Dejaron la camioneta a pocas cuadras, Eiji activó en su reloj la función de identidad secreta y del aparato salieron lo que Puzzle llamaba “micromáquinas”. Llevaba bajo la ropa, por reglamento, un traje protector de grafeno, las máquinas desintegraron las prendas comunes en segundos y el material del traje se estiró hasta cubrirlo casi por completo. incluidas parte de las mejillas y un antifaz.
Vudú cerró sus ojos, oró en criollo haitiano palabras que Eiji no pudo comprender, y entonces los tatuajes la cubrieron entera hasta que ella misma fue una sombra. Parecía levitar sobre el suelo, pero era el elefante que le izaba con su trompa sin dejarse ver.
Llegaron al sitio para encontrarse con varios autos volcados y en llamas, las personas escapaban de la escena pero no quedaba claro lo que estaba ocurriendo. Varias personas gritaban pidiendo ayuda. Una de ellas, un joven que no podía tener más de quince años, corrió hacia ellos en cuanto los vio, los ojos rojos de llanto y casi desorbitados.
—¡Por favor! —gritó a voz en cuello —¡Tienen que ayudarme! ¡Tienen que detenerme!
De los ojos y manos del muchacho emanaron rayos púrpura, el impulso le hacía moverse errático, como quien sostiene una manguera con demasiada presión, haciendo que los rayos impactaran alrededor en sitios al azar, haciéndolos estallar.
Edge pudo sentir que algo iba a pasar, pero si ni el chico sabía cuando ni donde impactaría un rayo, solo podía reaccionar un poco antes. Pudieron evitar los impactos pero los rayos destruyeron la fachada de varios edificios cercanos, dejando caer escombros sobre las personas que no conseguían huir.
—Vudú, por favor trata de proteger a la gente, voy a tratar de noquearlo.
—Ten cuidado — usó un tono marcial, aún así Eiji sintió su preocupación.
—Tú también, establecemos la red psíquica, que la araña agregue a los que vayan llegando.
—Entendido —se dividieron y sus pensamientos empezaron a fluir.
El poder fuera de control del chico se activaba y desactivaba en forma impredecible, trataba con todas sus fuerzas de dirigir los impactos lejos de la gente, pero la fuerza los movía en todas direcciones, Eiji pensó que incluso tendría ya los brazos rotos, y los párpados quemados.
Si Eiji usara el poder de cortar, podría acabar con él, pero no quería hacerlo, en su lugar trató de usar su recién aprendida telekinesis. Tomó trozos de escombros y empezó a arrojarlos, pero como no podía arrojar nada más grande que una pelota de tenis, las pocas que atinaron no conseguían noquearlo, las demás eran pulverizadas por los rayos o terminaban en el suelo por los impredecibles movimientos.
Vudú daba miedo en su forma de sombra, lo que fue útil para evitar que gente con poco sentido común se acercara, las sombras del elefante y el león le ayudaron a formar un perímetro y mover vehículos a punto de explotar. En los edificios cercanos, muchas personas se agolpaban en las ventanas con sus teléfonos para grabar lo que pasaba. Trataba de anticiparse para protegerlos, pero los poderes de Edge le daban muy poco tiempo.
Las voces de los cuatro miembros restantes se añadieron a la red.
—«Aquí Puzzle, venimos en un vehículo de emergencia, informen»
—«Un chico despertó sus poderes pero no tiene control, es muy poderoso, tratamos de noquearlo mientras evacuamos a los civiles».
—«Envío a Coinflip por delante».
La puerta del auto negro que llevaba al equipo se abrió, el inglés, ataviado con su traje protector y una máscara como de baile, se dejó caer mientras sacaba una especie de ballesta improvisada, había cargado la moneda en ella. Disparó y pudo correr por la calle despejada como uno de aquellos velocistas legendarios, como Mercurio, aunque fuera por un instante. Alcanzó la moneda a pocos metros del blanco. Volvió a cargarla y decidió aprovechar para golpear al blanco.
