Salí libre de la tortura. Ya mi vida, dio un giro de trescientos sesenta grados en menos de veinticuatro horas. Corrí hacia mi apartamento lo más rápido que pude, quería saber si Derrick seguía bien. Llegué al frente, la puerta entreabierta y dentro se veía el desorden y el caos. Estuvieron aquí.
Entré. Mi hogar, mi único lugar seguro, había desaparecido para siempre. Todo por defender la verdad a capa y espada. Sin Derrick, estaba sin rumbo, perdida. Decidí que debía irme de la tierra lo más pronto posible. Tomé el primer Taxi-ADAV y durante el viaje pensaba en qué habría pasado con Derrick. Ya no hay nada que me ate aquí… Encendí el Holo-TV para relajarme mientras llegaba.
— Después de la entrevista con Elidya Adams, extensas manifestaciones ocurrieron en diversas partes del planeta. Buscando la transparencia intergubernamental tras la crisis de Redia. —el periodista hizo una pausa y se colocó la mano en su oído, en su auricular.— Oh… El presidente dirá unas palabras desde su despacho con respecto a las manifestaciones recientes.
La programación cambia y se transmite hacia el despacho presidencial con Lyrik Paglan al frente.
— Estimados ciudadanos de la Gran Coalición del Sistema Solar, hemos sido transparentes desde el principio. Descubrimos que Elidya pertenece o pertenecía a la cruel y criminal rebelión denominada “Hijos de los Lobos”. Por lo que, a partir de este momento, tiene una orden de captura interplanetaria en su contra. Ella, junto a su pareja Derrick Aaren, que se vincula sentimental y criminalmente.
Lyrik toma una ligera pausa para tomar agua, luego prosigue:
— Pedimos paciencia, ya que el archivo principal de la crisis de Redia, será emitido públicamente, pronto. Desde la revolución, Lyrik Paglan.
La transmisión vuelve al reportero tras el pequeño discurso del presidente.
— La población aún no está convencida con esta declaración del presidente. Pero parece que el consejo de ministros está trabajando arduamente para dar una solución al problema. Eso es todo desde aquí, nos vemos una próxima vez.
Mentiroso, hipócrita. Hasta cuándo va a mantener la mentira.
Logré llegar a la estación de aeronaves astrales. Debo tener cuidado, esa orden de captura seguro fue advertida aquí primero.
— Atención. A partir de ahora se pide obligatoriamente su documento de identificación único. —dijo la voz parlante de la estación.
— Mierda. —nerviosamente me susurré.
Con lo poco que cargué de mi apartamento, me escabullí hasta los baños. Sabía que tenían toda la estación vigilada y acorralada para cuando llegara yo o Derrick. Se me acababan las opciones. Intenté llamar a Derrick…
— Vamos… Vamos…
— El contacto seleccionado está fuera de…
Golpeé contra la pared despacio. Comencé a llorar de la desesperación e impotencia. Sólo veía como mi mano derecha… Vendada… Se veía. Sin un dedo. Nadie sabe por qué. Excepto yo y Lyrik.
— Me los pagará. —apreté mi puño.— Esto no se quedará así.
Elidya buscaba una salida del planeta, mientras que Karl, lejos del caos necrósporo, se enfocaba en salir adelante y mostrar el avance tecnológico más importante de la humanidad.
Pasé días y noches sin dormir para desarrollar una inteligencia artificial capaz de controlar los sistemas de la nave, indispensable en una nave tan grande como esta.
*TOC TOC*
— ¿Sí? —pregunté curioso; sin voltear la cabeza a la puerta, enfocado en el desarrollo de la IA.
— Soy yo, Nadia —dijo una voz dulce, fácil de identificar y de oír.
Suspiré. Algo bueno no traía.
— Adelante.
Dejé de hacer lo que estaba haciendo y me fije en Nadia, mi nueva asistente desde el incidente. Aún tengo lagunas al respecto de aquello…
— El gobierno dejó de entregar fondos. Ve esto muy tardado y ridículo.
Volteé a mi silla y tiré un objeto con fuerza a la pared. Nadia se alertó por un segundo.
— Ya estábamos terminando… —mientras lo dije, miré hacia abajo, abatido. Hubo un silencio por dos minutos.
