La luz del sol apenas y se podía meter por el rincón de la ventana.
La habitación estaba tranquila.
Ahí estaban las dos.
Dalia cayó rendida poco después de haberse acostado junto a Zinnia.
El tiempo pasó, con tranquilidad. Lo suficiente para que la luz del sol fuese reemplazada por la luz de la luna llena.
Poco a poco, el eco de las pisadas y voces en los pasillos del hospital comenzó a cesar.
Calma. Una calma que ellas se merecían, al menos por un momento.
La luz de la mañana entró de lleno en la habitación. Las cortinas estaban recogidas, ahí a un lado de la camilla, junto a un pequeño buró, se encontraba una canasta repleta de algunos bocadillos y dulces, adornados con unas flores azules. Zinnias para ser exactos.
La luz del sol iluminó por completo el rostro de Zinnia, haciendo que los abriera lentamente.
La visión le resultaba borrosa, apenas había abierto los ojos desde que cayó inconsciente. Se llevó las manos a los ojos, frotándolos para quitarse algunas legañas que tenía sobre sus pestañas.
Se encontraba confundida, su cabeza aún le daba vueltas.
Tal fue su estado que tardó en darse cuenta de que Dalia, dormida, la estaba abrazando.
Parpadeó rápidamente, sintió un escalofrío recorrer su piel. Después sintió un alivio enorme, como si un peso se le fuese quitado de encima.
Lentamente sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, mientras no podía evitar sonreír.
No podía contener su emoción, estaba a punto de abrazarla también.
Hasta que notó el estado del cuerpo de Dalia, pudo ver con atención la magnitud del daño que llevaba sobre su vientre, las vendas ensangrentadas no eran buena señal para ella.
Con cuidado, tomó las manos de Dalia, sintió un nudo en el estómago al ver las manos repletas de ampollas y quemaduras.
No pudo resistir más la escena.
Comenzó a sacudirla, moviendo sus hombros, no de forma brusca, intentando despertarla.
Al cabo de unos cuantos intentos más, Dalia al fin despertó, algo agitada y sobre todo confundida.
Abrió los ojos, lo primero que vio fue el rostro de Zinnia, una mirada afligida.
Hicieron contacto visual.
Zinnia intentó hablar, pero hizo un silencio involuntario.
—Perdón. No quise hacerte esto —dijo Dalia, robándole la palabra a Zinnia.
Sin poder contestarle, y sin oponer resistencia, Dalia se abalanzó sobre Zinnia, abrazándola con delicadeza.
Zinnia, inmóvil, pudo sentir cómo Dalia temblaba mientras la abrazaba. Poco a poco la respiración de ella se iba agitando.
—No... no tienes que pedirme perdón. Yo... yo te dejé sola —dijo mientras su voz se quebraba.
—Mira tu cuerpo... mírate. Si yo hubiese estado contigo...
—Cállate, idiota... ni tú ni yo sabíamos que esto iba a pasar.
Guardó silencio, mientras intentaba controlar su respiración.
—Lo que pasó es... bueno intenté ayudar a personas. Y me vi involucrada en algo mayor.
Resopló.
—Para variar. Había un licántropo en los barrios bajos.
Se llevó la mano al vientre.
—Había. Ya no.
Se miró las manos.
—Creo que me excedí un poco. No volverá a pasar.
Centró su mirada en Zinnia.
—No quiero... preocuparte a ti ni a nadie más.
Sonrió sin darse cuenta.
—¿Estás bien? Supe que colapsaste... o algo así.
Zinnia se llevó las manos a la cabeza, se sentía un poco mareada. Los oídos, aunque levemente, le dolían.
—Creo que estoy bien. Me alegra saber que estás bien.
—Yo... digo lo mismo.
Las dos sonrieron.
—Sabes... no soy buena con estas cosas. Aún no... pero me siento mejor ahora. Gracias, Zinnia.
Agachó la mirada.
—No sabía que le importaba a más personas. Es... raro saberlo.
—Eso... ¿es bueno o malo?
—Mmm. Es raro y ya. Por cierto... no sé si es el momento para decirlo, pero conseguí una pista.
—¡¿En serio?!
—¡Sí! Aunque eso no quita el hecho de que estamos estancadas.
—Oh... ¿no es una pista muy útil?
