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Drama

Héroes · por Proferyo · 16 de julio de 2026

En la pequeña sala que les prestaron para dormir en el cuartel, los únicos miembros del equipo que no estaban hospitalizados o muy ocupados trataban de descansar.

Hyde estaba literalmente en brazos de Coinflip. No tenía idea de porqué era tan cariñoso con ella, pero no lo iba a desperdiciar. La mejor forma de no pelear con él era convertirse en gato y dejar que la tocara, de verdad que nadie sabía darle caricias como él. Así era más fácil sentirse inútil.

Y es que ella hubiera podido desenmascarar a Sofi el primer día, era tan obvio ahora, bastaba espiarla en el dormitorio o preguntar un poco por ella. Resultó que ya era conocida por sus ideas en contra de la Milicia, los gobiernos, o cualquier institución. Al parecer venía de un país demasiado corrupto, donde confiar en los poderosos o los grandes grupos no terminaba bien.

Pero estaba tan contenta de conocer la escuela. La había visto en internet o por televisión, pero estar ahí, le resultaba tan maravilloso que se dejó distraer. Se pasó el tiempo haciendo amigos, estudiando de verdad, recibiendo halagos y cariño de gente sin tener que…

Sacudió la cabeza.

—Perdona, pensé que te gustaba detrás de las orejas —definitivamente algo era distinto, estaba siendo considerado.

Hyde negó con la cabeza y con una patita le indicó que continuara. 

—¡Miau! —entre ellos, y solo entre ellos, los maullidos parecían mensajes completos. 

—Nada, nada, te lo prometo, es solo que te extrañé. Es fácil darte por sentado. Pero me hiciste falta.

—¿Miau? —la gatita giró un poco la cabeza para mirarlo de reojo, y acomodarse para más caricias.

—Creo que en el equipo, solo tú me entiendes un poco. No encajo demasiado con los listos, y a veces siento que Mike y Mary —se refería a Miguel y María Noelle —me soportan, más que apreciarme.

—Miau —el maullido fue firme, pero dulce.

—Lo sé, lo sé. Pero a veces lo siento de todos modos. No verte por varios días me hizo recordar esos primeros días. Recuerdas, lo sé. Esa primera misión, antes de que llegara el grandote. Sospechaban que había traficantes de drogas o algo así en un antro del centro. Nos enviaron separados para buscar evidencias para ayudar a la policía.

—Miau —Hyde se restregó contra la mano de Alfie.

—Terminamos fingiendo ser una pareja que acababa de encontrarse. Tres tipos se acercaron para tratar de llevarte, resultó que las drogas eran lo de menos en ese lugar. Te defendí sin usar mis poderes, bueno, solo un poco, y esa noche supe lo que era una mujer por primera vez, creo que nunca te lo dije.

—¡Mew! —se dio la vuelta para jugar con sus dedos, arañarlo un poco, y lamer la punta de su dedo índice. Un poco afirmar, un poco ignorarlo.

—Desde entonces, te observé, creí que solo había sido otro más para ti. Todo lo que me enseñaste esa noche, me hice el casanova, traté de hacerte pensar que era como tú. No sé si para no sentirme avergonzado o para atraerte, qué idiota soy ¿verdad?

—¡Miau! —se paró firme, con una mirada de ojos grandes y enfadados, pero no se alejó de las caricias que le daban tras la oreja y en la barbilla.

—La verdad es que no importa lo que haga, solo te hago enfadar.

La gatita trepó por su brazo hasta llegar a su hombro, desde donde con tanta suavidad como precisión, le arañó la punta de la nariz.

—Ouch, supongo que me lo merezco.

Sin advertencia, los ojos de Hyde pasaron de su amarillo intenso, felino, al azul puro y claro que lo encantó desde el principio. Los miró tan profundamente que apenas se dio cuenta del resto de la transformación. Ahora, una bella mujer, rubia, con piel de porcelana lo abrazaba desde atrás. Frotando un rostro de princesa contra el suyo, como si todavía fuera la pequeña gata. Los sonidos que resonaban en su oído eran más parecidos al ronroneo que a gemidos. Alfred no se movió, sabía que detrás de él, el cuerpo de ella estaba desnudo, vulnerable. Quizá fuera una prueba…

—No sé que es, pero hasta en esta forma mi cuerpo te pide solo a ti. Me duele, cada segundo que no eres mío, mi precioso y estúpido pedazo de tarado. —Empezó a susurrar muy bajo en el oído del inglés —si te digo mi nombre, será porque mereces todo de mí, hasta la parte más oscura de mi pasado te pertenecerá. ¿Quieres escuchar mi historia? ¿Ser solo mío para siempre?

(Nota del autor. La historia de Hyde es muy dura y maneja temas de abuso y violencia de naturaleza sexual, durante el reto, no se permite añadir este tipo de contenido a la historia, si estás leyendo esto en 2025, aquí termina esta escena, tendrás que esperar a 2026 para leer esta y otras partes omitidas, gracias por tu comprensión).

En la celda especial, Tabata miró a Sofi abrir abrir los ojos por fin. 

—¡Sofi! ¿Qué te hicieron? ¿Estás bien?

