dijo que en su momento sabrás qué es. Si logras ganar este torneo, no solo te dejaré partir con tu camino, sino que te diré exactamente lo qué es y para qué sirve.
Kenji tomó el artefacto con manos temblorosas, sintiendo el peso de la historia familiar, y se lo colocó en la muñeca. Una chispa de determinación encendió su mirada.
-No te defraudaré.
Con el brazalete ajustado, Kenji se dirigió a grandes zancadas hacia la arena, subiendo a la plataforma justo frente a Raijin, quien lo esperaba con una sonrisa cargada de arrogancia y chispas de electricidad chisporroteando en las yemas de sus dedos.
El *gyoji* bajó su abanico y el combate estalló de inmediato.
Kenji se lanzó al frente usando únicamente su primer grado de control de fuego, arrojando llamaradas precisas pero contenidas para mantener la distancia. Sin embargo, Raijin era extremadamente veloz; esquivaba cada ataque con total facilidad mientras lanzaba burlas constantes para sacarlo de quicio
-¿Eso es todo lo que tienes Kenji? Tus llamas apenas y calientan el ambiente -se burlaba Raijin, esquivando un nuevo intento.
En un abrir y cerrar de ojos, Raijin acumuló energía pura en sus palmas y desató una descarga eléctrica devastadora. El rayo cruzó la plataforma a toda velocidad y atravesó la defensa de Kenji. El impacto de lleno lo dejó paralizado, tirado en el suelo de la arena con los músculos completamente agarrotados.
Raijin se acercó lentamente, lo miró desde arriba con absoluto desprecio y soltó otra provocación:
-Patético. Te hubieras quedado en casa.
Al escuchar esas palabras, Kenji apretó los dientes con furia. Poniendo en marcha la defensa X, canalizó el flujo interno de calor para calmar y disipar la electricidad que lo mantenía inmovilizado, rompiendo la parálisis al instante para después activar el segundo grado de su poder.
-Te equivocaste de oponente -le respondió Kenji, poniéndose de pie de inmediato con un rugido envuelto en llamas mucho más intensas.
Aprovechando el desconcierto de su oponente ante su rápida recuperación, Kenji concentró toda la energía de su segundo grado y asestó un potente golpe flamígero directo que impactó de lleno en el pecho de Raijin.
La fuerza y el calor del impacto mandaron a volar a Raijin, quien se estrelló contra los límites de la plataforma y cayó al suelo completamente noqueado al instante.
El gyoji alzó su abanico hacia el lado de Kenji y anunció con fuerza:
-¡Combate terminado! ¡El vencedor es Kenji!
Tras salir de la arena, Kenji se acerca a su maestro completamente agotado, dejándose caer junto a él mientras respira con dificultad. Daichi lo mira de reojo y, con una sonrisa burlona, le da una palmada:
-Felicidades, ganaste tu primer combate... Ahora solo te falta librar otros diez.
Kenji lo mira con total cansancio, desplomándose aún más contra el suelo.
-Ay, maestro, esto apenas comienza y ya siento que no puedo más -murmura Kenji, cerrando los ojos por un instante para recuperar el aliento.
Daichi desata de su cadera una calabaza seca llena de agua y se la arroja, cruzándose de brazos con seriedad mientras lo mira fijamente.
-Dentro de muy poco te podrás enfrentar a Tsuruhime o a Bruno.
-Sí, maestro, lo sé -responde Kenji tomando el recipiente para beber un trago.
-Bien. Recupé
rate. Recupera tus fuerzas y el torneo sigue -le reitera Daichi con firmeza, dándole espacio para descansar antes de la siguiente fase.