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La jefa

Héroes · por Proferyo · 16 de julio de 2026

—Edge, ¿eh? Tienes el tipo de chico duro aunque no seas alto, muy “Edgy”. No te enfades, es una broma, yo también soy un tapón de alberca. Kelvin es el alto, bronceado y guapo del grupo.

—No le hagas caso cara, es de esos que no se callan, pero es parce.

Se sentaron en el mismo sofá, a ambos lados de él. Quizá demasiado amistosos para su gusto.

—¿De dónde eres, bro? Digo, es obvio que no eres de Texas como dice tu expediente. No te ofendas pero necesito unos ocho como tú para formar un texano de pura cepa.

Eiji no estaba seguro si reírse o no. El comentario parecía estar en el punto exacto para no resultar del todo racista. Decidió solo sonreír, y contestar su pregunta con la historia que tenía preparada.

—Pues, mis padres eran de un pueblo de Nagano, según me dicen. Vinieron a los Estados por trabajo y terminé naciendo en Dallas. No los recuerdo, supuestamente murieron en un accidente cuando yo tenía dos o algo así. Estuve la mayor parte de mi vida en el sistema de hogares hasta que escapé y conseguí trabajo en un taller de motocicletas.

Ufff, vaya historia man, lo siento. Creo que es de esas cosas que no se preguntan.

—Tranquilo, estoy en paz con mi vida.

—Vaya —el de la gabardina golpeó a su amigo en el hombro—, ¿escuchaste Kelvin? toda la sabiduría de una galleta de la suerte. Ay, perdón, esas son chinas.

—Déjalo en paz Coinflip, no le hemos ni dicho nuestros nombres y ya estás molestándolo como a mi.

—Seguro que no se lo toma personal ¿A que no? Oye, ¿ya conociste a la jefa?

—¿La chica del traje formal? —tenía que ser, quizá la otra voz fuera otra persona.

—Formal… ah, no, esa es Hyde. Entonces tal vez las chicas estén ayudando a la jefa. Es cierto, gracias a ti estamos equilibrados por fin. Tres hombres, tres mujeres.

«Y un gato» Pensó Eiji, aunque ya no pudo ver al animalito. Sin duda había huido cuando llegaron los ruidosos chicos.

—Espero que la jefa autorice una celebración, tengo ganas de bailar un poco, no todo es entrenar.

La imagen en la pantalla cambió a un extraño logo sobre un fondo gris metálico, parecido a la pieza de un rompecabezas. Una voz —esta vez, completamente diferente—, les habló.

«No te preocupes Kelvin, celebraremos esta noche siempre y cuando no se aparezca un supervisor, mientras, muestren al nuevo elemento cómo funciona todo aquí. Vudú y yo estaremos con ustedes al atardecer»

La pantalla regresó a mostrar el inicio del juego.

—Carajo, tengo ya algunos meses en el equipo y todavía me asusto cuando hace eso. Hasta se me apareció en mi reloj inteligente cuando me escapé una noche. Dice que no siempre nos vigila, pero a mi me cuesta creerlo.

—La jefa es buena gente, solo se preocupa un poco de más.

—En fin, ¿van a mostrarme el lugar? Francamente, me muero por una ducha y tal vez recostarme un rato.

—Pues de eso último no hay mucho por aquí, —la risa del enorme chico era tan franca y abierta que Eiji temió que lo fuera a morder— lo peor son las misiones. Por eso aprovecha ahora, vamos a mostrarte el lugar.

A Eiji tendría que haberle encantado el lugar. La mayor parte de las instalaciones eran mucho más de lo que necesitaba. Sin embargo, su mente no dejaba de flotar hacia la figura de la mujer que lo recibió. Las torneadas piernas envueltas en medias regresaban a sus pensamientos como siempre regresan esa clase de imágenes. Se preguntó por su edad, si era en verdad siempre tan seria, si los dormitorios estarían separados y qué tanto. Pero no se atrevió a preguntar directamente. Cuando llegaron a lo que sería su habitación, todavía pensaba en si llevaría un liguero bajo la minifalda o no.

—Y aquí vas a vivir tú. Ninguna habitación tiene una buena vista, pero por lo menos desde tu ventana pueden verse los dormitorios “normales”.

