— Ya es momento de descriogenizarla.
— ¿Está seguro, señor?
Tor asiente.
La cámara de criogenización es abierta; de ella brotan líquidos de nutrientes y está Natalik se encuentra recostada. Como si fuera un ángel caído del cielo.
– Hay que ponerla en una camilla antes de que despierte.
Charen fue colocada en la sala de aislamiento. Blanca, tan profunda que parecía que no tenía fin.
Poco después, Charen despertó. Algo confundida, se levantó y miró alrededor de la habitación.
Yo tenía unos análisis médicos generales del cuerpo de Natalik Charen. A pesar de que han pasado ya diez años desde el incidente de Redia… Su cuerpo se está revitalizando e incluso volviéndose más jóven.
El hongo, que me atrevo a bautizar como “Necróspora” debido a que actúa como un hongo muerto, tiene capacidades inimaginables para nuestra época; el hongo era capaz de replicar nuestras células a un nivel atómico casi perfecto. Algo impresionante y digno de estudiar. Aún faltaba mucho más por investigar, pero esto era un avance importante.
– Buenos días, Charen. Soy Tor. –dije por el parlante; Charen miraba confundida hacia todas las direcciones posibles.
– Tengo varias preguntas que necesito que me otorgues.
Charen enfoca la mirada justamente donde estamos nosotros, una mirada pícara.
– Las contestaré con gusto, Tor. Sería mucho mejor si estuvieras aquí, conmigo.
Salgo del centro de control de la habitación e ingreso por la puerta indetectable de la habitación. Charen se queda fija viéndome… Se levanta de su cama.
– Tor, sólo ayúdame. No quiero estar aquí.
Me acerqué lo suficiente. Teníamos una distancia prudente, la verdad es que Charen era muy amable y agradable en su momento.
– Bueno, comenzaré con las más sencillas. –dije colocando mi carpeta con documentos en la cama; de espaldas a Charen, no supuse que hubiera peligro alguno.
Cuando sentí como algo me jaló hacia atrás fuertemente. No podía respirar. Caí al suelo y vi como Charen subía encima de mí y me apretaba el cuello fuertemente, sus ojos demostraban ira, resentimiento… Dolor… Trauma por todo lo vivido. Pero más que nada, sufrimiento.
Los demás científicos vinieron y me la quitaron de encima. Intenté levantarme y sólo escupía sangre. Luego veo como sedaron a Charen para tranquilizarla.
– Esto fue un buen inicio. –dije riéndome mientras me levantaba.
Me reí como un loco. Esto me estaba enloqueciendo.
– Bueno, volvamos a intentarlo de nuevo en un rato.
Fui a mi habitación a bañarme. El aislamiento con el mundo exterior en la tierra puede haberme afectado gravemente. Quizás estoy perdiendo mi… Humanidad lentamente. No lo pude entender.
Luego de estar listo y correctamente vendado por las heridas, volví al panel de control.
– No, yo iré de nuevo. –dije con firmeza mientras veía como uno de mis compañeros de laboratorio, toma el control de este interrogatorio.
– Pero acabas de recibir la paliza de tu vida. ¿Quieres otra?
– Sí. –le arrebaté los documentos de la mano y entré–.
– Hola de nuevo Charen. Entiendo perfectamente tu frustración. Sólo debo recordarte que no fui yo quién mató a tus compañeros en Redia. –sonrío ligeramente.
– Lo sé. Pero tampoco colaborabas ocultándome información.
– Es mi trabajo, Charen. Debes entender que no soy un científico independiente. Pero ese no es el punto, por favor, contesta estas preguntas y quizás en algún momento te puedas ir de aquí. –me senté y le señalé la silla frente a mí para que se sentara.
Natalik se sentó calmadamente.
– Espero no haberte rasguñado de por vida, Tor.
– Yo también. –sonreí nuevamente.
Charen se quedó viéndome, creo que sabe que algo dentro de mí está roto.
– Bueno Charen, ya que estamos en confianza, creo que es bueno que sepas que uno de tus compañeros sigue vivo. Y uno con el que estuviste muy de cerca.
Aunque Charen apartó la mirada por un segundo, luego la clavó directamente en mí.
– ¿Quién? –preguntó con un excesivo interés.
– Daniel Adams. Pero, antes de que te exaltes sin control, no puede ser despertado. Está en una etapa muy avanzada de infección lo cual es muy riesgoso para nosotros y toda la humanidad básicamente. Si colaboras conmigo, te dejaré verlo.
Charen asiente y se le sale una lágrima.
– Bien, cuéntame tu experiencia en Redia. ¿Notaste algo fuera de lugar?
– Realmente no. Era muy inexperta, bueno sigo siendo, en el planeta. Nunca ocurrió ningún incidente hasta mi último día allí.
