—¿Dices que tenemos dos posibles pistas, una profesora y un estudiante?
—Si cara, creo que tú conoces al estudiante.
—Creo que es Andrew, siempre viste con camisas a cuadros y esos zapatos bajos sin calcetines, pide que le digamos “camarada rojo” pero casi siempre viene vestido de azul o de gris. Siempre parece contradecirse en su ideología, quizá esté siendo víctima del propagandista. Voy a investigarlo. Oye ¿Y eso?
—Oh, me lo dio Jessi, está increíble ¿no?
—Es un modelo de un Cadillac El dorado de 1959 convertible y en rojo. Es grandioso. Soy más de motos, pero los clásicos son los clásicos. Como tu camioneta, es una Kombi del 65, tienes un tesoro ahí.
—Hermano, hasta que alguien aprecia a la vieja, solo necesita un poco de pintura, y arreglar el amortiguador de enfrente a la derecha.
—Pues no le vendría mal que revisáramos los ejes, se va un poco a la izquierda. Te ayudo si quieres, me encantaba trabajar en mi moto.
—Ya dijiste cara, vamos a atrapar a ese loco para volver a casa.
En el dormitorio Z, Coinflip moría de aburrimiento, las chicas estudiaban juntas después de las mañanas de entrenamiento, él no estaba interesado. Había creído que estar solo en el dormitorio con dos de las chicas mas bonitas que conocía, sería más divertido. Pero una era la novia de su amigo, territorio prohibido, ni él sería capaz. Además de que ya no conseguía verla sino como una hermana, alguien que lo cuidaría si le pasaba algo, pero hasta ahí.
La otra, pues, era Puzzle, tal vez la mujer que se gustaba menos a sí misma del mundo, y con quien no podía conversar más de veinte minutos. Demasiado seria, quien diría que iba a extrañar tanto a Hyde. En fin, prefirió salir a la ciudad, hacer las viejas cosas que hacía en Sussex.
El autobús que pasaba frente al dormitorio lo dejó en el centro de la ciudad. Buscó algo interesante, una vieja tienda de vinilos para los pesados universitarios, ahí había chicas de las que gustaban de ir a bares y fumarse un hachís, pero no sabía si estaba de humor. Un club de motociclistas estacionaba alrededor de un parque, tal vez sería divertido ser el chico comprensivo que le explica a una chica de labios negros que el patán de su novio prefiere su moto que a ella.
Ups, a veces uno atrae aquello en lo que está pensando.
Un sujeto de unos dos metros, calvo y barbudo, como si su atuendo de mezclilla y cuero no lo delatara ya como motociclista, bajaba a una chica vestida con dos piezas de cuero de su motocicleta, sujetándola por el cuello.
—Vas a regresarme esa moto, perra. Mi nueva zorra cree que si la desinfectamos de tus pulgas, puede usarla los fines de semana.
—Esta es mi moto, gggg, maldito hijo de puta.
—¿Nadie te explicó que si compras una moto estando en el club, ésta es propiedad del club?
—Disculpa, no sé si esa clausula sea legal en algún contrato amigo —Coinflip estaba parado frente a él fingiendo revisar su teléfono —¿porqué no la dejas ir en su ride, antes de que el karma te golpee?
—¿Quién carajo te crees enano? —de pronto, el hombre se llevó una mano al riñón derecho, gimiendo de dolor.
—Oh, ahí está, al karma no le gusta que llames enano a alguien que solo es de estatura normal, no es mi culpa que tu madre se tirara a un gorila.
El enorme motociclista quiso arrojar al suelo a la mujer con violencia y desgano, pero en cuanto la soltó, ella apareció sentada en una banca cercana.
—¿Ves? a ella la ayuda el karma. La cosa es respetar a las personas, y la ley en todo caso…
El golpe del monstruoso hombre se perdió en la nada.
—… el llevarnos bien como comunidad es tan simple como respetar lo que es de cada uno —Alfie se pasó las manos por el cabello largo —¿No estás de acuerdo?
Los otros cuatro motociclistas sacaron cadenas, llaves y puños americanos. Como casi todo aquello que tenía el adjetivo “americano” a Alfie le parecían inútiles y pretenciosos, sin mencionar exagerados.