—Es... una pista y ya. Conecta de alguna forma con Yörn, pero no sé si se trate de la misma persona.
Sintió un escalofrío recorrer su nuca, recordó todo lo que el dueño de La Última Nota le había contado, su mirada se apagó un poco.
Comenzó a sentir un remordimiento que no podía explicar.
—Ni siquiera le pregunté su nombre —murmuró sin darse cuenta.
—¿A quién? —preguntó a Zinnia extrañada.
—Ah... eso. No importa, estaba divagando.
Sacudió su cabeza.
—Y... ¿la pista? —preguntó Zinnia, intentando desviar la atención de Dalia de lo que sea que la estuviera preocupando.
—Oh. Sí. Bueno, es... solo mata personas no humanas. Por lo que pude deducir.
Zinnia se comenzó a morder las uñas.
—Estás... ¿estás nerviosa? —preguntó Dalia.
—No... solo intento concentrarme.
Frunció las cejas.
—Sreten dijo que mató a un enano.
—Sí, y los demás cuerpos que se han encontrado han sido de elfos, jiantunes. Entre otros.
—Yörn —exclamó Zinnia sorprendida—. Pero... ¿cómo? Los Yurdir son fuertes. ¿No? ... ¿tan fuerte es?
—La daga —exclamó Dalia al instante.
—¿Qué daga?
—Mierda... había olvidado esa parte. Freya me mostró una daga ceremonial, junto al guante. Las encontraron en el mismo lugar, junto al cuerpo de Yörn.
—Mmm.
—Am, la daga está fabricada de hielo negro. Lo suficientemente duro para penetrar la piel de los Yurdir... mierda.
—¿Qué?
—Necesito saber en qué estado se encontró el cuerpo de Yörn.
Afiló los ojos.
—Aunque ahora que lo pienso, creo que eso no lo podría haber preguntado antes... no es algo que habría preguntado normalmente.
Se llevó las manos a la cara.
—Maldita sea. Odio dar vueltas.
—¿Ah?
—Tenemos que ir con Freya —dijo con resignación.
—Bueno, no es tu culpa. No sabías nada del Silbón. Y si lo hubieras sabido, la pista de cuáles son su tipo de víctimas tampoco la conocías.
—Pues sí, lo único que teníamos hasta hace poco era un estúpido guante y un rumor —dijo Dalia mientras centró su mirada en la canasta junto a la camilla.
—Algo es algo —exclamó Zinnia.
Dalia no contestó.
—¿Ocurre algo? —preguntó Zinnia.
No contestó.
—Contesta.
—¿Quién es ella?
Señaló con su mano al suelo.
Zinnia dirigió la mirada a la ubicación que señalaba Dalia.
Ahí en el suelo, acostada sobre una fina manta con adornos florales, se encontraba una joven dormida en el suelo. Zinnia abrió los ojos, no tardó en reconocer el atuendo de aquella persona.
—¡¿Pawn?!
Dalia levantó las cejas.
—¿La conoces?
—Sí. Es mi hermana.
—¿Tu hermana? Que ella no... bueno ya sabes.
Zinnia resopló.
—Es mi otra hermana. La de en medio.
Zinnia se llevó la mano a la nuca. Su rostro lo decía todo.
—Tú... ustedes. Amm, ¿se llevan mal? —preguntó Dalia sin apartar la vista del suelo.
Zinnia torció los labios. Se quedó pensando un momento.
—No es eso... es sólo que ella. Amm. Bueno no sé cómo explicarlo. Quizás cuando despierte lo entenderás.
—¡No tienen que esperar! ¡Llevo despierta desde que llegué! —gritó Pawn mientras se ponía de pie de un brinco cargado de energía y entusiasmo.
—¡Ah! —gritaron ambas.
Dalia se llevó la mano al vientre otra vez, dar ese grito la forzó, sintió un dolor punzando su herida.
—Auch.
Pawn abrió los ojos de sorpresa, se llevó las manos a la cabeza.
Comenzó a morderse los labios y a estirar mechones de sus cabellos azules con desesperación.
—¡Noooooo! Soy una idiota. Hice que Elizabeth sintiera dolor —dijo mientras hacía un puchero y fruncía el ceño—. ¡Doctor! ¡Venga aquí de inmediato! —gritó con energía.