– ¿Qué síntomas tenían los infectados? –pregunté mientras anotaba incansablemente.
– Algunos vomitaban, se ponían pálidos, en otros brotaban venas negras. Como a mí.
– Puedes estar tranquila, descubrimos que eres inmune. Al menos en esta versión del hongo.
– Bien, entonces… ¿No les pasó nada más?
– Bueno… Según recuerdo no… ¡Oh! algunos empezaban a convulsionar incluso.
– Antes de seguir… Quisiera saber qué le pasó a Fedra.
– Está desaparecida hasta ahora. Creemos que ha muerto por el hongo en Redia… Pero no hemos encontrado su cadáver ni nada parecido.
– Y qué pasará con Redia…
No contesté. Es una pregunta que no tiene respuesta. Diez años de cuarentena y sin una solución práctica ni médica al problema… Me temo que esto ya podría estar incluso en la tierra.
– ¿Entonces?
– Seguirá en cuarentena hasta nuevo aviso.
– Pero lleva diez malditos años así. ¿No les importa las miles de personas que viven ahí y sus familias?
– Ese no es asunto mío ni tuyo, debes entender que nos manejamos por un protocolo.
– El cual NO está funcionando, sino, ya esto estuviera resuelto y no me preguntaran cosas así. Seré inexperta, pero no soy estúpida. Apuesto que esta situación seguro está esparcida en más planetas y su “rapidez investigativa” no está siendo muy útil.
Miré a Charen. Tiene razón. Anoté todo lo que hemos dicho. Me levanté y me retiré.
– ¿Dónde vas? Me debes una visita.
– Coordino eso y uno de los soldados te llevará.
Me retiré y reflexioné acerca de lo que Natalik Charen comentó conmigo. ¿Diez años de cuarentena y sin una solución a la vista? Esto es algo que preocupa y que sin darnos cuenta… Se esparce lentamente.
Vi como Tor se retiraba sin escrúpulos de esta habitación baldía. Aún me debe mi visita con Daniel. A pesar de esta situación descontrolada, estaba feliz de tener un amigo vivo… Pero… Infectado. Sin una cura sería imposible tenerlo de vuelta.
Unas horas después un soldado entró en la habitación, me levanté rápidamente esperando que me indicara para poder ir a ver a Daniel. Me hace la seña para que lo siga y yo con la curiosidad que me brota por la piel, lo seguí.
Pasamos por los pasillos de las instalaciones; bastante moderno y tétrico, muchas piezas metálicas y futuristas esto es algo que normalmente no se suele ver en muchas partes del sistema solar.
Luego pasamos a la parte más oscura; una sala de experimentaciones donde habían humanos disecados… Cuerpos abiertos con sustancias negras brotando de su interior, una asquerosidad. Un olor fétido a podrido, indescriptible. Como si de un ácido apestoso se tratara.
Avanzamos hacia la sala de conservación. Donde estaban la mayoría de cuerpos humanos intactos. Era una habitación grande, llena de cápsulas de donde probablemente salí de aquí.
– La mayoría son de Redia. Ciudadanos de Redia. –comentó el soldado.
Miré alrededor y encontré la cápsula de Daniel casi al final. Su cuerpo estaba bajo el líquido conservador de cuerpos y lleno de la misma sustancia negra que encontramos en los sitios anteriores… Sus ojos… Inyectados del mismo líquido. E incluso, siento como si ellos podían verme. Su cuerpo sí estaba cambiando, las venas crecían con cada minuto que pasaba como si estuviera mutando en algo más. Me asusté, pero el soldado no se dió cuenta.
– No es el único así. -comentó el soldado.
– La mayoría sino todos los habitantes Redianos fueron sacados del planeta y traídos aquí. Quedan científicos estudiando la crisálida y cómo pudieron conservar la Necróspora.
– ¿Cómo sabes todo eso? –pregunté curiosa.
El soldado me ignora con una cara inexpresiva. Aunque con ganas de hablar, se limita demasiado a contestar mis dudas. Sólo mira el alrededor.
Acaricié la cápsula de Daniel, esperando alguna señal esperanzadora surgiera.
“Elidya” escuché en mi mente. Como si tratara de hablar conmigo. “Elidya”.
Reflexioné al respecto. ¿Fedra estará infectada? Necesito ir a Redia y encontrarla… O que ella me encuentre a mí.
– Ya nos debemos ir.
– Espera, chico… Por favor… Ayúdame a salir de aquí. Tengo que averiguar qué pasó con los demás.
– Ya los ves a todos aquí. Redia es un planeta inhabitable ahora mismo.
– No veo a Fedra aquí, ella puede transmitir el hongo si está infectada.
– ¿Y cómo sé que tú no eres una portadora del hongo? Puedes infectar a todos sin darte cuenta.
