Hyde y Eiji se movían por la facultad tratando de no llamar la atención, pero era obvio para quien los viera que estaban preocupados, estaban a punto de mandar al carajo la sutileza y el secreto de la misión. Miguel no respondía en la red psíquica, y la sala de maestros estaba vacía. Nadie había visto a la profesora, a Sofi, ni al propio “Danny”.
—«Maldición, fui demasiado directo, lo puse en alerta».
—«Cálmate Ecchi, todavía no sabemos lo que pasa. Tal vez no están en peligro».
—«Mi nombre no se dice así».
—«Ponte serio, no es momento para discutir esas cosas»
El apodo que Hyde había elegido para él tras escuchar su nombre bajo aquella cama, resultaba más irritante que sus garras cuando trepaba por su espalda hasta su hombro en forma de gato.
—«¿Los puedes rastrear por el olor o algo?»
—«Si, aunque es más cosa de perros, lo malo es que necesito cambiar mi nariz para que funcione, voy a poner a mis pagasodas a buscar».
—«¿Tus… qué?»
—«Pagasodas, son los chicos que me rodean y me dan cosas por más claro que les deje que no me interesan»
—«Bueno, una o dos personas extra nos servirán».
—«Le tienes mucha fe a tu género, Ecchi. Ayer formé dos equipos de basquetball y los hice jugar unos contra otros, con suplentes. Para la semana que viene podría hacer un torneo de soccer entre los pagasodas de cada chica bonita de la facultad».
—«No dije nada».
Entretanto, las alarmas del dormitorio Z comenzaron a sonar, Motoko y Noelle subían al auto negro, dándose cuenta que ninguna sabía conducir. Llamaron al teléfono de Coinflip, quien les dijo que estaba cerca de la fuente de la alarma, y las vería allá.
—Motoko, si no te importa un poco de teatralidad, puedo resolver esto.
—De acuerdo, adelante, apenas puedo creer que no me ocurriera un jodido piloto automático.
Motoko se puso su casco y Noelle su disfraz de sombras, la última puso el auto en neutral y las sombras de varios animales aparecieron en frente, se ataban a la sombra del mismo con los hilos de la araña.
—¡Allá vamos! —Las sombras empezaron a correr, tirando del auto como si de una carroza se tratara.
Alfie llegó a la escena a pulsos de velocidad, podía dejar caer su moneda y aparecía en su mano, lo que le permitía correr con su velocidad mientras llegaba al suelo. No llegaba demasiado lejos cada vez, pero era suficiente para desplazarse a cualquier distancia que pudiera recorrer corriendo, en un instante.
Eran los tres de la invasión, habían estrellado el auto en que huían de un camión militar y trataban de abrirse paso mientras los militares les disparaban balas de goma.
—¡No pueden contener nuestro espíritu ni nuestra fuerza! —Phantom, la chica llamada Tabata, gritaba para atraer el fuego hacia ella, para luego hacerse intangible. Dando cobertura a Spark para contraatacar. Helios los rodeaba de muros de fuego mientras intentaban avanzar.
Mal asunto, no podría sorprenderlos si no podía atravesar las llamas, no estaba seguro si era algo que podía hacer. En su lugar, buscó una toma de incendios. La más cercana por desgracia estaba dentro del círculo de fuego. Su idea necesitaría algo de ayuda.
—¡Hey! ¡La de los melones intocables! ¿Me recuerdas?
Phantom estaba usando el mismo traje improvisado que aquel día. Escotado y pegado. Con todo, el comentario le pareció vulgar.
—¡Claro! ¿Porqué no vienes a seguir tratando? Te verás mejor si dejo que Helios te queme un poco la cara.
—No gracias, soy muy afecto a mi tono de piel.
Esquivó un relámpago de Spark por muy poco, ella lo había hecho mirar a Helios, era muy lista en verdad.
Oculto detrás de una esquina, quiso seguir distrayéndola.
—¿Cómo escaparon? No me digas que fue una lima en un pastel.
