El viaje de regreso a casa duraría unas cuantas horas, pero para Puzzle, parecía una eternidad.
La vida parecía el castigo de Sísifo a veces, cada vez que parecía que algo bueno se avecinaba, todo se torcía.
Primero, cuando creyó que a sus cinco años, tendría su primer mascota, sus padres terminaron divorciándose. Al parecer por su culpa, lo entendía ahora. Mamá no quería lidiar con el futuro, no se veía capaz de soportar verla enfermar.
Siempre había tenido manchas púrpura en las manos, pero con los años las visitas al médico y los tratamientos se multiplicaban. Tenía siete cuando empezaron a hablar de amputarle el brazo izquierdo. Justo cuando creyó que iría de viaje con papá a un famoso parque de diversiones, un dolor en la espalda terminó en perder sus brazos para siempre. Y la alegría que vivía en los ojos de papá nunca volvió.
Empezó a estudiar en casa, consiguió un sensor para controlar la computadora con los ojos e instrucciones de voz. Se dio cuenta en poco tiempo que podía entender mejor de esta manera, en pocas semanas no le quedaban exámenes para hacer, acordes a su edad. Estaba muy contenta cuando le dijeron que recibiría un premio por sus logros académicos a sus escasos diez años, pero no pudo asistir a la ceremonia, la misteriosa cepa de una enfermedad infecciosa regresaba para llevarse sus piernas. Por lo menos pudo conservar los muslos.
Recibió ayuda de muchas universidades cuando comenzó a terminar estudios avanzados y pudo desarrollar su primera prótesis de brazo capaz de escribir a mano, teclear, e incluso romper un huevo. Ese mismo año, un renombrado médico, el planetario Gaia, logró una cura definitiva para su enfermedad. Pudo salvar su bazo y lo que le quedaba de extremidades. Papá nunca se enteró de la gran noticia, un usurero le había abierto la cabeza con un tubo de metal. Estaba terriblemente endeudado, para pagar los estudios y tratamientos de Puzzle.
Puzzle, rompecabezas, ese apodo la seguía desde pequeña, cuando sus primeras prótesis provocaron risas en otros niños. El nombre que le dio su madre, el mismo que ella, Motoko, de todas formas provocaba burlas, por no ser como los demás. Algunos días se preguntaba si la gente en una escuela, hubiera soportado ver su inteligencia.
No tenía ni quince años, había logrado vivir de vender los inventos que hacía y de becas de posgrado. Se quedó con todos los diseños de prótesis que iba inventando, y los donaba a instituciones cuando consideraba que eran viables para personas de bajos recursos. Y fue entonces cuando apareció en las noticias, la Milicia Unida declaraba que su inteligencia era sobrenatural, y por lo tanto un superpoder, ya era conocida en ese entonces, una gran controversia se dio en los congresos de varios países que no estaban de acuerdo, pero a pesar de todo, incautaron sus patentes consideradas de valor para los militares y se la llevaron a un búnker, para entrenarla y convertirla es superheroína. No se resistió, ahora que podía caminar y hacer casi cualquier otra cosa, solo deseaba volver a relacionarse con personas.
A los dieciocho, un acto totalmente egoísta; ya tenía a su cargo un equipo de héroes de su edad, tenía que recibir un miembro más, y de repente, un expediente, un chico misterioso, atractivo, tal vez era que se parecía a ella, y ese número en la hoja, lo que le daba esperanza de encontrar un alma gemela. Se aseguró de que lo asignaran a su equipo. Hackeó el expediente y utilizó palabras complicadas para que sus poderes parecieran peligrosos y misteriosos, para que pareciera que la decisión venía del comité. Incluso bloqueó a todas las personas involucradas en avisarle para que nadie notara el cambio, y le mandó un correo electrónico para notificarle y se presentara. Si alguien lo notaba se atribuiría a un error y tendrían que dejarlo quedarse.
Envió a Hyde a entretenerlo, lo veía desde las cámaras, se sentía morir al ver que cumplía cada una de sus expectativas, no discriminó a Kelvin por su color de piel, tuvo paciencia con Coinflip, y no fue pedante ni fanfarrón con sus poderes. Ella se arregló para atraer su mirada, un reto con sus amigas presentes. Él fue un caballero y tampoco se burló de ella cuando se dio cuenta de sus prótesis. Estaba tan nerviosa que hizo aquellas bromas tontas de “te presto una mano”. Era ideal para ella, por primera vez desde la muerte de su padre, deseó tener a una persona en su vida, hasta entonces, se alejaba por miedo a sentir algo por alguien y ser abandonada.