— Comunícate con el señor Raineri, para ver qué se puede hacer.
Nadia asintió, se alejó y cerró la puerta despacio.
Desde hace unos meses, el gobierno había cambiado inesperadamente. Poco colaborador y terco. Ya no invertía. Ahora tomaron una decisión radical.
Salí a admirar la nave sin terminar; majestuosa, única en su estructura, gigante. Sería capaz de llevar a la humanidad mucho más allá de la vía láctea. La burocracia se convirtió en el peor cáncer ante proyectos de alta magnitud.
Me recosté sobre la barandilla y me quedé un largo rato terminando de admirar. Luego alguien toca mi hombro. Era Nadia.
— Señor Raineri se vinculará con usted.
Asentí. Ella se retiró, con cara preocupada. Activé el Neurotransmisor.
— Señor Raineri.
— Señor Patterson.
— Me temo que su gobierno ya no apoya avances tecnológicos nunca más. —le comenté con algo de temor en cuanto a la respuesta que recibiría; el señor Raineri solía ser una persona temperamental en ocasiones.
— Sí supiera que ya lo suponía. —se rió. Miré hacia la nave incrédulo, reacio a su reacción.
— ¿Cómo? —pregunté impactado.
— El gobierno está corrupto. No sé si será exactamente ese nuevo bicho… La Necróspora o algo más. A partir de ahora dejará de trabajar “arduamente” en el proyecto Terra. Debemos crear un plan B. Quizás para una nave más pequeña.
Asentí. No esperaba en absoluto esa respuesta. Bueno, él está más enterado que yo de lo que pasa en la tierra.
— La tierra está cayendo en caos, otra vez. Parece que no aprendemos del pasado. Necesito que se mueva a mi base estelar, la base Kaladaan.
— ¿Su.. Base? Pensé que era una base rebelde.
— Lo es. Yo financio algo de ella. Le explicaré cuando esté en un sitio más seguro. Suerte. —Raineri cortó la neurotransmisión.
Increíble. Giorgi no deja de sorprenderme. Me moví rápidamente y comencé a empacar y recoger todo lo que yo creía importante. Esto dejó de ser el avance tecnológico más sorprendente al último en menos de lo que la tierra daba la vuelta al sol.
Pero ahora tengo muchas dudas en la cabeza. ¿Giorgi mandó a matar a Sara intencionalmente?¿Permitió que el proyecto se retrasara?¿Por qué?
Nuevas dudas surgían rápidamente. Mientras empacaba, de la tubería emergía un líquido grumoso y negro, un olor fétido a podrido me destrozaba la nariz. Me coloqué un trapo viejo como cubrebocas y lo miré detenidamente.
“¿Será la Necróspora?” —pensé.
Pero era imposible… Redia estaba a unos cuantos años luz de aquí… O quizás la plantaron aquí. Agarré un tubo de ensayo y recolecté con extremo cuidado una muestra. Era una oportunidad única. Ojalá y sí sea el hongo y no sólo lodo oscurecido y extraño.
Terminé de empacar y vi como todo el mundo recogía sus herramientas y pertenencias para largarse también. Después de varios años avanzando esto fue lo que quedó… Ya no importa, es hora de hacer las cosas bien. Me dirigí hacia la aeronave que me esperaba y vi la noticia desde un Holo-TV;
“Elidya Adams, desaparecida después de la entrevista”.
La coalición parece que sacó sus garras ante la verdad. Eso era algo esperable. Me sorprendió más que nada la rapidez con la que actuaron. Creo que de ahora en adelante será difícil anunciar la verdad desde la tierra.
Me monté en mi aeronave y el piloto despegó casi de inmediato. Era por el bien común, miré hacia abajo viendo como el proyecto se me hacía pequeño. A pesar de los contratiempos, quedarme resultaba ser un obstáculo sin salida a una solución viable.
Base Estelar de Kaladaan, orbitando en Saturno, cerca de su anillo.
— Bienvenido, distinguido señor Patterson.
Al abrir la compuerta de la aeronave, me recibió una mujer elegante, que en mi vida la había visto.
— Gracias… ¿Señorita…?
— Kendra Juarez.
— Oh, todavía hay gente con apellidos antiguos.
Kendra asintió. Viéndola un poco más, estaba con un uniforme militar bien decorado, algunas medallas de guerra. Condecoraciones de la Gran Guerra.
