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Capítulo III — Sentimientos encontrados, y un enano alto

La Balada del Cuervo Negro - Parte 1: Tras la pista de un silbido - Terminado · por Alexander L. Caserez · 21 de julio de 2026

La ciénega estaba en silencio, el aroma no había cambiado. Dalia no dejaba de mirar a Zinnia.

Mantenían un paso constante. El fango aún se sentía con cada pisada.

Notó cómo estaba cabizbaja, más de lo usual.

—Quizás fue mucha violencia para ella —pensó.

Lo único que hacía sonido eran sus botas chapoteando en el suelo húmedo y el zumbido de las moscas alrededor de ellas.

En cuestión de un par de minutos la ciénega había quedado atrás, y parecía que también una parte de Zinnia había quedado ahí, una parte que quizás nunca recuperará.

El suelo estaba húmedo.

Zinnia no decía una sola palabra, solo caminaba.

Cenizas. Olor a carne podrida. Un grito desesperado. Era todo lo que pasaba por su mente.

Al fin habló.

—Esto es inútil. No estoy preparada para esto —dijo sin más—. Creo que nunca lo estaré.

Las moscas no guardaron silencio.

Dalia la observó. Ya había experimentado algo parecido en el pasado. Y ella sabía exactamente qué se iba a enfrentar a lo que más odia y detesta, tratar con las emociones ajenas.

Se llevó la mano a la nuca, se quedó pensativa.

—Cronwald.

Zinnia se tocó las muñecas, comenzó a temblar un poco.

—Eres una Cronwald, ¿cierto? Iria Cronwald.

—Sí, ese es mi nombre —dijo sin mirarla a los ojos.

Dalia sacó un mechero de su gabardina, comenzó a jugar con él.

—No... No pienses mal. Intenté aprender un poco de ti antes de conocerte. O mejor dicho, intenté conocerte un poco antes de... ¿conocerte?

Guardó el mechero.

—¿De dónde viene Zinnia?

—Era la flor favorita de mi hermana menor.

Su expresión cambió, como si decir eso le hubiese costado trabajo.

—Carajo... Yo y mi estúpida boca —dijo Dalia, llevándose la mano a los ojos.

—Solo intentaba... Cambiar de tema para que dejaras de pensar tan negativo.

Resopló.

—Pero no sirvo para estas cosas. Aunque... Intentar al menos importa, ¿no?

Zinnia no contestó.

—Mira... La verdad es que no soy tu amiga. Apenas nos conocemos.

Zinnia no dijo nada.

—Quiero decir —se trabó un poco al hablar— quiero decir que no tenemos mucho tiempo de habernos conocido.

Dio un suspiro.

—Todo fue tan rápido, nos presentaron y nos mandaron directo aquí.

Zinnia solo observaba.

—Me dijeron que los vínculos son importantes, o algo así. Construyen confianza y eso... Eso dicen.

Siguió sin decir nada.

—Todo esto es nuevo para mí. Eres mi primera aprendiz, alumna o como lo quieras llamar. No me preguntes por qué acepté hacer esto, la verdad ni yo lo sé.

Mientras más hablaba, más nerviosa parecía, sobre todo porque Zinnia no decía nada.

—Y quizás como mentora tengas una mala impresión de mí por todo lo que te he hecho pasar.

Respiró profundo.

—Incluyendo haber desaparecido.

Se llevó la mano al cuello.

—Pero sinceramente eso no me importa en lo más mínimo.

Zinnia bajó más la mirada.

—Lo que me importa es... Qué esto funcione.

No hubo respuesta.

—¡Di algo, carajo!

Parecía frustrada. Zinnia no se inmutó.

—Tienes razón... Esto es inútil.

—¿...?

—Si me sigues hablando como si fuese una anciana esto seguirá siendo inútil. Si me sigues teniendo miedo o respeto seguirá siendo inútil.

—...

—Si te sigues comportando como si estuvieses en una fiesta de té esto definitivamente seguirá siendo inútil.

—No... No entiendo.

Dalia se llevó la mano a la frente, su cabeza le empezó a doler por el estrés.

—A eso me refiero. Eres... Demasiado pulcra. Demasiado correcta. Te haré una pregunta. ¿Puedo?

Zinnia dudó. Y antes de que pudiera contestar, Dalia habló.

—Me da igual. Lo haré de todos modos. ¿Todo este tiempo he estado con Zinnia o con una Cronwald?