Suspiró y antes de que el sonido se disipara, todas las armas de los pandilleros estaban en el suelo. Al sujeto del puño americano le sangraban los nudillos.
—Disculpa amigo, necesitas uno más amplio, eso no te queda bien. En fin, pueden irse y fingiremos que no pasa nada, o el karma que están acumulando va a acabarlos.
Los cuatro pandilleros subieron a sus motos y desaparecieron. El líder, con la cara roja de ira, tomó la incomprensible decisión de pelear.
—Te lo advertí, ahora vamos a ser un cliché por tu culpa.
Un momento después, el hombretón estaba en el suelo, arrodillado, la cabeza llena de chichones, y el cuerpo amoratado. Pero consciente
—Carajo, eres duro…
La mujer de antes apareció con una de las armas del suelo para rematar a su atacante de un preciso golpe en la nuca.
—Creo que Puzzle se enfadaría por dejar a un civil hacerse justicia, pero no está aquí, bien hecho chica. Pero si fuera tú, desaparecería creo que la policía llegará pronto, y nunca captan la lógica del tipo grande contra mujer pequeña.
—Oye, no puedo irme, la moto del grandote también es mía. No voy a dejársela.
—¿Y qué quieres que haga señorita exigente?
—Móntala y sígueme.
—Allá tú.
Coinflip montó la motocicleta, era demasiado grande y pesada para él. Pero consiguió equilibrarla.
Consiguieron huir hasta una parte de la ciudad que había visto mejores días. Se detuvieron frente a las escaleras de un edificio de departamentos que obviamente no era para turistas.
—Así que aquí las cosas también son así —dijo al apearse de la motocicleta, ayudado por la acera —la gente marginada es la que siempre termina como víctima de los maleantes.
—El tipo era mi novio, no me robó la moto, me pidió que se la comprara y yo vendí la moto que me dejó papá para comprar estas dos.
—Me lo imaginaba, te la dejo aquí, estoy algo lejos de casa. Solo quería dar un paseo.
—¿Espera, eres uno de esos superhéroes de las noticias? ¿Los que detuvieron el ataque terrorista?
—No, como dije, a esos tipos los golpeó el karma, yo solo soy un chico inglés que no se siente a gusto en tu país y tiene muy buena suerte.
—¿Ah si? ¿Te pasan cosas buenas solo así?
—Por supuesto, a veces incluso conozco chicas hermosas en motocicleta.
Coinflip desapareció. No podía ir muy lejos pero ella no lo sabía. Solo recorrió una cuadra y de ahí se fue caminando. Minutos más tarde, se preguntó si aquella chica tan sexy hubiera sido una buena conquista. Pero tenía dos problemas, uno era su orgullo: le gustaba que si hacía cosas buenas, fueran por completo altruistas, odiaba las recompensas de gente necesitada. Por otro lado, prefería conquistar con su carisma e ingenio, no aprovecharse de mujeres vulnerables.
Y el tercer problema tenía nombre, solo que él no lo sabía, empezaba a entender porqué estaba molesta con él.
Ahora, ¿cómo iba a regresar al dormitorio?
—
Eiji se acercó a donde Andrew conversaba con otros estudiantes. Escuchó con atención, y usó su poder para percibir intenciones de mentir, manipular, o controlar. Hasta ese momento no tenía mucho éxito.
—Pues sí, el sistema escolar es por demás ineficiente. Los créditos no deberían de ser prueba de nada que de lo que sabemos.
—Entonces, deberíamos demostrar con prácticas y proyectos lo que sabemos y graduarnos en función a eso —comentaba otro chico que comía una ensalada de un contenedor de plástico.
—Eso es solamente el sistema capitalista que quiere que le seamos útiles, y despreciar a los que tienen otras sensibilidades. Sería como si premiáramos a las personas por nacer con talento o ventajas.
—Como a esos superhéroes, ¿no? Mi padre dice que en sus tiempos, esos a los que llaman planetarios ganaron muchos privilegios y ahora están todos en la milicia unida. Yo creo que cuando salvas al mundo, por lo menos mereces un poco de reconocimiento.