— Soy… La directora de la base estelar. También la líder de la resistencia los Hijos de los Lobos Cazadores. Así que quedo a su disposición para este nuevo gran proyecto que armamos juntos.
— Entiendo. Gracias. Y… ¿Desde cuándo está montado todo esto?
— Si se refiere a la resistencia… Desde la fundación de la coalición. Nunca estuvimos de acuerdo con el tipo de gobierno actual. Sígame para que usted conozca las instalaciones.
Kendra caminó por un largo pasillo y yo iba detrás de ella.
— Gracias a la generosidad del señor Raineri, este proyecto de nivel macro, aún se conserva. Hemos perdido apoyo por las fuertes influencias de la coalición. Estamos cerca de la hermosa Saturno, un área poco vigilada por la coalición.
Se abrió una gran compuerta principal al final del pasillo. Dentro, era un área que rebosaba de actividad. Aeronaves despegando a velocidades inimaginables, pero también altamente vigilado. Luego llegamos a adentrarnos en la base; lo que escondían sus puertas era increíble. Un mundo nuevo, sin tanta dependencia tecnológica, como en los tiempos de antes. Personas vendiendo en la calle, niños jugando, algo muy diferente a la tierra, muy orgánico.
Al final de la caminata, llegamos a la base de operaciones central y entramos a la sala de comandos. El área de mayor logística.
— Bien, señor Patterson. Su área para el proyecto aún no está preparada. Por lo que, por ahora permanecerá ayudando aquí.
Asentí con la cabeza. Tenían puestos de vigilancia en todos lados, era algo increíble de ver.
— Me retiraré. Pero pronto llegará alguien que creo que admira o admiraba. Fue una de las sobrevivientes en Redia, recién rescatada.
Quedé sorprendido, sobrevivientes en Redia después de más de diez años. Eso… Era algo impensable. Kendra se retiró lentamente y desapareció entre la multitud. Y yo, no tenía ni idea de qué hacer para ayudar ahora.
— ¡Necesito ayuda aquí! —gritó un agente de comunicaciones, mirando para todos lados a su alrededor.
Fui hacia él, sin idea alguna de qué hacer.
— Bien. Necesito que guíes a este soldado de acá, de nombre clave “Kurt”. Está infiltrado para buscar la tecnología de criogenización y lograr copiarla. Importantísimo para desarrollar el nuevo proyecto. —me indicó concentrado en la pantalla. Parecía que llevaba muchos días sin dormir bien.
Giró mi cabeza hacia la pantalla de inmediato, y se puso sus auriculares para enfocarse en otra cosa.
Me coloqué los auriculares y me introduje en el sistema.
— Necesito instrucciones, estoy escondido. Posiblemente me han detectado.
Frente a mí había una pantalla. Podía visualizar lo que veía el soldado, junto con un mapa interactivo del lugar. Manipulando un poco, pude buscar una solución para Kurt.
— En cuanto tengas un chance, ve por el pasillo y dirígete a la izquierda; verás dos puertas. Toma la puerta de la derecha y estarás en un almacén. Detrás del estante hay un ducto de residuos sólidos sin usar que te llevará a otra sala desconocida, pero posiblemente más segura.
El soldado hizo lo que le indiqué. Veía cómo los guardias mostraban nerviosismo, se movían buscando algo. Sabían que él estaba cerca.
Al tratar de abrir la puerta derecha, no podía. Giraba el pomo y no podía. Trató empujando la puerta pero eso sólo atraía a los guardias por el ruido.
— Te están por descubrir. —dije con mucha insistencia, apreté mi puño como si yo estuviera allí.
Logró derribar la puerta. Entró y trató de cerrarla tras de él o quizás trabarla, pero no pudo. Colocó una silla de metal como obstáculo y prosiguió. Tiró la estantería y con eso, selló el destino para que los guardias supieran donde estaba.
—¡Ehh!¡Ven aquí! —gritó uno de los guardias desde la puerta entreabierta y bloqueada.
Sacaron sus armas, entre ellos un rifle multi-direccional y le apuntaron. Él sin embargo no se detuvo. Siguió y se tiró por el conducto antes de que le impactaran las balas multi-direccionales. Se deslizó hasta el final y se encontraba en una sala diferente; más oscura y tétrica llena de tanques con lo que parece ser nitrógeno líquido. Algunas consolas estaban al fondo, Kurt, con precaución caminó despacio… Hasta que se accionó una alarma.