Zinnia abrió la boca. Dalia la interrumpió.

—Y no. No me vengas con "No entiendo, maestra". Contesta y ve al grano —dijo cansada, pero no parecía estar enojada.

—Yo...

Zinnia comenzó a temblar.

Dalia lo notó.

Dio un suspiro.

—Creo que me pasé. Mierda.

Respiró hondo.

—Lo que quiero decir es... Aquí puedes ser simplemente Zinnia, o Iria. Por favor, relájate. Nadie de tu familia te está viendo aquí. Eso no se siente... ¿liberador?

El rostro de Zinnia se suavizó.

—Ahora que lo pienso, sí. Un poco.

—Solo... Sé tú misma. Si tú eres así de pulcra y correcta porque así es Zinnia, entonces está bien.

Zinnia pareció calmarse.

—Pero si tu forma de ser es solo porque así debe de portarse una Cronwald... Niña, aquí afuera no importa tu apellido.

Se detuvo un momento.

—Di algo más. Mierda... Me estás estresando.

Zinnia sonrió.

—Cuando Vic me dijo que en realidad eras así... Pensé que estaba jugando conmigo. Una novatada.

Dalia se sonrojó.

—No... No parece usted ese tipo de persona.

Dalia no contestó.

—Es... ¿tierno? —añadió Zinnia.

Dalia resopló.

—Sí, tierno... ¿Los sapos te parecen tiernos?

Zinnia asintió.

—Carajo... Bueno. Pues qué se le va a hacer.

El viento comenzó a soplar levemente. Dalia se calmó.

—Por cierto... Leí tu expediente. Tú no deberías de ser una cazadora... Me refiero a —dio un respiro profundo— bueno, eres muy delicada y eso, en el buen sentido. Había escuchado que tú ibas a ser una energizante. Es... ¿es por eso que dices que nunca estarás preparada para esto?

—Sí... Así debía de haber sido —dijo sin ganas.

—Y... ¿Qué pasó?

Agachó aún más la mirada.

—Bueno, el sueño de mi hermana. Siempre quiso ver el Dios árbol en persona. Y ahora que no está... Pues quiero cumplir su sueño por ella.

El rostro de Dalia se suavizó un poco.

—Y tu familia... ¿lo aceptó?

Zinnia asintió.

—Era la menor después de todo, a todos nos dolió su partida. Aunque ser cazadora solo será... Temporal. O eso me dijeron.

—No era lo que esperaba como respuesta... Bueno, como te pudiste dar cuenta... Ser cazadora es... Bueno, ya te diste cuenta.

—Sí, lo sé.

—Ya... Yo sabía todo eso de ti. A excepción de lo de tu hermana. Supongo que por eso trato de no ponerte en situaciones que no puedas controlar. Aunque... Bueno no me ha ido bien con eso al parecer.

—Pero... Por eso somos un equipo. Para cuidarnos mutuamente. ¿No?

Dalia abrió los ojos.

—Eso es... Cierto. Muy cierto.

—... Pero usted —cortó la frase— ... Tú... Sueles trabajar sola, ¿no es así?

—Sí... Al final si cometo un error la única persona que estará en riesgo seré yo.

—Bueno, ahora me tienes a mí para cubrirte la espalda.

—Sí...

—No seré una carga, lo prometo.

—Quiero creer, pero cuidar de la vida de alguien más... Es una carga al final de cuentas.

Zinnia notó melancolía en la forma de hablar de Dalia, parecía más cansada.

—¿Cuántos? —preguntó sin más.

—¿Eh?

Zinnia tomó valor.

—¿Cuántos compañeros has perdido para que pienses así?

Dalia se quedó pensando por unos segundos.

—... Más de los que me gustaría honestamente.

Zinnia vio por primera vez en todo el tiempo que han estado juntas, cómo Dalia pareció agachar la mirada por primera vez.

—Bueno... Haré todo lo posible para que ese número no aumente. Si... Si eso te hace sentir mejor.

Zinnia negó con su cabeza.

—Quise decir... Si eso te hace sentir mejor, Elizabeth.

El nombre la tomó por sorpresa.

—¿Cómo?... ¿Cómo sabes mi nombre real?

—Somos... Un equipo. Y Vic me lo contó, se le escapó decirlo creo... Pero se veía feliz cuando me respondía.

Sonrió levemente.

—Ya veo. Claro que sí.

