Al llegar a mi estudio me senté rápidamente a reflexionar lo que ha pasado. Esa sombra en los ojos de Lyrik… ¿Qué significa? ¿Será que estoy enloqueciendo? Es algo que me genera dolor de cabeza.
— Zestra, cigarrillo. —dije mientras realizaba un chasquido con los dedos.
De la nada y en silencio, aparecía una androide super desarrollada tecnológicamente. En sus manos poesía una caja edición limitada de una marca de puros antigua. Zestra me la entregó y comienzo a olerla suavemente…
Luego la destapo y comienzo a fumar el puro.
— Ya te puedes retirar, Zestra.
Zestra se retira. Me organicé en mi silla reclinable y acerqué el documento “extraviado”.
“Luego tendré que quemarlo” —pensé para evitar sospechas. No sabía en lo que me estaba metiendo.
Miro detenidamente el documento.
— Esto sin dudas, no es uno de los documentos que me enseñó.
“GOBIERNO DE LA GRAN COALICIÓN
Documento confidencial.
-Léase bajo sus propios ojos únicamente, elimine el documento-
Este es un reporte breve acerca de uno de los sujetos mutados en Redia. Se realizó una autopsia total luego de que el sujeto fue ejecutado por un alto comportamiento agresivo contra humanos no-infectados.
Estuvo en vigilancia durante cuarenta y ocho horas antes de su muerte, de los cuales se denotaron los siguientes comportamientos:
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Comportamiento uno (dos horas de encierro): Temblores, balbuceos constantes, cero efectividad comunicativa con otros humanos. Algunas úlceras visibles en la cara; algo no muy común en otros infectados, suponemos que estuvo cerca del brote inicial.
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Comportamiento dos (diez horas de encierro): Estático mirando a la pared durante horas. Desconocemos desde hace cuánto tiempo está en ese estado, nada perturba al sujeto.
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Comportamiento tres (veinte y cinco horas de encierro): El sujeto mutó nuevamente; ojos negros y algunas venas negras visible. Ningún otro cambio.
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Comportamiento cuatro (treinta y cinco horas de encierro): Hemos alcanzado un nivel de peligro alto con el sujeto. Debido al desarrollo de habilidades psiónicas; causó la muerte de dos soldados mediante el control mental. Se ordena su ejecución inmediata con la protección apropiada.
Nota: Se ha comenzado a notar que algunos infectados actúan como humanos. Es decir, tienen todas las características humanas. Por ahora se les denomina como “Infiltrados Necrósporos” o “Infiltrados” para facilitar su uso.
Con deferencia,
Ing. Yador Mazes.”
No lo podía creer.
Quedé boquiabierto, tiré el puro al suelo. Escuché ruidos fuera de mi residencia. Supe que tenía que actuar inmediatamente.
Me levanté y fui directo a la chimenea. Tiré el documento y comenzó a quemarse. Luego escuché el timbre de la puerta.
¡¡¡¡DING DONG!!!!
— ¡Voy! —grité; nervioso y asustado al mismo tiempo. Sin mucho tiempo de pensar.
Intenté recoger mi cabello y arreglar mi ropa. Por suerte, mi hija no estaba aquí, por lo que me daba mayor tranquilidad. Avancé y luego me detuve frente a la puerta, con mi mano alzada frente al pomo… Luego giré y logré abrir.
— Buenas tardes.
Quedé paralizado. Era la policía terrícola, dedicada a “proteger y servir al ciudadano común”. Ojalá fuese cierto. Detrás de los oficiales, habían dos drones policías. Pero, según tenía entendido, sólo se usaban en situaciones realmente peligrosas.
— Buenas tardes, oficiales. Es grato verlos por aquí. ¿En qué los ayudo? —sonreí, pero por dentro me estaba muriendo.
— Estamos aquí, enviados por el consejo por… Un documento extraoficial que desapareció. Y… Como usted estuvo allí, pues es uno de los sospechosos. —comentó uno de los oficiales, mirando de arriba-abajo.