— Atención, sujeto no identificado.
Una luz roja parpadea sin cesar. El soldado continuó a una sala contigua y encontró todo lo necesario; la consola con la base de datos. Sacó un dispositivo del tamaño de una uña y lo introdujo en la consola. Comenzó inmediatamente a mostrar datos aleatoriamente y sin sentido, hasta que se detuvo. Logró el acceso a la base de datos. Descargó todos los planos e investigaciones y se dispuso a salir. Hasta que…
— ¡Alto! —dijo un guardia, quién se acercó sigilosamente hacia él y le apuntó con un Phazer.
— Mira, amigo, no quiero lastimarte. —respondió Kurt, levantó los brazos en señal de rendición.
El guardia rió.
— Quisieras.
Kurt realizó una maniobra rápida resultando en la pérdida del Phazer de parte del guardia. El Phazer cayó al suelo y se deslizó hasta debajo de una de las consolas.
— Tú —Kurt señala al guardia— y yo.—señalandose así mismo.
El guardia tira una gancho pero Kurt logra esquivarlo. Se agachó y rápidamente se incorporó para luego tirarle un puñetazo que impactó con éxito en su mejilla derecha. El guardia quedó rezagado. El guardia contraatacó y comenzaron a golpearse mutuamente sin cesar por unos minutos. Hasta que el guardia golpeó la nariz de Kurt y este fue noqueado.
— Débil. —vociferó el guardia, orgulloso de haber ganado.
El guardia destruyó la mini-cámara, parece que se lo llevaría como rehén. Me quité todo y traté de respirar normalmente. Sentía que me ahogaba.
— No te preocupes. Nos encargaremos de rescatarlo. —dijo el agente que estaba a mi lado. Tocó mi hombro en señal de consuelo.
Me levanté y salí por ahí a despejar la mente. Veía lo llena de vida que se ve la base estelar.
— Karl.
Escuché mi nombre. Volteé y no podía creer lo que veían mis ojos. Por fin.
— Estoy feliz de que estés aquí.
— Yo igual, Karl.
Sonreí.
El encierro llevaba a Natalik a la locura. Mismas paredes blancas, ella no tenía percepción del tiempo. Veía figuras negras todo el tiempo. Luego despertó.
Estaba harta. Sólo me extraían sangre sin parar. Como si fuera un banco de sangre personal. Caí en una psicosis crónica total. Veía a Daniel con Elidya en el Holo-TV. Qué bonita… Desperté.
— La desaparición de Elidya Adams plantea serios problemas de transparencia en el gob…
Veía las noticias por primera vez en un año. Por fin la volví a escuchar. Elidya. Ahora mismo yo debería duplicar su edad. Pero no. Tenemos la misma edad, pero no la misma mentalidad.
Tor se me acercó con nuevos tubos de ensayo. Lo observé profundamente. Luego vi mi brazo. Lleno de puntos de agujas. Evidencia de que ya no funciona. Que ya basta. Que no soy la cura a esta basura.
— Natalik, ya es hora.
No lo miré. Actué rápido. Tomé uno de los tubos de ensayo y los rompí. Lo puse en mi cuello.
— Dame motivos para no suicidarme ahora mismo. —lo miré profundamente a los ojos mientras lo decía. Vi el miedo en sus ojos. El terror, sabía que yo era capaz, no podía hacer nada.
— Tu familia. —respondió con total suavidad.
Ataqué con la mirada, abrí mis ojos bien abiertos llenos de ira.
— ¡Eres una basura andante, Tor!
Tiré los vidrios al suelo, aún así, salí con mi mano sangrando. Él sólo me miró. Me desplomé al suelo y gritaba. Comencé a llorar desconsoladamente.
— Me han quitado años para simplemente sacarme sangre sin parar. Debí haber muerto con los mineros en Redia.
Tor se acercó a mí.
— Entiendo tu frustración. Pero imagina que tú familia está contagiada con esta cosa. Y tuvieras que eliminarla tú misma. Eso lo quiero evitar a toda costa con los millones de humanos que viven en la coalición.
