Dalia abandonó el escondite de La Sociedad de La Rosa Negra, no sin antes haberle firmado su vieja máscara a Pawn.
Había obtenido información útil, y sobre todas las cosas una vía de escape de la ciudad sin levantar sospechas.
Caminó entre los callejones aledaños al escondite de Pawn, hasta llegar a una de las zonas más importantes de Sköelger, la intersección entre las calles Oswald Cronwald y Albert Flick, justo a unas calles del barrio de los fundadores.
Se detuvo a contemplar la dimensión de los edificios de aquella zona, los más altos de todo Sköelger.
No era de sus zonas favoritas para transitar, estar ahí conllevaba estar rodeada de cosas que a ella le daban igual, temas políticos y económicos.
Miró de reojo a las personas pertenecientes a aquel barrio, desde un elfo vestido con las sedas más finas, hasta un jiantum vestido con traje de etiqueta hecho a su medida, bajándose de una carroza escoltado por guardias con armaduras impulsadas por vapor y cuarzos energéticos.
Demasiada opulencia para su gusto, y sin embargo una de las personas más importantes en su vida desde hace algun tiempo provenía de ahí.
—Los Cronwald operan en el sector financiero... supongo que debe de ser aquel edificio, se ve muy... pulcro —pensó mientras veía a lo lejos a las personas ir y venir.
—¿Has estado aquí todas estas semanas? —se preguntó a sí misma.
—No quería hacerte regresar aquí... —dijo mientras respiraba el aire a su alrededor.
Hizo un gesto con la nariz.
—El aire aquí es... bueno, contrasta con lo pulcro del lugar.
A unas cuantas cuadras, las chimeneas de las factorías y las calderas expulsaban vapor constantemente hacia el cielo, la luz del sol apenas y se podía ver.
Se llevó las manos a los hombros.
—Estoy segura de que los rayos del sol ayudarían a que el invierno no se sienta tan... frio.
Relajó el rostro.
—Sköelger, la ciudad del vapor —añadió mientras recordaba la primera vez que Zinnia puso un pie fuera de Sköelger. Recordó como ella parecía estar asombrada por cada pequeña cosa que veía de la naturaleza.
Sonrió levemente.
—Supongo que ahora entiendo tu emoción... este sitio luce pulcro, lleno de gente.
Suspiró.
—Y por alguna razón, pese a toda la multitud, parece vacío.
Desde que Zinnia abandonó la habitación que Dalia y ella compartían en el hospital de Shorq habían pasado algunas semanas. Muchas preguntas habitaban en su cabeza.
Durante toda su estancia en el hospital no recibió una sola noticia de Zinnia. Tampoco se atrevió a preguntar demasiado.
Esperaba de alguna forma, que alguien atravesara esa puerta, quien sea, incluso Pawn, pero que le contara algo acerca de Zinnia. Eso nunca pasó.
Ahora ella tenía más pistas acerca del caso, y una estación menos en cuestión de tiempo. Tiempo que ella tuvo que pasar recostada en una cama contra su voluntad, mientras sus recuerdos la atormentaban impidiendo descansar como a ella le hubiese gustado.
Y a pesar de todo eso, lo único que quería hacer es caminar, quizás así encontraría a Zinnia, o alguna señal de que ella se encontraba bien.
No encontró ninguna señal de Zinnia.
Pero sí comenzó a encontrar otras cosas.
Pasaron los días, siguió la misma rutina, caminar desde el hospital de Shorq hasta el cruce de las calles O. Cronwald y A. Flick, todos los días sin falta, por casi dos semanas consecutivas.
Por las tardes y noches caminaba cerca de los barrios bajos y en los alrededores del Instituto de Arcanología y Ciencias de la Raíz, territorio del aquelarre. Intentando encontrar algunas pistas adicionales sin preguntar nada para no levantar sospechas, si un cazador del aquelarre realmente era el responsable de todo, tenía que ser cautelosa.
Cuanto más convencido estuviera el culpable de que nadie seguía su rastro, más probabilidades tendría de cometer otro error, eso o quizás encontrar a algún cómplice, cualquier cosa era útil.