Zinnia parecía estar más relajada. A la lejanía se podía observar una intersección, un camino llevaba de vuelta a Finisterra, y el otro en dirección al oeste los acercaría a Friegsbourgh.

Las montañas Yurdir se podían observar también, difuminándose en el oeste.

—Entonces... ¿Me dirás qué pasó con Freya? Tengo curiosidad.

Observó sus manos, tocó sus muñecas. Una marca con forma de raíz estaba ahí, terminando en sus muñecas, acompañando a los moretones recientes.

Hizo un gesto al tocarlo, le dolía.

—Supongo que sí.

—¿Quieres que nos detengamos aquí un momento?

Dalia pensó por un momento.

—Mmm, necesitamos un baño antes. Volvamos a Finisterra primero. Después te contaré todo.

Olfateó su ropa.

—Realmente esto apesta.

Zinnia también lo hizo.

—Sí, mi ropa apesta al agua estancada también.

Regresaron a Finisterra, rápidamente llamaron la atención por su aspecto.

Sreten las vio, se acercó a ellas.

Pudo verlas de cerca, su rostro reflejaba admiración y también algo de asco por la sangre.

—Supongo... Qué la plaga fue exterminada. ¿Verdad? —dijo asombrado, aunque ya sabía la respuesta. Se llevó su mano a la nariz debido al mal olor.

—Supones bien, grandote —dijo Zinnia, sonriendo. Se sonrojó un poco.

—Zona despejada, por ahora —añadió Dalia.

—Necesitamos un baño.

—Sí, lo necesitan. Apestan a carne podrida, y a cenizas.

Dalia le mostró el dije a Sreten.

—¿Hay algún lugar por aquí donde puedan limpiar esto y asegurar que no huela a... Carne podrida?

Sreten lo tomó con sus manos, reconoció el trabajo con el metal.

—Esto... ¿De dónde lo sacaron?

Zinnia bajó la mirada.

—Tenemos que regresar esto a una viuda. Sólo que ella aún no sabe que lo es —dijo Dalia cansada.

Sreten abrió el dije, había una foto de una mujer dentro. Tenía una inscripción tallada con mucho cuidado, acompañado de unas cuantas piedras preciosas:

"Gracias por estar conmigo siempre, eres la mejor compañera"

"Juntos por siempre"

Había una fecha tallada, y un nombre.

Lorelain Maxwell

13 de Febrero, 289 después del brote. Friegsbourgh.

—Lorelain... Qué bonito nombre es ese. Maxwell, ese apellido me suena familiar —dijo Sreten viendo la foto de la mujer.

—Creo haberla conocido... Tal vez. No lo recuerdo del todo.

Dalia se enfocó en la fecha tallada.

—Supongo que esa fue la fecha de su boda o algo así...

Añadió Dalia.

—Quince años casados... —dijo Zinnia—. Es casi mi edad.

Sintió un vacío en el estómago.

—Pudieron haber sido más —dijo Sreten cabizbajo.

Dalia no dijo nada.

Sin embargo, a su alrededor la vida seguía.

Con normalidad, nada había pasado para el resto.

Finisterra era un asentamiento de paso, una parada ubicada estratégicamente entre varias rutas comerciales. Las carretas seguían yendo y viniendo, algunas mercancías estaban siendo intercambiadas por otros bienes, algunos borrachos estaban tirados en el suelo afuera de la taberna local, otros hacedores seguían haciendo su trabajo.

La amenaza cercana había sido eliminada, por ahora. Y eso es algo que Dalia y Zinnia sabían a la perfección, es parte del oficio.

Zinnia tenía en mente una frase que solían repetir mucho en la academia del Aquelarre de Sköelger: "Irónicamente, nosotras como cazadoras y enraizadas tenemos que cortar la maleza del jardín. Y la maleza no se extermina, después de un tiempo vuelve a crecer. Somos las jardineras de toda Aphalatia".

Un pensamiento llegó a su mente. ¿Cuántos más? Similar a lo que le había preguntado a Dalia. ¿Cuántas más situaciones así existen? ¿Cuántas veces las cazadoras tienen que sentirse derrotadas aun cuando acaban de exterminar una plaga? ¿Cuántas viudas habrá? ¿Huérfanos? ¿Padres esperando ver a sus hijos de nuevo?

El mundo seguía su curso, la vida no perdona a la muerte, y la muerte no perdona a la vida tampoco. Un círculo vicioso, cruel, hermoso y perfecto a la vez.