Es una buena pregunta. Las probabilidades de que eso pase son muy altas. Necesitaría que todos estén o muy bien protegidos de mí o muy lejos de mí.
– Vámonos.
Debo ver la manera de escapar. No creo ser capaz de transmitir el hongo, creo que ya varias personas se hubieran infectado.
Volví a la gran habitación blanca y el soldado se desvaneció ni bien entré. Sentí una vibra extraña con él… Quizás este hongo está modificando algo en mí sin darme cuenta.
Al volver sólo encontré una nota: “Sigo en Redia. -F.”
Parece que alguien dejó la nota aquí en la silla. La F será de ¿Fedra? ¿Quién la dejó aquí? Dónde sea que estés… Espero que sea cierto.
Empecé a dormirme lentamente, pero en mis pensamientos sólo existe el remordimiento del qué hubiera hecho para que nada de esto hubiera pasado. Supongo que sólo quedará en mi cabeza, por el resto de mi vida. Mientras que Fedra, al otro lado del sistema solar, buscaba la forma de sobrevivir de la terrorífica Necróspora.
Llevo diez años atrapada en Redia. Con mi último intento de escape, quizás he perdido la esperanza de continuar. Pues, la astronave en la que manejaba se ha estropeado. Seres alienígenas tocan la puerta violentamente donde estoy escondida: sola, en la oscuridad.
En las noches sólo podía escuchar gritos de agonía y de súplica. Yo, en cambio, me escondía como una total cobarde sin ánimos de ser héroe. Quizás, es mejor así.
Al momento que todo esto empezó, tuve la gran fortuna de no estar tan cerca de Redia. Pero no me salvé. Literalmente aislaron el planeta bajo una cúpula de drones diseñados por mí misma. Qué irónico. Sólo veía seres negros viscosos salir de todos lados y atacando a todo lo que vieran.
Tomé mi Phazer y disparé. No me quedé a preguntarles quiénes diablos eran. Luego tomé este lugar como mi base. Aquí he sobrevivido, he convivido con muchas personas que dicen “volveré”, “mi familia está allí”. Nunca vuelven.
Sólo un niño, de la nada, aparece para hacer recomponer y tener esperanza. Sólo, caminando por las calles, sin tener idea de lo que ha estado pasando aparentemente. ¿Sobreprotección? Yo lo veo como un oasis en medio del desierto. Aún sin saber qué pasa.
– Niño, ven aquí. ¡Ahora! –le grité a ese niño, desde una ventana segura de mi base. La calle estaba totalmente solitaria y llena de caos a su alrededor, calle agrietada, escombros e incendios se notaban por la ciudad. El niño corrió hacia mí, aunque un poco atemorizado, de ser uno de ellos.
Agarré a ese niño como pude y lo llevé al refugio.
– ¿Qué haces ahí afuera? Es muy peligroso con esos bichos. –susurré tomándolo de ambos hombros con mis manos. Sólo me miraba confundido.
– No encuentro a mis padres… Llevan dos días fuera de casa. –dijo mientras me miraba toda histérica.
Lo solté y le indiqué dónde había comida. Él fue directo hacia allí rápidamente. Mientras comía, lo interrogué:
– ¿Muy lejos de aquí?
Dijo que no con la cabeza.
– En el centro comercial. –dijo con dificultad por masticar.
El centro comercial. Fue usado como centro de operaciones del gobierno local, cuando había un gobierno local, valga la redundancia.
– Los buscaré. Pero no puedes salir de aquí por ningún motivo. Tómalo como que eres el guardián de mi base mientras no estoy.
Asintió. Sus costillas eran visibles, tenía días sin comer. Y por su ropa y calzado desgastados, se notaba que no había vivido en unas muy buenas condiciones.
– Pero ¿cómo sobrevivieron todo este tiempo?
– Papi y mami me cuidaban en mi casa. Nunca me dejaban salir a jugar. Decían que era muy peligroso porque hay hombres malos de negro… Hasta que un día papi salió y no volvió… Mami lo intentó buscar y tampoco volvió. Y yo como todo un chico valiente decidí ir por mis padres.
– Deben de estar muy orgullosos de tí.
– Eso espero… –siguió comiendo vorazmente el jovencito.
Salí de la base bien armada y con una máscara improvisada por las esporas. Sabía que era una especie de hongo, pero no de lo tan peligrosa que era. Saqué el Phazer bien cargado y comencé a indagar.
Tras una buena caminata por la ciudad de Redia, llegué a su centro comercial. Ya el sol estaba en camino de ocultarse, momento peligroso ya que los seres tenían más fuerza de noche. Mientras que el lugar, un total desastre. Vehículos destrozados, incendios y edificios abandonados y destruidos.