Y el muy maldito va, y en menos de dos días se enamora de su mejor amiga. La primera persona que le prestó un hombro para llorar, la primera miembro de su equipo.
Debió suponer que nada bueno duraría, o que vendría acompañado de alguna tragedia.
—¿En que Piensas Puz-Puss? Llevas horas frunciendo el ceño, ¿acaso prefieres que te llame ojos furiosos como Vudú y el señor Júpiter?
Y a él también lo llamaban así, hasta el racismo parecía conectarlos.
—No Hyde, solo me fastidia tener que hacer el reporte al llegar a casa.
—¿No me dijiste que los reportes los redacta tu modelo de inteligencia artificial?
—Es que tengo que hacerlo yo misma esta vez, hay demasiados detalles que debo cambiar.
—Uy, yo también estaría molesta. ¿No tiene nada que ver con la sonrisa tonta que tiene la dormilona de atrás?
—No, claro que…
—Puz, las formas me restan control, no cerebro. Suspiras por el nuevo como una tonta y eso es lo único que nunca vas a ser. Pude haber hecho lo que quisiera con él, y aún siendo gata no lo hice, por ti.
—De todos modos lo espiaste en la ducha y dormiste en su cama.
—Tampoco tengo tanto control, ¿está bien? No es que me sienta como tú, solo me dio curiosidad.
—Pues igual ya no importa, y no es que te dé la razón, no podría importarme menos, solo, recordaba algunas cosas frustrantes del pasado.
—Lo sé, toda tu vida está en internet, fuiste de las primeras personas de las que leí, te admiro mucho, muchísimo amiga, si nunca encuentras lo que buscas, estoy aquí para que te conformes conmigo.
Las dos rieron un poco.
—¿Tú no tienes ya a…
—A ese idiota ni lo menciones. Ya me hiciste enojar, me debes una hora de caricias.
Dicho eso, se transformó en una gata rosa, —pasados los efectos de la medicina que se inyectara antes —se acurrucó en su regazo y empezó a ronronear.
Unas horas más tarde, en la pista asignada el aeropuerto O’Hare de Chicago Illinois, Eiji se forzaba a despertar, abandonar el jardín y dirigirse a su cita en North Riverside, un lujoso edificio de oficinas con vista al río.
La tripulación del avión le dijo que un auto lo esperaba. Tres cuartos de hora mas tarde subía por un ascensor hasta uno de los pisos superiores. Noelle le iba contando cosas, ahora que sabía que no le era del todo familiar el mundo en que vivían.
La puerta de la oficina parecía bastante normal incluso tenía una placa con un nombre: Victoria Crowe. Para el nivel de seguridad que había visto en el primer piso, daba la impresión de ser un consultorio corriente. Excepto claro, por que la energía psíquica que emanaba de él era muy poderosa, tanto para hacer obvio que le habían estado leyendo la mente desde que cruzó el portón de cristal. No tenía el nivel para protegerse.
—Estoy aquí…
—«Lo sé hijo, pasa, la puerta está abierta, cierra al entrar si eres tan amable»
Eiji entró tratando de parecer indiferente, incluso si en ese momento dos personas sabían cuan nervioso estaba, sin siquiera verlo. Estar tan vulnerable además lo ponía ansioso, le hizo entender que muchas cosas que hizo en su pasado, igual y no habían sido muy éticas.
—Gracias por llegar a tiempo.
La mujer que apareció de detrás de uno de los muchos libreros del amplio recibidor ya pintaba canas, su rostro era el de una abuela, no de las que hornean galletas, sino de las que tienen mil aventuras que contar sobre la semana anterior. Vestía con colores sobrios pero los pantalones casimir y la blusa de seda aún eran lo bastante entallados para aprovechar una figura delgada. Se quitó las gafas de lectura y las guardó en un estuche de cuero.
—Me instruyeron a ser cuidadoso con ello…
—Ay ese Júpiter, lo rechacé hace casi cuarenta años y desde entonces le dice a todos que soy uan especie de bruja. Ya le he dicho que sus pesadillas son obra de su propia consciencia sucia.
