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Forzado a mejorar

Héroes · por Proferyo · 16 de julio de 2026

Eiji estaba levantando unas pocas cuentas de cristal con telekinesis, una habilidad que le era nueva.

—Ahora, usando la conexión que tienen los objetos con la realidad percibida, deberías poder mover algunas cosas en un rango de unos tres metros, como tu lectura de mentes. Incrementar tu rango es algo que irá sucediendo poco a poco mientras más uses tus poderes.

—¿Porqué me cuesta tanto mejorar? Antes podía hacer estas cosas.

—Quiero pensar que la energía psíquica aquí funciona diferente, cuando me dejaste ver tus recuerdos con el espejo, no pude entender lo que estabas haciendo. Tienes que aprenderlo todo de nuevo. Además de todo, tienes una atrofia en tus poderes, necesitas usarlo mucho para despejarla.

—Es casi hora, debo agradecerle señora…

—Por vigésima tercera vez, dime solo Victoria, pocas cosas hacen más feliz a una vieja como yo que ser familiar con los jóvenes.

¿También el general se sentiría así?

—Lo intento seño… Victoria, en mi cultura la familiaridad con los mayores no está bien vista —recordaba al anciano maestro que le enseñó de joven, siempre se enfadaba si no seguía los protocolos —quiero decir que me impresiona su colección, ¿todos estos artefactos tienen poderes psíquicos? 

—Sería imprudente tener una habitación llena con solo cosas valiosas. Las reales están ocultas, casi todo lo que ves son réplicas para confundir. Tampoco hay mucha gente que conozca mi colección. Tu ya conoces los aretes de luna, las tazas del recuerdo y el espejo del cuervo, pero tengo muchas cosas más. Creo que están mejor en mis manos, y me ayudan a entrenar a jóvenes héroes con poderes poco comunes.

—Me gustaría escuchar la historia de estas cosas.

—Tienes que esperar al mes que viene, ya tienes hecha tu cita. Practica todo lo que te enseñé y para entonces podrás hacer muchas más cosas. Ah, y llévate esa caja, dentro hay una muñeca como la que te sirvió el té. Aprende a usarla por ti mismo y mejorarás aun más rápido. Ah y no olvides, quiero que me digas cómo te fue recreando la red psíquica, ya sabes cómo cortarla si todo sale mal.

—En verdad le agradezco mucho.

—No, chico, gracias a ti. Estaba aburrida en verdad, la gente ya no piensa cosas interesantes, ni siquiera hay chismes tan interesantes aquí en Chicago.

Eiji tendría que volver a Atlanta en un vuelo comercial, todo un fastidio, tenía sus boletos y pase de abordar, incluso algo de dinero. Pero no llevaba ni una muda de ropa, mas allá de los jeans y camisa pasados de moda que le dieron los militares. No llevaba unos audífonos y aunque había cargado su teléfono en el consultorio, no tenía nada más para entretenerse. Vudú no tenía uno, así que no podía ser el típico novio adolescente que llamara a su novia todo el tiempo. Podría hacer la maldad; llamar a Coinflip, el único número que había guardado, y pedirle que le pasara a Noelle. Pero sería tal vez demasiado para una amistad tan incipiente.

O eso pensó hasta que recibió la llamada de un número desconocido.

—Moshi Moshi —No lograba quitarse la costumbre.

—Oh, lo siento señor Moshi, tal vez marqué mal…

Esa voz.

—¿Noelle? ¿Eres tú?

—¡Eiji! ¡Oigan chicos! ¡Lo logré! Estoy hablando con Edge.

Se preguntó si todos habían escuchado su nombre. De pronto, un extraño sonido de click y un cambio de voz le ayudaron a intuir que le habían quitado el teléfono.

—Hey bro, oye, no me vayas a tomar a mal, llevamos a tu chica de compras, vas a tener que decirme qué le hiciste. Ella nunca había querido un teléfono hasta que dejó de escucharte en su mente esta mañana.

—Hola Coinflip, gracias por eso, espero no fuera una molestia.

—Oye, Kelvin te manda decir que si llegas a hacerle daño a Vudú él mismo ¿Cómo dijiste bro? ah si, que te va a sacar la nariz por la nuca. Puzzle está refunfuñando, ella y tu chica son mejores amigas ¿Sabes? Y si ibas a preguntar por Hyde, no me habla desde la invasión así que no tengo idea…

Se escucharon forcejeos y voces lejanas.

—Yo quiero contarle de eso, ¡dame mi teléfono!

—Ya hermana, toma, toma, si esta barrita de aquí se pone roja, conéctale esto, o déjalo aquí.

