Tarde, la noche del primer día de la operación, la puerta marcada con el nombre “Edward Nakamura” recibió unos cuantos golpes.
—Pasa, veo que te fue bien con la morena. Por la hora que es.
—Gracias, cara, digamos que sí, pero, ¿podemos hablar?
—Claro, ¿es sobre la misión o sobre lo que acaba de pasar?
—Un poco de ambos —el brasileño entró al cuarto y se sentó en el suelo junto a la cama, todo era mucho más pequeño que en el Z.
—Cuéntame, prometo no meterme en tu cabeza.
—Esperaba que pudieras hacerlo, a lo mejor puedes encontrar qué carajo hay de malo conmigo cara.
—Explícate amigo, a mí no me parece que haya nada malo contigo. Aunque tengo poco de conocerte.
—Es que, mira, esa chica no es que sea linda, es que se cae de buena, ¿sabes lo que te digo? Es una cosita como una paletita de limón, que quieres chuparla hasta deshacerla.
—Wow, no tenía ni idea de que podías hablar así.
—Es que no soy de piedra, lo que me provoca hacerle es, demasiado, ¿me entiendes? Y creo que ella estaría feliz con eso. Vamos, que me tiene vuelto loco de ganas.
—O sea que no pasó nada al final.
—Pues depende de qué esperaras, la chica me llevó a su departamento y me invitó a pasar, en dos minutos ya estábamos adivinando qué había desayunado el otro. Ella me dejó tocarla y se me derretía en las manos, estuvimos así un rato, y de repente, ella simplemente se alejó, se acomodó la ropa y me ofreció un café. ¡Un café, chico! Como si necesitara algo más caliente todavía.
—Oh hermano, una de esas, de verdad lo siento, esa chica tal vez solo quiere jugar contigo.
—Eso me diría Alfie, te apostó su nombre, no le importará si lo llamamos así. Pero, creo que tú podrías entender mejor lo que pasó después.
—¿Pues qué te hizo?
—Nada chico, nos sentamos en el suelo, junto a una mesita y empezamos a charlar. Cara, esa chica es fascinante, ha ido a lugares, hecho cosas, conocido personas. Me hizo sentir que con todo y lo del superhéroe, el mundo me estaba quedando grande.
—Demonios, ¿y después? —Eiji pensó que la chica estaría haciendo todo un acto de bipolar, queriendo usar a Kelvin por el dinero que decía tener, aunque no fuera cierto.
—Me hizo mil preguntas, y pues se me fue acabando la historia falsa, fui improvisando sobre la marcha y mezclé un poco de verdad con la ficción. En ese momento, me dijo que era lo primero sincero que le decía, vino a sentarse en mi regazo y luego, dijo algo como que si un día quería contarle la verdad estaría lista para escuchar.
—Vaya, vamos a tener que arreglar eso, si sospecha que no eres quien dices se puede arruinar la operación.
—Lo sé cara, pero, lo que no consigo decirte, es que… mira, claro que si una chica tan bonita se me ofrece, no voy a decir que no, es solo que… no lo estoy buscando ¿entiendes?
—Eso creo, me dices que esta chica no te interesaba realmente, pero a pesar de todo y lo que dices siempre de respetar a las mujeres…
—Eso, eso es lo que ella dijo también.
—¿Cómo?
—Dijo que sabía que estaba incómodo, y que no parecía en verdad… desearla, no como ella quería, y en ese momento miró arriba, y me acarició el rostro. Y me pidió que me fuera, pero no enojada ni nada, me acompañó a la entrada sin soltar mi brazo, y me miró mientras cerraba la puerta, con una mirada… chico, esos ojos.
—Y ahora…
—Ahora la tengo metida en la cabeza como un clavo en la madera, me estuvo volviendo loco todo el camino aquí, ni siquiera le pedí su número, y es que no me interesaba y ahora me pregunto ¿por qué?
—No te enojes, pero siento una intención en ti, amigo, hay algo que no me dices. Quieres hacerlo pero te detienes.
—Eso me saco por pedir consejos al psíquico. Eres peor que los terapeutas. Si te digo que son imaginaciones tuyas no va a colar ¿verdad?
—Sería difícil convencerme, sí —se rio entre dientes.
—Es que es la primera vez que me siento así, la primera en toda la vida.
—¿Enamorado?
