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Coinflip

Héroes · por Proferyo · 16 de julio de 2026

—Bien, pero espera los demás —Puzzle se agitó un poco, como quien salta sin saltar esperando algo emocionante—, además tienes que dejar correr las apuestas si vas a iniciar una pelea.

—Claro, jefecita —Coinflip era la imagen de la confianza, se estiró con los brazos en la nuca y encogió los hombros —como no podemos apostar dinero, le apuesto a quien lo acepte, que si pierdo haré su papeleo tras la próxima misión. Si gano, quiero un masaje en los pies.

—¡Yo acepto! —Hyde lo dijo como si las palabras se le fueran a escapar si no las decía rápido. Los demás siguieron en silencio.

—¿Y tú? Vas a apostar algo además de tu historia ¿No?

—¿Qué se puede apostar? Parecen tener muy claras las reglas.

—Te envío a tu teléfono la lista de apuestas aprobadas —Puzzle no sacó su teléfono, en su lugar pareció mirar a otro lado un momento—. Añadimos algunas al fondo, son legales, si no le dices nada a los supervisores.

Tras un minuto de lectura, señaló su pantalla.

—Esto, si gano, quiero este privilegio, el A-73.

—Ese privilegio requiere que todos apuesten, ¿todos de acuerdo?

Todos asintieron tras pensar un momento.

—Bien, pero, ¿y si pierdes? Recuerda que apuestas con todos.

—En ese caso, cada quien podrá pedirme que haga una de sus tareas y no me negaré, lo que cada uno quiera.

—Perfecto, yo ya tengo pensado qué voy a pedirte cuando pierdas —el golpe al orgullo no ayudó a su nerviosismo, pero siguió tratando de que no se notara—. Si nadie más quiere apostar, sigamos para que la pelea comience.

—De acuerdo cara, yo soy Kelvin, como los grados, soy de Río de Janeiro, no sé si se me nota ja, ja, ja. En fin, mis poderes son una cosa rara, puedo mover el calor de un lado a otro, y también comerlo, la jefa me lo explicó, pero ella es genio y yo solo un chico de las favelas. La cosa es que mientras haya algo caliente cerca, yo no me canso, se supone que tampoco necesito comer, pero a la mierda con eso, chico. Yo no voy a comer luz de sol como una flor habiendo tanta carne en el mundo.

—Te he dicho que no digas esas cosas de ti mismo Kelvin —intervino Vudú, a mitad entre un regaño y un consuelo—, eres más listo que varios que conozco.

Ella miró un momento al chico brasileño, y decidió no decir más del asunto.

—Me toca —continuó la morena—. Me llaman Vudú. Soy de la isla La Española, mi madre era dominicana y mi padre haitiano, creo que puedo decir que Haití es mi hogar, aunque no me guste mucho hablar de ello. Mis poderes vienen de la magia que me otorga la madre tierra. Estos no son tatuajes, sino las sombras de los espíritus animales que me protegen —al decir eso, las figuras en su piel comenzaron a moverse. Por supuesto, Eiji había estado seguro de que la serpiente estaba en el brazo izquierdo la noche anterior—. Puedo hacer muchas cosas diferentes, aunque ahora mismo domino solo unas pocas, como levantar cosas y curar heridas leves.

Habiéndose presentado la última, a Eiji le dio la impresión de que todos se habían guardado algo. Era obvio, si él mismo no quería hablar de lo que sería capaz de hacer si seguía practicando y mejorando con sus poderes.

—Bien, es hora entonces. Los dos, pónganse los trajes de seguridad, no quiero heridos esta vez —sacó de un pequeño armario trajes de neopreno similares a los que le daban en el búnker, pero con añadidos que parecían las armaduras de un soldado o policía excepto que mucho más delgados y ligeros—, pueden usar sus poderes, yo me encargo de desactivar todo lo que los limita, pero solo en el área del ring. Pierden si se salen del círculo, se rinden, o quedan noqueados. El que lastime al otro pierde de inmediato. Y esta vez usa el maldito casco Coinflip.

Se cambiaron en un espacio con casilleros al lado del gimnasio y regresaron a tomar sus posiciones. Al desactivar el inhibidor, la primera intención que percibió Eiji, fue que su rival quería quitarse el casco con toda su alma. Su cabello era muy largo y estaba demasiado incómodo.

Un momento después, con todos mirando a una distancia prudente, Puzzle les dio la señal para comenzar al mismo tiempo que Hyde les gritaba a ambos que se matasen.