Eiji despertó de su ensueño y decidió hacer parecer que estaba concentrado. Miró a su alrededor para darse cuenta de que tendría más comodidades que en su viejo piso. La cama era grande, tenía un amplio guardarropa, y había un escritorio con una portátil de última generación. Tras una puerta tendría un baño privado con su propia ducha.

—Me encanta el sitio. La vista… supongo que es más de tu agrado, Coinflip.

—Hey, a pesar de lo que pueda decirte Hyde, no soy ningún pervertido. Lo decía porque no hay nada más por aquí cerca. Los dormitorios de estudiantes comunes nos sirven de pantalla. La jefa dice que mantienen las apariencias. aunque no se nos permite interactuar con los que viven ahí. Pronto los militares pondrán un enrejado con algún pretexto.

—Como sea, me da mucho gusto conocerlos y todo, pero ya que estoy aquí, necesito un rato a solas.

—Claro cara, tú relájate hasta el atardecer, este enano y yo vamos a estar abajo jugando un rato por si te aburres.

El cerrar de la puerta de seguridad fue el sonido mas dulce para sus oídos. Era difícil explicar que no estaba realmente de humor para convivir con gente nueva. Tenía muy poco desde que comenzó su vida en ese mundo, pero de todos modos perderlo todo a la vez se sentía como un fracaso monumental, por mucho que el correo electrónico insistiera en felicitaciones y elogios, llamando a su nueva situación “una oportunidad única”.

Se desvistió dejando sus prendas en un contenedor marcado “lavandería”, le daba esperanza pensar que sería un servicio y que ya no pasaría sus sábados mirando una máquina girar. Cuando se quitó los jeans, le pareció sentir movimiento. En aquel lugar sus poderes psíquicos no funcionaban, así que tras buscar por todas partes sin éxito, decidió restarle importancia y bañarse de una buena vez.

El agua estaba caliente, limpia y tenía una toalla disponible, cosas tan pequeñas que tal vez no habría apreciado antes. Incluso tenía jabón y algunos productos para el cabello, ademas de los que trajo consigo. Los nuevos eran decididamente mejores, pero no le gustaba desperdiciar. Usaría los suyos hasta agotarlos. No estaban mal, un jabón neutro, sencillo y un shampoo con un aroma que había aprendido a disfrutar.

La sensación de que algo se movía se hizo persistente. Definitivamente no era su imaginación. Salió del cuarto de baño como si nada pasara, decidido a encontrar a quien sea que estuviera allí. De inmediato todo hizo sentido.

El gato de antes estaba acurrucado en su cama, mirándolo como si le recriminara. Claro, seguramente había estado durmiendo en la cama desocupada hasta que Eiji llegó a invadir.

—Lo siento chico, pero este es mi territorio ahora —acarició al felino mientras hablaba —aunque la verdad no me molestas, había muchos como tú allá en Austin.

El comentario pareció molestar al animal, que se levantó con esa dignidad que solo tienen los gatos y en un instante ya no estaba, en dos saltos había alcanzado una ventilación y huido por esta a quién sabe donde.

Pasó el par de horas que lo separaban del atardecer acostado, en ropa interior, mirando su teléfono. Sobre todo viejas fotos de su motocicleta durante el proceso de restaurarla, o de algunas chicas que había conocido brevemente. Tenía el cuerpo en forma por los entrenamientos del búnker. Aunque era delgado, sus músculos, especialmente su abdomen estaban bien definidos, así que se sentía seguro de si mismo.

La pantalla del portátil se encendió para exhibir el mismo símbolo de rompecabezas.

«A todos los miembros del equipo, es hora, he confirmado que hoy no tendremos visitas sorpresas, así que podremos recibir al nuevo como se debe. Vengan a la sala común, y a los chicos, por el amor de Dios, pónganse algo lindo, la última vez sus trapos de neandertales arruinaron todas las fotos, nosotras nos arreglamos, por lo menos vistan como seres civilizados»

No era tanto que se sintiera aludido, pero con un solo cambio de ropa disponible no había gran cosa que pudiera hacer, su otro par de jeans, su playera negra, y si acaso, la chaqueta podrían darle algo de estilo.

Bajó pues, con aquella facha que de todos modos prefería, esperando no desentonar demasiado. Los dos chicos de antes lo recibieron con las mismas ropas que llevaban esa tarde. Riendo de la idea de que él se sintiera apenado.

—¡No te preocupes, bro! La jefa sin duda va a decir algo pero no estará molesta.