Mantenía un perfil bajo, solo escuchar, no preguntar.
Los miembros del aquelarre no se extrañaban al verla, la noticia de la desaparición de Zinnia se esparció al instante. Dalia, quien desconocía del todo este detalle, preguntaba si alguien la había visto. Intentando no levantar sospechas de sus intenciones, y al mismo tiempo intentando encontrar respuestas del paradero de Zinnia.
No obtuvo muchas pistas útiles, salvó por dos conversaciones que le llamaron la atención. La primera, acerca de cómo algunos suministros y equipamiento fueron robados meses atrás de las bodegas del Instituto. La segunda, y más interesante, es que algunos cazadores parecieron obtener información acerca de las víctimas, todas sin excepción eran personas reconocidas por ser habilidosos y talentosos en alguna área o profesión.
El enano encontrado atado en el árbol partido a la mitad, era un maestro herrero reconocido en gran parte de la región, autoproclamado por las personas como "El Herrero más fiable en toda la Aphalatia".
Otra víctima, un jiantum, era reconocido por muchos como "El Hacedor más amigable".
—Complejo de inferioridad tal vez... —pensó al escuchar esas conversaciones.
Concentrada en sus pensamientos, caminando sin levantar el rostro, así recorría gran parte de la ciudad. De vez en cuando levantaba la mirada, solo para bajarla al poco tiempo después, hasta que comenzó a notar algo raro. Parecía que alguien la estaba siguiendo, de vez en cuando escuchaba pasos detrás de ella, aunque fuese en lugares donde ella era la única persona rondando.
Esa sensación se repitió por algunos días, hasta que se hizo más notorio.
—Mmm, un admirador. Que detalle... —murmuró.
Un escalofrío recorrió su espalda cuando después de murmurar aquello, escuchó una risa burlona, como si la persona que la estuviera siguiendo hubiera escuchado ese comentario, mofándose de ella.
En lugar de sentir miedo o incomodidad, sintió cansancio y coraje. No estaba acostumbrada a que alguien la siguiera como si ella fuese una presa. Comenzó a correr, asegurándose de que quien la estuviera siguiendo le siguiera el paso.
Dio vuelta en una esquina, en un callejón sin salida. Aprovechó que en aquel callejón habían unas bolsas de basura tiradas en un contenedor de basura abierto. En un movimiento rápido las utilizó para esconderse dentro del contenedor, intentando no levantar sospechas.
Se quedó quieta, ignorando por completo el olor desagradable de los desperdicios, con tal de acorralar a su perseguidor.
Al cabo de unos segundos, escuchó como unos pasos se dirigían a ese callejón con paso apresurado.
Escuchó como los pasos se detuvieron, a escasos metros de ella. Escuchó con atención, la persona se encontraba jadeando, cansada de correr detrás de ella. Aprovechó el momento para salir de su escondite.
De forma rápida, lanzó las bolsas en dirección hacia aquella persona, llenando su rostro de desperdicios, descolocando a la persona en el proceso.
Después de impactar con las bolsas, Dalia se abalanzó sobre ella, sometiéndola en el suelo al instante.
Entre el forcejeo, los desperdicios se fueron desprendiendo del rostro de su perseguidor, dejando al descubierto su rostro.
Dalia abrió los ojos de par en par, sus pupilas se dilataron. Su respiración comenzó a tornarse algo irregular, mientras por alguna razón no podía cerrar su boca de la sorpresa.
—Oh... Hola. Cuánto... ha pasado algo de tiempo —dijo Zinnia mientras intentaba quitarse la basura restante del rostro.
—Sí... sí... ha... ha pasado tiempo —respondió Dalia sorprendida. —Semanas. Más de un mes.
—Me... ¿me creerías si te dijera que para mí solo han sido unos cuantos días? —preguntó Zinnia mientras una sonrisa torpe se dibujaba en su rostro.
Antes de que Dalia pudiera contestar, Zinnia se abalanzó sobre ella, abrazándola. Dalia abrió los ojos de par en par.
Zinnia comenzó a agitarse en los brazos de Dalia, su respiración era irregular, sus manos y piernas estaban temblando.
