El sol de la mañana comenzaba a calentar el suelo de la gran arena. Las gradas ya estaban abarrotadas de espectadores ansiosos, murmurando y esperando el inicio de los combates. El aire se sentía denso, cargado de tensión, polvo y sudor.
Kenji caminaba con paso firme, sintiendo el peso de la armadura X y el flujo constante del puño umbral recorriendo sus brazos. A su lado, Daichi avanzaba completamente relajado, dándole caladas a un pequeño trozo de hachís mientras observaba el bullicio con una imponente seguridad.
Al levantar la vista hacia la imponente fachada del recinto, los ojos de Kenji se abrieron de par en par.
-¿Qué? Estoy sorprendido. ¿Tantos guerreros? -soltó, incrédulo ante la marea de contrincantes que llenaba los alrededores.
Daichi exhaló una suave voluta de humo y le dio una palmada en la espalda con una sonrisa burlona.
-Obviamente, te dije que es el Torneo Bicentenario; no cualquiera participa. Tienes el privilegio de haber nacido en este tiempo para poder estar aquí.
-Vaya... -murmuró Kenji, procesando la escala de lo que iba a enfrentar.
-De hecho -continuó Daichi con tono sereno, guardando lo que le quedaba-, ni siquiera es el torneo oficial todavía.
Kenji lo miró con los ojos abiertos de nuevo.
-¿En serio?
-Sí. Para clasificar al torneo tienes que abrirte paso derranto a guerros formidables para quedar entre los primeros 8 ya de ahí entras oficialmente en el torneo
Daichi se detuvo un instante, cruzándose de brazos mientras observaba a los demás aspirantes calentar a lo lejos.
-A todo esto... ¿a quién tienes en mente?
-Pues de hecho... hablando del rey de Roma -respondió Kenji, fijando la vista al frente y caminando hacia él-. Hola, Bruno. Cuánto tiempo.
Bruno lo miró con evidente desprecio.
-Mira nada más a quién tenemos aquí. Al don madrugador -espetó con sarcasmo.
Kenji bufó, cruzándose de brazos.
-Vaya recibimiento, ¿eh? ¿Tenías que recordarlo? Oye, te ves más fuerte.
-Lo mismo digo -respondió Bruno, midiéndolo de arriba a abajo
-.Aunque tú te ves bastante formado. ¿De dónde sacas tantos músculos?
-Años de arduo trabajo moldeando el cuerpo contra la roca.
-Sí, ya lo veo. ¿Y hasta qué grado manejas? Yo ya domino el segundo grado.
-¡Cállate! -exclamó Daichi desde unos metros atrás, lanzándole una pequeña piedra directo a la cabeza para cortarle las alas
-. Hazle caso a tu maestro. Si vas anunciando tu nivel a los cuatro vientos, los demás sabrán exactamente qué tan vulnerable eres. Yo guardo mis secretos bajo llave, pero en fin...
Bruno apartó la mirada con frialdad y le dio una última advertencia a Kenji:
-Guarda tus palabras. Solo te diré algo: rézale a los dioses para que no nos toque cruzar caminos en las clasificatorias, porque vas a terminar descalificado... o fuera.
-¿Qué? ¿Ya no somos amigos? -preguntó Kenji, genuinamente desconcertado.
-En este momento no eres mi amigo, ni mi conocido. Solo un obstáculo más.
Bruno dio media vuelta dispuesto a marcharse, pero antes de que pudiera dar dos pasos, una voz femenina resonó a sus espaldas.
-Hola, chicos.
Bruno se detuvo en seco y volvió a voltear.
Kenji parpadeó, extrañado.
-Hola, señorita. Disculpa, ¿la conocemos?
-Eh, no. No me conocen, mi nombre es Tsuruhime.
-Mucho gusto, Tsuruhime -respondió Kenji, rascándose la nuca.
Bruno, a un lado, se mantuvo en absoluto silencio, cruzado de brazos y observando de reojo.
-Oigan... una pregunta -continuó la joven, inclinando levemente la cabeza-. ¿Son ustedes los sobrevivientes del ataque a la Villa del Sol?
Kenji la miró con curiosidad, extrañado por la pregunta.
-Eh, sí. Pero dime, ¿cómo lo sabes? ¿Quién te dijo?
Yoko señaló con la barbilla hacia atrás.
-El tipo de allá me dijo.
Kenji volteó a lo lejos y vio a Daichi, quien estaba recargado tranquilamente, haciendo gestos divertidos y señalándolos con complicidad, como si estuviera presumiendo a las chicas por él.
Kenji apretó los dientes conteniendo el coraje.Ay, maldito seas, viejo, pensó.
-Ah... sí, somos los únicos sobrevivientes de la villa -respondió Kenji de nuevo, regresando la atención a la joven.
Tsuruhime arqueó una ceja, dudativa.
-Eh... no, lo dudo.
-¿Qué?
-Yo también soy de la Villa del Sol.
Kenji se quedó en blanco.
-¿En serio? Pero... ¿dónde estabas durante el ataque?
Antes de que pudiera seguir balbuceando, Bruno intervino con un tono cortante y exasperado
-No pienses de más, Kenji. Mucha gente de la villa se mudó a Ciudad Central años antes. Obviamente ella es de allá.
Kenji abrió la boca, abochornado.
-Ah... ¿En serio? Yo creí que éramos los únicos dos.
-¿Cuánto tiempo has estado encerrado en esa roca?
-soltó Bruno con fastidio-. Debes salir más seguido a ver el mundo.
Sin decir más, Bruno se marchó definitivamente, dejando a ambos atrás.
Kenji soltó un suspiro de frustración antes de volverse hacia la chica.
-Bueno, Tsuruhime.. ¿Vienes a ver el torneo o te quedaras entre el público?
-No, yo sí voy a pelear -respondió ella con una pequeña sonrisa segura.
-¿Ah, sí?
-Sí. Soy kunoichi y domino el estilo del viento.
Kenji la miró impresionado.
-Oh... vaya. Pues mucha suerte, señorita.
Tsuruhime le sonrió de lado y le guiñó un ojo de manera sutil antes de alejarse un poco para calentar.
-¡Ay, qué galán! -gritó Daichi a lo lejos, soltando una carcajada estridente mientras se acomodaba.- No sabía que te gustaban las chicas. Yo pensé que ya empezabas a desarrollar otro tipo de afectos por mí, amiguito.
Kenji sintió que las mejillas le quemaban de la vergüenza.
-¡Cállate, por favor!
Daichi exhaló el último suspiro de su relajante momento y le dio una palmada firme en
la espalda, cambiando el tono a uno más serio.
-Ya, guárdate los nervios. Es hora de dejar las bromas y empezar a clasificar.