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En camino

Héroes · por Proferyo · 16 de julio de 2026

Vudú no conseguía articular palabra. El asunto que quería tratar quizá era delicado o vergonzoso. Respiró profundo y decidió simplemente escuchar.

—Es que… hay algo que quiero intentar, contigo y tus poderes.

No parecía la gran cosa, solo hizo un ademán para dejarla continuar.

—Tengo esta sombra, es el espíritu de la araña —mientras hablaba, el tatuaje en forma de una diminuta araña estiró sus patas y caminó hasta su mano, dejaba tras de sí, una delgada sombra, como un hilo de seda —se supone que es un espíritu de unión, un forjador de redes. Investigué, se supone que con sus hilos puede unir las mentes y los corazones. Pero hasta ahora solo he podido usarlo para…

Desvió la mirada, un rojo rubor se dejó ver a pesar de su tono de piel.

—Mira, pon atención, ya que viste un hilo, tal vez puedas notar los demás.

En efecto, el fino hilo de sombras se proyectaba en el piso y paredes hasta llegar a cada miembro del equipo.

—¿Tú nos pusiste esto? ¿Para que?

—Para saber dónde están. Me lo pidió Puzzle, así sabemos cosas, como cuando Hyde entró a tu cuarto.

—Ya veo, por eso no encontraba cámaras o micrófonos, y aún así Puzzle siempre parecía saber todo lo que pasaba.

—Hablé con ella esta mañana, porque insistía mucho que siempre llevaras contigo ese aparato que no te deja usar tus poderes, discutimos cuando le dije que usar los hilos era casi lo mismo.

No lo era, si no podía verlos ni escucharlos, apenas era peor que un GPS oculto, al menos en opinión de Eiji.

—Hay amuletos que alejan mis sombras, puedo hacer uno para cada quien.

—¿Y me necesitas para eso?

—Oh, no, para eso no, pero quería que supieras que no me parece justo que todos te teman mientras me piden que los espíe a todos.

—¿Entonces?

—Es que… tuve una idea. Puedes decir que no.

«¡Pero ya dímelo mujer!» Eiji esperaba que no se le notara la impaciencia en la cara.

—El hilo de sombras, se supone que ayuda a conducir energías, como la magia, y pensé que podrías usarla para conectar dos mentes, comunicarlas desde lejos.

Eso sería útil, el alcance de su poder eran apenas tres metros.

—En teoría, si funciona, podría conectar a todo el equipo, sería una forma de comunicarnos sin aparatos ni redes, funcionaría en cualquier entorno.

La cara de la chica se iluminó.

—¿Verdad que es una buena idea? Puzzle dijo que teniendo radios no haría falta. Y se enfadó porque dice que sería invadir las mentes de todos. Pero yo estoy segura de que no sería así.

—Entonces, lo que quieres es hacer un experimento.

—Hablas como ella, ¿sabes? eres muy serio.

¿A qué venía ese comentario?

—No he hablado mucho con la jefa. Solo dime qué hacer, me interesa.

—Oh, lo siento, solo usa tu poder, aunque el inhibidor no te deje leer mi mente, basta con que esté activado.

—Listo, ¿y ahora?

—No te muevas, va a ser un piquetito nada más.

—¿Qué?

El agudo dolor de la mordida de una araña se dejó sentir justo al centro de su frente. Sus ojos brillaron un momento antes de que ambos cayeran inconscientes.

 

Un túnel de luz, no se le ocurría una mejor forma de describir el lugar donde estaba, o que imaginaba, o que percibía meta físicamente, daba igual.

Estaba de pie sobre lo que parecía luz, dibujada con crayones sobre un papel de oscuridad. Alguna vez había visto algo similar, pero nunca lo había experimentado como algo tan real.

Caminó por el túnel, entendía que se trataba de un conducto entre mentes, hacia uno de los dos lados estaba la suya, si la encontraba, igual podría despertar, tal vez.

Apenas unos diez minutos mas tarde, se encontró con una escena que se parecía a sus sueños recientes.

Vudú estaba sentada en el camino, rodeada de animales salvajes que dormían a su alrededor, o jugaban con ella, llevaba una serpiente enroscada al cuello, mientras acariciaba un enorme tigre.

La diferencia con sus sueños, además de los animales, era que ella llevaba un modesto vestido verde. Bastante recatado, pero la hacía lucir una belleza diferente, inocente, le recordaba a ella. Se veía relajada y sonreía como una niña. Lo saludó al verlo venir.