—¡No! ¡Pawn, detente! ¡Deja de gritar! —gritó Zinnia, con algo de enojo visible en su mirada.
Una enfermera que pasaba por el pasillo escuchó el alboroto, se acercó lentamente.
Comenzó a girar el picaporte lentamente.
Dalia se quedó observando atónita mientras procesaba la situación.
Tomó aire, respiró profundamente.
Exhaló.
Explotó.
—¡Cierren la puta boca las dos! ¡Dejen de gritar! Con un carajo. ¡Esto es un puto hospital! —gritó sin importarle en lo absoluto el dolor que sentía cuando gritaba.
La enfermera regresó el picaporte a su posición original, regresó por donde vino.
—Yo no he escuchado nada —dijo mientras apresuraba el paso.
Dalia se volvió a llevar la mano al vientre, el dolor era intenso, pero al menos había silencio en la habitación, por ahora.
Observó el rostro de Zinnia, estaba aturdida, tapándose los oídos con sus manos.
—Mierda... creo que me excedí —dijo Dalia mientras se frotaba la nuca.
Después giró lentamente en dirección a Pawn.
Pawn parecía estar en un trance, no dejaba de ver a Dalia. Su boca estaba abierta, no parecía notarlo.
—Mierda —repitió Dalia en voz baja.
Pawn recuperó el aliento.
—No... no puede ser verdad.
Agachó la mirada.
—Dalia... Elizabeth... me gritó.
Dalia resopló.
—Mierda...
Volvió a murmurar.
—Ella... ¡me gritó! ¡Ella me gritó! —exclamó mientras una sonrisa se le dibujaba de oreja a oreja—. ¡Me gritó! Esto... es...
Respiró profundo.
Después su boca comenzó a disparar.
—Es una sensación que no puedo explicar. Las palabras no llegan a mi mente para poder definir el júbilo que mis receptores de dopamina están experimentando en este momento. Esto debe de ser lo más cercano a un estado onírico que he estado en toda mi vida. Soy la niña más dichosa que puede haber en la tierra. No...
Se llevó la mano a la cabeza.
—Soy la Cronwald más dichosa en toda la tierra. Esto supera con creces mi fiesta de té del verano pasado.
Dalia no dijo nada, solo se quedó observando. Torció un poco los labios, agachó la mirada poco a poco.
El silencio se hizo presente en la habitación.
Pawn lo notó, relajó el rostro.
—Yo... ¿hice algo malo?
Dalia no contestó.
—Yo... lo siento.
Zinnia sonrió.
—No... tranquila, Pawnie. Está bien... creo. ¿Verdad? —le preguntó a Dalia, sin obtener respuesta alguna.
—Tú... ¿cómo sabes mi nombre? —preguntó Dalia extrañada. Levantó el rostro, observando con atención a Pawn.
—Ah... bueno. Yo... yo... yo...
Sin poder contestar apropiadamente, y producto de los nervios, Pawn se escondió debajo de la camilla en un abrir y cerrar de ojos.
Zinnia sonrió.
—Ella... bueno es una niña con mucho tiempo libre. Se aburre mucho.
Resopló.
—Le gusta todo lo relacionado a los engendros, bestias y pesadillas. Desde que era una niña pequeña.
Relajó el rostro, antes de continuar hablando de Pawn.
—Ambas compartían la misma fascinación por esos temas. Eventualmente cuando supieron que existían personas que se dedicaban a exterminar esas cosas... pues ambas se hicieron fanáticas de todo eso.
Zinnia agachó la mirada, se sonrojó un poco.
—Cuando ella supo que yo decidí ser una cazadora... explotó de emoción. Sonará tonto pero ella me preparó con toda la teoría.
Volvió a sonreír.
—Esa es la clase de persona que es Pawn. Es... bueno ya la viste.
—Ok... pero... ¿eso qué tiene que ver con que sepa mi nombre?
—Es que te admiró mucho —murmuró debajo de la camilla.
—¿Ah? No entiendo... ni siquiera me conoces.
Zinnia desvió la mirada por un momento.
—No hace falta. He escuchado historias de ti. Eres... bueno, me gustaría ser como tú.
Dalia dejó escapar una risa corta.
—No. Realmente no quieres eso. Créeme.