Una bola de fuego se estrelló contra el suelo obligándolo a cambiar de escondite.
—Ensayo y error, nadie puede detener a alguien intangible para siempre, y mucho menos a mí.
—¿Y a dónde vas? Tú vives en Montana, no creo que vayas al dormitorio.
—¡Por allá! —Tabata le estaba indicando a Spark o Helios dónde creía que Coinflip se escondía. El relámpago hizo añicos la marquesina tras la que estaba.
—¿No me vas a decir? De todos modos no vas a llegar.
—Tengo que hacerlo, tiene que ser ahora.
«Ahora, esto es interesante» —pensó Alfred, a medio camino de cambiar de planes.
—¿Cuál es la prisa, bombón? ¿Dejaste los frijoles en la estufa?
—Tengo que salvar a Sofi, se lo debo, si no llego a tiempo…
El auto negro tirado por sombras llegó a toda velocidad, los villanos lo atacaron, pero Vudú lo protegía con una sombra que lo rodeaba.
En menos de un minuto, Spark y Helios fueron sometidos por las poderosas mujeres, Phantom intentó aprovechar el caos para escapar, atravesó árboles, casas y automóviles hasta perderse en una calle, donde ya la estaba esperando Coinflip.
—¿Sabes? mis amigos dicen que necesito aprender a escuchar, que hablo demasiado y que eso les resulta molesto. Creo que puedo practicar contigo, dime, ¿qué sucede? Sofi, tu compañera debe estar en la escuela, ahí están mis amigos. No puede estar más a salvo.
—Supongo que no vas simplemente a dejarme ir, conoces mi punto débil y no puedo evitarte con tu velocidad.
—Si, todo eso, incluso me conseguí algo para golpearte en la cabeza y derribarte de un solo golpe, es otra crítica que me han hecho.
—No van a creerme hasta que sea tarde, yo misma no estoy tan segura.
—Pruébame, sin doble intención, por una vez.
—Necesito salvar a mi compañera de sí misma…
—
Tras recorrer cada salón y oficina de la universidad, no pudieron encontrar a Sofi ni a Miguel, la profesora resultó estar en un café cercano, varios otros la habían visto.
De pronto, los estudiantes empezaron a salir de los salones, Andrew y el tal Sven habían conseguido un megáfono y estaban gritando consignas.
—¡Los jóvenes del mundo tenemos que alzar la voz! ¡Nadie tiene el derecho de quitarnos nuestra vida! ¡Lo que hace la milicia unida es atroz!
Estaban juntando un grupo cada vez mayor de personas, la mayoría confundidos, pero a medida que se reunían, se escuchaban más y más voces furiosas.
—Sabía que era el tal Sven.
—No lo sé Hyde, no siento que esté usando poderes psíquicos para esto, algo anda mal.
—Veamos qué pasa, tal vez ellos tienen a Sofi y Miguel.
Una voz femenina se escuchó en el megáfono.
—¡Hoy, por fin he podido comprobar lo que siempre he sospechado! ¡Usan extraños aparatos para dar y quitar poderes a las personas! —Se trataba de la propia Sofi, alzándose sobre un estrado improvisado con mesas de salón de clase, en la mano sostenía un inhibidor psíquico, de los que llevaba el equipo para evitar que Edge leyera sus mentes.
—¡Con estas cosas han estado eliminando los poderes de algunos, para que nunca alcancen su potencial, porque creen que no merecen ser héroes, mientras a otros les han dado poderes a su capricho y los tratan como esclavos, ellos hacen lo que se les ordena, y así nos controlan a todos de una forma u otra! ¡Ahí, en el fondo! Esos dos son infiltrados de la milicia, que trataron de usarme para ir contra mis compañeros y amigos.
Los ojos de Sofi resplandecieron con una luz blanquecina y los estudiantes se giraron hacia Hyde y Edge.
—¡Sofi! —Gritó Hyde mientras le crecía pelo rosa en todo el cuerpo — ¿Cómo puedes hacer esto? Sobre todo a la pobre Tabata, ella confiaba en ti.