—No, chico, simplemente, interesado, de lo otro ya hablamos después. Siempre que he estado en una relación, me buscan como hoy, y yo pues, me porto como se espera. Pero hoy de verdad quiero volver a ese departamento, no sé si a sentarme en el suelo a beber café a comerme una paleta de hielo.
—Ya entiendo, lo que no veo es el problema.
—Claro, es que con los ojos así no ves nada.
—Oye, yo no me burlo de ti por tu físico.
—Perdona cara, es que está ahí claro como agua del Amazonas.
—Pues es que yo no lo veo.
—Se supone que a las personas les gustan otras personas, muchas, toda su vida, y que se buscan entre sí, unas más y otras menos. Y yo nada de nada.
—Pero ahora sí.
—Es la magia de Jessie, nadie puede resistirse. Ella hace que la desees.
—¿Crees que eso es lo que pasa? Amigo, voy a ponértelo así, estuve escuchando pláticas todo el día, y sí, esa chica es muy deseada, pero nunca parece hacer caso a nadie. Si me equivoco en mis primeras impresiones, tal vez ella es como tú, solo que ella sabe lo que quiere. A diferencia de ti.
—O sea, ¿cómo?
—Es decir, que los dos se sienten atraídos por personas muy específicas. Tú no sabías que alguien como ella era lo que te gustaba, ella, en cambio, te ha estado buscando.
—Ya, amigo, eso es demasiado romántico hasta para una de esas novelas cursis. De las que veían mis hermanas en casa.
—¿Y qué tiene? —La voz dulce de Vudú se escuchó junto al golpe de la ventana abriéndose a la fuerza —perdonen que entre, hace frío afuera.
—Carajo, ¿ya son las doce? —dijo Eiji en verdad muy apenado —lo siento amor.
—Discúlpate con él, que estamos en red y escuché todo lo que te dijo.
—No importa cara, tú ya sabías sobre cómo me sentía. Mira nada más, par de malandros. Si se entera Puzzle ustedes van a ser los que estén en piezas.
—Si tú no se lo dices. No pasará.
—Boca cerrada princesa morena.
—Entonces, déjame que te diga algo, Miguel, el amor llega en formas muy curiosas. Nosotros tenemos literalmente un romance de ensueño. Aunque no vayas a encontrar el amor esta vez, tienes que creer que se puede. Gran parte de que digas que no te interesas en las chicas, es que sientes que no mereces que te quieran. Perdón, pero tenía que decirte.
—Oye, que Edge no sabía mi nombre.
—Por favor, João Miguel Oliveira, ¿le estás confiando tus sentimientos pero no tu nombre?
—Supongo que está bien, me hubiera gustado decirle yo mismo, ¿cómo va la colección, cara?
—Alfie, Motoko, Noelle, y tú. Creo que solo me falta Hyde.
—Estás completo entonces, —Noelle le puso el brazo alrededor —nadie conoce el nombre real de Hyde. Motoko me confesó que su expediente trae la razón por la que es confidencial, pero no el dato en sí.
—No estaba bromeando entonces.
—No, —esta vez la voz vino de debajo de la cama —perdón, vi llegar a Miguel y no me resistí. Quería escuchar los detalles jugosos —miró a Edge —perdona si no puedo darte mi nombre, es —sacó la cabeza de debajo de la cama, su cabello era rubio —muy importante para mí dejar eso atrás. No estoy lista para contarlo, y no se ofendan, pero mis dos personas favoritas no están, y cuando al fin me decida, espero que ellos puedan mirarme, sin juzgarme, y tratarme como una persona.
Volvió a ser una gata, caminó hacia la salida de la habitación renqueando levemente, en forma de gato, su herida parecía mayor.
Eiji sintió alivio y algo de irritación al pensar que, aunque todos temían perder sus secretos ante él, al final, él era el único que no gustaba de espiar a sus compañeros. Fue cuando recordó que llevaban los relojes inteligentes de Puzzle.
—Oh, mierda.
Si Motoko se había enterado de que Eiji y Noelle se veían por la noche, no dijo nada. Se comunicó temprano por la mañana para recibir un reporte.
Pasaron algunos días, Eiji logró hacer algunos amigos y Miguel trataba de pasar tiempo con Jessica mientras indagaba. Aunque no estaban juntos más que en unas pocas clases.