—Si, si, vete, última vez que los dejo entrar a mi habitación, fuera todos, y gracias por ayudarme con esto.

Las voces de todos se dejaron escuchar, la de Hyde fue casi un gemido de insatisfacción, cuando se hizo el silencio, Noelle volvió al auricular.

—Hola mi caballerito de ojos enojados —podría creerse que el mote le molestaría, pero solo lo ponía rojo de vergüenza —te extrañé, pasaron muchas cosas divertidas, y quiero contarte todo. Pero primero ¿cómo te fue? ¿Plutón es tan aterradora como dicen? ¿Mencionó a Gaia? ¿Vamos a poder rehacer la red?

A lo largo de las horas que tardó en llegar al aeropuerto y abordar el avión, se enteró de la invasión, de la chica infiltrada, del pleito entre Hyde y Coinflip y de que Gaia y Plutón eran marido y mujer, además de la relación especial que tenían Puzzle y Vudú con Gaia, quien fuera el primer supervisor del equipo, cuando solo eran ellas dos.

—…y Puzzle me contó que fue Gaia quien curó la enfermedad que se llevó sus piernas, y bueno, resultó que también sabía sobre magia vudú, y me enseñó muchas cosas….

Quién hubiera dicho que después de días con las mentes conectadas, quedara tanto de qué hablar. 

—… y gracias a la jefa sólo me reprendieron por lo del experimento, me dijeron que encontraron los restos de ese hombre…

—Sé lo que te hizo, pero… lo vi, su vida no podría ser ni un poco buena, morir quizá le sea un descanso.

—Es un punto válido, pero mira todo lo que hizo en ese estado. Secuestró decenas de chicas buscándome y sus seguidores les hicieron cosas horribles. La gente como él no puede ser castigada o redimida, sentir eso está mal para una mambo, pero no puedo evitarlo.

—Tengo que abordar ahora, ¿seguimos cuando llegue?

—Llegarás de noche, y el supervisor nos prohibió… tu sabes, dormir juntos.

—Aún tendremos el jardín, te lo prometo.

El vuelo pasó despacio, como todo lo que debe pasar en expectativa, Eiji deseaba más que ninguna otra cosa volver a encontrarse con Noelle, el tiempo que pasaron en el jardín tras caer noqueados por Hyde se había sentido como una eternidad. Se preguntó si el tacto de su cuerpo se parecería a lo que vivieron en sus mentes. Dicen que nada iguala jamás a lo que imaginas, por eso el libro es siempre mejor que la película. Pero ese beso…

Al aterrizar, esperaba encontrar algún auto de la milicia esperándolo, en su lugar estaban todos los miembros del equipo, era ya de madrugada, así que le resultó conmovedor, aunque un poco menos cuando entendió que las chicas estaban para apoyar a Noelle, al igual que Kelvin, y que Coinflip no se perdería el chisme por nada del mundo. No esperaba que fuera tan importante para todos que tuvieran una relación.

Noelle tenía puesto un vestido de una pieza blanco, sin adornos, estampados ni nada que destacara, con un diseño conservador, la falda bajo la rodilla, los hombros cubiertos y un cuello que apenas mostraba un poco, nada de escote. Esta era ella como era, no necesitaba ser psíquico para saber qué decirle a la preciosa morena que ocultaba lo mejor posible el dolor que le provocaban sus sombras bajo el atuendo. Nada más verla, la tomó en su brazos, levantándola del suelo, apretándola contra él.

—Te ves preciosa.

Los chicos voltearon la cara y las chicas aplaudieron. Se los llevaron a toda prisa a un van destartalada color verde menta, una chatarra en toda regla, Kelvin se puso al volante y Coinflip fue al frente. Los demás fueron en la parte de atrás, sentados en el suelo por la falta de asientos. Hyde mejor viajó en el regazo de Puzzle. Dejaron a la pareja viajar juntos, abrazados, al llegar los estarían vigilando.

En efecto, no pasó ni un minuto desde que estacionaran la van junto al dormitorio Z, para que apareciera el supervisor.

—Hola chico, veo que ya estás haciendo amigos, hubieran pedido un transporte, ¿qué carajos es esta cafetera?

—¡Hey! no se meta con mi Jomara —Kelvin hizo una pausa cuando se dio cuenta con quién hablaba —con todo respeto, general.

—Vale, vale, muchacho, pasaré por alto la falta de respeto porque yo también tuve un primer auto. Vayan a dormir, todos menos los de ojos enojados, necesitamos resolver el problema de la chica.