Esperó un momento en que los rayos no le estorbaran y lanzó. Corrió hasta alcanzar la distancia que había medido y lanzó el golpe planeado para hundir su plexo solar y sofocarlo. En un instante, sintió que algo golpeaba contra su puño y cuando se dio cuenta, estaba tumbado contra la pared de un edificio, con la moneda apareciendo en su mano y sintiendo como si hubiera chocado de frente.
—Aggg —gruñó lastimado, quizá tuviera rotas las costillas y el brazo —el mocoso tiene campo de fuerza, repulsor. No ataquen con fuerza física —terminó con una tos, trató de levantarse pero el dolor era demasiado.
Vudú centró su atención en Coinflip, la sombra de la serpiente lo envolvió para curarlo, pero mientras eso pasaba no podrían moverse. Edge se colocó entre ellos y el chico descontrolado.
—«Llegamos en dos, resistan»
Una ráfaga de rayos especialmente potente pasó apenas por encima de Edge, quien reaccionó deprisa al darse cuenta que un enorme fragmento de la pared de un segundo piso se había desprendido y estaba por caerles encima. No tendría caso que intentara cortarla, no desviaría los pedazos, el tiempo pareció detenerse y sus pensamientos aparecieron en las cabezas de todos como un silbido constante, una marea de información incomprensible, solo una persona consiguió hacerle sentido.
Reaccionó lanzándose a la pared de espaldas junto a Coinflip, pasó bajo el pedazo de muro a tiempo para empujarlo con telekinesis, usó toda su fuerza, en un instante, al grado de que su ojo derecho comenzó a llorar sangre al igual que su nariz. El sonido seco del concreto contra el asfalto le confirmó que había tenido éxito, perdió el conocimiento con una pequeña sonrisa de satisfacción.
La red no se perdió, Vudú se escuchaba desesperada en la mente de Puzzle.
—«Dense prisa, el muro caído puede cubrirnos una vez, yo necesito tres minutos más para sanar a Coin, Edge necesita cinco para despertar, dice que no necesita que lo sane».
—«¿Puedes oírlo y nosotros no?»
—«Solo lleguen ya, el pobre chico se está lastimando a sí mismo»
—«Acelera Kelvin, necesitamos ganar al menos quince segundos»
—«Te regalo treinta, cara»
Si Kelvin no consumiera calor, el motor del auto se hubiera sobrecalentado, las llantas estallado y probablemente los frenos nunca hubieran funcionado cuando se detuvo frente la escena con experto derrape. Treinta y dos segundos antes de lo que auguraban los cálculos de Puzzle.
El primero en bajar fue el propio Kelvin que tomó la misma posición de muro para proteger a sus amigos mientras trataba de mover el calor del interior del chico.
—«Chica, esto no lo entiendo, su interior no está caliente, pero si le saco el calor no pasa nada»
—«Trata de que no acabe con todos mientras me preparo, Hyde, forma monstruo, tenemos demasiados curiosos en los segundos y terceros pisos»
—«Odio la forma monstruo, después de esto quiero un maratón de caricias de todos».
Hyde saltó del auto y permitió que los músculos que se hinchaban rasgaran su traje protector, su rostro se deformó con una nariz protuberante y ojos dorados amenazadores a juego con los enormes colmillos que sobresalían de su hocico goteando saliva. Su cuerpo se cubrió de un pelo esponjado y desordenado al igual que su cabello. Podría debatirse que siendo de un tono rosa claro no se veía tan aterradora, pero la forma en que se movió, saltando y trepando por los muros a la vez que rugía como lo haría un león, tuvo el efecto deseado. Hyde saltaba a las ventanas gritando con una voz animal que se largaran. Ni los más valientes volvieron a acercarse a las ventanas.
—«Estoy casi lista, necesito que todos se alejen, ¿cómo están los golpeados?»
—«Coinflip al habla, puedo moverme, dejaré que Vudú se lleve al dormilón, va a perderse el show»
—«Kelvin, lánzame la piedra cuando te dé la señal»
—«Listo cara, esperen ¡Oooooow!»
La siguiente ráfaga de rayos fue demasiado errática, el chico luchaba por mantenerse de pie, sus ojos parecían carecer de párpados y sus brazos parecían viejos trapos colgando al viento. A pesar de sus esfuerzos, terminó por darle al brasileño en todo el pecho.