Dalia no dudó en sostenerla.
Aquel callejón, se encontraba solo, solo ellas dos pintaban aquel paisaje gris.
Ambas se sentaron en el suelo. Por algunos minutos no se dijeron nada, pero estaban juntas otra vez.
A medida que Zinnia recuperaba la compostura, empezó a contarle lo sucedido a Dalia.
Ya había intentado hablar de ese tema con Shorq y con su padre. No resultó como esperaba.
Su padre pensó que todo se trataba de un acto de rebeldía, desaparecer por más de un mes con una pésima justificación. Simplemente la ignoró, parecía estar ocupado con algo más importante.
Dalia la escuchó con atención, sin cuestionar nada de lo que ella estaba contando.
De alguna forma, ella sabía que Zinnia no estaba mintiendo. La chica se encogió de hombros, con la mirada clavada en sus propias manos temblorosas
Para Zinnia era más de un mes de vida perdido en cuestión de horas, para ella era más de un mes de incertidumbre sin saber nada acerca de Zinnia.
Se arremangó el brazo derecho, centrando su atención en su marca de raíz.
—Marca de la bruja... es la primera vez que escucho algo así —dijo Dalia sin apartar la vista de su brazo. —Y dentro del teatro pasaron solo horas... pero aquí afuera pasaron semanas.
—Me... ¿me crees? —preguntó Zinnia temblorosa.
—Claro que sí... por... ¿por qué habría de dudar de ti? —contestó Dalia.
Zinnia bajó la cabeza.
—Mira... por más irreal que suene... te creo.
—Eres la única que lo ha hecho. ¿Por qué lo haces? —preguntó Zinnia sorprendida.
Dalia guardó silencio, después abrazó a Zinnia.
—No tengo razones para desconfiar de ti. Todo suena demasiado... irreal como para que lo hayas inventado, supongo que es una de las razones por las que te creo. Sé...
Relajó el rostro, dio un respiro suave.
—Sé que quizás ya no confíes en mí... y supongo que quizás me lo merezco. Te juzgué mal, sí. Suelo equivocarme mucho con las personas. Aunque creo que eso ya lo sabes.
Zinnia no dijo nada.
—Lo siento, realmente lo siento, Zinnia. Estas semanas han sido difíciles para mí. No sabía nada de ti, pensaba... bueno que te habías ido.
Parpadeó rápidamente.
—Hasta que... bueno un informante me dijo que debías seguir aquí en la ciudad. Por lo visto tiene razón. En muchas cosas para ser honestas.
—¿Informante? —preguntó extrañada.
Dalia asintió. Sacó de su gabardina el sobre con la carta que Pawn le había dejado en el hospital.
—Observa esto. Prometí... prometí no decir ni una sola palabra acerca de esto.
Sonrió levemente.
—Pero nunca prometí nada acerca de no mostrar esto.
Zinnia tomó el sobre con cuidado. Sacó la carta de él.
La tomó con sus manos. Comenzó a leerla lentamente.
A medida que la leía, sus cejas comenzaban a fruncirse, dibujando una extraña expresión en su rostro.
—Ok... La Sociedad de la Rosa Negra.
—Yo la llamo La Sociedad de las Ratas Chismosas.
—Ra.... ratas. Chismosas.
—Sí, son una red de... niñas con mucho tiempo libre. Niñas chismosas. Ratitas.
—Oh... no... no me digas que.
—Pawn es su líder.
Zinnia torció los labios.
—Por alguna razón... no me sorprende en lo absoluto. Creo que es algo que Pawnie haría.
—Bueno... es hora de irnos.
—Oh... ¿Tienes más información sobre el caso?
—Sí... algo así. Pero no es el caso. Peonía me prohibió salir, así que tendré que usar un pasadizo secreto que nos puede sacar de aquí sin que los guardias nos vean.
—... ¿Eh? ¿Pasadizo secreto? Si es secreto... ¿por qué lo conoces?
—Cortesía de la rata chismosa mayor.
—Ah... claro.
Relajó el rostro.
—¿Por qué te prohibieron la salida? —preguntó preocupada.