Entré y estaba en total oscuridad. Activé mi linterna y busqué entre las tiendas departamentales… Cientos y cientos. Algunos con carteles anunciando su cierre y el gobierno anunciando la cuarentena, cuando aún era viable.
Muchos cadáveres se podían visualizar en el gran pasillo del centro. Horrible. Una total masacre humana por este ser repugnante. Algunos mostraban llevaban sus compras, pero ni siquiera un intento de “ayuda” escrito por alguna parte. Pero uno en particular, me impactó: era una foto familiar de un padre con su hijo y su esposa. El hijo es el niño al que rescaté, pero el cadáver del padre estaba sólo. Lo peor de todo, la madre estaba embarazada nuevamente.
Me rompió el corazón… ¿Cómo le digo a ese chico que su papá murió y su madre está desaparecida? Muy posiblemente muerta o infectada… Choqué mi puño contra la pared de la impotencia e irresponsabilidad del gobierno de no manejar la cosa como debería haberse hecho desde un principio. Con orden.
Sólo pude encontrar entre los escombros un antiguo juguete usado. Quizás al niño le gustaría.
Comencé a buscar la salida del complejo comercial, cuando escuché el rugido de esas bestias…
¡GRRUUUAAAAAAAAK-K-K!
Veía sus sombras por las paredes del pasillo; de esta a mí no me agarran viva. La piel se me erizaba. El estruendo del rugido me dejaba inmóvil por segundos, pero la adrenalina me activaba nuevamente, tengo que sobrevivir.
Corrí rápidamente hacia la salida, en la poca luz que quedaba del lugar, las bestias estaban detrás de mí. Con sed de otra víctima más en sus bocas. Hoy no, bebé.
Con el Phazer, apunté rápidamente y disparé a uno de ellos: ¡GRRRUUUUUUAAAAAAAKKKK-K-K! ese rugido otra vez. Fluidos negros brotaban de su hombro. Aún así no era suficiente, tenía tres más persiguiéndome. Esquivé todos los escombros posibles, a su vez, que los plantaba para ellos así no me alcanzaban tan fácil.
¡SUAAAAAG!
Oí un sonido nuevo, muy extraño. Luego vi que trataban de convertirme en uno de los escupiendo bolas de esporas. Por suerte, mi máscara improvisada era suficiente para evitar la peste. Seguí disparando, aunque fallando terriblemente.
Al llegar a la salida, aún era de día, pero algo extraño es que dejaron de perseguirme cuando salí del lugar. En cambio, se quedaban fijos viéndome. Muy extraño.
Pero luego entendí porqué. Más seres vienen de todas partes hacia mí. Es como si los manejara una mente colmena, comandando órdenes para buscar presas frescas.
Corrí de nuevo. Me metí por varios callejones y logré esquivarlos. Por ahora. El problema ahora es que ya la noche había caído. Mis probabilidades de supervivencia son mínimas y tengo ahora a un niño bajo mi responsabilidad. La muerte ahora mismo es un lujo.
Con la mayor delicadeza que pude, me escabullí por los callejones y calles secundarias con la esperanza de no ser vista. Parece haber funcionado. Encontré mi base gracias a una camisa blanca que coloqué por si me perdía. Abrí la puerta y me aseguré de cerrar muy bien para evitar sorpresas.
El niño estaba rendido en el sofá sueco del lugar. Lo cargué y con él fui al sótano, el único sitio seguro y dónde podía encender luces y no sería visualizado por esas cosas. Les encantan las luces, les atrae, como moscas.
Al acostar el niño en la cama, inmediatamente despertó. Le mostré el juguete antiguo que encontré, pero en lugar de eso empezó a ignorarlo y me miró.
– ¿Mami?
– No, mi niño, soy yo, Fedra. Tu querida amiga. –dije mientras aseguraba la puerta del sótano y encendía las luces de emergencia.
– ¿Dónde están mis papis?
Aquí quedé con el dilema si decirle la verdad o simplemente sepultarla, así como lo estaba esta ciudad. Todavía no tengo el corazón de ver un niño llorando con tanto caos fuera. Pero a pesar de todo, creo que la verdad es lo correcto.
– Mira –dije mientras me arrodillaba frente a él; le miré a los ojos directamente haciendo un contacto visual con su alma.
– Tu padre ya no está con nosotros. Está descansando en el cielo con los ángeles.
– ¿Ángeles?
Olvidé que en esta época, casi todos eran ateos. Ya la fé estaba casi erradicada y pienso que por eso es que tanta maldad cae en nosotros. No sé si esperaban una científica creyente, pero aquí estoy.
– Sí. Seres que nos quieren y nos cuidan como si fuéramos sus hermanos o hijos.
– ¿Y mi mami?
– Ella parece que está oculta, no la he encontrado.