Acercó sus manos al borde de la camilla, asegurándose de que Pawn pudiera verlas.
—¿Ves mis manos?
Pawn se tomó un segundo en responder.
—Sí. Ampollas y quemaduras de primer grado. Probablemente manipule fuego por un periodo de tiempo prolongado, eso o hiciste que tu cuerpo pagara con dolor potenciar una llama para acabar con algún monstruo.
Dalia guardó silencio.
—... ¿cómo sabes eso?
—Bueno... me preparé antes de venir aquí. Y sé que no era cualquier monstruo, por lo que escuché era un licántropo en los barrios bajos. ¿Eso es correcto?
—Bueno... sí. Lo es. Como sea... ¿aún quieres ser como yo? Solo mira mis manos...
—Claro que sí.
—No creo... que estés entendiendo.
—Claro que lo entiendo.
Se tomó su tiempo para gatear fuera de la camilla, se puso de pie y se acercó a Dalia con determinación.
—Detuviste al malo. La bestia fue cazada. Salvaste a personas de ser su alimento.
Dalia agachó la mirada.
—No... no a todos.
Respiró profundo.
—Así es esto. No siempre podrás salvarlos a todos. Aunque lo intentes. Siempre ha sido así.
—Los doctores tampoco siempre pueden salvar a todos los pacientes. Y aún así son importantes —dijo al instante—. Incluso cuando ellos no pudieron salvar a nuestra hermana, sé que ellos son importantes. Aún confío en ellos.
Pawn se acercó más a Dalia, la jaló con cuidado de su muñeca.
—Y si ustedes no lo hacen. ¿Quién más lo hará?
Frunció las cejas.
—Porque si te vas a dar por vencida, entonces tendré que entrenar cuanto antes para tomar tu lugar, o el de Zinnia. Alguien tiene que hacerlo.
Dalia negó con la cabeza.
—Odio ser chantajeada, en especial por niñas.
—¡No lo hago!
—Sí, lo haces.
—¡Sólo un poco! ¡Ahora abrázame!
—¿Qué?
—¡A Zinnia la abrazaste!
—... Ajá, ¿y?
—Y bueno, cuando entraste en la noche tú estabas siendo...
Dalia la tomó con sus manos y la abrazó en un rápido movimiento. No le importó usar sus manos en ese estado tan delicado, la acercó a su pecho rápidamente, tapando su boca para evitar que Pawn terminara de contar lo que vio.
—Tienes razón, te ganaste un abrazo.
Agachó el rostro para que Zinnia no le viera la cara.
Pawn quedó petrificada. Permaneció inmóvil por unos segundos.
El silencio comenzó a pesar.
Dalia podía sentir cómo aún estaba respirando, pero no decía una sola palabra.
Tenía los ojos abiertos, con las pupilas muy dilatadas. Respiraba errática, pero su pulso se sentía normal.
Zinnia se quedó atónita, no entendía qué estaba pasando.
—Bueno... creo que rompiste a mi hermana.
Dalia la volteó a ver con asombro.
—Al... al... al fin dejó de hablar.
Zinnia frunció las cejas y se arrugó la nariz.
—¿Eh?
—De haber sabido que así se iba a quedar callada... lo habría hecho antes.
Acercó a Pawn aún más a su pecho, abrazándola con más fuerza.
El silencio perduró por unas cuantas horas más.
Después de un tiempo, las enfermeras habían terminado de suministrarle medicamentos a ambas, las dejaron solas después de aplicarles inyecciones.
—Perdón, Zinnia, no sabía que esto iba a pasar.
—Yo... creo que sí.
—Ya veo... bueno. Me hubieras avisado antes... al menos así habría estado preparada para esto.
—Sí... quizás fue culpa mía.
Respiró profundo.
—Nunca pensé que alguien podría quedar paralizado de esa forma. Pawn es... realmente intensa.
Dalia torció los labios.
—Al menos se veía feliz. Quizás debamos visitarla más tarde, ya sabes para ver si despierta.
—No... creo que eso debería de hacerlo yo. Tú aún no estás en condiciones para caminar. Y si Pawn te ve así... creo que se volvería a paralizar.
—Es una lástima... no me habría importado subir unas cuantas escaleras.
—Dalia...
—Ok... lo siento. Es solo que tu hermana es... bueno ya viste.