Mientras los lugareños continuaban su vida con normalidad —lo que para ellos es normalidad— Zinnia pensaba en la viuda, cómo una noticia podría arruinar una vida.

Comenzó a temblar, no por miedo, o por incertidumbre. Tampoco por duelo. Quizás valentía.

—No creo lograrlo pronto —pensó para sí misma, mientras apretaba el puño.

—Pero... haré lo posible para no llegar tarde la próxima vez —añadió en sus pensamientos.

Suspiró.

Relajó los hombros.

—Solo espero que la próxima vez no tome tantos intentos.

Dalia la observó, le puso la mano en el hombro.

—Zinnia...

Zinnia reaccionó al instante.

—Estoy bien, pero debo mejorar. Entonces estaré mejor —dijo con determinación, aunque por dentro su corazón parecía ser martillado con la fuerza de un hacedor doblando el latón.

Hizo una pausa. Sacó la bolsa con las cenizas.

—... Deberíamos de ir a entregárselas. Quizás... al menos se alegrará al saber que ya está descansando en paz.

Dalia no respondió. No porque no le importara lo que Zinnia quería hacer, no por ser una insensible, sino por algo que es muy ella. No sabe lidiar con el duelo de las demás personas, tampoco con las emociones de los demás. Con ella es muy distinto, ella puede ignorarse a sí misma, suprimir el duelo hasta que sea necesario.

Pero con los demás... es un desastre.

Zinnia notó el silencio, y comenzó a notar un patrón en Dalia.

—Yo... yo las entregaré. No es necesario que tú estés presente —dijo convencida.

Dalia dudó, después habló.

—Bueno, podría aprovechar la visita. Friegsbourgh está cerca de... —dio un respiro profundo, cansada— cerca de esa puta enana de mierda.

Sreten frunció las cejas, la volteó a ver.

—Ah... ¿Eh?

Dalia se llevó la mano a la cara.

—Carajo, volví a pensar en voz alta.

Se resignó.

—Bien... —volteó a ver a Sreten— creo que sí eres confiable. Y de todos modos necesito pistas. En este momento estoy en blanco.

Se sentó en el suelo.

—Digamos que... estoy buscando a alguien. Alguien que aparentemente hizo algo terrible.

Negó con la cabeza.

—No, me expliqué mal. Estoy buscando a alguien que hizo algo terrible, pero no tengo idea de quién sea.

Suspiró.

—Al menos por ahora, estoy en blanco.

Sreten abrió los ojos. Se acercó a ella, agachó la cabeza para poder verla cara a cara, susurró.

—¿Estás buscando a El Silbón? —dijo en voz baja, temeroso.

Ella torció la cabeza, no parecía entender.

—¿Qué es eso?

Sreten comenzó a jugar con su barba, mientras se sentaba en el suelo. Zinnia se quedó de pie.

—Bueno... Hay rumores. Un tipo, o un monstruo —se quedó en trance por unos segundos—. Creo que esa es la definición, un monstruo.

Comenzó a sudar, sus dedos temblaban.

—Él... o eso. Oh... —seguía sin poder hablar bien—. Dicen que es el responsable de algunas desapariciones.

Tragó saliva.

—Y... apariciones.

—¿Apariciones? —preguntó Zinnia.

Sreten asintió apenas.

—De cuerpos... o lo que queda de ellos.

Agachó la mirada.

—Se han encontrado cinco... pero los cadáveres son casi irreconocibles.

Titubeó.

—Pareciera que juega con ellos. Es un sádico. Eso parece.

Sus manos comenzaron a temblar.

—Pareciera que intentará hacer una escultura con el cuerpo...

—¿Y cómo es él? —preguntó Dalia, su mirada era fría, afilada.

—Es... difícil de decirlo. Hubo un grupo de enanos que estaban acampando cerca de un barranco.

Se llevó la mano a la boca, comenzó a darle golpes a su labio con su dedo índice.

—Cerca del bosque del olvido si no me equivoco.

Hizo una pausa.

—Intentaré contarlo lo mejor que pueda. ¿Sí? Yo no estuve ahí presente, así que tal vez me pase algunos detalles por alto.

Hizo una reverencia.

—Me disculpo de antemano si olvido algo... aunque si te soy sincero me gustaría olvidar todo eso.

Tragó saliva.

—Y eso que yo no estuve presente.

Dalia asintió.

—Tranquilo, grandote, tómate tu tiempo. No tengo más pistas de todos modos.