El niño mira hacia arriba, al vacío. No lloró de tristeza. Simplemente conservaba esa expresión vacía. ¿Ésa es la época en la que me descongelaron?¿Donde todos somos androides de carne? No recuerdo la última vez que vi a un niño llorar por su madre, ¿Eso no es parte de la naturaleza?¿Qué opinaría mi familia, en mi época de cosas así de crudas?.
El niño vuelve a mirarme, con su expresión vacía y sin alma. Es como si el mismo hongo estuviera dentro de él, sin infectarlo. Pues no tenía síntomas, ni infección ni nada. Indirectamente, el niño estaba infectado de “pocus sentimentus” algo tan común en estos años que en cualquier momento realizan partos sin dolor, entierros sin llanto, muertes sin tristeza.
El humano ejemplifica al robot por su eficiencia, pero, ¿quién ejemplifica al humano? sin dudas, el robot no. Y el humano tampoco.
El niño procedió a acostarse sin decir una sola palabra. Me equivoqué al asumir sobreprotección. Ya en estos tiempos la sobreprotección ocurría por sí misma. El mismo ser se excluía de momentos de alegría, que ciertamente iban a ser dolorosos, por evitar el dolor. Para no recibir la gratificación de haberlo intentado sin un sacrificio a cambio, sólo lo fácil.
Días después de convivencia, ya era momento de abandonar la cueva, el niño, la madriguera. Como quiera llamarle. El niño y yo nos preparamos muy bien y al mediodía emprendimos nuestro viaje hacia una salida en esta ciudad en silencio.
Conservé el juguete, siento que en algún momento lo va a querer. Va a querer ser un niño normal. O la definición que yo tenía de ello. Casi al final de la ciudad, nos detuvimos en el taller de naves. Encontrando entre lo poco que hay la salida hacia la libertad.
Entramos y había muchos escombros y basura, algunas naves incompletas pero que deberíamos buscar la manera de completarlas. El niño se sentó aburrido. Yo en cambio, dejé las cosas sobre una mesa y me puse a trabajar en la mejor nave de las tres. ¿Será esta por fin la vez que escaparé de Redia?.
Por suerte lo que necesitaba no era tan difícil de encontrar, se podía improvisar con facilidad. Duré horas y horas armando una nave improvisada que, si no lograba volar, hasta allí llegó el intento y con él, nuestras vidas. Pero realmente, era mejor eso que ser un bichito negro.
Al terminar, escuché como rugía ese bello motor: “¡¡RWAAANG!!” listo para despegar. El niño me ayudó con las cosas y las colocamos en la parte de atrás. Procedimos a prepararnos para despegar.
– Niño, no me sé tu nombre. Olvidé preguntarte.
– Tommy Lambdan.
– Bien, Tom, ajústate el cinturón. Si esto no funciona, no intentes escapar. El estruendo será tan grande que sería imposible.
Tom sólo me miró. Y yo al cerrar la puerta de la nave y estar en su posición correcta, accioné la palanca.
¡¡RWAAAAAAAAAAAAAAAANG!!.
Despegamos a alta velocidad. Detrás de nosotros se podía ver cómo los seres llegaban con rapidez hacia nuestro lugar. Pero eso era lo de menos. Ya habíamos atravesado la primera capa del planeta, la troposfera. Continuamos hasta ver el cielo transformarse en negro con millones de estrellas. Luego vimos la cúpula de drones y la estación orbital de RED-HZ, donde hicimos la primera parada.
Al bajar e intentar abrir la puerta, tuvimos la grata sorpresa de ser apuntados con armas poderosas por la Coalición. Por lo que, en un rápido instinto coloco al niño detrás de mí.
– Bonitas armas caballeros. Pero creo que no es necesario apuntar a una indefensa anciana y un niño.
– No lo haríamos si no vinieran del planeta Redia, Fedra. –comentó uno de los soldados al fondo. Lentamente se acercaba hacia nosotros, sin embargo, no podía detectar quién era.
El soldado se colocó al frente mío, ordenando a los soldados bajar sus armas inmediatamente.
– Lao Chen. –dije con incredulidad.
– Te hacía muerta hace tiempo, querida. –sonríe.
– Pues aquí estoy, viva y desinfectada.
– Eso está por verse. Soldados, comiencen con la desinfección total. –dijo mientras realizaba señas a los soldados detrás nuestros.
Los soldados nos toman de los brazos y forzosamente nos llevan al niño y a mí a habitaciones separadas. Poco después, llegan unos científicos quienes nos realizan chequeos generales y de sangre para verificar que no haya ningún residuo del hongo. También nos quitan la ropa y nos dan otra nueva. La anterior será quemada sin distinción.