—A la orden, supervisor, —se giró para mirar a Eiji —espero que hayas aprendido algo sobre leer mentes, porque vamos a interrogar a alguien.

—Haré lo que pueda. 

—Ese es el espíritu muchacho, lamento hacerte trabajar tan tarde y seguir alejándote de tu chica.

Puzzle torció el gesto un instante.

—No se preocupe supervisor, él necesita compensar por sus errores durante la misión, va a estar encantado de ayudar.

El general sonrió, tomó a ambos jóvenes de la cintura con sus brazos y en de un salto se lanzaron por el cielo a decenas de metros, cayeron en una calle y el general saltó de nuevo, dos saltos más tarde estaban a las puertas de un complejo que era a la vez prisión y hospital. Lo delataban el olor a antiséptico y las ventanas con barrotes, pero sobre todo, la puerta blindada con el logo de la milicia unida y la vara de asclepio. Eiji esperaba que tuvieran algo para el mareo que sufría tras el viaje. 

Dentro, había todo un equipo de doctores, enfermeras y soldados con armas específicas para cada “paciente”. Era un lugar donde se atendían tanto a los héroes como a los villanos que se lastimaban, y para éstos últimos las medidas de seguridad nunca eran pocas.

Caminaron por el pasillo mientras una enfermera le daba al general las últimas actualizaciones sobre los invasores.

—¿Cómo está el chispitas?

—Hemos descartado el riesgo de concusión, tiene varias costillas rotas, sus poderes no han sido problema, al parecer si se le aisla de cargas eléctricas fuertes, no puede generarlas por sí mismo. Eso sí tuvimos que retirar las alfombras de todo el piso.

—¿Y el chico barbacoa?

—Está listo para el alta, no tiene heridas, lo mantenemos en una habitación con un alto porcentaje de humedad y bajo oxígeno. Si enciende una cerilla, se quedará sin aire.

—Hay que ver si es candidato a rehabilitación. ¿Y mi dolor de cabeza?

—Le prescribieron un gramo de Acetaminofén, pero sugiero usar ácido acetil salicílico en su caso.

—Deje la bromas enfermera Hernández, sabe que me refiero a la chica de humo.

—Tabata Murray, alias “Phantom”, la tenemos siempre acostada y con sedantes. no podemos atarla ni encerrarla, aunque hemos frustrado cuatro intentos de fuga, hemos optado por estas medidas.

—Ya oíste muchacho, esta chica es dura de contener, necesitamos que leas su mente, no confiamos en su interrogatorio, fue demasiado cooperativa y estuvo hablando por horas de conspiraciones.

—Normalmente apenas puedo percibir las intenciones, solo puedo extraer información mínima, menos aún de alguien sedado. La señora Plutón me enseñó algunas cosas, pero no sé si sirvan.

—Puedo ayudar para no tener que sedarla —Puzzle parecía necesitar una noche de sueño —podemos programar sus ataduras para estallar si pierden presión, tengo lo que necesito aquí.

—Es algo. La traerán en poco rato, prepárense. Voy un rato a hacer el papeleo de los otros dos. Quisiera interrogarlos a ellos, pero me queda claro que no tenían idea de en lo que se metían.

Los dejó solos en una oficina, Puzzle se puso a desarmar unos grilletes electrónicos y a hacer gestos como si tuviera una pantalla frente a ella.

—Oye, nunca los felicité por su relación. Felicidades, supongo.

—¿Es una costumbre de por aquí?

—Es una costumbre de mis antepasados, supuse que lo sería de los tuyos.

—No lo sé, mis padres no me enseñaron gran cosa, pero gracias, supongo.

—Se ven contentos juntos —la chica cyborg no dejaba de trabajar, ni de hablar.

—Lo estamos… —la conversación se hacía más incómoda a cada minuto, si ella trataba de ser amable haciéndole conversación aunque evidentemente no le agradaba, no le estaba saliendo bien.

Estaba usando un inhibidor psíquico, por lo que no podía leer ni sus intenciones. Aburrido, se decidió a probar una de las técnicas de Plutón, precisamente la de eludir los inhibidores. Funcionaría menos de un segundo, y en su primer intento terminó con un terrible dolor de cabeza, pero en fin, lo peor que podía pasar sería ver sus pensamientos de ingeniera ocupada, ni siquiera lo entendería.

Se concentró todo lo que pudo, encontró el hueco en la ondas y trató de navegar el camino hasta la mente de Puzzle, lo consiguió, pudo incluso leer unas pocas palabras.

Se retiró de inmediato.

—«Maldición» —se dijo a sí mismo —«realmente no debí ver eso».

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