—Tengo que descansar. Eso fue lo que me dijeron.
—Entonces... no deberíamos de ir —dijo cabizbaja.
—Tenemos que ir, aquella viuda nos espera —dijo Dalia decidida.
—¿Viuda?
—La del colgante. Ya sabes Maxwell... algo así. Tenemos que regresarle el dije de su difunto esposo. Y sus cenizas.
—Oh. ¿Lo haremos? —preguntó extrañada.
—Claro que sí. Te lo prometí.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Zinnia.
—Aún... tienes las cenizas, ¿o no?
Zinnia asintió con energía.
—Sí. Las tengo aquí en mi mochila.
Dalia desvió la mirada por unos segundos, se llevó la mano a la nuca. Dejó escapar una risita suave.
—Sólo... quiero saber algo —añadió Dalia.
—¿Qué cosa?
—¿Por qué me estuviste siguiendo? Fueron... algunos días. Pensé que eras un acosador, o algo peor.
Zinnia sonrió torpemente.
—Ah... eso. Shorq me dijo que parecía obsesionada con... encontrar me o algo así. No le creí al principio, me contó de la rutina que tenías y que todos los días hacías el mismo recorrido. Así que... quise comprobarlo por mí misma —contestó bajando la mirada.
Guardó silencio por un momento, mientras jugaba con los mechones de su cabello.
—Tú... ¿realmente me estabas buscando? Amm... ¿De verdad te importó así?
Dalia desvió la mirada.
—Porque... bueno no estoy acostumbrada a que alguien haga ese tipo de cosas por mi. Ni siquiera mi padre.
Dalia respiró hondo, dio un suspiro. Después la miró a los ojos antes de responder su pregunta.
—Bueno... Tampoco estoy acostumbrada a hacer ese tipo de cosas por alguien.
Se apartó el cabello del rostro con un movimiento sutil.
—Oye... y respecto a lo del hospital. Bueno ya sabes... cuando te fuiste.
Zinnia agacho la mirada, escondiendo su rostro debajo de sus mechones de cabello.
—Oh... sí. Lo... lo siento.
—¡No! No es por eso... es solo que con todo lo que te pasó ahí me quedo una duda.
–Oh... ¿Qué duda? —preguntó sin levantar la mirada.
—Bueno... habías discutido con tu padre.
Dio un suspiro.
—¿Qué tan mal te llevas con tu padre? —preguntó Dalia.
—No diría que nos llevamos mal. Quizás simplemente no lo entiendo del todo, y él tampoco a mí. Aunque no lo culpo.
—¿Te culpas a ti misma por eso? —añadió Dalia mientras relajaba el rostro.
—No, que va. Es solo que entiendo que él carga con muchas cosas desde hace mucho tiempo. Tiene mucha presión o al menos eso se ve en el rostro.
—Por trabajo, ¿Cierto?
—Sí, ser fundador es... Bueno conlleva mucho esfuerzo. Súmale a eso la pérdida de Inri. Por eso no lo culpo. Aunque tampoco lo entiendo del todo.
—Ya veo. Aunque si te soy sincera, tienes suerte.
—Mmm, no es algo que me agrade escuchar.
—¿Por qué?
—Bueno, por mi apellido. Siempre se resume a eso, nací y automáticamente ya había un peso enorme sobre mi por tener este apellido. A veces... Cansa.
Zinnia bajo la mirada por un momento, dejó escapar un respiro mientras inspeccionaba sus muñecas.
Respiró por un momento.
—Quizás por eso trato de alejarme un poco de todo eso. Quiero... No sé, saber que soy importante por lo que valgo como persona y no por el apellido que tengo. A dónde quiera que vaya si alguien me reconoce me hacen una reverencia. En varios lugares me tratan como si fuera una princesa o algo así —dijo Zinnia con tono cansado.
Dalia la miró a los ojos.
—¿Por eso decidiste ser cazadora? —preguntó sin apartar la mirada de Zinnia.
—No del todo, es... Bueno mi papá lo llama rebeldía. Sí, gran parte es por Inri. Quiero cumplir su sueño. Pero desde que nací ya tenía una etiqueta sobre mí, o bueno, una posible etiqueta.