Sreten alzó los hombros.

—Pero... ¿sí es a quien buscas?

—No lo sé... no puedo compartir muchos detalles contigo.

Hizo una pausa, se llevó las manos a la cara.

—Me gustaría contarte, pero no puedo. Es confidencial.

—Claro... lo entiendo. Bueno si lo que te voy a contar te sirve... pues entonces seguiré.

Se llevó la mano a su barba.

—Los enanos... cerca del bosque.

Hizo un gesto con las manos.

—Por la noche uno de ellos desapareció... antes de eso los demás aseguraron haber escuchado un silbido a su alrededor.

Zinnia se sentó sin hacer ruido.

—Después de darse cuenta que había desaparecido comenzaron a buscarlo alrededor.

Levantó dos dedos.

—Lo buscaron por casi dos horas. Hasta que encontraron un rastro de sangre que se adentraba más hacia un claro.

Agachó la mirada.

—Se alarmaron... temían lo peor. Algunos de ellos tomaron lo primero que encontraron como arma, uno de ellos traía una ballesta y una dinamita.

Hizo una pausa.

—Siguieron el rastro. Cuando llegaron al claro, había un árbol grande.

Abrió los brazos.

—Supongo que así de grande. Dijeron que los faroles apenas iluminaban. Creo... que esa noche había luna nueva.

—Hmm... ¿Crees que tenga algo que ver la luna nueva?

—No lo sé. Lo único que sé por el testimonio de ellos es que fue una noche oscura, más de lo normal.

Movió la cabeza de un lado al otro.

—Se detuvieron en aquel árbol, el rastro de sangre se detenía ahí, parecía rodear al árbol. Cuando lo rodearon... vieron lo que quedaba del que había desaparecido.

Su rostro se volvió pálido.

—Estaba... partido a la mitad.

Zinnia entrecerró los ojos, comenzó a morderse las uñas.

—Y no solo eso... la parte superior estaba atada a unos dos metros de altura en aquel árbol, y la parte inferior estaba atada en la base, con los pies en el suelo.

Se quedó en silencio.

—Pero ambas partes estaban unidas por el intestino delgado —dijo mirando hacia el suelo.

Zinnia sintió un nudo en el estómago.

Dalia no se inmutó.

—Entonces escucharon un silbido. Y apareció.

Sreten se trabó.

—No... no... no le pudieron ver el rostro, traía una calabaza en su cabeza. Quedaron petrificados... dijeron que aunque quisieran no se podían mover.

Tomó aire.

—Y habló. Dijo: "Lo volví más alto, fue una gran obra. ¿Qué les parece?"... ellos no respondieron.

Dio un suspiro largo y cansado.

—Después volvió a hablar: "Escuché como se quejaba respecto a su altura, así que le di una mano con eso"... Después comenzó a caminar lentamente hacia ellos, uno intentó desenfundar la ballesta... pero no podía moverse.

Dalia interrumpió.

—Entonces... ¿sobrevivieron?

—Sí... el olor del cadáver llamó la atención de los podridos. Aquella cosa se dio cuenta y no dudó en irse.

El rostro de Sreten pareció relajarse un poco.

—Después de eso los enanos fueron capaces de moverse otra vez, salieron corriendo también... se sienten horribles de haber dejado abandonado el cuerpo de su compañero.

—Mmm... ¿Dónde puedo encontrar a esos enanos?

Sreten tardó en responder, seguía sudando.

—Oh... creo que se dirigían a Doughshir... ¿Te sirve lo que te acabo de contar?

Dalia se puso de pie.

—No lo sé aún. Pero es una pista. Algo es algo.

Revisó sus mecheros.

—Hay más hallazgos como este... ¿no? Dijiste apariciones, supongo que el enano no es el primero... quizás tampoco el último.

Sreten asintió.

—Sí... Todos creen que él fue el responsable de los otros... ¿Quieres que te cuente cómo los encontraron? Ya sabes... en qué forma.

Dalia observó a Zinnia. Zinnia estaba temblando, su rostro se veía pálido, su mirada parecía perdida y estaba sudando.

—No... no será necesario. Pero agradecería que me marcaras en un mapa dónde los encontraron. Para intentar encontrar un patrón.

—Oh... sí, claro. Cuenta con ello.

Dalia le extendió la mano a Zinnia.

—Vamos, te ayudaré a levantarte, Zinnia.

Zinnia tardó en reaccionar. Tomó la mano de Dalia y se puso de pie, su mano seguía temblando.