— Oh, qué desafortunado. Pueden pasar.
Los oficiales abren la puerta y me echan a un lado. Comienzan a buscar en todos lados, mientras que los drones usan escáneres ultra-avanzados, algo que nunca había visto… Chequearon todas las habitaciones, hasta que al mirar hacia la chimenea… Creo que incluso un ataque me estuvo por causar… Algunos trozos chamuscados todavía no habían terminado de arder. Tuve que improvisar.
Corrí discretamente hacia la chimenea y empujé con mi pie el trozo de papel hacia el fuego. El ruido fue notorio, ya que los oficiales acudieron al lugar:
— ¿Todo bien? Algo extraño sonó aquí. —dijo uno de los oficiales, acercándose lentamente hacia mí.
— Sí, todo bien. Simplemente organizo la chimenea, quizás hice ruido. Disculpe.
El oficial no quedó satisfecho. Observó por encima de mí por un momento y luego alrededor. Se acercó a mí y siguió observando.
— ¿Y esos… Residuos que están en la chimenea?
— Supongo que son restos del carbón. Qué sé yo.
El oficial se agacha para tocar los residuos, se disponía a oler cuando:
— Maverick, la casa está limpia.
El oficial voltea, y se levanta. Se limpia las manos con un pañuelo que sacó y procede a retirarse junto con los drones. Respiré aliviado. Zestra cerró la puerta detrás de los oficiales y drones, sobreviví por poco. Creo que es momento de preparar el plan b en caso de falla del primero.
El tiempo nuevamente hizo su jugada y avanzó hasta transportarnos con Elydia nuevamente. Ya había crecido y se había graduado con honores. Se dedicó como investigadora privada, junto a Derrick, que se había convertido en su pareja. Un informático de ciberseguridad astro-avanzada.
— Derrick, voy a llegar tarde. Te dejo el café ahí en la mesa.
Derrick asintió mientras estaba en el baño, cepillándose sus dientes. Levantó la mano y la sacudió en señal de despedida.
Yo le correspondí y me marché. Logré obtener una entrevista exclusiva con Benedith Awnson, un renombrado entrevistador del programa de Holo-TV más visto del planeta. Él creía en mí, en mi capacidad de averiguar qué pasó en el accidente de Redia.
Tomé el metro suspendido en el aire.
— Próxima estación, centro de la ciudad. —anunció la voz del metro.
Mientras me sentaba en el metro y este se movía, sólo podía fijarme en un padre con su niña. Estaba feliz, jugando con su padre.
— Te quiero, papi.
— Eres el mejor padre del mundo.
— Eres mi héroe.
Cosas que hubiera deseado haber dicho a mi padre. Pero el tiempo ya no me lo permite. No recuerdo ni siquiera bien su cara, su aroma, su rostro. Nada. ¿Eso me hace mala hija? Eso es algo que le dejaría a mi psicólogo averiguar.
— Estación Central. —anunció la voz del metro.
Volví a mí al instante. Me levanté y seguí mi camino. Aquí en la ciudadela la vida era relativamente tranquila; más sin embargo tenía sus matices, la pérdida de vidas humanas crecía a un ritmo exponencial.
Llegué caminando al edificio más grande de nano-comunicaciones del planeta. Por suerte, se encontraba cerca de la estación por lo que era fácil volver. Suspiré y entré. “¿Será por fin que la verdad será revelada?”. No podía esperar más.
— Buenas tardes. —dije con mucho entusiasmo, en mis manos llevaba unos documentos sellados.
— ¿En qué podemos ayudarle, joven? —contestó la recepcionista levantando la cabeza para prestar atención; dejó entrever su gran sonrisa como parte de su servicio al cliente.
— Tengo una entrevista con Benedith el día de hoy.
— Oh, ¿Elydia?.
Asentí. Un poco nerviosa en el fondo.
— Dirígete a aquella puerta de la izquierda dice “cabina de grabación planetaria”.