Tocó mi hombro y luego se sentó junto a mí.
— Haré algo diferente para que te sea más fácil. Traeré a tu familia aquí.
Lo miré esperanzada.
— Te lo prometeré, pero necesito de tu apoyo.
Asentí. ¿Qué habría pasado con mis padres, con mi hermano?... Todo lo mejor, espero.
Levanté mi brazo y él se levantó del suelo, tomó la jeringa de la mesa y comenzó a sacar sangre. Mi cara mostraba mi incomodidad, pero no podía hacer nada. Sólo espero que no sea para vender ilusiones o sueños lejanos.
— Bien, gracias. Organizaré la reunión para hoy mismo.
— ¿Enserio? —dije sorprendida. Estaba siendo muy amable conmigo.
Tor asintió.
— Pero no será aquí. Irás a tu casa. Tendrás una hora y luego volverás.
— Sí, sí, lo que quieras, pero ya.
— Te colocaremos un rastreador especial en la cien. Sólo por si acaso.
Tor se retiró, parecía satisfecho de que había vuelto a colaborar. A las horas entraron unos asistentes de uniforme blanco con ropa casual entre sus manos.
— Póntela. —ambos dijeron. La colocaron sobre mi cama y sacaron un dispositivo instalador de rastreadores. Lo colocaron en mi cien y accionaron.
Dolió, pero sino, no podría salir nunca jamás. Luego sentí la ropa de la cama. Era ropa fina, de calidad. Bastante excepcional. La tocaba y se sentía súper suave, cómoda, algo a lo que no estaba acostumbrada. Me coloqué la ropa y me miré al espejo, me sentía diferente. Como si nada de lo que ocurrió estos años hubiera pasado.
Una chica normal que hizo su vida en Vladivostok. Se casó, tuvo hijos y simplemente hizo su vida de manera diferente. Pero luego vuelvo a la realidad. Me miraba y no me sentía yo… Me alejé del espejo y me dirigí a la puerta, esperando. Pasaban los minutos como si fueran horas. Luego la puerta se abrió. Comencé a caminar hacia adelante. Lo desconocido. Fuí escoltada hacia el automóvil para mi traslado, ansiosa de este nuevo capítulo, con mi nueva yo.
La puerta se cerró tras ingresar al automóvil. Con dos agentes dentro, el conductor y uno a mi lado, sentía al menos mi valor. No como persona, sino como avance científico.
Veía las antiguas montañas y llanuras, llenas de historia, batallas. Veía los residuos de lo que fue la Gran Guerra. La peor guerra de todas, retrató a la humanidad por más de cinco siglos, el arte se volvió una rama casi inexistente…
Luego de un largo viaje, ingresamos a lo que era mi antiguo hogar. Un camino escondido por los árboles, lleno de hojas. Mi corazón comenzaba a latir muy rápido aterrado de lo que me encontraría. Un temor a lo desconocido.
— Llegamos.
El automóvil se estacionó frente a la casa vieja. Una casa descuidada, caída. De una época de prosperidad que ya no existe. Salí y un silencio invadía el ambiente, una serenidad que contrastaba con el resto del mundo bullicioso.
Agarré el pomo de la puerta, pero yo temblaba de los nervios. Quería entrar y a la vez no. Pero bueno… Me armé de valor y entré. Miré hacia atrás y sólo se veían los agentes y el auto al fondo.
— ¿Mami?
Esperé en la sala por unos minutos… Luego mi madre salió. No lo podía creer. Estaba muy canosa y sus arrugas eran más notorias.
— ¿Natalik? —fijó su mirada en mi cara; en sus ojos se reflejaba la nostalgia y se notaban que acumulaba las lágrimas para no llorar. Me enternece.
Corrí a abrazarla. Apoyé mi cabeza en su hombro y solté mis lágrimas sin cesar. Ella me abrazó y sentía su calidez, me consolaba como siempre lo había hecho, con el amor de mamá.
— Te quiero, mami. —dije entre mis lágrimas.
Ella levantó mi cabeza y secó mis lágrimas con sus manos arrugadas. Me miró a los ojos detenidamente.
— Te has convertido en una mujer fuerte. Lo puedo ver en tus ojos… Sé todo por lo que pasaste y me duele…
Paré de llorar y traté de recomponerme.
