—¿Plantaste los bichos en los atacantes? —Puzzle hablaba seria, pero no parecía asustada o nerviosa.
—Sí, a los que derribé yo, —Hyde estaba en forma completamente humana, usando solo la minúscula ropa de emergencia —también pensé en poner alguno en los que peleaban con Kelvin, pero no creo que sirviera de nada, los dejó en muy mal estado, no los moverán muy lejos. e lo toma muy en serio, el plan si esto sucedía era fingir perder. Pude intervenir antes de que los que traían armas de fuego se acercaran.
—¿Sabemos ya a dónde la llevan? —preguntó Kelvin, que no parecía darse cuenta de que lo estaban criticando.
—A la fortaleza de La Ferièrre —Eiji se preocupaba, quizá tanto como Kelvin, pero viendo la actitud de los demás, pretendió estar calmado —Vudú escuchó a uno de sus captores y tenemos confirmación de los bichos. El grupo parece grande, teniendo en cuenta lo rápido que hicimos contacto.
—Eso está a unas cuatro o cinco horas de aquí, —un destello en los ojos de Puzzle delataba que estaba usando sus implantes para navegar por internet —pobre chica, atada y amordazada todo ese tiempo. Espero no intenten ponerle la mano encima. Si los mata, llegar al líder y confirmar sus poderes se complicará. Y no creo que lo supere pronto.
—¿Tan peligrosa es?
Ella lo miró como si hubiera preguntado por el tamaño de su pecho.
—Solo mantén tus manos lejos de sus tatuajes “lover boy”.
La insinuación lo ofendió, pero todavía no se sentía seguro para replicar como era debido, solo inspiró y pretendió no escuchar. En su cabeza, Vudú se estaba riendo de él.
—«Estoy bien, los Loa me protegen. No dejes que Puzzle te moleste, se pone así cuando se asusta, está nerviosa, no le digas que te dije».
El sonido de un claxon puso a todos en alerta, era Coinflip, al volante del Jeep.
—Si son cuatro horas de camino, tendremos tiempo de discutir sus estupideces, suban ya.
Efectivamente, el camino de más de trecientos kilómetros se pasó en discutir si había sido ético dejar que se llevaran a Noelle, Kelvin estaba realmente molesto, si hubiera dicho algo, daba que la impresión que sería en contra, solo miraba por la ventana con el ceño fruncido.
Añadieron una hora más al trayecto para buscar una posición cercana que les sirviera como base y punto de encuentro.
La fortaleza de la Ferièrre era un antiguo castillo enclavado en la cima de una montaña baja, rodeada de espesos bosques y vigilada por varios campamentos de hombres armados. Una mole de piedra llena de graneros y mazmorras. Hasta hacía pocos años era otra atracción turística, pero poco después de que el gobierno en turno la restaurara, había caído en manos del grupo armado que la usaba para su propósito original. El lugar no podía ser tomado por sorpresa, había un solo camino para alcanzar la cima de la montaña y su mirador permitía vigilar todas las laderas. A Vudú la encerraron en una de las celdas inferiores, había llegado dos horas antes que los demás.
—«Nos trajeron con otras dos, somos cinco en total, pero debe haber más en otras celdas, la mas joven parece de unos catorce, la mayor no puede tener más de veinte, hablaré con ellas, nuestra mazmorra está en un primer piso, solo subimos un tramo corto de escaleras al llegar».
—«¿Tú estás bien? Vamos a tardar un poco en llegar, iremos por el bosque, separados para no llamar la atención. Hyde ya está en camino»
—«No me hicieron nada, pero las chicas dicen que se las llevan cada pocas horas, las que llegan a regresar… en fin, que no voy a permitir que se lleven a otra.»
—«Me daré prisa, voy por delante de los demás, buscando patrullas o trampas»
El plan no era complejo, tratarían de sacar a las mujeres de la fortaleza y llevarlas a la ciudad de Milot, de ser posible sin iniciar un tiroteo. Si el líder estaba en la fortaleza buscarían llevarlo también, de no ser así recabarían información sobre su paradero. Probablemente, el cercano palacio de Sans Souci. Si al final fallaban en ser discretos, Puzzle se había armado —nunca mejor dicho —con sus prótesis militares. Se había quedado atrás para proveer un punto de reunión al que retirarse. Lo dijo muy bien: “Si todo se va a la mierda corran detrás de mi”.