Se oía importante, rebosaba mi miedo de fallar y ser juzgada o peor, el hazmerreír de toda la ciudad. Tengo que mentalizarme. Prepararme. Caminé hacia la puerta y la abrí, entré a una sala bastante elegante; paredes negras con blanco un color bastante sutil, no concuerda con la época actual, tan futurística. Unos cojines cómodos y “vintage” en el sentido de su antigüedad que denota una esencia de calidad y prestigio de quién lo diseñó.
— Saludos, me dijeron que podía pasar. —dije mientras cerraba la puerta tras de mí.
— Sí, adelante. —indicó Benedith con una gran sonrisa. Parecía un hombre carismático y honesto, de alta estatura y buena apariencia.
Benedith se levantó y se acercó a mí. Procedió a levantar su brazo y a extenderlo en señal de un apretón de manos. Y yo, le correspondo.
— Elydia Adams. Un placer conocerlo finalmente.
— El placer es todo mío, señorita Adams. Siéntese. —soltó mi mano para indicar que me sentara en uno de los asientos de la cabina.
Me senté en uno de los asientos y luego Benedith se sentó.
— Muy bien, Elydia. Estoy interesado en tu historia acerca de Redia y la información que has recopilado desde entonces. Pero… Hemos leído un poco el documento y…
Hizo una pausa larga.
— ¿Y? —contesté.
— Pues… No sé si será fácil de transmitir. Tiene información aparente de documentos confidenciales del gobierno, fácilmente podrían censurar este programa.
— ¿Cómo sabe que tiene información confidencial? —levanté una de mis cejas en señal de sospecha.
— Pues… Porque es evidente, Elydia. Mis años de experiencia hablan por mí. Pero nada, hemos hecho una corrección del documento y mi asistente te entregará una copia ahora mismo.
Una asistente entra a la oficina con un gran documento con muchos apuntes y escritos, indicando cambios para poder transmitirlo. Lo coloca frente a mí y luego se coloca a mi lado.
— Puedes leerlo. No tenemos prisa. —dijo Benedith mientras encendía un puro.
Comencé a leer… Las modificaciones trataban, más que nada, de hacer sonar el documento como si fuera información pública y que no arriesgue al gobierno. Aunque me molestaba, entendía que si no era así no iba a ser posible.
— Por lo que veo, está bien. Así que estoy de acuerdo.
— Excelente, entonces. Vamos a iniciar.
La asistente se retira y los productores comenzaban a prepararse. Benedith estaba practicando un poco con el documento y yo sólo miraba el guión que se armaba para poder llevar información verídica y concreta a toda la población.
— ¡Bienvenidos de nuevo al Talk Show with Benedith Awson! Es un placer tenerlos nuevamente con nosotros aquí, estamos felices de poder brindarles un show de calidad y para toda la familia, cada martes a las ocho de la noche.
Benedith agarra el documento.
— Bien, en este episodio, le tenemos una invitada especial, una heroína, una persona que busca la verdad a toda costa y busca un cierre de la muerte de su padre. Elydia Adams.
La cámara me enfoca a mí, aunque nerviosa, logro responder:
— Un placer estar con ustedes.
— Elydia, gracias por estar aquí. Iniciemos de una vez. Leyendo el documento que nos proporcionaste, hemos quedado impactados con la información que hay. ¿Cómo conseguiste toda esa información?
— Es sencillo, Ben. La información no se puede ocultar para siempre. Simplemente busqué en el lugar correcto.
— Entiendo, Elydia… ¿Pero en Redia la crisis está bajo control?
— Según he investigado, no. La crisis se ha salido de control y se ha extendido hacia otras zonas de la coalición, aún no tengo información de a qué zonas, pero puede ser más cerca de lo que creemos…
Benedith traga saliva y hace una corta pero notable pausa.
— Excelente… Oh… Tenemos una llamada especial del presidente de la Gran Coalición, Lyrik Paglan. Producción, colóquela en pantalla.