Levantó su brazo derecho.
—Ah... Sí, ya lo recuerdo. Energizante —respondió Dalia.
—Sí. Te aseguro que si Inri también hubiera tenido esta marca también ese hubiera sido su rol de adulta.
—Mmm.
—Digo, comparado con ser cazadora es una función menos riesgosa... Pero aún así, ni siquiera se me dio la opción de escoger.
Se llevó la mano a su hombro derecho mientras seguía apartando la mirada de Dalia.
Dalia sonrió.
—Bueno, supongo que aún no sabes que quieres ser. Es muy común en tu edad.
Zinnia levantó la mirada por un momento, al mismo tiempo que torcía un poco sus labios y arrugaba la nariz.
—Eso es cierto. No sé que quiero ser —hizo una pausa breve—. Pero creo saber qué clase de persona no quiero ser.
—Dejame adivinar... Una Cronwald —respondió Dalia con tono sarcástico.
—No, ya no pienso del todo así.
Hizo un gesto con sus manos.
—No puedo negar quien soy del todo, pero al menos quiero que ese apellido tenga otro significado cuando lo porte yo. No sé, me gustaría eso. No quiero ser solamente Iria, una Cronwald más. Tal vez lo único que quiero ser es ser esa Cronwald.
Dalia frunció las cejas mientras torcía los labios, intentando comprender lo que Zinnia intentaba explicar.
—¿Cuál Cronwald? —preguntó mientras se tallaba la frente.
Zinnia se quedó pensativa.
—Es lo que aún no sé. Pero quiero descubrirlo. Solo que aún no me siento lista para muchas cosas. No me sentía lista para ser cazadora tampoco.
Asintió levemente usando su cabeza mientras se dirigía a Dalia.
—Aún creo que no estoy del todo lista —añadió.
Dalia dio un suspiro y se acercó a Zinnia. Hizo un gesto con su mano sobre la cabeza de Zinnia, desacomodándole el cabello.
—Mmm... Va. Sabes, la realidad es que estar lista no es un sentimiento, es... Una decisión. Y tú ya la tomaste.
Continuó desacomodando su peinado mientras le sonreía.
—Vas por buen camino Zinnia.
—¿Tú crees? —preguntó Zinnia mientras sus mejillas se pintaban de rojo.
—Sí, me habría gustado saberlo cuando tenía tu edad. Quizás... Bueno. Recuerdas que te dije que... ¿Tenías suerte?
—Sí.
—No lo decía por tu apellido. Le decía porqué por lo que he visto, tus padres se preocupan por ti. Al menos para mí parece que sí.
—¿Ah? —exclamó confundida.
—Bueno, en comparación a los que yo tuve. No sé, me hubiera gustado que al menos se hubieran preocupado por mí, quizás las cosas hubieran sido diferentes.
Bajó la mirada.
—Zinnia, hay cosas que no puedo cambiar. Las cosas que me pasaron... Bueno pasaron y ya, pero tú en cambio... Siento que puedo al menos intentar que las cosas sean diferentes para ti, tú tienes una familia. Y a Pawn.
Zinnia bajó la mirada.
—Ya entendí. Tengo suerte —contestó Zinnia mientras bajaba la mirada.
—Te lo dije.
Se acercó sin previo aviso a Dalia. La abrazó.
El abrazo la tomó por sorpresa, se quedó parada inmóvil.
—Tengo suerte de haberte conocido.
Dalia tardó en reaccionar. Poco a poco bajo sus brazos, tomando la cabeza de Zinnia con sus manos, acariciando su cabello.
—Yo... También tengo suerte.
Soltó una risa.
—Basta de cursilerías. Tenemos que entregar un colgante. Aunque honestamente... No creo que deberíamos de sentirnos bien por... Bueno ya sabes.
—Bueno... Aun así es lo correcto —dijo Zinnia.
Al poco tiempo decidieron abandonar aquel callejón, entre risas torpes y sonrisas nerviosas.