—«Kelvin, Kelvin, informe de estado»
—«Está en el suelo jefa, —Coinflip solo se detuvo en su retirada para mirar a a su amigo —no sé si está consciente, pero no lo escucho en la red psíquica».
—«Maldición, Coin, ¿Puedes pasarme la roca que lleva en su bolsillo?»
—«Yo lo hago Puz-Puss, te llevo todo el paquete»
Hyde forzó su cuerpo a generar músculo, creciendo un poco más, corrió a cuatro patas esquivando nuevos rayos usando solo su instinto, consiguió llegar a Kelvin y sacarlo irguiéndose para echárselo al hombro. Corrió hasta donde estaba el auto, ahí podían estar a salvo mientras Puzzle hacía lo suyo.
Un rugido se proyectó por toda la ciudad cuando un rayo alcanzó a Hyde en una pata trasera, cayó rodando mientras trataba de no aplastar a Kelvin. Se transformó en gata para no caerle encima.
—«Miauu eso duele, lo siento jefa, no conseguí ponernos a salvo»
—«Hiciste un buen trabajo, déjenmelo a mi a partir de ahora».
Una figura que bien podría ser femenina si no estuviera hecha de acero, se acercó, recuperó con dedos de metal el extraño cristal del bolsillo de Kelvin y lo insertó en un compartimento en su pecho.
—«Paso final, activar sistema de enfriamiento, armadura Corner piece mark 3 a toda potencia».
—La figura metálica era bella, no solo para quienes les gustara la mecánica, se ajustaba a las dimensiones de la portadora y se movía casi tan grácil y veloz como la forma monstruo de Hyde, esta vez llevaba un casco que ocultaba su identidad. Complejos algoritmos le permitieron acercarse sin ser alcanzada, cuando no pudo esquivar, contuvo el impacto con un escudo de repulsión magnética en su brazo izquierdo.
—«Todos, aléjense todo lo que puedan, si esto no funciona habrá una explosión tremenda, en todo caso, esto se acaba ya»
Con agilidad sobrenatural, tomó al chico de lo brazos y los apuntó al cielo, los sujetó con una sola mano para tomarlo de la barbilla y obligarlo a mirar arriba. Logrando controlar las ráfagas. Lo siguiente era intentar una temeridad.
Empleando su propio rayo de impulso, cargado por el relámpago de Spark, disparó en toda la cara que sujetaba, Vudú gritó en su cabeza, le parecía abominable, pero tal como pensaba Puzzle, la misma energía que liberaba lo estaba protegiendo. Esperaba que la energía que ella desataba fuera suficiente para agotar la suya.
Dejó caer la batería agotada, y un sonido de engranes acompañó a un segundo cartucho, lo descargó completo, pero los rayos no se detenían, así con un tercero y un cuarto. Hasta que por fin, pasaron unos minutos sin que apareciera el resplandor púrpura.
—¿Está…? —preguntó Vudú con una mano en el corazón y otra en la boca.
—«No, respira, Edge, confirma que su mente está activa»
Eiji, que apenas acababa de recuperar la conciencia, asintió, podía sentir que algo había en ese cerebro, aunque seguramente, tras tanto dolor, estaría afectado como para sentir intenciones.
—«¿Heridos?».
—«Coinflip tiene la mano y las costillas rotas, reduje el daño a fisuras menores —al parecer, vudú era la encargada del reporte médico —Kelvin parece estar entero pero el golpe lo conmocionó mucho, Edge tiene hemorragias en varios vasos sanguíneos de su cabeza, y Hyde tiene su patita rota, está cojeando adorablemente la muy chantajista».
—«En verdad me duele mucho, cúrame a mi primero, oigan, me gusta la red, puedo hablar aunque sea una gata».
—«Lo siento, pero creo que él va primero».
El chico que apenas cinco minutos antes ponía sus vidas en peligro, jadeaba tratando de mantenerse con vida. Los huesos de sus brazos eran historia, y su cara parecía de una mala película de zombies, con toda esa piel quemada alrededor de los ojos que miraban en todas direcciones desprovistos de párpados.
—No lo hagas —dijo Puzzle, detrás del casco —no sabemos si todo volverá a empezar si se sana.