– Bienvenida a RED-HZ, Garknam. Este es el último bastión de la humanidad en este sector. –dijo mediante un parlante que está en la parte superior de la puerta de la habitación.
Los médicos verificaron rápidamente que mis chequeos están bien, al igual que del pequeño Tommy. Logramos salir de las habitaciones y nos guiaron hacia Chen.
– Tengo tantas preguntas que hacerte.
– Y yo poco tiempo qué responderte. Saliste en buen momento.
– ¿Por qué?
– Pues porque el gobierno ya consideró destruir Redia. Pero… No sólo está en Redia.
– ¿Qué?¿Qué es esto? –pregunté confundida.
– Esto es un intento de borrar las evidencias para siempre.
– Oh Dios mío.
– La Necróspora es un hongo poderoso.
– ¿La qué?
– Necróspora. Fue bautizada por Tor Mendler de tal manera. Un buen nombre. Ahora mismo está en la tierra con la única superviviente, Natalik Charen.
Iluminé mis ojos al oír su nombre, estaba feliz de que ella estuviera bien finalmente.
– Agradecería que le hagan llegar una carta mía.
Chen asiste. En el centro de mando podemos visualizar el planeta entero lleno de esta horrible sustancia negra, pero cerca de su núcleo estaba rodeado por Crisálida, ahora considerado un material peligroso por sus recientes descubrimientos.
– Increíble… –dije con los ojos brillosos.
– La nave que los transportará a la base más cercana a la tierra está lista. Deben de ir por aquí.
Fui con el niño hacia la nave y despegamos con dirección a una de las bases estelares más importantes de la federación. Una nave compacta, pero con todo lo necesario para sobrevivir al tempestuoso viaje. Llegué a mi habitación, me lancé en mi cama, cansada de todo este drama alienígena.
Ahora tengo un inmenso interés de descubrir cómo… “La Necróspora”, ser vivo que surge desde la Crisálida, sobrevivió todo este tiempo hasta que minamos las cuevas… Tengo que comunicarme con Tor Mendler y coordinar con él para ver qué puede surgir.
Busco mi dispositivo; el NeuralComms, un aparato neuro-comunicativo con tecnología de punta. Algo que cuando surgió, fue un boom entre los jóvenes y adultos mayores por su facilidad de uso. Lo único que… Tiene un procedimiento de instalación bastante doloroso, pues un aparato debe instalarse de manera quirúrgica en la sien. Busqué a Tor y presioné el botón con esperanza de que contestara.
– ¿Sí?
Di un salto pequeño de alegría, me recompuse rápidamente y contesté:
– Sí… ¿Hablo con Tor Mendler?
– Sí. Soy yo. ¿Qué puedo hacer por ti, Fedra?
– Pues acabo de salir de Redia. Sí, lo sé, impresionante debido a todo lo que está pasando… Pero… Necesito información para poder combatir esta cosa. Lo que vi en Redia… No se lo deseo a nadie. No puedo decir más por la vigilancia que podría tener esto, pero… Fue… “Bastante viscoso y turbio” por describir de alguna manera lo que ví.
– Suspiro; se podía escuchar a Tor el notable cansancio tras horas de investigación – Bien, Fedra, créame que yo sería el primero en darle toda la información que necesita. Pero recuerde, yo trabajo para la coalición. No puedo soltar informaciones cruciales en momentos de crisis actuales… Estoy feliz de que esté viva. De hecho… ¿Por qué mejor no viene aquí y así ve a Natalik y nos ayuda con su vasto conocimiento acerca de Redia?
– No prometo nada.
Se escucha una ligera risa de parte de Tor al final. Finalicé la comunicación y ahora que Tor dijo la coalición… Recién me di cuenta que hay posibilidades reales de que mi vida, y la del niño, estén en peligro. Debo realizar un plan antes de llegar a la base estelar o estaré jodida.
Los viajes entre sistemas, suelen durar poco gracias a la conservación de la tecnología antigua de antes de las grandes guerras. El humano no aprende de su error, ni siquiera viendo la solución al frente, estábamos a dos días de llegar al lugar de destino. Decidí investigar la nave para saber qué podía esperar de la federación.
La nave, aunque compacta, tenía ciertos compartimentos perfectos para escuchar un poco conversaciones prohibidas. Es lo único que me permite adelantarme a esta gente, por ahora. Me escondí en una de las taquillas cercanas al puente de mando de la nave para escuchar algo interesante…
– Comandante, estamos cerca de la base estelar, alrededor de un día, veintidós horas, treinta y siete minutos con veintidós segundos. –dijo el astrofísico de la nave.
– Excelente. Debemos prepararnos para llegar.
El comandante gira hacia atrás; en ese momento entré en pánico porque en cualquier momento podría verme y las consecuencias que podrían pasar… No quisiera verlas.