El plan era sencillo, dirigirse al pasadizo entre las cloacas para salir de la ciudad sin llamar la atención. Comenzaron a caminar, siguiendo las instrucciones que Pawn le dio a Dalia sobre cómo llegar al lugar.
Sacó una hoja de papel doblada por la mitad de su gabardina, extendiéndose entre sus manos.
—¿Qué es eso? —preguntó Zinnia.
—Un mapa, o eso intentó dibujar Pawn —contestó Dalia mientras intentaba entender el camino marcado en el mapa. El mapa era dibujado a mano, los trazos no eran los más rectos, y parecía haber sido realizado con un lápiz labial.
—¿Pawn usa maquillaje? —preguntó Dalia extrañada.
—No, debió haberlo tomado del cuarto de nuestra madre —respondió Zinnia.
Dalia frunció las cejas mientras intentaba comprender la ruta marcada en el mapa, agarró el papel con fuerza mientras intentaba concentrarse.
Zinnia se lo quitó de las manos con un movimiento suave, rozando el papel arrugado donde el lápiz labial aún se veía borroso.
Dalia levantó la ceja y se quedó viéndola por un momento.
—¿Eh? —dijo Dalia.
—Tranquila, quizás yo lo pueda entender mejor. Después de todo ella e Inri solían dibujar mucho cuando eran más pequeñas. Algo de sus trazos tengo que reconocer.
Zinnia observó con atención el mapa dibujado sobre aquel trozo de papel. Una sonrisa se dibujó en su rostro, cargada con cierta melancolía.
—Un círculo enorme, con una A en medio —murmuró.
Siguió observando, Dalia mantuvo silencio. La dejó observar.
—La flecha sigue hasta una cruz. Y debajo de la cruz... un círculo con una X. Y una flecha hacia abajo.
—Mmm. Fue lo que yo ví —murmuró Dalia.
Se quedó pensativa.
—¿Una iglesia tal vez? —preguntó Dalia.
—Mmm... o un cementerio quizás, el pasadizo quizás está cerca de un cementerio.
—Mmm. ¿Cuál de todos será?
Zinnia levantó la ceja.
—Una A encerrada en un círculo... ¿Aquelarre? —exclamó Zinnia.
—El círculo podrían ser las murallas... —añadió Dalia—. Si es el Aquelarre, entonces debe de ser el cementerio que está cerca de la Catedral de La Madre Crowley.
—Crees que... ¿el pasadizo son unas catacumbas? —preguntó Zinnia mientras se mordía los labios.
—No, Pawn dijo que era una cloaca. Quizás sea por una alcantarilla cercana —se llevó la mano a la barbilla—. Cerca de la catedral están las murallas del norte, y cerca de ahí hay un riachuelo que conecta con el lago. ¿Te molestaría caminar otra vez? —preguntó a Zinnia con tono cansado.
—Caminar otra vez hacia el lago. ¿No preferirías tomar una diligencia o algo así? Digo... aún tienes que descansar y eso... ¿No te duele?
Dalia se llevó la mano al vientre, a la altura de su herida cicatrizada. Hizo un gesto sutil con su boca. Comenzó a negar, moviendo la cabeza lentamente de un lado al otro.
—No me duele. Pero aun así, no puedo salir de aquí en una diligencia. Tengo prohibido salir de aquí. Si me vieran dentro de la diligencia no dudarían en enviarme con Peonía —dijo antes de soltar un suspiro.
—Así que todo lo que puedo hacer es caminar. ¿No quieres caminar? —preguntó Dalia bajando el rostro.
—¡No es eso! —exclamó Zinnia al instante—. Es solo que... bueno. Solo si estás en condiciones de caminar.
—Te acabo de embestir y tirarte al suelo hace rato después de haber corrido por algunas calles y callejones. ¿Realmente crees que no puedo caminar? Todos estos días es lo único que he hecho, caminar y caminar.
Relajó el rostro.
—Intentando... bueno encontrar pistas, y encontrarte a ti.
Zinnia soltó una risa.
—Bueno... tienes razón. No... no me molestaría caminar. Creo que es lo que necesito, caminar allá afuera.
Dalia guardó el mapa en su gabardina. Comenzaron a caminar en dirección a la Catedral.