En la pantalla se ve la cara de Lyrik Paglan, al fondo parece ser su despacho presidencial. Una escena que sinceramente parece preparada.
— Saludos, señor presidente. Estamos sorprendidos de que quisiera unirse con nosotros aquí.
— Sí, Benedith, quise unirme para ser partícipe y dar respuestas claras acerca de las dudas que todavía genera este tema. Que ya no debería ser un tema, porque FUE CONTROLADO. —dijo visiblemente molesto, pero manteniendo la serenidad.
— Señor presidente, un placer conocerlo virtualmente, soy Elydia Adams. Hija del presuntamente fallecido Daniel Adams. Entiendo que es un tema que supuestamente está controlado, pero… ¿Por qué no han entregado el cuerpo de mi padre a pesar de haber pasado más de diez años de la crisis?
Lyrik clava su mirada en Elydia.
— Simple, señorita Adams. Primero que nada, mi más sincero pésame acerca de la pérdida de su padre, pero creo que usted se ha dejado llevar de las emociones y no de los datos verídicos y públicos que hay en la red.
Lyrik tomó un sorbo de lo que parece ser café y prosiguió:
— El cuerpo de su padre fue destruido en la crisis. Sufrió tantas lesiones que incluso es casi irreconocible. Por lo que, para evitar un trauma mayor y porque es nuestra responsabilidad, hemos decidido tomar el cuerpo para investigación científica y evitar que pasen de nuevo accidentes como estos.
Reí ligeramente.
— Usted me da gracia, señor presidente. Los documentos revelan que hay algo más que una crisis por la Crisálida, sino un organismo hipermetódico fue descubierto. Un ser extraterrestre, el primer signo de vida alienígena.
Me levanté y enseñé a la cámara un documento que lo probaba. Firma clara de uno de los ministros principales de la Gran Coalición. Benedith y el resto del equipo quedaron con la boca abierta.
Hubo una pausa por alrededor de treinta segundos. Los ojos de Paglan parecían buscar información para contraargumentar.
— Señorita Adams, esa información no ha sido confirmada por el gobierno. Ese… “organismo hipermetódico” que usted dice que existe, debe de saber que no es cierto totalmente. Hemos descubierto un organismo originario de Redia que no es una amenaza para la humanidad hasta ahora. Nuestros científicos en laboratorios del gobierno así lo confirman.
— Pero qué sorpresa, señor presidente. Pasamos de crisis, ahora hay un organismo no-peligroso para la humanidad. —ríe con ganas; Benedith me mira nervioso.
— Muy bien público, hagamos una pausa comercial.
Salimos de la cabina y Benedith interviene mientras que la llamada del presidente está pausada.
— Ehmmm… Elydia. El presidente se comunicó conmigo acerca de la información que tienes. Hay posibilidades que me censuren el programa, no estás llevándote del documento editado.
— Lo sé, Benedith. Pero no puedo quedarme de brazos cruzados cuando el presidente ha ocultado información durante tanto tiempo.
— Debes entender que no son temas fáciles de discutir. Por favor, cuando volvamos… Enfócate en el documento. Nos vigilan.
Asentí rabiosa. Quería destapar este gobierno corrupto e imbécil. Pero supongo que no era el momento.
— ¡Volvimos de nuevo, mi gente! disculpen la breve interrupción pero ya estamos aquí. Elydia, puedes proseguir junto al presidente.
— Gracias, Ben. Según este documento que tengo, donde recopilé información, el gobierno lamentablemente no está siendo lo más transparente posible con nosotros. Quisiera que, el presidente, elegido “democráticamente” de una explicación clara y evite marear a la población de una vez por todas. ¿Cómo es posible que haya pasado una década y todavía no hay una solución? Eso demuestra una gran ineficiencia en su gobierno.
— Bien, señorita Elydia. Como entenderá, hay procesos burocráticos que cumplir y que no le aburriré con los detalles. La crisis está en mayor medida resuelta.