Eiji sintió la intención detrás de las palabras, la verdad de todo lo que había dicho era como una mancha de tinta muy pequeña en un mantel, solo la veías si la estabas buscando.
—Veo que tus poderes están más verdes de lo que imaginé. Supongo que el potencial está ahí, pues todavía siento la mente de esa chica, ¿Es Vudú? Oh, salúdala de parte de Gaia. Linda chica, oh no te preocupes, no sería tan descortés para meterme en su conversación. Solo espío la superficie, lo que piensas en este momento. Necesitas relajarte, pediré que te hagan un té. Mientras esperamos, dime con tus palabras, ¿cuál es tu problema?
Eiji trató de escoger bien sus palabras.
—Vudú y yo tratamos de usar nuestros poderes para crear un red psíquica, para poder comunicar al equipo con telepatía que usara los hilos de la sombra de la araña. Pero ahora invadimos la mente del otro cuando estamos despiertos, dormidos nos encontramos en un túnel que se ha ido convirtiendo en un jardín.
—Ya veo, no es lo que pensé primero. Creí que habías tratado de invadir su mente y uno de los espíritus te había puesto una maldición, estaba preparada para decirte que no había remedio y programar tu eutanasia.
Era una broma, en su mayor parte. Noelle lo tranquilizó en su mente. En ese mismo momento, lo que parecía una niña pequeña con cabello blanco y un vestido de mucama francesa muy adornado se apareció empujando un carrito sobre el que había una tetera y dos tazas.
—Tranquilo, es solo una muñeca, telequinesis avanzada. Una de tantas cosas que necesitas aprender. Pero primero lo importante, acércate un poco.
Tomó un par de tijeras comunes de un cajón cercano, y sin ceremonia, cortó lo que parecía ser solo el aire, inmediatamente Eiji dejó de escuchar a Noelle en su mente.
—Tranquilo Romeo, volverás a tu jardín si quieres, pero tienes que hacerlo bien, para empezar. Déjame adivinar, cuando se encontraron en el túnel, se quedaron ahí charlando como tontos.
Eiji asintió sin poder negar nada ante alguien que sabía si mentía.
—Lo que tenían que hacer era volver sobre sus pasos y encontrar sus propias mentes, el camino se hubiera vuelto… digamos… ¿cual es la mejor metáfora? Inalámbrico. Pero cada uno podría controlar lo que sale de su mente y quién puede escucharlo. Lo que hicieron fue como salir de casa y dejar la puerta abierta. Con ustedes acampando en la calle a mitad de camino.
Dicho así, parecía muy obvio, y muy vergonzoso.
—¿Cómo puede saber algo así?
—Años de experiencia hijo, la magia Vudú y los espíritus de sombras son muy esquivos, pero no son el único conducto para la energía psíquica. Otros antes de ti han experimentado con magia, ondas de radio, o hasta alambre de cobre. Yo misma pude establecer una red usando los poderes emocionales de una aspirante a heroína que por desgracia falleció hace unos años. Ustedes tienen quizá la mejor posibilidad de crear algo funcional sin convertirse en un equipo de paranoicos.
Eiji tomó una taza de la mesita, bebió el contenido, estaba perfecto, era un té verde amargo, como le gustaba tomarlo en sus buenos días.
—La llamo “taza de recuerdos”, la infusión que te preparé tiene un sabor terrible, así que uso esa taza que tienes en la mano…
—Trae a la mente un sabor que relaje, mientras la sustancia actúa. Es una taza para niños.
—Impresionante, ¿lo ves en mi mente o acaso lo dedujiste?
—Las conozco, —dijo casi sin pensar, disfrutando el recuerdo —no veía una desde mi infancia.
—¿Reconoces algún otro objeto de esta habitación? —la mujer se veía entusiasmada.
—No, tal vez sea una coincidencia, muchas cosas son como las recuerdo, pero la mayoría son diferentes.
—Nadie te creyó cuando dijiste tu historia la primera vez. ¿Te interesa contármela a mi?
—Esto es terapia, ¿cierto?
—Es entrenamiento, la terapia es gratis chico, y tienes suerte, gente rica y famosa paga millones por un hora de mi tiempo. Tú y yo tenemos cuatro para que aprendas todo lo que puedas antes de que regreses a Atlanta.
—Pues no perdamos tiempo entonces.