—Ustedes nos dieron poderes cuando llegamos al dormitorio, ¡No lo nieguen! Empezamos a poder hacer cosas raras cuando empezamos las clases, y luego, mis poderes ya no funcionaron, porque ustedes me los querían quitar usando estas cosas.
Era probable que el inhibidor de área que funcionaba en el dormitorio Z, hiciera efecto en todo el complejo. Eso explicaría que Sofi no pudiera usar sus poderes, pero ¿cómo los adquirió?
—Ahora todos sabrán lo que intentan, y no nos llevarán a los que tenemos poderes, ni podrán callar y controlar a los que no.
Todos los estudiantes se abalanzaron sobre los dos confundidos superhéroes, que no tuvieron problema en esquivarlos y acercarse hasta el grupo de líderes. Hyde tomó a Sofi por el cuello de la camisola mientras Edge sacaba su espada plegable para amenazar a Andrew y Sven.
—No puedes afectarme, Edge es psíquico, y estando en red con él, me protege, además tengo un inhibidor. Ríndete y dime qué le hiciste a Danny. ¿O vas a decirme que estos dos fracasados tienen poderes?
—Oh, no, ellos son solo buenos vehículos para mi poder de idea infecciosa. Pero mejor ya suéltame, tu amigo está justo aquí.
Una mano enorme tomó a Hyde del brazo, obligándola a soltar a Sofi, momento en que la arrojó lejos, como a una muñeca vieja.
—Lo siento cara, no puedo dejar que sigan con su plan malvado. Las personas deben ser libres —Kelvin hablaba convencido, pero pausado, como si leyera un guion por primera vez.
Eiji ignoró a los estudiantes para intervenir.
—¿Qué te pasa? ¿Acaso eres tan hipócrita para levantarle la mano a una mujer después de todo? —Estaba tratando de crear una contradicción que debilitara la influencia.
—Si es para defender a otra, es necesario.
—Tienen un gran amigo ¿saben? Me confesó que no usaba este aparato porque confiaba mucho en ti. Es tan leal, pero eso me dejó infectarlo a lo largo de los días, ahora va a ayudarme a someterlos para infectarlos también. Me lo agradecerán cuando las personas con poderes sean libres.
Mientras hablaba, una marca con la forma de una gota que caía sobre una flor de loto apareció en su frente. Brillando con la misma luz que sus ojos.
—Mierda, no es posible, aquí no deberían existir —El rostro de Eiji se puso pálido. Se armó de valor y trató de acercarse a Sofi, evitando los golpes de Kelvin, pero no fue capaz de sentir sus intenciones, y le propinó una patada en el estómago que lo envió al suelo con Hyde.
—Ahora yo lo protejo de ti, ¿no era obvio? Por favor Daniel, ¿quieres asegurarte de que no se muevan?
La temperatura empezó a bajar, el poder de Kelvin era temible, si se decidía a matarlos, era poco lo que podían hacer.
—¡Kelvin!
Edge blandió su espada con toda la fuerza que tenía hacia los árboles del patio, sin tocarlos siquiera, cayeron cortados en cientos de pedazos.
—¡Si usas tus poderes contra mí o alguien más, me obligarás a usar los míos!
Sofi no pudo sino paralizarse de miedo, casi todos los estudiantes reunidos, huyeron despavoridos a pesar del control mental. Le ordenó al brasileño no usar sus poderes. Hyde ya no estaba, había escapado aprovechando la distracción.
—Como quieras cara, pero si peleamos sin poderes, voy a patearte como Cristiano patea a gol.
—No tengo idea de lo que estás hablando.
—Parece que siempre no vamos a ser tan buenos amigos, a no ser que te unas a nuestra revolución.