—¡Edge! Me alegro de verte. Los Loa te envían, no tengo idea de dónde estamos.

Aunque tampoco estaba seguro, se acercó un poco —aunque el tigre le avisó con los dientes donde detenerse — para explicar.

—Esto debe ser el espacio entre nuestras mentes, es lo que buscamos, aquí podemos interactuar sin importar la distancia, si podemos despertar sin cortar el hilo…

—Te ves raro, Edge, tu cara parece la de alguien más viejo.

Eso era un problema, si ahí podían verlo como él se veía a si mismo, harían preguntas.

—¿Tú crees? —le respondió mientras haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, se forzaba a creer que era la fachada que mostraba a otros.

—Oh, creo que solo fue mi imaginación. Me gusta la ropa que llevas en tu mente. Muy tradicional de tu país.

Eiji se miró para percatarse que llevaba puesta la ropa ceremonial, la que le gustaba llevar en mejores días, antes de la catástrofe.

—Ah, si, me recuerda a mis raíces, siempre quise visitar el país de mis padres.

—Yo no volvería, no queda nada para mí en mi tierra. Ni siquiera creo que pudiera salvarla. ¿A quien salvas cuando todos se matan entre sí?

Los animales la miraron mientras su cara se descomponía un poco.

—Creo que entiendo, he escuchado un poco sobre la situación en tu país. No pensemos en eso, lo más probable es que terminemos despertando como de cualquier sueño.

—¡Maravilloso! Pensé que estábamos atrapados.

—No, saldremos, como mucho en unas cuantas horas —o al menos, eso esperaba.

—¿Te importa quedarte conmigo hasta entonces? ¿Charlar un rato? No sé casi nada de ti —le hizo un espacio para que se sentara junto a ella. No tenía nada que perder, así que se acomodó.

Tras un rato intercambiando trivialidades, como gustos en la música —Vudú disfrutaba del jazz, mientras Eiji prefería el hip hop —o su opinión general del estado del mundo —tenían consenso en que apestaba —el túnel a su alrededor empezó a cambiar. Primero empezó a brotar una fina hierba y luego aparecieron frondosos árboles, una hora más tarde, un riachuelo de aguas prístinas corría frente a ellos y los animales bebían de él. Ambos, habituados a lo sobrenatural, y conscientes de que estaban en un lugar onírico, siguieron hablando sin darle importancia.

—¿Quieres decir que te reclutaron mandando a dos personas de negro a tu casa? Tenía que ser en Austin, es que en Estados Unidos todo parece una película —la risa de Vudú en aquel espacio no parecía real de tan bella, ahora que no lo distraía su cuerpo, Eiji estaba notando los detalles —. A mi me llevaron soldados, tenía unos diez años, estaba en shock, algo muy malo acababa de pasar, supongo que es otro tipo de película.

—¿No podría ser como una película de espías o de superhéroes ya que estamos? Encontrar un sobre con documentos que se queman solos. O un sujeto con un parche invitándote con frases sarcásticas? No, tienen que mandar sujetos sin empatía a decirte que no tienes opción.

—Si no tuvieras poderes, si no te hubieran encontrado, o no sé, si el mundo fuera diferente, ¿qué estarías haciendo ahora?

Buena pregunta, se lo había planteado al principio, los primeros meses en aquel lugar.

—Tal vez, trabajaría en el taller de motos, me gustan, es muy satisfactorio lograr que funcionen. Me gustaba conocer personas, una que otra chica…

—Oh, eres de esos.

—¿Eh?

—De los que muy en el fondo son gente simple, con pocas ambiciones.

—¿Tú crees?

—Cuando pregunto eso, casi todos dicen que serían famosos o que harían cosas muy especiales. Kelvin quiere ser bailarín, pero yo no te lo dije. Ya puedes imaginarte a Puzzle, ella es muy especial…

—¿Y que hay de ti? Sin estos chicos, ¿dónde estarías?

Le dedicó la sonrisa que se le dedica a un niño que ha tenido una gran idea, sin saber que es imposible, como repartir su domingo con los pobres para que nunca más tengan hambre.