Apuntó hacia uno de los soldados e indicó:
– Acuérdese de llevar a los tripulantes al laboratorio para pruebas.
El soldado asiste. Se retira hacia otra habitación que pide acceso mediante una tarjeta. Parece una tarjeta de identificación.
– ¿Salí de un problema para estar en otro? –me dije a mí misma.
Cuando el comandante se dio vuelta nuevamente me retiré hacia mi habitación. Debo buscar al niño y ver qué puedo hacer.
Me quedé pensativa armando un plan para poder escapar de mi posible encierro. Esta gente podría silenciarme con tal de mantener una falsa sensación de control y estabilidad, y tienen todo menos eso. Mientras tanto en la tierra, Giorgi Raineri realizaba una de las reuniones más importantes con altos mandos de la federación en busca de una solución definitiva a esta problemática.
Digo la verdad, estoy algo nervioso. Este problema se está extendiendo y el gobierno no está haciendo nada para evitarlo. A veces siento que los parásitos son ellos. Pero nada, trago mi nerviosismo y salgo adelante.
– Buenas tardes, estimados altos dirigentes de la Gran Coalición del Sistema Solar. –dije mientras miraba a los ojos a cada uno de ellos, lentamente. Abriendo los brazos y moviendo las manos tal cual como guía de un circo.
Estamos en una de las salas más herméticas del sistema solar. Sólo hay una sola puerta, nada sale, nada entra sin que lo sepamos. Bastante bien decorada como si fuera un comedor prestigioso y elegante. En ella, yo estaba sentado rodeado de gente importante, que decidirá el futuro de la humanidad.
Miro hacia la silla principal del presidente; un hombre siempre arreglado, con bastante edad y experiencia, sus canas lo demostraban. Pero también con un cansancio reflejado en el rostro.
– Agradezco al señor presidente Lyrik Paglan por su cálido ofrecimiento de las instalaciones para esta reunión de suma importancia.
Me levanto de la silla y señalo a la pantalla holográfica que muestra todos los planetas del sistema solar y al planeta Redia.
– Como sabrán, el exoplaneta rico en Crisálida, Redia. Cayó bajo algún tipo de enfermedad poco común desde hace algunos años. Lamentablemente, al ser yo accionista mayoritario en la mayoría de compañías mineras, afecta terriblemente al negocio y, obviamente, a la gente, porque está falleciendo.
Lyrik se rasca la barca ligeramente, como si tratara de prestar atención pero no le interesa en absoluto.
– Redia ya se puede considerar un planeta perdido por completo. Aunque con algunos sobrevivientes, la gran mayoría parece haber sido exterminada o transformada en “algo más” del cual aún no tenemos detalles debido a la complejidad de la situación.
Aclaro mi garganta y luego tomo un vaso con agua.
– Hay posibilidades de contagios en planetas del sistema solar donde tenemos bases estelares, debido a la extracción continua de Crisálida. Estas son las bases cercanas de Júpiter, Saturno, Neptuno y Marte. Extraoficialmente, sólo hemos encontrado un infectado y exterminado exitosamente.
Apoyo mis manos sobre la mesa luego de terminar.
– Necesito… Urgentemente… Una respuesta definitiva a este problema ya que el negocio está dejando… Perdón. DEJÓ de ser rentable debido a la problemática, eso significa menos dinero en sus manos. – Miro nuevamente a cada uno de ellos, pero con énfasis en Lyrik.
Lyrik se aclara la garganta y se levanta. Se acerca hacia mí. Todos miran fijamente a Lyrik.
– Entiendo perfectamente la situación, señor Raineri. Puede estar tranquilo en que el gobierno está trabajando en la problemática y se está buscando una solución.
Tomo el hombro de Lyrik.
– Señor presidente, esa solución es demasiado lenta a la velocidad actual de la problemática. Necesito. Qué. Actúen. Más. Rápido.
Volteo a mirar el mapa estelar del sol. Increíble como una pequeña infección puede afectar tanto un negocio super rentable en unos pocos años.
Lyrik se coloca frente a mí, mirándome fijamente a los ojos.
– Ya hemos enviado a exploradores experimentados a la zona para recolección de muestras, hemos puesto en cuarentena los sitios correspondientes como Redia, por ahora, los medios no saben NADA de lo ocurrido a pesar de los años y los contagios, resultan ser mínimos. No miro la gravedad del asunto. – Sonríe mientras me mira. Noto como en menos de un milisegundo algo negro pasa de su ojo derecho al izquierdo y desaparece.
Quedé impactado.
– Entiendo, señor presidente. Pero los ingresos siguen siendo afectados. Percibimos dos mil millones de créditos menos que el año pasado sólo con esta situación. Me temo que tendré que abandonar el proyecto.
Lyrik me toma del brazo.