Eiji pudo sentir las intenciones de soldados cercanos, notificó al siguiente equipo usando los relojes como radios.
—“Equipo de eliminación, un grupo de tres, armados, esperan detrás de árboles, están en ruta de interceptarnos si seguimos por aquí”.
—“Enterados, sigue adelante, despejaremos un pasillo para huir si hace falta”.
Coinflip y Kelvin eran ya expertos en acabar grupos armados, lo primero, una vez que los localizaron, fue que Coinflip confirmara su número recorriendo los alrededores a saltos de velocidad. Mientras tanto, Kelvin bajaba gradualmente la temperatura de sus cuerpos, haciéndolos lentos y tratando de dejarlos inconscientes. Hubiera sido todo un éxito, si hubieran tenido en cuenta las ramas altas.
El sonido de las balas de metralleta les llegó de arriba como el de una lluvia letal. Coinflip logró alejarse lanzando su moneda lejos. Kelvin recibió un par de impactos que no penetraron el traje que usaba, pero le dejaron gruesos moretones y le causaron un dolor atroz. Pudo cubrirse tras un árbol a tiempo de evitar más impactos.
—Mierda, —ahogó un gemido de dolor —carajo cara, tenías que encontrar a estos hijos de la gran puta.
—¿Qué culpa tengo yo de que estos tipos parezcan monos?
—Si no te mata este tipo, voy a hacerlo yo, si los disparos traen a más, terminarán por rodearnos.
—Ni me lo digas, Edge dijo que habían cuatro, pero no me dijo donde. Estos nuevos.
—Me encargo.
Los sonidos del arma se detuvieron y el aspirante a soldado revolucionario cayó del árbol como fruta madura. El cuerpo helado, a punto de la hipotermia.
—Revisa si va a estar bien, no quiero matar a lo tonto.
—Este tipo de seguro le dispara a cualquiera, la gente como tú y Vudú son demasiado suaves.
—Cállate cara, sin gente como yo, ya estaría muerto, ¿practicaste lo de las cuerdas?
—Tú sostenlos y yo los ato.
El moreno levantó al primero y el inglés consiguió atarlo en un instante, repitieron la operación con cada uno. Luego juntaron todas las armas.
—¿Vas a intentarlo, bro? Traes la piedra esa que te dio Puzzle entonces.
—Sí, no puedo dejar estas cosas para que otro las encuentre y siga haciendo daño.
Sacó una piedra cristalina opaca, dentro de ella parecía haber un segundo material de rojo apagado. La tomó en su mano y apuntó con la otra hacia el montón de armas. El acero ardió al rojo y se fundió en un instante.
—Funcionó, parece que no dejaron balas en las recámaras esta vez.
—Vámonos cara, hay inocentes que nos esperan.
—Ni tú te crees esa frase, seguro es de una peli…
Una gata de tres colores recorría una fortaleza sin ser molestada con nadie.
Muchos creían que Hyde era buena infiltrándose por ser pequeña por poder meterse en lugares y esconderse. Pero eso era una parte muy pequeña de lo que podía lograr, la mayoría de lugares no tenía escondites la misma fortaleza, pese a su tamaño, no tenía ductos de ventilación, además que sus coladeras eran angostas y sucias. Su verdadero poder estaba en su actitud.
Años de práctica le permitía saber cómo reaccionaría cada persona a su presencia. Casi todos decían “Oh, mira, un gatito” y seguían con lo suyo; otros la llamaban para acariciarle la cabeza u ofrecerle algo de comida; y algunos, trataban de atraparla y llevarla a sus casas, los gatos, entendía, tienen siempre las puertas abiertas.
Se paseó a plena vista entre los pasillos de la fortaleza, encontró otros gatos que le mostraron dónde se reunían más personas. Se acurrucó al lado de los que estuvieran charlando y escuchó. Ya sabía cómo llegar donde estaban las mujeres secuestradas.
Lo complicado sería buscar un lugar oculto para hacerse humana y poder hablar, no era posible hacer otra cosa que maullar hasta transformar el sistema respiratorio entero y eso implicaba el tamaño humano. Los baños eran lugares obvios, encontró uno marcado como de mujeres, herencia de los tiempos de turistas. Ojalá al menos por costumbre o falta de orinales que ignorar, los hombres no entraran.