—Veo que te estás adaptando Danny —Sofi siempre parecía interesada —aunque no me guste mucho esa Jessica. ¿Han encontrado algo? Me gustaría que esto acabara pronto, quisiera ver a Tabata.
—Gracias, cara. No, es extraño ¿verdad? Entre los tres hemos indagado sobre casi todos los que dices que hablaban con Tabata. Tampoco hemos escuchado teorías o ideas, no parece que hubiera un propagandista con poderes aquí.
—Tal vez se fue de aquí, pensó que vendrían por él.
—Ahora que lo dices, suena lógico.
—Aunque hay otra posibilidad. ¿Han pensado en los profesores?
—A Eddie se le ocurrió, aunque a mí me parecen buena gente, la mayoría.
—Ese puede ser el problema. Pensamos que nuestro enemigo va a ser alguien malo, que quiere hacer cosas malas, pero puede ser alguien que cree que hace el bien, y por eso cuando lo vemos, nos parece bueno y lo descartamos. Como cuando crees que tienes un gatito, y luego resulta ser una persona que te golpea en la cara y te mete a la cárcel.
—Supuse que te agradaba Kim.
—Es que no puedo evitarlo, tiene algo que no puedes evitar quererla, pero la odio, ella se llevó a Tabata. Con ese chico idiota de la gabardina.
—Oye cara, las cosas no son tan simples.
—Ya lo sé, perdóname, no sé muy bien cómo sentirme sin mi Rumi.
—“Roomi”, ja, ja, ja, a mí también me cuesta decirlo bien.
—¿Verdad?, este idioma es una broma de pronunciación. Pero el punto es que la extraño. Viene la profesora del periodo del renacimiento.
—La materia se llama arte del periodo gótico.
—Pero la maestra es del periodo renacentista, mira que vieja es.
La profesora era en efecto una mujer mayor, con muy poca paciencia. Todos los estudiantes la respetaban más de lo que lo hacía Sofi. Lo curioso de esa clase, es que una disertación sobre catedrales y retablos, terminó en un debate sobre la influencia de la iglesia durante los periodos post medievales.
—Los mecenazgos de los papas, sobre todo en la Italia del siglo dieciséis —decía la mujer con voz, suave y rasposa, desgastada por los años de alzarse sobre discusiones —no era fruto de la generosidad o del aprecio por las artes. Las obras sacras, no son otra cosa que propaganda, en una Europa con baja alfabetización, las imágenes y los edificios enviaban los mensajes que ni los mismos curas podían mandar, con sus misas en Latín y su desprecio por el vulgo.
—Pero profesora, —señaló un estudiante, uno de los que se acercaban a “Eddie”, usaba un sombrero con una pluma y gruesas gafas de pasta —¿no fueron también esos mecenazgos y esas obras, vehículos para las rebeliones de los artistas?
—Justamente. Los resultados, y las intenciones de los mensajes suelen ser diferentes. Cada vez en la historia que un tirano quiere que todos piensen lo mismo, termina provocando una plétora de formas de pensar, de reacciones. Incluso la censura puede crear una mistificación que perpetúe lo que se oculta en lugar de destruirlo.
Sofi le dio un codazo a quien conocía como Daniel.
—¿Eso te parecen ideas de conspiraciones?
—Quizá, el chico parece algo fanático de las rebeliones también.
—Si, pero eso es muy común aquí. A ver qué dicen el genio y la diva boba.
—Sofi, estás hablando de mis amigos.
—En verdad lo siento, pero creo que solo tú me caes bien.
—Yo hablo con ellos. Por favor pregunta por la profesora, cara.
Al terminar la clase, Miguel salió del salón, aprovechando un breve tiempo muerto. En el pasillo se encontró con Jessica, quien iba obviamente a buscarlo, aunque pretendiera que no, ambos empezaban a disfrutar el juego.
—Hola chico petrolero, qué bueno que te veo. Por casualidad tengo algo que quiero que tengas —sacó un pequeño y viejo auto de juguete. Se lo puso en la mano aprovechando para acariciarla con las yemas de los dedos.
—Esto, es…
—Shhh, ya me voy, sabía que eras del tipo que le gustaban estas cosas. Hoy no necesito que me acompañes a casa, a menos que…
Y así, se fue sin mirar atrás, muy despacio, contoneándose, y Miguel por poco y olvida lo que había salido a hacer.