—Creo, —se llevó una mano a la cabeza, su voz era como si no hubiera pasado agua por su garganta en una semana —que sí. Yo, vi cosas Tabby, no todas las entiendo. Pero creo que van a empezar a pasar aquí. Tal vez conmigo. Ellos creen que pueden evitarlo. Pero no confío en ellos. También vi control, arrepentimiento, personas que dedicaron sus vidas y sus muertes a una causa perdida… Tengo miedo Tabby, de que en el fondo yo sea como ellos, de haberte usado y todo para terminar manipulada yo misma por algo terrible…

—No entiendo mucho de lo que dices, pero parece el tema del día. Yo quise seguir tus planes porque confío en ti. Porque creo en lo que dices. Si cometes un error no pasa nada. Yo estaré ahí para ayudarte.

—Tengo que entregar mis poderes, o algo horrible va a pasar, eso es lo que entiendo.

—Me tienes a mi para cuidarte. Si crees que eso es lo correcto. Si no, te defenderé con todas mis fuerzas.

—Cuando pierda mis poderes, tal vez ya no creas tanto en mi, lo siento, pero sí te infecté.

—Pruébame y y veremos. 

En aquel momento, las personas que la habían combatido en su mente, entraron al complejo de celdas. 

—¿Qué has decidido jovencita? —la mujer mayor era como esas directoras de colegio que te daban opciones, pero tú sabías que tenías que elegir lo que ellas querían.

—Por favor, te prometo que todo lo que viste es lo que viví. Tus poderes son psíquicos como los míos, no puedo mostrarte recuerdos falsos.

—Déjala Edge, Sofi, si necesitas un poco de tiempo…

—No —la latina menuda se levantó de la improvisada cama de su celda —tiene que hacerse, no quiero que nada de eso pase, hubiera preferido poder volar de todos modos.

Eiji se mostró aliviado, casi cae de rodillas del alivio.

—De acuerdo, estamos preparados, ojalá funcione. 

Noelle cubrió a su novio con sombras, una telaraña apareció sobre su piel y empezó a pulsar como venas repletas de sangres espesa empujada por un corazón desesperado. Las figuras de los animales se proyectaron en el suelo, formando un círculo.

—Que la magia fluya por ti como fluye por mí. Los Lwa te presten su fuerza y el buen dios cuide tus pasos.

Eiji entonces miró dentro de la celda, le pidió a Tabata que se alejara con un gesto de la mano, en ese momento sentía que la magia se le escaparía por la boca si la abría. 

Trazó un símbolo extraño sobre su pecho, las sombras le dieron forma y en el acto empezó a resplandecer. Extendió sus manos hacia una aterrada Sofi, y fue entonces todo comenzó.

La chica empezó a flotar mientras el emblema se manifestaba en su frente. Los poderes estaban luchando entre sí, pero el emblema no podía ganar, pues el mal no era su naturaleza. La energía podrida, corrupta del emblema empezó a derretirse y a gotear como un lodo negro de la frente y los ojos de la portadora. 

La forma del emblema cambió, la gota se hundió en la flor del loto, que se abrió, floreció en una bella flor de cuyos pétalos goteaba un líquido claro. Era el emblema del control, purificándose para volver a ser el símbolo que representaba al carisma, la capacidad de generar confianza y atraer los buenos sentimientos.

El emblema se despegó de la frente de Sofi casi como una pegatina. Noelle, instruída previamente por Eiji, lo recogió en un pequeño libro en blanco. Su antigua portadora cayó al suelo suavemente. Tabata la recibió para evitar que cayera de rodillas por la debilidad.

—Es muy bello ahora —mencionó Vudú —si tuviera tatuajes de verdad, me gustaría que este fuera uno.

—Podría ser que apareciera solo, si es que de verdad existen aquí. Aunque no debería ser posible. 

—¿Esto tiene algún poder? ¿Es peligroso?

—Ya no, es un mero dibujo en ese libro, pero debemos preservarlo, si se borra o se destruye, otra persona podría ganarlo, y es posible que alguien más le matara para corromperlo de nuevo. solo puede existir uno. Al menos esas eran las reglas cuando los conocíamos como bendiciones de dragón.

—¿Entonces, ya se terminó?

—Existen veinticinco emblemas en total. Las tres virtudes completas, las siete partes de cada una, y uno que las engloba todas. Ese último solo ha aparecido una vez. Nadie es tan perfectamente virtuoso.

—¿Y con nosotras? —Tabata sostenía a su amiga de pie, como por orgullo —¿qué nos van a hacer?

—Sofi ya no tiene poderes, —dijo Plutón —pero como autora intelectual de la invasión al dormitorio es considerada peligrosa. Tú por otro lado, eres la autora material. Y con tu poder tienes la opción de redimirte si te unes a la milicia unida. Se les ofreció lo mismo a los dos tontos que te ayudaron. Apenas si entienden porqué hicieron lo que hicieron, estaban severamente infectados.

—Estoy muy avergonzada, creo que mis poderes no me dejaban pensar con claridad. Me obsesioné con la idea de no ser controlada, mientras me apropiaba de las voluntades de todos, hasta de mis amigos. Merezco el castigo que me toque.