—Estaría muerta, si no fuera en un momento sería en otro, pero si estoy viva ahora es porque estos milagros existen. Tanto los míos como los de otros —abrazó sus piernas, desviando la mirada, se veía como una niña a la que hubieran regañado —. En el fondo, creo que soy como tú, quiero muy poco para mí, vivir mi vida con una familia, o no, pero sin destacar. Pero, le debo al mundo, la los Loa, a la divinidad, yo puedo salvar vidas, impartir justicia. Si yo que puedo, no tengo la voluntad de hacerlo, es que el mundo no vale la pena.

Eiji no pudo evitar pasar su hombro sobre los de ella mientras le respondía.

—Eres una persona maravillosa, ojalá yo tuviera esa misma entrega a los demás.

Ella no lo rechazó.

—No, no es pecado que puedas pensar en ti mismo, estás aquí, y aunque no quieras, estás ayudando a hacer el mundo un lugar mas seguro.

—¿Tú piensas que eso es lo que hacemos?

—He ido a unas pocas misiones, hemos salvado a mucha gente y evitado desastres. Agradezco a los soldados que me han enseñado a usar mis poderes para el bien. Confío en los supervisores y espero hacerme tan fuerte para hacer posible un cambio a gran escala.

—Tal vez no piense igual que tú, pero me parece que vale la pena ayudarte con tus metas.

—Gracias, —le tomó la mano y se acurrucó contra ella —significa mucho, aunque no lo parezca.

Se relajaron en silencio, escuchando el sonido del arroyo, hasta que cerraron los ojos, y éste empezó a sonar más al sonido de un motor. Un rato después, estaban en su asiento del avión, apenas había pasado una hora, aunque a ellos les había parecido toda una noche. Los demás estaban dormidos, el viaje no sería tan largo, apenas cuatro o cinco horas.

Se dieron cuenta que tenían las manos entrelazadas. Se separaron de inmediato.

—«Qué vergüenza, espero no lo tome a mal»

—«Me pregunto si fue tan lindo para él como para mí, no debería…»

—Espera Noelle, ¿eso lo estabas pensando?

—Eiji dime ¿Qué está pasando?

—Me llamaste Eiji…

—Espera, yo nunca te dije…

Decidieron callar, intentar tener la conversación en sus mentes.

—«Estás en mi mente»

—«Te juro que yo ni siquiera puedo hacer esto a propósito»

—«Lo sé, ¿Pero cómo lo sé?»

—«Tus hilos, nos conectan, mis poderes tienen vía libre para unir nuestras mentes, y ni tú ni yo sabemos cómo detener esto»

—«Esto es muy extraño, aunque divertido, no, yo no quise pensar eso, te lo prometo»

—«Será mejor que no te mire, no quiero que me escuches pensar en ti así.»

—«Como si no se te notara, pervertido»

—«¿Y qué quieres que haga?»

—«Ese chismoso de Coinflip te dijo de mi maldición, son unos maleducados ¿acaso vienen de un chiquero? Oh Loas, no, no puede ser…»

—«No, María, por favor, no mires eso en mi mente»

—«No sé cómo funciona, si quiero saber algo de pronto lo sé, no puedo creer esto de ti, que todo este dolor sea verdad»

—«Tenemos que mantener esto en secreto hasta que termine la misión, pediré ayuda a la persona que me encontró, me dijeron que era un experto en psíquicos»

—«Tal vez, si dormimos, ahí no pasaba esto»

Funcionó, al quedarse dormidos aparecieron en el jardín que antes fue el túnel. Pasaron las horas, que para ellos pasaban lentas como noches enteras, compartiendo todo lo posible, tratarían de no espiarse estando despiertos, en su lógica, si ya sabían mucho el uno del otro, no sentirían curiosidad.

Volvieron a despertar con la voz de Puzzle por encima del constante ronronear del motor del avión.

—Hey, ¡estamos llegando! ya puedo decirles donde es la misión y los detalles de lo que haremos.

—Bien, ¿Dónde estamos? —Preguntó Eiji haciendo su mejor intento de sonar natural mientras escuchaba la voz de María Noelle-Vudú en su cabeza.

—En Puerto Príncipe, mira Vudú, estamos en tu ciudad natal. Venimos a…

La voz en su cabeza se convirtió en un chillido, ya no pudo escuchar a la jefa. La muchacha morena dejó su fachada de seria y maternal por un momento y se dejó caer sobre su hombro. Se levantó de inmediato, recordando mantener las apariencias.

Una voz, de algún modo más estridente, proveniente de Hyde, preguntó sin el menor recato o discreción:

—Bien, ¿Qué demonios pasó entre ustedes dos?

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