— Y aquí vamos de nuevo con marear a la población. —interrumpí.
— NUNCA es un: “está completamente resuelta”, siempre es parcial, mayormente, ¿por qué?
— Porque no sólo controlamos la tierra, Elydia. Controlamos un sistema solar completo.
— Entiendo perfectamente. Pero quiero que reconozca la ineficiencia de este gobierno para dar soluciones puntuales a problemáticas graves. Su gobierno no es muy diferente al antiguo.
— Es cierto. —reconoció Lyrik.
— Pero no le doy la razón a que la crisis no está resuelta. Hasta donde tengo entendido, la crisis no ha salido de Redia.
— Tengo documentos que lo contradicen. —interrumpí nuevamente.
Enseño nuevamente documentos que contradicen lo relatado por Lyrik.
— Cada hoja, cada letra, cada oración, cada palabra. Detalla exactamente lo que quiero decir. Y desde hoy, está disponible en mi portal digital para que TODA la población terrícola sea consciente del tipo de gobierno que tenemos.
— Si interrumpe nuevamente, me largaré de esta entrevista.
— No fue invitado en primer lugar. —contesté molesta.
Lyrik se quedó callado. Miró a Benedith durante unos segundos.
— ¡Excelente debate! me alegra saber que la democracia en la Gran Coalición aún vive y está más presente que nunca. —dijo nervioso; tratando de suavizar el ambiente sin éxito.
— Creo que hemos llegado al clímax y lo mejor es dejarlo hasta aquí. —indicó Benedith mirándome a mí y luego a Lyrik.
— Agradezco enormemente la llegada al programa de estas dos geniales personalidades. Pero lamentablemente el programa llega a su fin. ¡Hasta la próxima, público!
— SALIMOS DEL AIRE. —indicó el productor.
— Si es que volvemos a salir nuevamente. —dijo mientras suspiraba, con cansancio.
— Lo siento, Ben. —dije mientras me acercaba; toqué su hombro en señal de consuelo.
— Sí, lo sé. Puede que hayas cerrado este programa permanentemente o haberme quitado mi trabajo.
Miré hacia abajo un segundo, pensando en lo que hice. — Eres un buen reportero y entrevistador Benedith y te ve mucha gente, no le conviene sacarte. —dije en forma de consuelo.
— Eso espero. Ya te puedes ir, llega bien.
Sonreí y me marché. Salí del edificio y me dirigí tranquilamente a la estación. No me había fijado lo rápido que había caído la noche y el poco tráfico que reina a estas horas. Parecía un desierto.
De camino hacia la estación para ir a casa, sentí la presencia de algo cerca mío; una figura sombría, extraña, tosca, algo… Terrorífico. No me quise voltear, no sabía lo que podía significar, si mi muerte o algo más. Sólo seguí derecho. Veía las luces de la estación y su gran letrero:
“ESTACIÓN CENTRAL DE LA CIUDADELA”.
Nunca me había sentido tan feliz por una estación de un metro levitando. Llegué a la estación, casi vacía, excepto por el personal de seguridad y limpieza, algunos transeúntes. Caminé un poco rápido, quería llegar con Derrick lo más pronto que fuera posible. Llegué y esperé el metro.
No había nadie. Vacío, desolado, sólo mi sombra y yo. Pero sentía algo, aunque me daba vuelta y no veía nada. Tenía miedo, pero no sé de qué.
El metro llegó y logré subirme sin problemas. Había gente por suerte. Suspiré de alivio. Me sentía sola en una ciudad bulliciosa. Ese es un sentimiento nuevo.
Me quedé dormida.
Quizás, fue mi peor perdición.
“Tranquila, mi chocolate. Yo te cuidaré.”
Me levanté asustada, transpirando. Aterrorizada. Miro alrededor…. No hay nadie conmigo, vacío. ¿Me habré pasado de estación? No. Apenas va por la mitad de mi recorrido.