Eiji estaba en forma, entrenaba todos los días desde su estancia en el búnker, le habían enseñado a pelear en sus dos vidas. Era además, mucho más ágil que su rival, y aún así, sabía que podría ganarle. No era solo su tamaño y fuerza, había vencido a otros antes. Kelvin era paciente, experto, tenía reflejos perfectos y nunca se cansaría. Tampoco podría hacerlo golpear algo para lastimarlo, no tenía la ventaja de verlo venir, se arriesgaba que le diera y lo hiciera pedazos.
Así que empezó el baile.
Eiji daba dos golpes por cada uno que evitaba de su amigo, empezó con gran ventaja, logrando dar él todos los impactos, pero en pocos minutos todo se volteó, Kelvin lo golpeó primero en el antebrazo, un bloqueo que resultó inútil, y después de un par de fintas lo pateó en la cadera. Lo que el moreno había recibido era casi insignificante para una persona que se entrenaba sin cansarse, pero en cambio, con apenas un par de aciertos, el cuerpo de Eiji se empezó a quejar.
—¿Es todo lo que tienes, camarada? algo me dice la revolución no va a llegar lejos si peleas así.
—No vas a provocarme cara, ni siquiera he empezado a ponerme serio, mejor que te rindas, y puedes ayudarme a pintar la camioneta para irnos todos a pelear por la libertad.
—La libertad ¿eh? Si, eso me gustaría —Eiji daba vueltas a Kelvin mientras le hablaba —solo que a mí me parece que, tener el cerebro lavado no es libertad. ¿Recuerdas a Tabata? La forma en que sufrió para entender sus propios pensamientos…
—No dejes que te distraiga Danny, ¡acábalo de una vez!
—Oh vaya, amigo, y yo que pensé que tú no eras un pagasodas.
—Un… ¿qué?
—Uno de esos tipos que hacen lo que les diga una chica linda. Al menos pensé que sería una diferente.
—Yo no hago lo que me dicen las mujeres —atacó torpemente, indeciso. Edge lo evitó fácilmente.
—¿Ni siquiera Puzzle o Vudú? ¿Vas a tratar de lastimarlas? Con Puzzle no creo que puedas, y Vudú, vamos, no es porque sea mi chica, pero te ha tratado bien, cree en ti. Solo porque una chica te lo ordena.
Kelvin lanzó una serie de patadas giratorias, veloces y poderosas, pero no parecía estar tratando de golpear en ningún sitio, como si lo hiciera al azar.
—¡Yo, no obedezco a las mujeres!
—¿Ni siquiera a ella? —Era la voz de Hyde, que traía a Jessica de la mano.
—Yo, ¿Porqué la lastimaría, o haría lo que me pide?
—De todo corazón, —dijo Jessica acercándose, contra el consejo de Hyde —espero que sea porque me deseas. Al fin.
La cara de Sofi se puso roja, y sus ojos brillaron con más intensidad.
—¡Vas a hacer lo que te digo! ¡No necesito convencerte! Puedo hacerte mi marioneta.
Una cara conocida apareció frente a Eiji.
—Hola amigo Edge, tiempo sin vernos.
—¿Phase? ¿Qué haces aquí?
—Ah si, soy algo así como el chico de las entregas de la Milicia Unida, vine a traerlos a ellos.
Tres figuras, tres personas ya mayores pero con aires de autoridad estaban de pie en medio de aquel patio. Júpiter, el general que impresionaba con sus músculos; Plutón, aquella mujer de porte serio y tranquilo cargando un viejo maletín y el último no lo conocía.
El general Stevens tenía sometido a Kelvin antes siquiera de que lograra reaccionar.
—Tranquilo hijo, no intentes consumir el calor de mi cuerpo, es más de lo que puedes manejar.
La doctora Crowe le habló con dulzura a Sofi.
—Niña, mírate, todo ese poder, y dejar que te domine, mira aquí.
Le mostró un espejo de mano, al instante la chica cayó inconsciente y el brillo de sus ojos se perdió.
El tercer hombre, alto, de tez morena, arrugada más por una vida de trabajo que por la edad, se acercó a Eiji.
—Mucho gusto, soy el planetario Gaia, vinimos para responder al pedido de ayuda de la líder de tu grupo.