Coinflip no adoptó una pose de pelea, pero Eiji percibió su primera intención, un golpe al estómago, un gancho. Lo estaba pensando muy detenidamente, eso era bueno, podría prepararse…

De pronto sintió el dolor de un golpe y estuvo a punto de vomitar.

Coinflip estaba en el mismo lugar, a pocos pasos, con el puño cerrado apuntando arriba.

—Entonces es verdad que no puedes leer mi mente como tal ¿verdad?

La intención calculada y cuidada de una serie de golpes a sus costillas le llegó, quiso adelantarse, pero el dolor le llegó antes. Claro, era un maldito velocista.

—No vayas a rendirte, los demás esperan un poco de espectáculo.

La intención, esta vez…

Eiji saltó evitando la zancadilla, el británico estaba en el mismo lugar, no había reaccionado o intentado un segundo golpe.

—Eres el primero que me esquiva, pero, ¿Puedes mantener el ritmo?

Eiji bloqueó un golpe hacia su pecho y consiguió responder, rozando una costilla que se retiró demasiado rápido como para recibir todo el impacto.

—Pues, parece que puedes. Voy a tener que esforzarme un poco.

Eiji esta vez observó con atención, había un reflejo, una intención que no meditaba, pues, la tenía dominada, algo con su puño izquierdo.

Pero una serie de puñetazos en el casco lo sacaron de concentración.

No podía tomar tiempo para analizar, los golpes amortiguados por el traje no lo lastimarían mucho, pero terminaría por perder a ese paso. La situación se hacía desesperada, realmente no quería perder de esa manera y menos frente a chicas tan bonitas. Podía oír a Hyde que por ratos lo animaba, por ratos lo abucheaba.

Se concentró, esta vez logró detener la ráfaga de golpes y sostener el brazo de Coinflip. Quizá necesitaba hacer una especie de seña para activar su poder, no podría si lo sujetaba. La mano y el propio Coinflip desaparecieron de su agarre como humo entre sus dedos.

—Buen intento, pero no es tan fácil —abrió la mano para mostrar su secreto, un disco dorado que parecía acuñado con extrañas runas y dibujos, una moneda, por supuesto —si lanzo o dejo caer esta moneda, tengo hasta que caiga, o la atrape, de velocidad aumentada. Solo funciona conmigo, y si tú la coges antes, aparecerá en mi mano.

Levantó el brazo para mostrarle cómo lanzaba la moneda, y un artero golpe en la espalda estuvo a punto de derribarlo.

—¿Y? —le dijo apareciendo detrás de él —ya tienes un plan para vencerme, ¿cierto? —apareció de nuevo enfrente.

—La verdad, sí.

Cuando el británico desapareció, Eiji no trató de pararlo, en su lugar, saltó hacia el lugar donde había estado instantes antes, golpeando con el codo. Un confundido Coinflip apareció, sofocado por un golpe que no pudo ver venir. Eiji se apresuró a pisar su mano derecha.

—No puedes ver nada cuando te mueves rápido. Siempre lanzas la moneda hacia arriba y la atrapas casi en el instante. Por eso vas y vienes cada vez. Si tuvieras control de tu velocidad podrías arrojarla a mi cara y golpearme sin parar atrapándola donde fuera, pero no, y por eso siempre sabré donde dejarás de moverte.

—Eres fuerte, flaco —dijo recuperando el aliento con largos jadeos —pero puedo planear volver golpeando fuerte.

—No lo creo, solo puedes planear sobre la base de que todo va a estar donde lo dejaste. Pero por si se te ocurre.

Eiji concentró su poder en el leve filo de la uña de su dedo medio de la mano derecha. Cortó el aire frente a él, una luz con la forma de un cuarto creciente se extendió hasta que alcanzó el piso y una columna cercanos. En ambos aparecieron grietas como si hubieran sido cortadas y se desprendieron lascas de piedra que cayeron al suelo con un mensaje claro: acercarse era una sentencia de muerte.

—Carajo, lo de la mermelada fue menos que una probada. Me rindo bro, si muestras eso, nadie va a creer que te gané justamente —lo había entendido, aunque fuera rápido y listo, mientras Eiji supiera dónde terminaba de moverse, podría acabarlo con ese poder—, buen combate.

Hyde corrió al ring, primero derribó a Coinflip y le buscó heridas hasta que estuvo convencida de que estaba bien, un espectáculo bastante cómico, luego abrazó a Eiji para felicitarlo.

—Es una pena —dijo Puzzle cabizbaja—, en verdad tenía curiosidad por tu historia.

«Algún día» Pensó Eiji, deseando creer que llegaría el momento en que estaría listo para hablar de su verdadero pasado.

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