Entonces lo ví, una figura negra, una sombra, sin rostro, sin alma, sin nada. ¿Un trauma? Quizás.
Me levanté y me alejé lentamente y la figura se acercaba a mí cada vez más y más rápido.
— ¡ALÉJATE DE MÍ!
Corrí con todas mis fuerzas hacia atrás, lejos de la figura, atravesaba los vagones, vacíos por cierto, sin una pizca de humanidad.
Corrí, corrí, corrí. Llegué hasta un final. Un camino sin salida. Tendré que enfrentar con fuerzas, demostrar que es una mierda.
La sombra estaba frente a mí, mientras que yo le daba la espalda. Me volteé y dije:
— No sé porqué te tengo miedo. Pero ya no más.
La abracé. Luego nuevamente desperté y había vida. Gente. Ruido.
— Estación cinco, Distrito de Rosewound. —anunció la voz del metro.
Me levanté y me dirigí a mi casa rápidamente, sin detenerme. Por suerte, no estaba muy lejos del metro. Subí el ascensor y entré al apartamento. Cerré la puerta y colapsé por mi propio peso.
Lloré. Lloré por todas las veces que no lo había hecho para ser fuerte. ¿Qué gano siendo fuerte pero con el alma rota?
Derrick se asomó; tenía un aspecto somnoliento, me parece que lo acababa de despertar. Me vió llorando y sólo me abrazó.
Yo seguía llorando. Y no había un motivo específico del porqué. Es algo que había acumulado quizás durante muchísimo tiempo y mi cuerpo y mente decidieron que ya aguanté por suficiente tiempo. En mi lugar seguro, con el amor de mi vida, Derrick. En mi hogar.
— ¿Qué pasó? —me dijo Derrick confundido. Me miraba como si fuera una niña pequeña a la cual cuidar.
Sólo negué con la cabeza.
— Creo que lo necesitaba. Había aguantado por mucho tiempo no poder desahogarme. ¿Viste la entrevista? O el intento.
Derrick asintió.
— Lo destruiste. —sonrió.
Reí ligeramente.
— Y no como quise. Benedith me advirtió que no lo hiciera. Por el bien de su programa y su trabajo.
— Que viva la democracia. —dijo Derrick con mucha ironía y sarcasmo.
— Vamos a dormir. Mañana tenemos muchas cosas que hacer. —dijo mientras me ayudaba a levantarme.
Juntos fuimos al dormitorio y luego me dirigí al baño del dormitorio a asearme. Me preparé y estaba lista para dormir.
— Derrick. Ni siquiera te conté las caras que hizo Benedith mientras reprochaba al presidente. Tenías que verlo. —dije desde el baño al dormitorio.
Sin respuesta.
— ¿Derrick?
Salí del baño al dormitorio y no estaba en la cama.
— Derrick, no es momento de bromear o hacer estupideces.
Sin respuesta. Salí del dormitorio hacia la sala de estar.
Ahí lo ví.
— Tienes un lindo apartamento, Elydia.
Un sujeto vestido de negro, aspecto caucásico, cabello negro y ojos verdes. Sonriendo todo el tiempo. Sostenía una pistola con la que apuntaba a la cabeza de mi pareja, Derrick, quién sangraba en la sien por el golpe anterior.
Quedé impactada, pero no lo dejé notar.
— ¿Qué quieres de nosotros? —pregunté molesta.
— Calma. No quiero hacer daño. Necesito que vengas conmigo, tenemos una reunión.
— Ya se está haciendo muy tarde para las reuniones. —dije con firmeza.
Golpeó la cabeza de Derrick con la pistola y él gritó de dolor.
— Lo dices como si tuvieras opción.
— Está bien, me cambiaré de ropa.
Me vestí con lo que pude. Las situaciones me buscaban a mí, no yo a ellas. Nunca pararán. Estoy seguro que es un agente secreto del presidente.
— Listo.
El sujeto noqueó a Derrick y me apuntó con la pistola. Sacó una tela negra de uno de sus bolsillos.