Ahí, sentada en un inodoro, totalmente desnuda, susurró un mensaje a uno de los “bichos” de Puzzle:
—El líder está aquí, en una de las barracas para oficiales. Están buscando a una chica en particular, cuando el líder corrobora que las chicas no son quien busca, los soldados tienen vía libre con ellas, no sé ustedes, yo voy a ver cómo, pero comenzaré una campaña de esterilización de machos humanos, si nos lo hacen a los gatos no veo por qué no.
—Deja eso para después, —la voz de la jefa se oía como lo que era, un zumbido generado por las alas del bicho —ahora necesito que averigües si tiene superpoderes, si confirmas que no, podremos limitarnos al rescate.
—No me dejan hacer nada divertido, está bien, pero no quiero volver a hacer esto, mi escuchas un solo maullido es que no los tiene, si doy dos seguidos es que hay que secuestrar a un desgraciado cabrón hijo de la gran puta.
En la celda, Noelle, usando su primer nombre, que de tan común no consideraba que revelara nada, buscaba amistad con sus compañeras.
—Si solo eres una aprendiz de mambo, ¿porqué te trajeron?
—Dicen que buscan a una mujer en particular, y que nos liberarán cuando la encuentren, pero yo no lo creo. Mira lo que le hicieron a Widelene, a mi no me han tocado, pero noto cómo me miran, cuando me toque y ese jefe vea que no soy quien busca, me harán lo mismo.
—No desesperes Abigail, alguien vendrá pronto a ayudarnos.
—Ya sabes que la policía en este país es apenas un puñado de voluntarios mal armados. Ni siquiera con los que vinieron del extranjero pueden controlar a todos estos grupos de criminales, eres muy amable María, pero no tenemos esperanza.
—¿Es que no tienes fe en la divinidad? Te prometo que nadie va a tocarte, somos mambo, Bondye nos dará su protección.
En aquel momento, la puerta se abrió de golpe, dejando entrar a dos hombres enormes, armados con ametralladoras.
—¡Tú! la nueva, de los tatuajes, vamos.
—¿Exactamente a quien se refiere mi señor? —dijo Vudú poniéndose de pie, mostrando que solo tenía el tatuaje de la serpiente en el brazo, las demás mujeres tenían ahora un tatuaje de animal cada una.
El que parecía el líder le preguntó a su compañero:
—¿No dijeron que habían traído a una chica con tatuajes con las cinco de esta mañana?
—Quizá quisieron decir cinco chicas con tatuajes.
—En fin, da igual, a todas les toca, tú me sirves, la de la víbora.
—Iré con gusto, a las demás, no se preocupen, todo va a estar bien.
La hicieron caminar encañonada por las escaleras a pesar de que no se resistía, al final, la condujeron por un pasillo oscuro hacia una habitación de la que se desprendía el olor del antiséptico y la sangre seca, el típico de un hospital. A esas alturas, Ya esperaba que estuvieran buscando a alguien como ella, que tuviera el poder de curar con medios sobrenaturales, pues la gente pensaba que también curaban lo que nadie más podría. Solo tenían un poco de razón…
Las puertas se abrieron para revelar lo que para todos los efectos era una habitación de hospital, una cama reclinable, monitores por todos lados, una sustancia clara goteando hacia una sonda intravenosa, y por supuesto, el paciente.
Se trataba de un hombre que otrora había sido grande, fuerte, le quedaba la mitad de un tupido bigote, pues le faltaba gran parte del labio en una cara con la carne expuesta y una cuenca vacía sin párpado. El resto del cuerpo estaba en carne viva, solo le quedaba el brazo derecho y era casi un esqueleto, en algunas partes se podía ver algún órgano palpitando. Manchas de sangre aparecían de a poco sobre las sábanas. Pudo sentir como Eiji se horrorizaba al recibir sus pensamientos, pero ella había tenido años para familiarizarse con esa visión.
—Así que por fin te encontraron —se escuchó una voz, como un susurro detrás de unos dientes rojos de sangre —supongo que viniste a buscar a las otras, ellas no me han visto, tranquila, pero supe que eras tú desde que supe que no te resististe.
—Lo que me molesta, es que nuestra hermosa tierra esté tan llena de demonios, que ni siquiera imaginé que serías tú.
—¿Acaso —tosió un coágulo —creíste que dejaría este mundo antes de cambiarlo a mi imagen?
—Eres un maldito loco, Bondye tiene misericordia infinita para dejarte vivir aún.
—Ah, pero es que esto está lejos de ser misericordia, es solamente mi determinación.
—Siempre creíste que podrías tener todo lo que quisieras, tío.