—Por ahora,—prosiguió la mujer mayor —las dos señoritas estarán bajo mi observación para saber si siguen siendo una amenaza. Recomiendo que Edge venga a verlas de cuando en cuando. Ahora tenemos que ver si los infectados se están o no recuperando. 

—Yo no me siento diferente— mencionó Tabata.

—Eso tal vez no sea algo malo. Vamos a ver a los demás. Con permiso.

Miguel no podía con la vergüenza, ¿en serio había peleado con Eiji? El pobre japonés flaco no tenía oportunidad. No era que estuviera tan seguro de sí mismo, simplemente no había forma de compararse. Y si algo era motivo de deshonor eso era abusar de los más débiles. Acostado y atado en aquella cama de hospital, le dio la vuelta a sus pensamientos al recordar cuan fácilmente lo había sometido el planetario Júpiter. Se sentía débil, en el cuarto no había suficiente calor para hacer nada. Ni siquiera alimentarse.

Y la cabeza le daba tantas vueltas, no estaba seguro de que lo que recordaba como sus propios pensamientos, fueran realmente suyos. Pero no era la idea de haberse puesto contra sus amigos lo que más le molestaba, sino la de que sus recién descubiertos sentimientos fueran tan falsos como su devoción a la revolución.

Se preguntó una y otra vez si Jessica le gustaba. Cada vez la respuesta parecía afirmativa.

La puerta se abrió despacio, era Motoko.

—Hola jefa, ¿vienes a regañarme por…

—Miguel, ¿tú crees que soy controladora?

—¡Epa! ¿Y eso? 

—Responde por favor.

Se quedó pensando un rato bastante incómodo. 

—Pues, a veces, creo…

—¡Lo sabía! Tú también lo crees. ¡Qué rabia!

—Oye, cara, Motoko, ¿Puedo saber qué te pasa?

—Es Alfie, creo que tiene algo de razón, dice que estoy obsesionada con controlarlo todo.

—¿Es por lo de Eiji? 

—¿Tú también lo sabes?

—Ya sabes cómo es de chismoso mi panita.

—¿Quién más? Por favor no me digas que Noelle.

—¿Crees que estamos locos cara? Ella es tan buena que si lo supiera, te lo dejaba. 

—¿Eso también lo sabes?

—¿Cómo que eso también? 

—Que la razón por la que traje a Eiji al equipo es porque me gusta desde que vi su expediente.

—¿Tú lo trajiste al equipo? Cara, te pasas todo el largo del amazonas con eso del control. Yo solo sabía que el flaco te trae caidita.

—Ya no debería hablar de esto, hoy siento que voy por ahí contando mis secretos a todo el mundo.

—Es que estás mal, lo que se dice mal, cara. Pareces mi hermana cuando le dijeron que estaba embarazada.

Motoko abrazó su propio hombro y desvió la mirada.

—¿Cara?

—Es, que hace poco fui al médico.

—Yo sabía que Noelle y tú van al doctor cada tanto, es ese tipo, el planetario, Gaya.

—Gaia, sí, hace tiempo que estoy en tratamiento con él. Fue quien curó mi enfermedad, lo que me queda de cuerpo se lo debo a él.

—Te dio malas noticias…

—No exactamente. El poder de Gaia es curar, incluso regenerar. Mi tratamiento con él era para intentar… recuperar mis brazos, mis piernas. No me malentiendas, estoy orgullosa de quien soy, pero…

—Chica, te entiendo, sentir con tus propias manos, meter los pies a la piscina, yo extrañaría hasta pisar uno de esos juguetes de armar que le gustan a Eiji.

—¿En serio? yo… —ella también amaba esos juguetes, pero ya había dicho demasiado —bueno, lo que pasa es que no está funcionando. El señor Crowe, es decir, Gaia, cree que mis “poderes” dependen de que siga, digamos, incompleta. Como si mi cerebro bloqueara la regeneración.

—Eso es una mierda como una casa del barrio bueno cara. Tú te mereces tener tu cabeza y tus brazos, no elegir entre unos u otros.

—No es como si fuera una elección, no puedo volverme tonta y recuperar mi cuerpo. Solo me dice que voy a quedarme como estoy.

—Si te sirve de algo cara, estoy de acuerdo con Hyde, eres la mejor de nosotros. Sacaste lo mejor de tu situación y ahora ayudas a muchos que lo necesitan a no pasarse la vida en una cama o una silla. Todo porque no te conformaste y lo diste todo. Si eso es lo que te hace una maniática controladora, ojalá lo fuéramos todos.

Motoko se acercó a la cama, y le acarició el cabello a su amigo.

—Gracias Miguel, necesitaba escuchar algo así. Me siento un poco mejor.

—De nada chica, cuando quieras. Cuando me puedan quitar estos grilletes te doy un abrazo.

—Compromiso —Motoko se rio solo un poco, y bueno, dime, ¿tú como estás? Sé que la misión fue dura para ti.

—Uh, chica, a lo mejor tú puedes ayudarme, deja te cuento….

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