—Al menos déjame aliviar su dolor, le pondré la bendición del cocodrilo, los doctores podrán ayudarlo sin causarle más sufrimiento.
—Está bien, ya vienen en camino las “ambulancias” de la milicia unida.
Las manos de la haitiana sobre la frente del muchacho hicieron lo contrario a resplandecer, proyectaron una sombra que lo recorrió completo antes de desaparecer.
Edge apagó la red, todos parecían querer estar solos con sus pensamientos.
—Bueno, ¿y ahora qué?
Los sonidos y luces de las ambulancias se hicieron presentes.
—Ahora, nos vamos a casa. No pueden vernos llegar, suban todos al auto. ¿Puedes conducir Kelvin?
—Sin problema, cara. No me golpeó tan fuerte. Pero ¿Y mi camioneta?
—Ah, cierto, iré con Edge en ella, le indicaré el camino secreto al dormitorio Z.
—¿Porqué no la llevas tú misma? —la pregunta de Coinflip iba con mala intención.
—Porque no sé conducir —lo dijo como si nada, pero no estaba usando un inhibidor, Eiji sintió una intención violenta —vamos, Vudú, tú ve con los otros para que los ayudes a sanar, nos vemos en la sala en veinte.
—Está bien Puzzle —recogió la gata rosa del piso con cuidado y miró a Edge— hasta más tarde… amor.
Un poco más tarde los dos miembros asiáticos del equipo iban en la destartalada camioneta de Kelvin por senderos poco o nada conocidos.
—…y sigue por aquí hasta que veas una gasolinera, ahí entra por la primer salida y yo te diré qué hacer —Puzzle miraba por la ventana, apoyando la cabeza en su mano.
—Gracias, Puzz…
—Motoko.
—¿Cómo?
—Ah, creo que eres una persona de fiar, y soy de cierta forma famosa, prefiero decirte yo mi verdadero nombre, en lugar de que un día me entere que tienes años de saberlo: Motoko Williams, por mi padre.
—No lo sabía, espero, que pueda ser digno de tu confianza.
—¿Y yo lo soy?
—¿Te refieres a…?
—¿Puedo saber tu nombre?
—Creí que tú sabías todo de todos.
—Sé más que los demás, pero nada de nombres. Solo me dieron el expediente completo de Hyde, los demás me lo fueron diciendo.
—Ya veo.
—¿Entonces?
Se lo pensó un poco, pero se dio cuenta de todo iría a mejor si tenían confianza.
—Eiji, Eiji Sato.
—No suena muy diferente de Edge. ¿Por eso lo escogiste?
—Mas o menos, no he tomado demasiadas decisiones por mi cuenta estos últimos años.
—Sí, el reclutamiento es una puta mierda.
—Qué boquita.
—Pero tengo razón.
—Si, la tienes.
—¿Pero sabes? Por alguna razón, creo que puedo ser feliz así. cuando miro atrás, no me arrepiento de dejar que me llevaran. ¿Qué tal tú?
—Pues, estoy mucho mejor que en el bunker, o viviendo solo en un cuarto encima de un taller. Solo extraño mi motocicleta.
—¿Y porqué no ahorras para comprar o construir otra?
—¿Con qué ingresos?
—No me jodas, no lo sabes.
—¿De qué hablas?
—¿No pensabas de verdad que hacemos todo esto gratis?
—Pues, cubren todos nuestros gastos.
—Y por eso queda relativamente poco al final de la semana, y no creas, muchas cosas del dormitorio las compré yo. Otros equipos no viven tan bien. ¿Cómo sacaste a Noelle a pasear?
—Con lo que me quedaba de vender mi moto.
—Uy qué triste. ¿Siquiera tienes una cuenta? Estoy revisando y tu dinero está en la cuenta común bajo un apartado.
—No, porque no tengo una identidad que pueda reclamar derechos. Aunque nadie me crea.
—Ajá, sí, qué idiota. Ya tienes la de Edward Nakamura, saca una cuenta con esa identidad, es a prueba de auditores.
—Oye, yo sé que no piensas eso de mí.
—¿Lo de idiota? claro que sí.
—No, estoy seguro, hace unos días lo leí en tu mente.