—Y si se molesta, te culparemos a ti y asunto arreglado cara. Eso sí, estás a punto de ver la mejor parte de unirte al equipo.

Eiji creía entender, después de todo la tal Hyde había sido una comezón en su cabeza toda la tarde, pero no estaba preparado para lo que pasó a continuación.

Las tres mujeres que entraron a la sala común, bajando la escalera, no posaban o se esforzaban en llamar la atención, era que la atraían como imanes de neodimio. Primero bajó la tal Hyde, ya la conocía, o eso creyó, esta vez su ropa era una explosión de color. Parecía haber rejuvenecido con aquel atuendo chillón de azules pastel y rosas eléctricos. Llevaba medias al muslo de rayas rosas y blancas con altos zapatos de charol rosa, un vestido corto que casi flotaba atrayendo las miradas a donde terminaban sus largas piernas. No llevaba las gafas y su cabello se veía muy diferente, como si se hubiera aplicado luces a juego con su atuendo. Ahora se movía deprisa, animada, la sonrisa de su rostro era uno más de los colores que destellaban en ella gracias a un maquillaje de colores suaves pero bastante llamativo.

Tras ella caminaba una mujer morena de cabello largo y liso tan brillante que parecía sacada de un comercial, iba vestida de un modo minimalista, esto es, si minimalista significa usar lo mínimo. Un top verde militar de algodón, y un short a juego, nada más. No usaba joyas, maquillaje, ni siquiera zapatos. Era como si quisiera que todos notaran los muchos tatuajes que adornaban su piel de ébano con manchas de un negro demasiado oscuro para ser tatuajes cualquiera. Cada uno era un animal diferente; una serpiente, araña, león, elefante, y otros muchos que Eiji no pudo identificar distraído por la belleza del rostro de la chica, le pareció escuchar, como un eco lejano, que la llamaban Vudú.

La última fue la gran sorpresa, por las conversaciones, tenía que ser a la que llamaban “jefa”, pero si tuviera que adivinar, diría que era la más joven de todos ellos. Tenía rasgos como los suyos; ojos rasgados, de corta estatura y cuerpo delgado, con el cabello negro noche con ese corte que llamaban pixie, muy corto, de esos que parecen despeinados, con luces de azul eléctrico. Vestía una simple playera con el emblema del rompecabezas y unos shorts de mezclilla. Pero Eiji, observó con atención para descubrir que era en realidad un atuendo muy deliberado, lleno de detalles que parecían mover su mirada en todas direcciones, como para distraerlo de algo. Por un momento le pareció como si la chica llevara además de sus botas altas y guantes de cuero estilo motociclista, alguna otra prenda en los brazos y piernas.

«Oh, no» Pensó, dándose cuenta del significado del logo y el probable nombre clave que tendría. La chica debió notarlo, porque se le acercó con ojos decepcionados, y sin saludar ni presentarse, le susurró al oído como aquellas invitaciones que los jóvenes tanto esperan

—Te diste cuenta enseguida, ¿verdad?

No fue capaz de mentir, pero asintió despacio por toda respuesta.

—Ni modo, tengo que seguir intentando entonces —con un chasquido de dedos, la música comenzó a sonar, le dio la mano efusivamente—. Mucho gusto, me llaman Puzzle, soy la líder de este equipo si necesitas una mano, te presto esta.

El antebrazo entero se desprendió con un leve “click” y Eiji se quedó con él.

—Jajaja, es broma, necesito eso —se acercó para volver a ponerse el brazo en su lugar —esperaba que por fin fuera menos notorio, muchas personas quisieran una prótesis que no comience una conversación incómoda.

Eiji entendió que lo mejor era dejar sus preguntas para otro día. Mejor se fijó en algo particular, los ojos de la chica eran demasiado azules…

—Vaya, un chico que mira a los ojos, empiezo a estar de acuerdo con Coinflip, no pareces de Texas, eres más como de otro planeta.

—Perdona, es que tus ojos…

—Implantes de mejora visual, ya ves, soy toda una cyborg. Pero si lo ibas a preguntar, te ahorro la molestia, todo mi torso es orgánico —tomó un vaso de la mesa a su lado y bebió de la pajita mientras lo miraba —¿qué? ¿nada que decir de repente?

Eiji entendió lo que le habían dicho los otros chicos, por un momento, nada breve, mientras bebía, comía, bailaba y conversaba, sintió que al final, no había salido perdiendo con los cambios en su vida.

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