– Señor Raineri, por favor, no sea reacio a este problema sencillo. Ya le explico.
Me siento en mi lugar mientras que Lyrik toma el mando de la conferencia.
– Como verá, el hongo, llamado “Necróspora” por Tor Mendler, es altamente contagioso, eso es cierto. Pero sólo hay casos dentro de Redia y en una base estelar de una de las lunas de Júpiter, sin temor a equivocarme, creo que es la base estelar de Europa.
Lyrik manipula algunas cosas en la consola de la pantalla holográfica y logra proyectar el laboratorio donde está Natalik Charen y Tor Mendler.
– Como verá, tenemos a la única persona inmune al hongo y a uno de los científicos mejor preparados para esta catástrofe, Giorgi. Hemos extraído muestras de sangre y hecho ejercicios mentales para determinar qué tanto le ha afectado el hongo. Hasta ahora, no hemos descubierto qué ha sido manipulado.
– Necesitamos que siga extrayendo minerales con normalidad en los demás planetas mineros y que el transporte se restablezca. La situación está bajo control.
Miré hacia abajo un segundo pensando qué decir o qué decidir. Luego lo miré.
– Está bien, los viajes interplanetarios serán reanudados paulatinamente. Primero los planetas del sistema solar, luego los demás.
– Me parece perfecto. –sonríe nuevamente Lyrik.
Apaga la consola y con ello, la pantalla holográfica.
– Doy por terminada esta conferencia. ¿Alguien tiene algo que añadir?
Todos negaron con la cabeza, y cualquiera pensaría que fue algo normal, pero lo raro es que lo hicieron de manera muy sincronizada.
– Le presentaré a un nuevo ministro de seguridad interplanetaria y transporte. Con él usted se organizará para que todo fluya como debe ser.
Asentí con la cabeza. Todos nos retiramos a la habitación contigua que era casi del mismo estilo que la anterior, donde hay mucha comida con buen olor y aspecto. Pero me sentía reacio a probarla.
Luego Lyrik busca al nuevo ministro y me lo presenta.
– Señor Raineri, aquí le presento al nuevo ministro de seguridad interplanetaria y transporte de la gran federación.
El nuevo ministro extiende su mano y yo le correspondo.
– Un placer, señor Raineri. Soy Nygel Kertson.
– El placer es todo mío, ministro Kertson.
– Los dejo hablar. Me retiraré a atender unos asuntos, disfruten de la comida caballeros. –dijo Lyrik mientras se marchaba hacia otra habitación aparente.
– Bien, señor Raineri. Agradezco su preocupación por el tema.
– Afecta mi bolsillo, sólo eso.
– Entiendo. ¿Vamos a una sala más privada para discutir el tema?
Asentí con la cabeza. Nos dirigimos hacia otra sala más privada. Tenía un diseño victoriano como si fuera el antiguo palacio de Versalles.
– Bien. El tema de la Necróspora, realmente no está descontrolado. No hemos tenido nuevos contagios durante estos últimos tres meses. –dice mientras lanza a la mesa tres informes mensuales acerca de la salud interplanetaria. Proporcionados por el ministerio del bienestar humano.
Los leo detalladamente sin decir una sóla palabra. Kertson se queda observando.
– Excelente. Dígame, usted es nuevo por aquí?
– Tengo un mes en este nuevo puesto, señor Raineri. No entiendo a qué se refiere.
– Me refiero a que sí sabe cómo se mueven las cosas por aquí. Todo lo que dijo el señor Lyrik en la conferencia sólo es una pantalla para no poner las cosas más graves de las que ya son. Yo ya me harté de maquillar las cosas. No estudié estilismo microcelular.
Mira hacia los lados ligeramente sin decir nada por medio minuto.
– Señor Raineri. ¿Tiene algo que decirme?
Por un momento pensé que le diría lo que creía que pasaba. Pero no sé si es de fiar. Ya ni el presidente es de fiar. Tengo que seleccionar con pinzas antes de caer a un abismo por este problema.
— No. Por ahora no.
Kertson se quedó mirándome. De arriba-abajo. Luego prosiguió normal.
— Si no queda más que comentar, eso es todo por ahora. Le dejaré mi NC para que pueda comunicarse conmigo en cualquier momento.
Kertson terminó y extendió su brazo hacia mí, el brazo mostraba una figura como señal de conexión. Brillaba.
Coloqué mi brazo encima y logramos compartir conexiones. Luego recogió sus documentos y se retiró de la sala. Mientras se retiraba, una hoja de un documento se cae luego de que Kertson cerrara la puerta tras de sí.
Lo tomé y salí rápidamente del edificio. Llamé a mi chófer y me retiré en mi vehículo. Llegué a mi casa y me dirigí rápidamente a mi estudio.