—¿Salvar al mundo? Que nosotros sepamos, nunca hubo un peligro real, es como decirte que te he salvado de un tigre manteniéndolo lejos, en realidad no hay ningún tigre.
—Puede que tengas razón, es como cuando los gobiernos aseguran que protegen a las personas de enemigos políticos que nunca terminan de verse claros.
—Aseguras entonces, que nunca ha habido un golpe de estado.
Andrew daba vueltas y vueltas a sus argumentos, contradecía a todos sin aclararse, no parecía tratar de demostrar algo, solo argumentar contra lo que fuera que se le presentara. Eiji sintió que estaba perdiendo el tiempo.
—Pero Andrew —la nueva voz e intención parecían haber aparecido de la nada —no puedes decir en serio que confías en una institución, ¿o sí? —era una voz masculina, pero suave, su tono no parecía desafiante, a diferencia de sus palabras.
—Claro, que sí, el ser humano, sobre todo el que carece de educación, necesita la guía de otros, y ¿qué mejor que una organización de naciones como la milicia unida para ello?
—¿Pero no decías que concentrar demasiado poder en pocas manos era regalar nuestra libertad?
—Es… verdad, pero sin la seguridad que nos da un estado…
—Claro, un estado, la ley, pero una organización que se dedica a buscar a las armas más poderosas de la humanidad, como tú dijiste, inventando amenazas falsas, no puede tener buenas intenciones.
—No, claro que no…
—Además, esas armas son personas, y las usan para intereses políticos, no hace mucho, dijeron en las noticias que un revolucionario Haitiano fue asesinado por agentes desconocidos.
—Eso, se supone que fue un conflicto entre facciones.
—No eres tan ingenuo ¿o si?
Ese discurso, y la mención a la misión puso a Eiji en alerta. Envió un mensaje con su teléfono a Noelle para que establecieran la red.
—«Preciosa, voy a abordar a este tipo, conecta a todos, si ven que me está afectando, intervengan»
—«Listo, Motoko fue al médico, pero puede oírnos, no sé donde está Alfie».
—«Bien, voy de lleno».
Eiji se acercó a los tertulianos como si los conociera de siempre, Hyde le había dado ese consejo para irrumpir en las conversaciones. El sujeto que estaba convenciendo a Andrew no tenía nada de especial, lo había visto antes. Estaba en el curso de artes avanzado, si la memoria no le fallaba compartía clases con Jessica, la amiguita de Miguel. Era rubio y bajito, de ojos muy azules.
—Pero, ¿qué pasaría si resultara que hay cientos de amenazas que nunca llegamos a ver, porque grupos tras grupo de superhéroes trabajando en secreto, las resuelven?
Se giró muy despacio, tenía una sonrisa encantadora, no de esas que delatan a los manipuladores, sino de las que se ven en los niños y en ciertas personas que dan confianza.
—Pues que el mundo tendría mucho que agradecerles, es una pena que, mirando al mundo, eso sea difícil de creer.
—Me llamo Edward…
—Lo sé, eres amigo de Sofi, la chica latina, creo que ella y su compañera Tabata viven en el dormitorio de estudiantes de las afueras. Las conoces de ahí, supongo. Una pena lo de Tabata, dicen que está grave en el hospital.
—Oh, si, vivo en el dormitorio, tú eres…
—Disculpa, ¿dónde están mis modales? Me llamo Sven, disculpa, debo irme ya, pero será un placer debatir contigo cualquier día de estos.
El joven rubio se levantó y tras de él, otros cuatro estudiantes dejaron el lugar, a pesar de que faltaba tiempo para que comenzara la siguiente clase.
—«¿Qué opinan?» —Preguntó Eiji al equipo.
—«Por lo menos, es muy sospechoso, —mencionó Motoko —es un líder natural, pero no parece extraordinario».
—«Me da escalofríos, es casi tan popular como yo, estoy preguntando por él, a las chicas les encanta».
—«Mi padre lo hubiera llamado “demonio blanco” perdonen si suena mal, pero las personas como él son un mal augurio en la isla».
—«Voy a ver si Sofi averiguó algo de la profesora»
Miguel envió a Sofi un mensaje preguntando, ella le respondió que había encontrado algo, que podrían verse cerca de la sala de maestros para poder mostrárselo.