— Póntelo.
Me coloqué la tela negra y caminé hacia la puerta con dificultad.
— No hagas daño a Derrick, ya estoy haciendo lo que quieres.
El sujeto se acerca a mi oído.
— Lo que dijiste hoy, te saldrá caro. —vociferó en mi oído.
Bajamos del edificio y me llevó a una camioneta. Subí y arrancó. No entendía nada, pero no tenía miedo.
Tras treinta minutos de viaje, finalmente parece que llegamos. La camioneta se detuvo y bajé guiada por una persona desconocida.
Luego sentí como entramos a un edificio. Sentí una mala presencia dentro, una vibra extraña.
Escuchaba gritos y pedidos de ayuda, mis pies sentían charcos de algo desconocido. ¿Quizás agua? Quise pensar que sí.
Entré a una habitación y me colocaron en medio de ella.
— Quédate aquí. —dijo un sujeto mientras salía de la habitación; cerró la puerta tras de él.
Quedó todo en silencio y yo con los ojos cerrados durante diez minutos. Luego se abrió nuevamente la puerta.
— Gracias muchachos. —dijo la persona que ingresó. Cerró la puerta detrás de él.
Reconocí la voz. No podía creer que hemos llegado a este punto. Me quitó la venda.
— Lyrik Paglan. ¿Dejó de existir la libertad de expresión en tu nación utópica? —le pregunté.
Él sonríe.
— No sabes la magnitud del problema que causaste.
— Quieres decir, ¿problemas de la coalición que escondían a toda la población?
— Para su propio bien, Elydia. Para su propio bien. Los humanos son seres bastante paranoicos y propensos a destruirse por cualquier cosa.
— No quisiera que mi gobierno me cuide de esta manera.
— Siento que trabajas para la rebelión. He ordenado traerte aquí por ese motivo.
— No trabajo con ninguna estúpida rebelión, es tu excusa para poder hacer las cosas tiránicas que haces. —le dije mientras lo miraba a los ojos.
— Negativo. Dime todo lo que sabes, por tu propio bien.
No dije una sola palabra.
Lyrik rió como un loco. Dió vueltas alrededor mío.
— Intenté ser bueno. Pero no sabes con qué te metes.
Detrás de mí, golpeó fuertemente en mi espalda baja, caí al suelo y grité de dolor. Miré al suelo y cerré mi mano, formando un puño de ira.
Lyrik me agarró del cabello y me arrastró. Luego alzó mi cabeza violentamente.
— ¿No me dirás nada, maldita perra?
Seguía en silencio. Me dio una bofetada que casi me rompe la quijada. Mi cara se puso roja.
— Una maldita chica negra metiéndose donde no debe. Increíble. Tienes suerte que no mandé a matar a tu estúpido noviecito.
Agarró con su mano mi cuello y me asfixió. Perdía el conocimiento, mi piel se volvía morada. Él veía como me desvanecía. En el último momento, me soltó. Respiré forzadamente y tosía. Siguió golpeándome en la parte baja de la espalda, clavó su puño en mi estómago. Perdí todo el aire…
— Tráeme el aparato.
Ingresó uno de sus agentes con un “mutilador falángico”.
— No… —dije con la poca fuerza que tenía.
Lyrik me miró. Luego arrebató el mutilador y lo puso en el dedo índice de mi mano derecha.
Traté de empujarlo con la poca fuerza que tenía, pero fue en vano.
Me miró como un desquiciado. Como si verdaderamente disfrutara hacerme sufrir, lo gozaba, quería más. No podía detenerse. Accionó el aparato.
— ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ARRRRRRRRRGHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!!!!
Perdí mi dedo. Chorro de sangre sin parar. Lyrik sólo reía.
Él era capaz de mucho más.
— El único motivo por el que estás viva, es porque todos los ojos están en tí. Si dices algo que me perjudique, no me importará eso más. Cuídate, Elydia.