—Mira... Esto es muy diferente a lo que se supone que veníamos a hacer. Si quieres regresar a Sköelger está bien... te conseguiré otra maestra si gustas... Estás asustada, es normal.

Tomó su cara con sus manos, mirándola a los ojos.

—Está bien tener miedo, que mi rostro no lo refleje no significa que yo no lo experimente. Solo... tengo experiencia supongo.

Dalia resopló, antes de volver a hablar.

—Aparte... ya no hay podridos por aquí. Al menos por ahora. Técnicamente cumplimos con lo que debíamos y... supongo que aún puedes aprender más cosas con alguien más.

Dalia desvió la mirada. Evitó ver a Zinnia a los ojos.

Zinnia intentó hablar, aunque tardó en poder formar palabras.

—¿A qué le tienes miedo? —preguntó temblorosa.

Dalia la miró.

—A que más personas mueran por mi culpa.

Zinnia dio un paso hacia atrás.

—Regresa a Sköelger... no quiero ponerte en peligro. Yo llevaré las cenizas.

Dalia le extendió la mano.

Zinnia le dio un manotazo.

—No. Yo dije que las llevaré.

Zinnia respiró profundo.

Tomó fuerza.

Le dio un puñetazo a Dalia en la cara.

Dalia no reaccionó.

—¿Te sientes mejor?

Pasó su mano por su nariz, estaba sangrando.

—... No. No me iré.

Miró la nariz de Dalia.

—Tu nariz está sangrando. Te... te hice sangrar.

Tomó aire, volteó a ver su mano nuevamente.

—Sí, yo te pude hacer esto... Somos un equipo, y nos tenemos que cuidar una a la otra.

—Zinnia... no seas tonta. Me hiciste sangrar, me golpeaste la nariz... eso no se compara a... bueno lo que sea que ese tipo pueda llegar a hacer.

—...

—No quiero que te pase algo.

Hizo una pausa, se limpió la sangre con la manga de su gabardina.

—Tienes que cumplir el sueño de tu hermana, y no podrás hacerlo si estás muerta.

La golpeó otra vez. Con más fuerza.

—Entonces esfuérzate más para que yo no muera. No tengo planeado ser una cifra más para ti.

La golpeó de nuevo, esta vez con menos fuerza. El puño de Zinnia estaba temblando.

—Así que da tu mejor esfuerzo... Yo haré el mío.

Sreten al ver la escena comenzó a caminar lentamente hacia atrás, se sintió muy incómodo. Sin que ellas se dieran cuenta él regresó a su taller.

—Sí que son unas... damas complicadas.

Murmuró en voz baja, mientras observaba de lejos.

Dalia tosió sangre, los golpes fueron más fuertes de lo que esperaba de Zinnia.

—Ya entendí. ¿Eran necesarios tantos golpes?

—Sí... por haberme gritado cuando nos conocimos por primera vez. Me aturdiste horrible...

Dalia abrió los ojos.

Después abrió la boca.

Recordó a qué se refería Zinnia.

—Ah... ya... Sí, creo que me lo tengo bien merecido... ¿En serio te guardaste eso todo este tiempo?

—... No me gusta que me griten. Me aturdiste.

Agachó la mirada.

—Estúpida.

Dalia frunció el ceño.

—... ¿Cómo me llamaste?

—Estúpida. Idiota.

—Zinnia... ese no es el lenguaje de una Cronwald...

Notó que Zinnia aún estaba temblando. Pareció entender algo, sonrió levemente.

—... Me da igual.

Dalia sonrió.

—Así debería de ser.

Dalia miró su mano.

Sin poder reaccionar, Dalia golpeó a Zinnia. La golpeó con tanta fuerza que Zinnia terminó con la cara en el suelo.

Dalia se acercó lentamente hacia ella, le extendió la mano para ayudarla a levantarse, de nuevo.

—Está bien tener miedo pero... Aunque tengas miedo... los golpes aún te van a doler. Y si te quedas paralizada... bueno serás presa fácil. ¿Lo entiendes?

La mano de Dalia estaba extendida, temblorosa, esperando a que Zinnia la tomara. Esperando quizás recibir otro golpe.

—... Gracias.

—¿Por?

—Por preocuparte por mí.

—Ah... De... de nada.

Zinnia sujetó la mano de Dalia, se puso de pie.

—Seguimos necesitando un baño.

—Sí...

 

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