— ¿Dónde está papá y Aleksei? —pregunté curiosa; miré el alrededor en búsqueda de más familiares.
Mi madre bajó la cabeza inmediatamente. No me respondió. Mi cara mostraba confusión, quería respuestas y rápido.
— Tu padre murió por una intoxicación de gases letales en unos yacimientos de azufre… Fue cuatro años después de tu accidente en Redia. Perdió la batalla rápidamente. Sobre tu hermano… Tras tu partida, él se unió a la Gran Coalición y no he tenido más información de él.
Nunca se me informó nada al respecto… Ni siquiera por decencia…
— Estoy encerrada en un laboratorio, necesito tu ayuda para escapar…
Mi madre asintió.
— Me habían dicho de tu llegada. Tengo un plan. Me contacté con unos rebeldes, sólo hay que ganar tiempo.
Pensé en algo rápido. Por suerte se prendió mi foco. Salí y me preparé, mi madre salió junto a mí y me miró como si estuviera preparada para lo que viniese. Luego me desplomé, fingí un desmayo, y los agentes se alarmaron. Se acercaron a mí y me revisaron, podía aún escuchar cómo le hablaban a mi madre para descubrir qué había pasado.
— Señora, ¿qué ocurrió?
— No lo sé, sólo se desmayó.. ¡Hija, hija!
No respondía. Sentía sus manos en mi cuerpo. Luego levantaron mi brazo y vieron algo rojo en mi codo, no era más que una ilusión para que creyeran que me pasó algo. Me cargaron para llevarme al auto.
— La llevaremos al hospital.
Me colocaron en el auto y cerraron la puerta poco después. Se montaron rápidamente y vi de reojo a mi madre despidiéndose… No quería dejarla sola. Pero ahora mismo no es lo mejor estar con ella. Soy un peligro. Sólo espero que realmente vengan por mí.
El agente comenzaba a manejar y lo hacía de manera temeraria. Estaba asustado de lo que podía pasar. El otro agente, sólo hablaba por el NeuralComms o Neurotransmisor. Me movía por todos lados, chocando con las puertas traseras. Observando un poco, buscaba algún tipo de arma pero mi búsqueda fue en vano.
Tras varios minutos manejando, podía escuchar la autopista principal, gracias al ruido de los demás vehículos autónomos. Luego escuchaba un claxon por la parte de atrás.
— ¡¿Qué quiere este idiota!? que rebase… —indicó el conductor por el espejo retrovisor comenzó a hacer señas al otro conductor para que lo rebasara. Y así mismo lo hizo.
Estaba par a par a nuestro vehículo, lo podía ver. Luego golpeó bruscamente el costado con nuestro auto.
“Son ellos” —pensé, me agarré fuerte.
Los agentes comenzaron a disparar con sus Phazers. Cerré los ojos. Y traté de cubrirme como pudiera. El vehículo había llegado al punto de estar al borde de la autopista. Al asomarme discretamente, vi un pequeño barranco. Podía ver como el metal del vehículo había chispa con el material del muro de contención de la autopista. No voy a mentir, sentí miedo.
Entre el intercambio de balazos vi como un láser atravesó el cráneo del copiloto, fui salpicada en sangre, su cuerpo cayó sobre el otro agente, en su brazo. Justo donde tenía su Phazer. Estaba empujando el cuerpo y dejó de enfocarse en el camino, cuando un obstáculo de más adelante impactó con nosotros, dejando al conductor inconsciente.
Me levanté de los asientos traseros, sin creer lo que había pasado. El otro vehículo se detuvo frente al nuestro, detrás del obstáculo de él, salen dos personas, una mujer y luego un hombre. Ambos se acercaron con un Phazer cargado.
Llegaron a la ventanilla del conductor, revisaron a los agentes. Dejaron de revisarlos y fueron a abrir la puerta izquierda de la parte trasera.
— Acompáñanos.
Salí del vehículo y los seguí. Me monté en la parte trasera y ellos en la parte delantera. Condujeron y se desviaron ni bien pudieron.
La mujer que se encontraba en el asiento del copiloto, volteó su cabeza hacia atrás, mirándome a mí fijamente. El hombre no se inmutaba y se enfoca en la carretera.
— Es un privilegio tenerte con nosotros.